|
(IAR-Noticias) 05May04
Ante el golpe militar
Por
Miguel Salazar -
Semanario Las Verdades de Miguel No. 3 (Venezuela)
Todas
las informaciones recabadas coinciden en que la repetición del golpe militar es
irremediable. No se trata de una conjetura. Sólo cuando Hugo Chávez se vaya la
élite dominante regresará a sus cuarteles.
El gobierno de Hugo Chávez ha
roto la marca de asonadas militares con más de una docena en menos de un lustro;
no obstante, en esta nueva oportunidad, si el Gobierno actúa como lo hizo el 11A
lo más probable es que Chávez pase a ser un accidente histórico en nuestra vida
republicana.
La nueva conducción del golpe
militar le garantiza a los conspiradores 98% de posibilidades de éxito. Hasta
ahora, la casi totalidad de los levantamientos contra Chávez han sido abortados
por sus propios organizadores. Ellos, en realidad, no estaban preparados para la
operación "quirúrgica" que como escarmiento siguen recomendando en el Pentágono.
En esta coyuntura la situación
da un giro de 180 grados porque en esta ocasión los cuadros son instruidos sin
perder ni el más mínimo detalle, de tal manera que puedan asistir con el menor
riesgo posible a lo que han previsto será la batalla final.
Ya, sin lugar a duda posible, se puede presenciar abiertamente el trabajo
conspirativo a través de los medios de comunicación.
|
 |
|
En Caracas un cartel le
pide al Embajador de EEUU que se vaya (BBC) |
Pero...
vayamos a la historia con un ejemplo: no había concluido
el proceso electoral del 6 de diciembre de 1998 cuando ya
estaba montado el primer intento de golpe de Estado para
impedir que Chávez se convirtiera en Presidente electo al
final de la tarde de ese domingo, día de San Nicolás.
Efectivamente, en Valencia,
alentados por el entonces comandante general del Ejército, un grupo de oficiales
se aprestaron para sacar los tanques a la calle. Esa conjura contaba con el
apoyo de Henrique Salas Romer; sin embargo no tuvo éxito gracias a la actuación
inmediata del general Víctor Cruz Weffer, entonces un general de profunda
ascendencia en el Ejército.
Hasta la fecha, la única sublevación que se materializó fue la ocurrida el 11 de
abril de 2002. No podemos olvidar que para esa fecha se fraguó una subterránea
intervención que desde el exterior (Estados Unidos, Colombia, España y República
Dominicana) financiaron los costos de aquella aventura. Ellos no olvidan que
parte del dinero se quedó en el camino desviado por los emisarios encargados de
entregarlos a la sedición.
Hoy vuelve a ponerse en marcha un nuevo intento de golpe de Estado, si es que
alguna vez sus organizadores se tomaron un receso. En esta oportunidad es mucho
más amplia la variopinta comprometida, directa e indirectamente. Desde
empresarios, curas y sindicalistas, hasta funcionarios y voceros políticos del
propio Gobierno.
No obstante, el papel
fundamental de la intervención extranjera lo juega el sector comercial de
Colombia, tremendamente afectado en su balanza tras ver esfumarse sus tinglados
en el intercambio con Venezuela. Incluso, en esta ocasión, contra Chávez
conspira lo más granado del narcotráfico latinoamericano.
Irónicamente, la excusa para
desalojar al primer mandatario del poder es precisamente una matriz de opinión
mediante la cual se quiere hacer ver a su Gobierno ligado con las mafias de la
droga; argumento que si se evalúa no tiene el menor soporte, porque si alguna
administración ha sido dura con el tráfico de drogas, esa ha sido la presidida
por Hugo Chávez.
Entretanto el papel del narcotráfico, como elemento esencial en las directrices
del Plan Colombia, representa la columna fundamental en la campaña de descrédito
que en los próximos días iniciarán los enemigos de Chávez en el exterior. Desde
ahora han sido contratados y entrenados varios conductores de programas de
opinión de los distintos medios de comunicación venezolanos, con la finalidad de
orquestar y dirigir la publicidad que justifique la intervención extranjera bajo
el pretexto de desalojar del poder a un régimen que se presume narcotraficante.
Uno de los puntos más trabajados por la subversión es el referente a la
corrupción, llegándose al extremo de comprometer a voceros del Poder Electoral y
la Asamblea Nacional con la empresa que conducirá los próximos comicios y
consultas (si es que se dan). Al frente de este esquema se encuentra un antiguo
oficial de la Fuerza Armada ahora convertido en intermediario de la
transnacional que ha prometido un fraude, que como estrategia conducirá a abrir
las puertas del caos.
|
 |
|
Chávez advirtió a los
golpistas que los militares los recibirían con plomo.
(BBC/AP) |
Con el
referido militar retirado viajó a Italia un conocido
representante del CNE, en diligencias que aceleraron la
adjudicación del proceso a la firma cuestionada. Este
personaje aparece como si estuviera alineado con el
Gobierno, o al menos ese es el papel que le han asignado
los medios de comunicación. Habrá fraude si hay votaciones
porque la idea es abonar el camino a la confusión.
Las componendas políticas están a la orden del día. Las
mismas conducen a crear un ambiente de desmoralización en
el seno del pueblo, tanto entre los seguidores del
Gobierno como en sus contrarios. La conjura maneja
indistintamente y sin escrúpulo alguno todo lo que tenga
que ver con la movilización de los distintos sectores de
la sociedad.
Por ejemplo, la sedición penetró el estamento bolivariano
en sus formas organizativas y, entre otros, un importante
dirigente responsable de las últimas jornadas referente a
los revocatorios de mandatos, actúa y trabaja en función
de los acuerdos que desprestigian al sector oficial, de
tal manera que el solo hecho de mentir una y otra vez con
relación a los procesos de recolección de firmas para los
referéndum revocatorios, es una forma de generar un mayor
desconcierto. Es mucho el dinero que han aportado las
organizaciones internacionales comprometidas para este
tipo de arreglos.
Todo ello encaja perfectamente en una estrategia de
profundizar la corrupción en los mandos oficiales, tanto
en el nivel administrativo como en el partidista.
El sistema judicial venezolano no esta exento de esta
política finamente diseñada en los laboratorios de las
agencias de inteligencia extranjera. De allí las vueltas
que dan desde el Tribunal Supremo de la República hasta el
menos encumbrado de los juzgados. No hay una explicación
sobre ninguno de sus actos y decisiones, todas
contradictorias, unas favoreciendo aparentemente al
Gobierno y las más de las veces condenándolo.
El círculo sedicioso ha ido cerrando sus tentáculos desde
dentro del propio régimen. Hasta ahora hay más de un alto
funcionario comprometido con un escenario similar al
vivido en la Grenada intervenida por la administración
Reagan. Otra vez vuelve a aparecer el apoyo financiero
como soporte de la red golpista, ganando cada vez más
adeptos en las filas del Gobierno. De esa manera se abren
cuentas bancarias en el exterior contando con la "vista
gorda" de los distintos Gobiernos comprometidos con el
derrocamiento de Hugo Chávez.
En el plan que avanza para sacar a Chávez de Miraflores
han sido reclutados tres gobernadores que aparecen como
partidarios de la gestión bolivariana, inclusive, uno de
ellos es mencionado como potencial miembro de una junta de
Gobierno cuya posible composición cuenta con un escollo en
los sectores radicalizados del Pentágono; no olvidemos que
los halcones aspiran a un Gobierno que desde su
advenimiento se anuncie con la consigna "dictadura ya". Se
" trata -según sus mentores- del proyecto para aniquilar
todo indicio izquierdizante fortalecido al calor de todos
estos años.
En los planes de la escalada subversiva figuran los
motines y huelgas que deben multiplicarse en los próximos
meses. De esta última práctica está dispuesta una nueva
conmoción en Pdvsa. Los golpistas manejan la tesis de la
división que por distintas rencillas libran diferentes
facciones por el control de los negociados en el interior
de la industria petrolera. Poco a poco, la llamada
organización Gente del Petróleo ha ido ganando terreno
discretamente. En esta agrupación descansa uno de los
mayores esfuerzos financieros de la acción
desestabilizadora.
Está previsto que una huelga del transporte fomentada y
sostenida tras bastidores por la derecha colombiana, se
convierta en el detonante que acelerará la implosión que
reclamará, en poco tiempo, una intervención militar
extranjera cuyo fin primordial será capturar a Hugo Chávez
para llevarlo a una cárcel estadounidense mientras se le
abre juicio por cargos de terrorismo y apoyo a las
actividades del narcotráfico.
Sobre Venezuela se cierne una terrible amenaza, más que el
costo político y represivo - que de ella se deriva- hará
que los bandos en pugna no obtengan dividendo alguno, al
final de la jomada los conspiradores quedarán fuera del
juego. Este es el fondo de la estrategia diseñada por el
Departamento de Estado.
Hasta ahora la Fuerza Aérea Venezolana ha sido el
componente de la Fuerza Armada Nacional mejor trabajado
por los organismos foráneos encargados de conducir los
planes que deben llevar al derrocamiento de Hugo Chávez.
Por lo menos una docena de oficiales superiores ha sido
ganada para la idea que pasa por bombardear el Palacio de
Miraflores en el momento más crítico de la crisis que se
avecina
La principal base aérea
ubicada en el centro del país se ha convertido en el baluarte de la ola
conspirativa. Ella servirá de muro de contención a cualquier respuesta oficial
cuando estalle la rebelión militar. Estos planes tienen un lunar en las cada vez
mayores apetencias secesionistas de un grupo criollo apoyado por Washington, el
cual tendría en la cabeza de un Gobierno transitorio a la figura del gobernador
Manuel Rosales, que en realidad persigue "liberar" al Estado Zulia para
convertirlo en la punta de lanza de un proceso de desmoronamiento de la
República que puede convertir a los estados centrales en la nación más pobre de
América Latina.
Las intenciones de capturar al Presidente venezolano para llevarlo a suelo
norteamericano pueden verse frustradas por el propósito de una columna palaciega
que insiste en el magnicidio. La idea seduce a un grupo de exiliados cubanos
radicalizados que juega al efecto dominó que conllevaría el asesinato de Hugo
Chávez; por lo tanto, en este escenario serán los medios de comunicación quienes
llevarán la mayor responsabilidad por el papel que se les tiene asignado, el
cual no es otro sino convencer a los sectores políticos que no les atrae la idea
del magnicidio, aunque en el fondo no les disgusta.
Entretanto, mientras se resuelven algunas diferencias, en la Fuerza Armada
Nacional continúa la labor de captación de los oficiales que deben conducir el
levantamiento militar, sabiendo de antemano que será inevitablemente cruento.
Incluso, está previsto el fusilamiento de algunos oficiales que en la primera
instancia estarían en disposición de salir en defensa del Gobierno.
No debe dejarse de lado que
del sector afecto al régimen saldrá (así se trabaja) el general que
transitoriamente debe llevar las riendas de un nuevo Gobierno mientras se hace
realidad la consigna de "dictadura ya". Esa junta será eventual mientras no se
consolide el sector de extrema derecha que se estima se convertirá en el brazo
ejecutor de una política destinada a barrer con todos los cimientos que puedan
quedar del chavismo.
Brutal será la represión contra los componentes de los medios de comunicación
que incluso ahora son delirantes adversarios del Gobierno. También las
organizaciones de los derechos humanos que ahora forman parte de la estrategia
desestabilizadora, serán silenciadas.
En los próximos meses, mientras se ajustan los mecanismos del golpe militar,
Venezuela será víctima de una colosal sedición internacional. El Gobierno
venezolano ha cometido dos errores imperdonables: uno, estimar que la
convocatoria eventual de las masas en las calles lo mantendrán en el poder,
dejando de lado que la subversión se combate con los mecanismos de defensa
previstos en la Constitución y la otra, permitir que los elementos sediciosos se
fortalezcan a la luz de la más descarada impunidad. Todo pareciera conducir a
que el Gobierno perderá esta confrontación salvo que, a diferencia de las
anteriores, esta vez será sangrienta.
Nadie puede garantizar que los miembros del actual Alto Mando Militar invocarán
su condición institucional para defender a un Gobierno que sometido a toda las
presiones inimaginables será despojado de su legitimidad en las pantallas. Sí,
porque el mando de Hugo Chávez habrá perdido entonces la más importante de las
guerras, la guerra de la información.
El Gobierno insiste en confiar en la solidaridad internacional y por eso hace
esfuerzos enviando a sus pocos diplomáticos por el mundo, a convencer a los
gobernantes de que Venezuela es un país asediado por Estados Unidos. Sobre
Venezuela pesa la experiencia política y militar que ha adquirido el Pentágono
en su beligerancia pasada frente a Nicaragua y Chile. Por eso la estrategia
desestabilizadora es ahora mucho más cruel y su destino está en convertir a
Caracas en un inmenso Chorrillos, aquel barrio panameño barrido por los
bombarderos estadounidenses.
|
 |
|
Kerry: Hizo de los
ataques y de la conspiración contra Chávez un estilo
de campaña electoral. |
La
certidumbre de un nuevo golpe militar no ha sido digerida
por el Gobierno venezolano. Para contrarrestar la
ineficacia de sus cuerpos de inteligencia, el gobierno de
Chávez recurre a la demagogia de las concentraciones
populares, utilizando un discurso antiimperialista,
sosteniendo que sólo así fortalecerá su imagen de país
agredido. En otro escenario se maneja con la denuncia ante
los foros internacionales, subestimando la capacidad de
maniobra con la que cuenta Washington apoyado en los
Gobiernos latinoamericanos que ven en Chávez a un
potencial intruso político.
Chávez se engaña pensando que
Argentina y Brasil saldrán en su ayuda de producirse una intervención
extranjera. Olvida que esa solidaridad es semejante a la del público que asiste
a los ruedos para congraciarse con el toro malherido.
La conspiración contra Venezuela se escudará en una comisión de delitos contra
los derechos humanos que han sido exacerbados por los medios sin el menor pudor.
Él gobierno de Chávez rumiará amargamente su derrota por no haber tenido una
política diplomática que lo apuntalara, pensando ingenuamente que los cambios
son aceptados de manera pacífica por los afectados. Cuando se corra la cortina
que deje al descubierto el escenario, entonces comprenderá que nunca supo
tratarse entre enemigos y amigos que simularon serlo.
¿Cuándo es el golpe? No faltara la burla de los cándidos que pululan en el seno
del Gobierno. Pues bien, el golpe está a la vuelta de la esquina y tendrá fecha
tan pronto estén cuadrados los elementos de la Fuerza Armada Nacional que ahora
aparecen como leales, pero que asumirán la responsabilidad que le asignen desde
el extranjero tan pronto se establezca la hora cero. La propia Asamblea Nacional
se diluirá en el mismo momento en que truenen los aviones sobre Miraflores.
Ahora no se imagina el Gobierno el alcance de la sedición. Pero lo más grave,
hay una conspiración en despropósitos que parte del propio Ejecutivo. El Consejo
Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia están penetrados por los
conjurados; quienes hoy son señalados como simpatizantes del régimen son tan
sólo parte de una comparsa fríamente calculada.
Todo está concebido como parte
de la manipulación mediática que conforma una especie de arma nuclear a la hora
de barrer con una tambaleante opinión pública dejada al garete por una política
comunicacional irresponsable, que ni el Gobierno más heterodoxo hubiera
tolerado.
Otra arista de la planificación golpista consiste en la creación de una escasez,
esa práctica perversa que de manera casi imperceptible se ha ido colando en la
vida venezolana. Hasta ahora ha podido ser sigilosa gracias al manejo de las
divisas que el Gobierno utiliza para enfrentarla; sin embargo, en cualquier
momento el descontento comenzará a hacer mella en la población y los medios
arremeterán de nuevo debilitando todavía más al Gobierno, preparando la
situación del zarpazo final.
Los conjurados actúan en la situación política nacional a manera de convertirla
en un crudo invierno ruso para el Ejército que se supone defenderá la
democracia. Nadie hasta ahora, ni siquiera en el corazón de la oposición no
contaminada, ha estimado la gravedad de la circunstancia, nadie ha deducido que
de un momento a otro podremos encontrarnos en un país distinto.
El Gobierno amenaza con
enfrentar al régimen más poderoso del planeta sin tomar en cuenta que somos tan
dependientes, incluso en la procedencia de una hojilla. Para el gobierno de
Chávez la historia no parece contar. Si Cuba pudo aguantar un largo bloqueo fue
porque las condiciones fueron totalmente distintas. El pueblo venezolano, aunque
duela decirlo, no es revolucionario porque asuma las distintas opciones del
Gobierno, que en definitiva descansan sobre la advertencia de la maldita
herencia petrolera denunciada hasta el cansancio por Juan Pablo Pérez Alfonso.
Por ahora, incluso, la gestión
más revolucionaria de este Gobierno, constituida por su proceso educativo,
amenaza con convertirse en un Plan de Emergencia, y si no vayan por las calles
de Venezuela y cerciórense cómo centenares de miles de venezolanos prefieren ser
mantenidos a la zaga de misiones remuneradas que incorporarse a un trabajo
productivo que, en definitiva, no les ofrece mayores perspectivas de crecimiento
y mejoramiento en la calidad de vida.
¿Podrá esa población beneficiada con una gestión que está por encima del salario
mínimo que ofrecen los empresarios, enfrentar el golpe de Estado? No,
lamentablemente no, y lo que es peor tendrá que pelear aunque sea en las
primeras de cambio, porque de igual manera serán agredidos por quienes buscarán
chavistas hasta en el más impensado de los recovecos.
El golpe militar está en
marcha y salvo un imprevisto histórico será postergado. En este país conspira
todo aquel que se considera excluido del régimen, y decir que no son
representativos es querer tapar el sol con un dedo.
|