Hay
días en que los periódicos traen noticias inverosímiles. Su mera lectura hace
difícilmente creíble su contenido. Y aún así son publicadas, en algunos casos
con honores de portada.
Por Ramón Pérez Maura - ABC
Casi todos los
diarios españoles contaban la semana pasada la «noticia» de que Bush había
invadido Afganistán e Irak «por mandato divino». El británico The Guardian dio
en portada una foto de Bush con un halo de santidad y el titular, «George Bush
cree que desarrolla un mandato divino».
¿Cuáles eran los elementos de la
noticia? Como ha recordado Mark Steyn («Por qué es tan risible el cristianismo
de Bush», The Daily Telegraph, 11-10-2005) la fuente de la noticia era un
comunicado de Prensa de la BBC sobre un documental de próxima emisión.
Ahí se afirma que Nabil Shaath, que
funge como ministro de Exteriores de la Autoridad Nacional Palestina, les dijo a
ellos (la BBC) que Bush le dijo a él (Shaath) que Dios le dijo a él (Bush) que
invadiera Irak y Afganistán.
Si yo ofreciera al Director de ABC
una noticia tan precariamente sostenida por fuentes que dicen que otro dijo,
sería inmediatamente despedido.
Con justicia. Como no podía ser de
otra forma, el portavoz de la Casa Blanca se limitó a calificar la afirmación de
«absurda» y el único palestino que acompañó a Shaath en aquella entrevista con
Bush ha negado que los hechos fueran como los cuenta Shaath.
No es poco lo que podemos concluir de este hecho. En la umma islámica son muchos
los que ven con gran respeto a los terroristas que matan diciendo cumplir un
mandato divino. Pero como ellos nos conocen bastante bien, se apresuran a
proclamar que también Occidente dice actuar en nombre de Dios.
Eso una audiencia islámica lo
escucharía con respeto. Pero el occidente cristiano lo encuentra risible. Lo que
cabe preguntarse es por qué parecería risible si en verdad lo hubiera dicho el
presidente Bush -que no parece que lo hiciera- mas resulta tan serio cuando lo
proclamaban el mulá Omar y Bin Laden.
Esta batalla cultural entre el Islam y el Cristianismo secularizado la están
ganando los primeros con facilidad.
Hace ya casi tres lustros, con motivo
de la Conferencia de Paz de Madrid del otoño de 1991 entre israelíes y árabes,
el protocolo español decidió ocultar una escultura alegórica de una victoria
sobre los moros para no herir la sensibilidad de los dictadores que acudieron.
Ahora, en Inglaterra, la inspectora
jefe de prisiones, Anne Owers, ha ordenado que la bandera nacional no ondee en
las cárceles para que la exhibición de la cruz de San Jorge no hiera la
sensibilidad de los prisioneros musulmanes.
A algunos les preocupa la influencia de los cristianos evangélicos como Bush. Al
paso que vamos, a mí me preocupa mucho más la posibilidad de que acabemos viendo
un mufti sentado en Canterbury.