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NORTEAMERICA  

Wednesday, 24 de March de 2004

(IAR-Noticias) 24Mar04   

Entre martes y miércoles los más importantes funcionarios de la Casa Blanca, entre ellos Donald Rumsfeld, Colin Powell  y el propio presidente Bush, deberán declarar ante una comisión especial del Senado estadounidense que los interrogará sobre supuestas irregularidades cometidas durante los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre del 2001, que causaron 3000 muertos en EE.UU..

La convocatoria de la Comisión surgió a partir de un  libro presentado por Richard Clarke, ex responsable de la lucha antiterrorista en el seno del Consejo Nacional de Seguridad (NSC) durante la presidencia de Clinton y de Bush hijo, quien  acusa a Bush de haber ignorado las advertencias antes de los atentados del 11 de setiembre de 2001, que provocaron cerca de 3.000 muertos en Estados Unidos.

En términos políticos la aparición de este ex funcionario responde a una  nueva estrategia de campaña electoral de los demócratas, quienes intentan quebrar la "racha ganadora" de Bush tras la aparición de Al Qaeda con los atentados en Madrid,  y  el posterior aprovechamiento que hizo su equipo presidencial del  brote de psicosis terrorista que se esparce por Europa y EE.UU..

El  objetivo no confeso  de la campaña apunta a neutralizar el flanco más efectivo que pretende construir Bush: su bandera de  lucha contra el terrorismo a partir de los atentados del 11-S, cuyas fotos y videos fueron utilizados para reforzar la imagen de "presidente fuerte" del actual mandatario estadounidense.

Los arquitectos de la campaña demócrata, por puro oportunismo electoral, resolvieron explotar las múltiples sospechas e informes que existen sobre contactos  previos y posteriores del gobierno republicano con los  autores del atentado, así como de haber desestimado informaciones de inteligencia que alertaban sobre el mismo.

Luego de los atentados terroristas en Madrid, y de la posterior secuela de psicosis terrorista que se generó en Europa, los tres ejes argumentales con que los demócratas venían atacando a Bush (las mentiras sobre las "armas de Saddam", el déficit presupuestario estadounidense , y el "mal manejo" de la guerra de Irak) pasaron repentinamente al olvido.

Antes de que sucediera la masacre madrileña los demócratas venían utilizando contra Bush las declaraciones de David Kay, ex jefe de los inspectores estadounidenses en Irak, quien sostuvo  en enero que no se encontraron armas de destrucción masiva en ese país.

Basándose en el testimonio de Kay, durante semanas los demócratas y su maquinaria electoral acorralaron a Bush con sus acusaciones de que había mentido sobre la existencia de las ADM con las que su administración justificó la invasión a Irak, y la imagen del actual jefe de la Casa Blanca comenzó a descender a niveles que tornaban improbable su reelección en noviembre.

En el momento en que las encuestas ya marcaban 9 puntos arriba a favor del candidato demócrata John Kerry sobre Bush,  sucedieron los atentados contra los trenes en Madrid, cuya conmoción mundial desplazó de la escena a la campaña electoral norteamericana, justo a la medida de las necesidades del presidente y de su  equipo de funcionarios y asesores.

Kerry y el aparato político y comunicacional del partido demócrata -apabullados por el "terrorismo de Al Qaeda" en España- se replegaron a la espera de una mejor ocasión para sacar rédito electoral con sus arremetidas mediáticas y parlamentarias contra el presidente.

El lunes pasado, tres días después de que Bush anunciara una nueva ofensiva contra el terrorismo en un fuerte militar, apareció sorpresivamente en escena Richard Clarke, un "experto" de la CIA que se desempeñó como consejero de seguridad de cuatro presidentes estadounidenses y como  coordinador para la lucha antiterrorista, diciendo que Bush y la Casa Blanca ignoraron  la creciente amenaza que representaba  Al-Qaeda, y que sólo les obsesionaba la invasión a Irak.

En una entrevista concedida al programa "60 Minutes" de la cadena CBS, Richard Clark dijo que "es ultrajante que el presidente esté buscando la reelección basándose en que ha obtenido grandes logros contra el terrorismo cuando él lo ignoró durante meses, y quizás podría haberse hecho algo para frenar los ataques del 11S".

Torres Gemelas en Nueva York

Además acusó a la administración Bush de tratar de vincular a Irak con los atentados del 11 de septiembre debido a su interés en derrocar a Sadam Hussein. Según Richard Clark, "no hay absolutamente ninguna prueba de que Irak estuviese respaldando a Al Qaeda".

Coincidente con estas acusaciones, y durante  una entrevista concedida al programa "Meet the Press" de la NBC, el senador demócrata Edward Kennedy acusó a Bush de "distorsionar y manipular los informes de inteligencia para llevarnos a la guerra, lo cual nos ha hecho retroceder en lo que se refiere a la guerra contra el terror y a Al-Qaeda".

Rápidos de reflejos, los funcionarios y asesores de Bush detectaron el origen de la nueva maniobra en la relación política y comercial que une a Clarke con  Rand Beers, el principal consejero y asesor de campaña de John Kerry, quien a la postre resultó el principal beneficiario de las promocionadas denuncias  del ex funcionario contra la administración republicana.

El portavoz de la presidencia estadounidense, Scott McClellan, acusó el lunes a Clarke de favorecer a Kerry con sus denuncias, y todo el gabinete de Bush salió a desestimar su rol en la Casa Blanca con el argumento de que el ex funcionario nunca tuvo acceso a las reuniones claves donde se decidían los temas de seguridad.

En el libro "El precio de la lealtad’"escrito por el periodista Ron Suskind con la colaboración del ex Secretario del Tesoro, Paul O’Neill,  éste último acusaba al presidente George Bush de haber querido deshacerse de Saddam Hussein desde su llegada al poder en enero de 2001.

Ahora en otro libro titulado ‘Against All Enemies’ (Contra todos los enemigos), que se puso a la venta en EE.UU., el ex asesor antiterrorista de la Casa Blanca, Richard Clark, acusa al presidente de ignorar las amenazas terroristas de Al Qaeda antes de los ataques del 11-S, de no haber hecho caso a los informes dejados por la administración Clinton y de haber convertido a Estados Unidos en un país menos seguro.

Utilizando este libro, y por medio de nuevas presiones políticas, los demócratas volvieron a sentar de nuevo a Bush en el banquillo de los acusados y lo obligaron a que declare, el miércoles, ante una comisión del Senado estadounidense  que investiga los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

La Casa Blanca negó las acusaciones de Clark por medio de  la asesora de Seguridad Nacional , Condoleezza Rice, quien dijo que la administración Bush continuó la política antiterrorista del ex presidente Bill Clinton hasta que pudo desarrollar la suya y recordó que Bush llevaba sólo 230 días en la presidencia cuando tuvieron lugar los ataques terroristas del 11-S.

El vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, afirmó por su parte que Clarke desconocía gran parte de lo que estaba sucediendo cuando trabajaba como asesor de la administración Bush.

Asimismo, Cheney cuestionó el desempeño de Clarke en su lucha contra el terrorismo, citando como ejemplo los atentados en las embajadas estadounidenses en África Oriental en 1998 y otros incidentes.

 

Donald Rumsfeld

 

Los halcones en el banquillo

 

Dos altos funcionarios del gobierno de Washington -el secretario de Estado, Colin Powell y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, comparecen este martes ante una comisión del Senado estadounidense  que investiga los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

 

"Estas audiciones serán una ocasión histórica para comprender como se ha producido el 11 de Septiembre y nos ayudará en la formulación de recomendaciones encaminadas a hacer de EE.UU. un lugar más seguro", ha estimado el vicepresidente de la comisión bipartita conformada por 9 miembros, el antiguo representante demócrata Lee Hamilton, uno de los promotores de la nueva estrategia contra Bush.

 

El objetivo de los dos días de audiciones, martes y miércoles, es el de "preguntar sobre la formulación y la conducción de la política de lucha contra el terrorismo con una atención particular sobre el período que va de agosto de 1998, con los atentados contra las embajadas americanas de Kenia y Tanzania, al 11 de Septiembre de 2001", han explicado fuentes parlamentarias.

 

La Comisión, que acaba de obtener del Congreso una ampliación suplementaria de dos meses, debe emitir su informe final confidencial el 26 de julio y una versión pública a finales de agosto.

 

Colin Powell

 

Colin Powell ya se ha presentado frente a la Comisión, donde afirmó que el equipo de Gobierno de Bush tenía su atención puesta sobre la amenaza de la red terrorista Al Qaeda incluso antes de asumir el poder, según informó la cadena CNN.

 

Powell indicó que cuatro días después de que Bush lo designara secretario de Estado, funcionarios del Gobierno saliente del presidente Bill Clinton se reunieron con él para ponerlo al tanto de la información disponible sobre Osama Bin Laden.

 

George Tenet, director de la CIA,  comparecerá el miércoles, en tanto que Sandy Berger, ex consejero para la seguridad nacional de Bill Clinton y Richard Clarke, el denunciante, que ha sido el director  de la célula antiterrorista en las administraciones de Clinton y Bush, serán igualmente entrevistados el miércoles.

 

La actual consejera por la seguridad nacional, Condolezza Rice, rechazó testimoniar públicamente ante la Comisión, argumentando que su función no la obliga a ser interrogada públicamente por el Congreso.

 

El presidente George W.Bush y su vicepresidente Dick Cheney, así como sus predecesores, Bill Clinton y Al Gore, aceptaron  ser entrevistados en privado por el presidente y el número dos de la Comisión.

 

Un miembro demócrata de la misma, Bob Kerrey, ha indicado que preguntará a los responsables de las administraciones de Bush y Clinton "por las razones del uno y el otro para no declarar la guerra a Al Qaeda" luego de los ataques mortales contra las dos embajadas americanas en África en 1998.

 

¿Cuánto durará el show?

 

Difícilmente  este show, armado con fines electorales, consiga aclarar lo que, tanto demócratas como republicanos, ocultaron celosamente sobre los verdaderos autores  y el objetivo central de los ataques terroristas del 11-S en Nueva York.

 

Ni al lobby judío del Pentágono, ni al capitalismo financiero de Nueva York, ni a las armamentistas y petroleras que se beneficiaron económicamente con las invasiones militares que se implementaron tras el 11-S, les interesa saber lo que ya saben: que la CIA, su "brazo terrorista" Al Qaeda,  y la administración Bush fueron los ejecutores y planificadores de ese hecho terrorista.

 

Lo que falta saber es si esta nueva estrategia de campaña contra Bush, basada en las denuncias superficiales de Clarke, les va a alcanzar a los demócratas para neutralizar la iniciativa presidencial de explotar los atentados terroristas de Al Qaeda en favor de la imagen electoral del actual jefe de la Casa Blanca.

 

Como ya lo anticipamos en otras ediciones, los estrategas del lobby judío que rodean al presidente son un hueso duro de roer, quieren conservar los negocios de la Casa Blanca a toda costa, y en materia de operaciones de inteligencia con el terrorismo tienen experiencia probada.

 

Y a esto hay que contabilizar otra apreciación: todas las señales e informes confidenciales indican que Al Qaeda está por aparecer de nuevo. Lo que falta determinar es cómo, cuándo y donde.

 

Información relacionada:
Como se relaciona el 11-S con Al Qaeda y el gobierno de Bush


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