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28Dic03 (IAR-Noticias) - Por
Manuel Freytas
Las "apariciones" de Al Qaeda y Bin Laden
Sistemáticamente,
desde el 11 de septiembre de 2001, cada vez que EEUU necesita
lograr un objetivo aparece el fantasma de Bin Laden
y la red terrorista Al Qaeda.
Se crea una
"conspiración terrorista",
una especie de de psicosis bélica,con amenazas a EEUU o Europa, que nunca se
llevaron a cabo.
Estos alertas "naranja" fueron repetidos hasta el cansancio
antes de la invasión a Afganistán, o antes de la invasión militar a
Irak. Y ahora se repiten con los atentados en Arabia Saudita, en Irak,
y los repetidos anuncios de Washington sobre "ataques terroristas".
En octubre del año 2002, y durante tres días, 50 combatientes suicidas del
secesionismo checheno mantuvieron secuestrados a 800 rehenes dentro del
teatro Dubrovka de Moscú.
El secuestro
se produjo dentro de un contexto internacional conmocionado por una escalada
de atentados en países musulmanes -Indonesia y Filipinas- que arrojaron más
de 200 muertos y centenares de heridos.
Los sucesos
fueron simultáneos a una nueva "reaparición" de Bin Laden amenazando con
atentados en Europa y Estados Unidos.
La CIA -por
boca de su jefe,
George Tenet- retroalimentó el pánico
exhibiendo
informes donde demostraba que "Al Qaeda está viva".
Llamativamente
esta ola de psicosis terrorista coincidió, dentro de un orden secuencial,
con las operaciones diplomáticas y políticas de EE.UU. orientadas a conseguir
apoyo internacional para una invasión a Irak.
El 11 de
octubre del 2002 el Congreso de los EE.UU. le autorizó a Bush
el
uso de la fuerza militar sin necesidad de contar con el apoyo diplomático de
la ONU.
El anuncio
había producido un rechazo generalizado entre sus aliados -principalmente
de Rusia- quienes amenazaron con vetar cualquier iniciativa de ataque militar en
el Consejo de Seguridad.
Al día
siguiente,12 de octubre, la televisión mundial difundió videos de
Bin Laden y su lugarteniente reiterando amenazas de atentados en Europa y
EE.UU.
Horas después,
comenzó la escalada terrorista en Indonesia y Filipinas.
Europa instaló
el "alerta rojo" y la CIA y los servicios de inteligencia locales
responsabilizaron de los atentados a dos organizaciones extremistas
musulmanas, supuestamente vinculadas a la red Al Qaeda.
Cuatro días
después, 16 de octubre, la CNN difundió un informe del jefe de la CIA,
George Tenet, en el cual presentaba "pruebas" ante el Congreso
estadounidense de la vinculación de Bin Laden y Al Qaeda con los hechos
terroristas. "Están vivos", remató en su reporte.
Ocho días
después, 24 de octubre, se produjo la toma de rehenes en el teatro
moscovita por un grupo de fundamentalistas chechenos.
La prensa
internacional -como es su costumbre- se limitó a recoger comunicados
oficiales desentendiéndose de cualquier análisis sobre la llamativa
coincidencia secuencial de los acontecimientos.
Las habituales
usinas mediáticas de la CIA, diarios, agencias, radios y cadenas televisivas,
solo recogían las declaraciones del alto mando militar y de la inteligencia
rusa.
Todos hicieron
"silencio de radio" a la hora de emitir comentarios sobre los posibles
beneficiarios del secuestro terrorista.
El sábado 26 de octubre, las fuerzas especiales rusas tomaron el control del
teatro tras lanzar una operación de asalto utilizando gas
paralizante y armamento de alta tecnología .
Desparramados sobre las butacas del teatro quedaron más de 170 cadáveres, entre
ellos los de los guerrilleros, hombres y mujeres, con dos kilos de trotyl
atados a su cintura.
Casi todo el comando checheno, incluido su jefe, Movsar Barayev, fue
exterminado en menos de una hora por la división antiterrorista Alfa.
La masacre impactó por su precisión operativa y por la cantidad de
víctimas que produjo.
Vladimir Putin, presidente de Rusia y ex jefe de la KGB, salió a visitar
hospitales mientras repetía ante la prensa que "el terrorismo es el único
enemigo".
¿Coincidencia casual con las ideas de Bush y sus halcones?
El Consejo de Seguridad de la ONU -casualmente- decidiría esa semana si
apoyaba o no la iniciativa norteamericana de atacar militarmente a Irak.
Y
algunos aliados -entre ellos, Rusia- habían lanzado trascendidos de que iban a
pronunciarse a favor del "desarme de Irak".
Una sutileza
que significaba apoyo incondicional al ataque militar planificado por
EE.UU..
Sin lugar a dudas, a Putin -con su popularidad por el suelo- la masacre
realizada por sus fuerzas de elite le vino de maravillas para justificar su
apoyo encubierto a Bush, ante una sociedad rusa conmocionada por la muerte de
inocentes.
No
sería la primera vez que el ex jefe de espías soviéticos tomara posición
(por medio de doble discurso) a favor de las decisiones de conquista militar
de la potencia imperial regente.
El gobierno ruso, después de duras "críticas" a EE. UU., integró la
coalición militar contra Afganistán en el año 2001.
Prestó emplazamientos estratégicos a las fuerzas agresoras, y aceptó el
despliegue de 150 asesores militares estadounidenses en Georgia.
A solicitud de Washington cerró las últimas bases rusas en Cuba y en Vietnam, y
firmó con Bush, en mayo del 2002, un tratado sobre reducción de armas nucleares
que deja a Rusia en inferioridad de condiciones frente al poder de EE.UU.
El sospechoso paralelismo del presidente ruso con la visión de Bush sobre el
terrorismo, resulta sintomático y revelador.
Fue el
principal beneficiario -después del presidente estadounidense-- de la
matanza ocurrida en el teatro moscovita.
Contactos
chechenos en Moscú
Mientras Putin salía a responsabilizar del secuestro al presidente rebelde de
Chechenia, Aslán Masjádov, la inteligencia militar rusa ponía el acento
sobre el parentesco del jefe del comando secuestrador, Movsar Barayev,
con Arbi Barayev, un comandante checheno muerto por el ejército ruso en
junio del 2001.
El propio Movsar Barayev había desmentido su vinculación con el ex presidente
checheno durante la toma del teatro moscovita.
Afirmó
que Masjádov no era nadie y que actuaba bajo las órdenes del jefe rebelde
checheno
Shamil Basayev, líder de la facción independentista radical de Chechenia.
Fuentes de la
inteligencia rusa señalaron como cerebro del secuestro a
Movladi Udúgov,
un experto en propaganda que se había desempeñado como
ministro de
Información en el primer Gobierno separatista checheno.
Hábil
estratega, director del órgano propagandístico extremista Kavkaz Center, fue el
promotor de la campaña de agitación contra los rusos, tanto en el plano local
como internacional.
Se unió al
ala combatiente más radicalizada, expresada en Shamil Basáieyv y
el guerrillero saudí
Al Khattab
(o Amir Jatabb)
, organizadores de la invasión armada a Daguestán ,en agosto y septiembre de
1999, que desató la segunda guerra con Rusia.
"Cerebro"
uno, y
líder militar el otro,
Udúgov y
Basáyev
formaron una trilogía con Bin Laden.
Se lo señala
como vinculado a Al Qaeda y a los ataques terroristas del 11 de septiembre.
Como Bin Laden
y Shamil Basáyev, mantiene lazos estrechos con el servicio de inteligencia
paquistaní, supuesto
organizador de los atentados contra las Torres Gemelas, en un oscuro
entramado con sectores de la CIA.
La prensa internacional no se preocupó por averiguar quien es Shamil Basayev, su
sociedad con
Udúgov y Bin
Laden,
y su posible relación con la toma de rehenes en el teatro de Moscú.
Si lo hubieran hecho, habrían descubierto parte de la trama que vincula a los
mujaidines chechenos con la CIA y sus operaciones encubiertas por Asia y
los Balcanes.
Fuentes del Servicio Federal de Seguridad (ex-KGB) habían sostenido que Movsar
Baraiev, de 25 años, era un jefe guerrillero de mediana posición, y que detrás
suyo pudo esconderse un mando checheno más influyente.
¿Quien podría estar detrás de Movsar Barayev?
Se sabe que tomó bajo su dirección, en julio del 2001, el grupo armado de su
tío, el señor de la guerra checheno Arbi Barayev.
La banda, conocida por su violencia y crueldad, se había especializado en
secuestros.
Sólo liberaban a sus víctimas si obtenían una recompensa económica, caso
contrario las ejecutaban.
Al contrario de lo que afirma Putin, queda descartada la presencia de
Masjadov detrás del grupo secuestrador liderado por Movsar.
El presidente independentista checheno había marcado distancias en 1998 con el
grupo de Arbi Barayev, al que había degradado de general a simple soldado. Nunca
volvieron a recomponer relaciones.
En cambio los expertos trazan un paralelismo entre la acción del teatro de Moscú
y una operación de secuestro en masa protagonizada en 1995 por el
legendario guerrero islámico, Shamil Basayev.
Este jefe checheno, vinculado al eje CIA-Talibán-Al Qaeda-Pakistán, ocupó
el cargo de vicepresidente y luego fue designado Comandante en Jefe del ejército
de Chechenia en 1996.
En el verano de 1995 Shamil y más de 100 guerrilleros ingresaron a sangre y
fuego en la ciudad de Budiónnovsk, en el sur de Rusia. Tomaron todos los
rehenes que encontraron a su paso, y se atrincheraron en el hospital.
Cuando las fuerzas rusas decidieron tomarlo por asalto, dentro de sus
instalaciones se encontraban secuestradas más de un millar de personas.
La gente agolpada en los alrededores gritaba desesperada a los soldados que no
disparen, temerosa de una carnicería humana como la que sucedió en el teatro
moscovita.
Finalmente el primer ministro ruso, Víctor Chernomirdin, accedió a dialogar
con Basáyev, y en el curso de una conversación trasmitida en directo por
televisión le prometió que comenzaría negociaciones de paz.
Las exigencias de Basáyev eran exactamente las mismas que planteaban los
rebeldes encabezados esta vez por Movsar Baráyev. Ambos solicitaban el
retiro de las tropas rusas de Chechenia.
Uno murió el sábado pasado, y el otro sigue vivo y oculto en paradero
desconocido, al igual que su camarada y colega Bin Laden.
En marzo de este año, el Jefe de Estado Mayor ruso, Anatoli Grozni,
reveló a la agencia oficial Itar-Tass que las tropas rusas habían eliminado a
Shamil Basayev, aunque no se había podido encontrar su cadáver.
Esta afirmación fue desmentida tajantemente por la página web de la guerrilla
chechena.
La que sí reconoció la muerte del comandante mujaidín saudita, Al Khattab
(o Jattab), mano de derecha y contacto de Basayev con Bin Laden.
Todas las pistas del secuestro de Moscú conducen a Bin Laden y a Shamil
Basayev, máximos líderes de la lucha contra los rusos en Afganistán y
Chechenia.
¿Y qué tienen de común estos dos profesionales del terrorismo islámico?
Ambos están vinculados a los talibanes y al servicio de inteligencia pakistaní,
nexo secreto de las operaciones encubiertas de la CIA con las redes islámicas
terroristas de Asia, los Balcanes y Medio Oriente.
El eje CIA-Talibán-
Al Qaeda-Pakistán
En 1994, Shamil Basayev fue entrenado militarmente en campamentos de la CIA
ubicados en Afganistán y Pakistán.
Su vinculación con Bin Laden, Al Qaeda y la sociedad Pakistán-Talibán provienen
de esa época.
La relación de los grupos radicalizados chechenos con la jihad islámica se
estableció durante la resistencia a las tropas soviéticas en Afganistán.
La invasión militar de la URSS, en 1979, se produjo en respuesta a las
operaciones encubiertas que la CIA venía realizando con grupos fundamentalistas
para derrocar al régimen pro soviético en ese país.
La estrategia de la Agencia se encuadraba en la disputa por áreas de
influencia que Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron durante toda
la Guerra Fría.
En 1985 la administración Reagan-Bush incrementó la ayuda encubierta y el
suministro de armas a los mujaidines de la resistencia afgana.
La CIA infiltró los cuadros combatientes islámicos utilizando de
intermediario al servicio de inteligencia paquistaní (ISI), que en la
actualidad sigue actuando de nexo entre los grupos terroristas que operan en
Asia, los Balcanes y Medio Oriente.
Bush padre, por entonces vicepresidente, mantenía una decisiva influencia sobre
la CIA (en ese momento comandada por William Casey) de la cual fue director
durante el gobierno de Nixon.
Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes
Enforcement Network, determinaron las
conexiones del clan Bush con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden), el
empresario James R. Bath, y el Bank of Credit & Commerce (BBCI).
La
investigación había revelado que los sauditas estaban utilizando a Bath y al
BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas, y canalización de los
fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y Centroamérica.
Además de
manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de varios grupos
terroristas islámicos.
En 1991, la
revista Time describió a Bath como un lobbista cuyas vinculaciones iban
desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hasta contactos con Bush y la
administración republicana de Reagan. Salem Bin Laden era socio de los Bush
en la compañía petrolera Arbusto Energy.
Sociedad que,
después de la muerte misteriosa de su padre en 1988, continuó con Bin Laden y
su familia.
La cruzada anticomunista de Reagan en el Asia Central se vertebró a
partir de operaciones clandestinas
de la cual participaron otros servicios de inteligencia como
el británico
y el Mossad israelí, que actuaban de enlace con el Medio Oriente.
Su objetivo estaba centralizado en el control de las mayores reservas del
petróleo asiático existentes en la región.
Los megaconsorcios petroleros anglo-estadounidenses querían avanzar sobre
los recursos petroleros y los corredores de los oleoductos que salen de la
cuenca del Mar Caspio.
Para lo cual el asentamiento militar y político en Afganistán resultaba clave.
Con el mismo equipo que había diseñado y ejecutado el
Irangate (contrabando de armas desde Irán destinado a los contras
que combatían a la revolución sandinista) el padre del actual presidente
norteamericano intentaba hacer lo mismo en el país afgano.
La CIA y la IIS (Inteligencia Inter Servicios) de Pakistán querían
convertir la jihad afgana en una guerra de todos los estados musulmanes
contra la Unión Soviética.
Unos
35 mil extremistas musulmanes, provenientes de 40 países islámicos, se sumaron a
la lucha de Afganistán entre 1982 y 1992.
La CIA infiltró las redes islámicas operando indirectamente a través de
la inteligencia paquistaní.
La mayoría de los combatientes -salvo sus comandantes mayores- no conocían los
objetivos encubiertos que se montaban detrás de su causa religiosa.
La inteligencia paquistaní desarrolló una estructura paralela que
mediatizaba el contacto con la CIA y con las estructuras militares
estadounidenses.
Pakistán y Arabia Saudita fueron utilizados como centros operativos de
financiación y bases de entrenamiento para los musulmanes radicalizados de
Medio Oriente y de Asia que habían emprendido la guerra santa contra los
soviéticos en Afganistán.
Bin Laden, que en 1985 había fundado Al Qaeda (La Base), integraba la red en
carácter de reclutador principal de los grupos radicalizados islámicos
que arribaban a Pakistán.
Sus ideas pasaban por la refundación de un gran Estado islámico bajo la
consigna de que sus sagrados principios estaban amenazados por el ateísmo
soviético implantado en los países musulmanes.
Por distintas razones el millonario saudí coincidía con la CIA y EE.UU. en un
mismo objetivo: derrotar y expulsar a los regímenes controlados por Moscú en
los territorios islámicos.
Con la caída de la Unión Soviética esa lógica entró en contradicción. Una parte
de la jihad (caso del eje Talibán-Al Qaeda-Chechenia) intentó construir poder
propio al margen de los intereses económicos y geopolíticos de Estados
Unidos.
Y obligó a la CIA a operar sobre las divisiones de las redes islámicas con la
finalidad de seguir controlándolas.
El eje -Al Qaeda-Talibán-Pakistán emprendió la resistencia armada contra
el ejército rojo desde las montañas, y sus integrantes fueron presentados como
"luchadores al servicio de la libertad" por las usinas mediáticas de la CIA.
Esa guerra culminó con el retiro de las fuerzas soviéticas en 1989.
No obstante, la coalición islámica no pudo derrocar al régimen pro comunista
hasta abril de 1992.
El presidente Mohamed Najibulá abandonó el poder y, en septiembre del mismo año,
se formó un gobierno de coalición entre los grupos islámicos que habían
expulsado a los soviéticos.
Eso no supuso el fin de la confrontación, ya que comenzaría una guerra civil
entre las facciones islámicas divididas por el reparto del poder.
El 11de
septiembre y las sospechas sobre la CIA
En 1996 la facción
Talibán, con la ayuda decisiva de Al Qaeda, Pakistán y la guerrilla chechena,
toma Kabul e instaura un régimen islámico dirigido por el Mullah Mohammed
Omar,"Comandante de los Creyentes".
El eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán-Chechenia se solidificó y fue clave para
la construcción del régimen islámico radicalizado en Afganistán.
EE.UU. comenzó a perder influencia sobre las redes islámicas que habían
tomado Afganistán como base de despliegue para extender la guerra santa a toda
el Asia y Medio Oriente.
La CIA, con la financiación de la mafia rusa ligada a la droga y al
contrabando de armas, comenzó a entrenar a los grupos antitalibanes nucleados en
la
Alianza del Norte.
Sin embargo, la Alianza del Norte
también fue obra de los servicios de inteligencia de
Rusia y de los países que sostenían posiciones contra el radicalismo talibán-checheno.
Mientras que Arabia Saudita y Pakistán y Chechenia apoyaban y daban cobertura
logística a los talibanes; Irán, Rusia, India y cuatro repúblicas de Asia
Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizístán, TTayikistán- sostenían
abiertamente a la Alianza del Norte.
La
administración Clinton y el Pentágono se
habían propuesto expulsar a la conexión Talibán-Al Qaeda-Chechenia del control
de Afganistán.
Su independencia de poder y los planes propios que tenían para el mundo
islámico, los hacía inviables para la geopolítica de EE.UU. en la región.
De esta manera se dividió y se rompió la coalición islámica que expulsó a
los soviéticos de Afganistán.
La CIA, que permanecía infiltrada en las dos facciones por medio de la
inteligencia pakistaní, comenzó a diseñar la operación que culminaría con la
invasión militar norteamericana a Afganistán.
El gobierno fundamentalista de los talibanes -con Bin Laden como virtual
ministro de Defensa- terminaría en el 2001 a causa de las múltiples operaciones
de la CIA sobre los enemigos internos y externos de los talibanes.
Y cuyo desenlace principal fue el apoyo de Pakistán y de su estructura de
inteligencia a la invasión militar de EE.UU. tras los atentados del 11-S.
En los pliegues secretos de la inteligencia estadounidense existen sobradas
pistas de que
el espionaje paquistaní estuvo implicado en la voladura de las Torres Gemelas.
Un sector importante de expertos en EE.UU. -apoyados por informes secretos de la
comunidad de inteligencia- creen que los atentados a las torres y al Pentágono
fueron producto de una "interna de la CIA".
Combinada posiblemente con operaciones paralelas de la inteligencia
paquistaní sobre la "interna" del terrorismo islámico.
Los aviones dirigidos contra las torres no habrían estado dirigidos a
demolerlas, sino a producir un daño en su estructura.
El derrumbe accidental de las gigantescas moles por recalentamiento de
los materiales ferrosos de su estructura, desató un escándalo entre las fuerzas
de seguridad interna, sockeó a la sociedad estadounidense, y generó un
replanteo de la política de inteligencia del Imperio.
Esa crisis dentro del poder imperial -por extraña paradoja- le sirvió a los
halcones para diseñar la leyenda del nuevo "enemigo" de los Estados
Unidos y de la humanidad.
Y comenzaron las acostumbradas "reapariciones" de Bin Laden
sembrando terrorismo mediático desde las pantallas de los televisores.
En la agenda
de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden obedece a dos tipos de
construcciones. Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo,
y otra fabricada para consumo mediático.
En la primera,
se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos
de entrenamiento de la CIA.
Y en la
segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el
cual se montan innumerables campañas de prensa internacional.
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