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Tuesday, 30 de December de 2003

 

Informe especial

La conexión CIA-Al Qaeda y el uso del "terrorismo" islámico

   

Redes vinculantes de las organizaciones islámicas radicalizadas con la CIA y las distintas administraciones de EEUU. Las rutas de la droga y el tráfico de armas.

   

28Dic03 (IAR-Noticias) - Por Manuel Freytas

Las "apariciones" de Al Qaeda y Bin Laden

Sistemáticamente, desde el 11 de septiembre de 2001, cada vez que EEUU necesita lograr un objetivo aparece el fantasma de Bin Laden y la red terrorista Al Qaeda. 

 

Se crea una "conspiración terrorista", una especie de de psicosis bélica,con amenazas a EEUU o Europa, que nunca se llevaron a cabo

 

Estos alertas "naranja"  fueron repetidos hasta el cansancio antes de la invasión a Afganistán, o antes de la invasión militar a Irak. Y ahora se repiten con los atentados en Arabia Saudita,  en Irak, y los repetidos anuncios de Washington sobre "ataques terroristas".

 

En octubre del año 2002, y durante tres días, 50 combatientes suicidas del secesionismo checheno mantuvieron secuestrados a 800 rehenes dentro del  teatro Dubrovka de Moscú.

 

El secuestro se produjo dentro de un contexto internacional conmocionado por una escalada de atentados en países musulmanes -Indonesia y Filipinas- que arrojaron más de 200  muertos y centenares de heridos. 

 

Los sucesos fueron simultáneos a una nueva "reaparición" de Bin Laden amenazando con atentados en Europa y Estados Unidos.

La CIA -por boca de su jefe, George Tenet- retroalimentó el pánico 

exhibiendo informes donde demostraba que "Al Qaeda está viva".

 

Llamativamente esta ola de psicosis terrorista coincidió, dentro de un orden secuencial, con las operaciones diplomáticas y políticas de EE.UU. orientadas a conseguir apoyo internacional para una invasión a Irak.

 

El 11 de octubre del 2002 el Congreso de los EE.UU. le autorizó a Bush el uso de la fuerza militar sin necesidad de contar con el apoyo diplomático de la ONU. 

El anuncio había producido un rechazo generalizado entre sus aliados -principalmente de Rusia- quienes amenazaron con vetar cualquier iniciativa de ataque militar en el Consejo de Seguridad.

 

Al día siguiente,12 de octubre, la televisión mundial difundió videos de Bin Laden y su lugarteniente reiterando amenazas de atentados en Europa y EE.UU.

Horas después, comenzó la escalada terrorista en Indonesia y Filipinas.

Europa instaló el "alerta rojo" y la CIA y los servicios de inteligencia locales responsabilizaron de los atentados a dos organizaciones extremistas musulmanas, supuestamente vinculadas a la red Al Qaeda.

 

Cuatro días después, 16 de octubre, la CNN difundió un informe del jefe de la CIA, George Tenet, en el cual presentaba "pruebas" ante el Congreso estadounidense de la vinculación de Bin Laden y Al Qaeda con los hechos terroristas. "Están vivos", remató en su reporte.

 

Ocho días después, 24 de octubre, se produjo la toma de rehenes en el teatro moscovita por un grupo de fundamentalistas chechenos.

La prensa internacional -como es su costumbre-  se limitó a recoger comunicados oficiales desentendiéndose de cualquier análisis  sobre la llamativa coincidencia secuencial de los acontecimientos.

 

Las habituales usinas mediáticas de la CIA, diarios, agencias, radios y cadenas televisivas, solo recogían las declaraciones del alto mando militar y de la inteligencia rusa.

Todos hicieron "silencio de radio" a la hora de emitir comentarios sobre los posibles beneficiarios del secuestro terrorista.


El sábado 26 de octubre, las fuerzas especiales rusas tomaron  el control del teatro tras lanzar una operación de asalto utilizando gas paralizante y armamento de alta tecnología .

Desparramados sobre las butacas del teatro quedaron más de 170 cadáveres, entre ellos los de los guerrilleros, hombres y mujeres, con  dos kilos de trotyl atados a su cintura

 

Casi todo el comando checheno, incluido su jefe, Movsar Barayev, fue exterminado en menos de una hora por la división antiterrorista Alfa.

La masacre impactó por su precisión operativa y por la cantidad de víctimas que produjo.

 

Vladimir Putin, presidente de Rusia y ex jefe de la KGB, salió a visitar hospitales mientras repetía ante la prensa que "el terrorismo es el único enemigo".

¿Coincidencia casual con las ideas de Bush y sus halcones?

 

El Consejo de Seguridad de la ONU -casualmente- decidiría esa semana si apoyaba o no la iniciativa norteamericana de atacar militarmente a Irak.

 

Y algunos aliados -entre ellos, Rusia- habían lanzado trascendidos de que iban a pronunciarse a favor del "desarme de Irak"

Una sutileza que significaba apoyo incondicional  al ataque militar planificado por EE.UU..

 

Sin lugar a dudas, a Putin -con su popularidad por el suelo- la masacre realizada por sus fuerzas de elite le vino de maravillas para justificar su apoyo encubierto a Bush, ante una sociedad rusa conmocionada por la muerte de inocentes.

 

No sería la primera vez  que el ex jefe de espías soviéticos tomara posición (por medio de doble discurso) a favor de las decisiones de conquista militar de la potencia imperial regente. 

 

El gobierno ruso, después de duras "críticas" a EE. UU., integró la coalición militar contra Afganistán en el año 2001.

Prestó emplazamientos estratégicos a las fuerzas agresoras, y aceptó el despliegue de 150 asesores militares estadounidenses en Georgia.

 

A solicitud de Washington cerró las últimas bases rusas en Cuba y en Vietnam, y firmó con Bush, en mayo del 2002, un tratado sobre reducción de armas nucleares que deja  a Rusia en inferioridad de condiciones frente al poder de EE.UU. 

 

El sospechoso paralelismo del presidente ruso con la visión de Bush sobre el terrorismo, resulta sintomático y revelador.

Fue el principal beneficiario -después del presidente estadounidense-- de la matanza ocurrida en el teatro moscovita.

 

Contactos chechenos en Moscú

 

Mientras Putin salía a responsabilizar del secuestro al presidente rebelde de Chechenia, Aslán Masjádov, la inteligencia militar rusa ponía el acento sobre el parentesco del jefe del comando secuestrador, Movsar Barayev, con Arbi Barayev, un comandante checheno muerto por el ejército ruso en junio del 2001.

 

El  propio Movsar Barayev  había desmentido su vinculación con el ex presidente checheno durante la toma del teatro moscovita.

Afirmó que Masjádov no era nadie y que actuaba bajo las órdenes del jefe rebelde checheno Shamil Basayev, líder de la facción independentista radical de Chechenia.

 

Fuentes de la inteligencia rusa señalaron como  cerebro del secuestro a Movladi Udúgov, un experto en propaganda que se había desempeñado como ministro de Información en el primer Gobierno separatista checheno. 

 

Hábil estratega, director del órgano propagandístico extremista Kavkaz Center, fue el promotor de la campaña de agitación contra los rusos, tanto en el plano local como internacional.

Se unió al  ala combatiente más radicalizada, expresada en Shamil Basáieyv y el guerrillero saudí Al  Khattab (o Amir Jatabb) , organizadores de la invasión armada a Daguestán ,en agosto y septiembre de 1999, que desató la segunda guerra con Rusia.

 

"Cerebro" uno, y líder militar el otro, Udúgov y Basáyev formaron una trilogía con Bin Laden.

Se lo señala como vinculado a  Al Qaeda y a los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Como Bin Laden  y Shamil Basáyev, mantiene lazos estrechos con el servicio de inteligencia paquistaní, supuesto organizador de los atentados contra las Torres Gemelas, en un oscuro entramado con sectores de la CIA.

 

La prensa internacional no se preocupó por averiguar quien es Shamil Basayev, su sociedad con Udúgov y Bin Laden, y su posible relación con la toma de rehenes en  el teatro de Moscú.

Si lo hubieran hecho, habrían descubierto parte de la trama que vincula a los mujaidines chechenos con la CIA y sus operaciones encubiertas por Asia y  los Balcanes.

 

Fuentes del Servicio Federal de Seguridad (ex-KGB) habían sostenido que  Movsar Baraiev, de 25 años, era un jefe guerrillero de mediana posición, y que detrás suyo pudo esconderse un mando checheno más influyente. 

 

¿Quien podría estar detrás de Movsar Barayev?

Se sabe que  tomó bajo su dirección, en julio del 2001, el grupo armado de su tío, el señor de la guerra checheno Arbi Barayev

La banda, conocida por su violencia y crueldad, se había especializado en secuestros.

Sólo liberaban a sus víctimas si obtenían una recompensa económica, caso contrario las ejecutaban.

 

Al contrario de lo que afirma Putin, queda descartada la presencia de Masjadov detrás del grupo secuestrador liderado por Movsar. 

El presidente independentista checheno había marcado distancias en 1998 con el grupo de Arbi Barayev, al que había degradado de general a simple soldado. Nunca volvieron a recomponer relaciones.

 

En cambio los expertos trazan un paralelismo entre la acción del teatro de Moscú y una operación de secuestro en masa protagonizada en 1995 por el legendario guerrero islámico, Shamil Basayev.

Este jefe checheno, vinculado al eje CIA-Talibán-Al Qaeda-Pakistán, ocupó el cargo de vicepresidente y luego fue designado Comandante en Jefe del ejército de Chechenia en 1996.

 

En el verano de 1995 Shamil y más de 100 guerrilleros ingresaron a sangre y fuego en la ciudad de Budiónnovsk, en el sur de Rusia. Tomaron todos los  rehenes que encontraron a su paso, y se atrincheraron en el hospital.

Cuando las fuerzas rusas decidieron tomarlo por asalto, dentro de sus instalaciones se encontraban secuestradas más de un millar de personas.

 

La gente agolpada en los alrededores gritaba desesperada a los soldados que no disparen, temerosa de una carnicería humana como la que sucedió en el teatro moscovita.

Finalmente el primer ministro ruso, Víctor Chernomirdin, accedió a dialogar con Basáyev, y  en el curso de una conversación  trasmitida en directo por televisión le prometió que comenzaría negociaciones de paz.

 

Las exigencias de Basáyev eran exactamente las mismas que planteaban los rebeldes encabezados esta vez por Movsar Baráyev. Ambos solicitaban el retiro de las tropas rusas de Chechenia.

Uno murió el sábado pasado, y el otro sigue vivo y oculto en paradero desconocido, al  igual que su camarada y colega Bin Laden.

 

En marzo de este año, el Jefe de Estado Mayor ruso, Anatoli Grozni, reveló a la agencia oficial Itar-Tass que las tropas rusas habían eliminado a Shamil Basayev, aunque no se había podido encontrar su cadáver

 

Esta afirmación fue desmentida tajantemente por la página web de la guerrilla chechena. 

La que sí reconoció la muerte del comandante mujaidín saudita, Al  Khattab (o Jattab), mano de derecha y contacto de Basayev con Bin Laden

 

Todas las pistas del secuestro de Moscú conducen a Bin Laden y a Shamil Basayev, máximos líderes de la lucha contra los rusos en Afganistán  y Chechenia.

 

¿Y qué tienen de común estos dos profesionales del terrorismo islámico?

Ambos están vinculados a los talibanes y al servicio de inteligencia pakistaní, nexo secreto de las operaciones encubiertas de la CIA con las redes islámicas terroristas de Asia, los Balcanes y Medio Oriente.

 

El eje CIA-Talibán- Al Qaeda-Pakistán 

 

En 1994, Shamil Basayev  fue entrenado militarmente en campamentos de la CIA ubicados en Afganistán y Pakistán.

Su vinculación con Bin Laden, Al Qaeda y la sociedad Pakistán-Talibán provienen de esa época.

 

La relación de los grupos radicalizados chechenos con la jihad islámica se estableció durante la resistencia a las tropas soviéticas en Afganistán.

 

La invasión militar de la URSS, en 1979, se produjo en respuesta a las operaciones encubiertas que la CIA venía realizando con grupos fundamentalistas para derrocar al régimen pro soviético en ese país.

 

La estrategia de la Agencia se encuadraba en la disputa por áreas de influencia que Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron durante toda la Guerra Fría.

En 1985 la administración Reagan-Bush incrementó la ayuda encubierta y el suministro de armas a los mujaidines de la resistencia afgana.  

 

La CIA  infiltró los cuadros combatientes islámicos utilizando de intermediario al servicio de inteligencia paquistaní (ISI), que en la actualidad sigue actuando de nexo entre los grupos terroristas que operan en Asia, los Balcanes y Medio Oriente. 

 

Bush padre, por entonces vicepresidente, mantenía una decisiva influencia sobre la CIA  (en ese momento comandada por William Casey) de la cual fue director durante el gobierno de Nixon.

 

Investigaciones realizadas por el FBI y el organismo antilavado Financial Crimes Enforcement Network, determinaron las conexiones del clan Bush con Salem Bin Laden (el padre de Bin Laden), el empresario James R. Bath, y el  Bank of Credit & Commerce (BBCI).

 

La investigación había revelado que los sauditas estaban utilizando a Bath y al BCCI para realizar lavado de dinero, tráfico de armas, y canalización de los fondos para las operaciones encubiertas de la CIA en Asia y Centroamérica.

Además de manejar los sobornos a gobiernos y de administrar los fondos de varios grupos terroristas islámicos.

 

En 1991, la revista Time describió a Bath como un lobbista cuyas vinculaciones iban desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hasta contactos con Bush y la administración republicana de Reagan.  Salem Bin Laden era  socio de los Bush en la compañía petrolera Arbusto Energy.

 Sociedad que, después de la muerte misteriosa de su padre en 1988, continuó con Bin Laden y su familia.

 

La cruzada anticomunista de Reagan en el Asia Central se vertebró a partir de  operaciones clandestinas de la cual participaron otros servicios de inteligencia como el británico y el Mossad israelí, que actuaban de enlace con el Medio Oriente.

Su objetivo estaba centralizado en el control de las mayores reservas del petróleo asiático existentes en la región.

 

Los megaconsorcios petroleros anglo-estadounidenses querían avanzar  sobre los recursos petroleros y los corredores de los oleoductos que salen de la cuenca del Mar Caspio. 

Para lo cual el asentamiento militar y político en Afganistán resultaba clave.

 

Con el mismo equipo que había diseñado y ejecutado el Irangate (contrabando de armas desde Irán  destinado a los contras que combatían a la revolución sandinista) el padre del actual presidente norteamericano intentaba hacer lo mismo en el país afgano. 

 

La CIA y la IIS (Inteligencia Inter Servicios) de Pakistán querían convertir la jihad afgana en una guerra de todos los estados musulmanes contra la Unión Soviética.

Unos 35 mil extremistas musulmanes, provenientes de 40 países islámicos, se sumaron a la lucha de Afganistán entre 1982 y 1992.

 

La CIA infiltró las redes islámicas operando indirectamente a través de la inteligencia paquistaní.

La mayoría de los combatientes -salvo sus comandantes mayores- no conocían los objetivos encubiertos que se montaban detrás de su causa religiosa. 

 

La inteligencia  paquistaní desarrolló una estructura paralela que mediatizaba el contacto con la CIA y con las estructuras militares estadounidenses.  

Pakistán y Arabia Saudita fueron utilizados como centros operativos de financiación y bases de entrenamiento para los musulmanes radicalizados de Medio Oriente y de Asia que habían emprendido la guerra santa contra los soviéticos en Afganistán.

 

Bin Laden, que en 1985 había fundado Al Qaeda (La Base), integraba la red  en carácter de reclutador principal de los grupos radicalizados islámicos que arribaban a Pakistán.

Sus ideas pasaban por la refundación de un gran Estado islámico  bajo la consigna de que sus sagrados principios estaban amenazados por el ateísmo soviético implantado en los países musulmanes.

 

Por distintas razones el millonario saudí coincidía con la CIA y EE.UU. en un mismo objetivo:  derrotar y expulsar a los regímenes controlados por Moscú en los territorios islámicos.

 

Con la caída de  la Unión Soviética esa lógica entró en contradicción. Una parte de la jihad (caso del eje Talibán-Al Qaeda-Chechenia) intentó construir poder propio al margen de los intereses económicos y geopolíticos de Estados Unidos.

Y obligó a la CIA a operar sobre las divisiones de las redes islámicas con la finalidad de seguir controlándolas.

 

El eje -Al Qaeda-Talibán-Pakistán emprendió la resistencia armada contra el ejército rojo desde las montañas, y sus integrantes fueron presentados como "luchadores al servicio de la libertad"  por las usinas mediáticas de la CIA.

 

Esa guerra culminó con el retiro de las fuerzas soviéticas en 1989.

No obstante, la coalición islámica no pudo derrocar al régimen pro comunista hasta abril de 1992. 

El presidente Mohamed Najibulá abandonó el poder y, en septiembre del mismo año, se formó un gobierno de coalición entre los grupos islámicos que habían expulsado a los soviéticos.

 

Eso no supuso el fin de la confrontación, ya que comenzaría una guerra civil entre las facciones islámicas divididas por el reparto del poder.

 

El 11de septiembre y las sospechas sobre la CIA

En 1996 la facción Talibán, con la ayuda decisiva de Al Qaeda, Pakistán y la guerrilla chechena, toma Kabul  e instaura un régimen islámico dirigido por el Mullah Mohammed Omar,"Comandante de los Creyentes".

 

El eje Talibán-Al Qaeda-Pakistán-Chechenia se solidificó y fue clave para la construcción del régimen islámico radicalizado en Afganistán. 

EE.UU. comenzó a perder influencia sobre las redes islámicas que habían tomado Afganistán como base de despliegue para extender la guerra santa a toda el Asia y  Medio Oriente.

 

La CIA, con la financiación de la mafia rusa ligada a la droga y al contrabando de armas, comenzó a entrenar a los grupos antitalibanes nucleados en la Alianza del Norte

Sin embargo, la Alianza del Norte también fue obra de los servicios de inteligencia de Rusia y de los países que sostenían posiciones contra el radicalismo talibán-checheno.

 

Mientras que Arabia Saudita y Pakistán y Chechenia apoyaban y daban cobertura logística a los talibanes; Irán, Rusia, India y cuatro repúblicas de Asia Central -Kazajstán, Uzbekistán, Kirguizístán, TTayikistán- sostenían  abiertamente a la Alianza del Norte.

 

La administración Clinton y el  Pentágono se habían propuesto expulsar a la conexión Talibán-Al Qaeda-Chechenia del control de Afganistán.

 

Su independencia  de poder y los planes propios que tenían para el mundo islámico, los hacía inviables para la geopolítica de EE.UU. en la región.

De esta manera se dividió y se rompió la coalición  islámica que expulsó a los soviéticos de Afganistán.

 

La CIA, que permanecía infiltrada en las dos facciones por medio de la inteligencia pakistaní, comenzó a diseñar la operación que culminaría con la invasión militar norteamericana a Afganistán.

 

El gobierno fundamentalista de los talibanes -con Bin Laden como virtual ministro de Defensa- terminaría en el 2001 a causa de las múltiples operaciones de la CIA sobre los enemigos internos y externos de los talibanes.

Y cuyo desenlace principal fue el apoyo de Pakistán y de su estructura de inteligencia a la invasión militar de EE.UU. tras los atentados del 11-S.

 

En los pliegues secretos de la inteligencia estadounidense existen  sobradas pistas de que el espionaje paquistaní estuvo implicado en la voladura de las Torres Gemelas. 

 

Un sector importante de expertos en EE.UU. -apoyados por informes secretos de la comunidad de inteligencia- creen que los atentados a las torres y al Pentágono fueron producto de una "interna de la CIA".

 

Combinada posiblemente con operaciones paralelas de la inteligencia paquistaní sobre la "interna" del terrorismo islámico

Los aviones dirigidos contra las torres no habrían estado dirigidos a demolerlas, sino a producir un daño en su estructura. 

 

El derrumbe accidental de las gigantescas moles por recalentamiento de los materiales ferrosos de su estructura, desató un escándalo entre las fuerzas de seguridad interna, sockeó a la sociedad estadounidense, y generó un replanteo de la política de inteligencia del Imperio. 

 

Esa crisis dentro del poder imperial -por extraña paradoja-  le sirvió a los halcones para diseñar la leyenda  del  nuevo "enemigo" de los Estados Unidos y de la humanidad.

Y comenzaron las acostumbradas "reapariciones" de Bin Laden sembrando terrorismo mediático desde las pantallas de los televisores.

 

En la agenda de la inteligencia militar estadounidense Bin Laden obedece a dos tipos de construcciones. Una verdadera, asociada con las redes secretas del terrorismo, y otra fabricada para consumo mediático

 

En la primera, se indica que su formación de soldado terrorista proviene de los sótanos de entrenamiento de la CIA. 

Y en la segunda, las evidencias lo señalan como un espectro fantasmal sobre el cual se montan innumerables campañas de prensa internacional.