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(IAR-Noticias)
19-Dic-05
Desde la conquista, Bolivia ha sufrido la constante pérdida de sus riquezas.
Por Hinde Pomeraniec -
Clarín
La historia de Bolivia es una zaga
interminable de pérdidas y saqueos, de la tozuda pelea entre la avidez
extranjera y la búsqueda de desarrollo e identidad nacional.
El primer golpe de gracia fue la conquista española, que en 1532 terminó con la
organización social y política de siglos de las culturas indígenas. Los
conquistadores rediseñaron la región y fundaron ciudades en función de los
recursos naturales que comenzaron a explotar.
Ya en época de la colonia, llegó la hora de la plata, y fue cuando comenzó la
secuencia de este país como proveedor de insumos productivos estratégicos para
el desarrollo mundial. Eran los tiempos de Potosí como la ciudad más importante
de Sudamérica, con la explotación de la plata ceñida al trabajo esclavo de los
indios. La extracción desquiciada terminó con el recurso y hoy Potosí es uno de
los departamentos más pobres.
Luego llegó la era del salitre, con empresas británicas como Melbourne & Clark,
negándose a pagar los impuestos de 10 centavos por tonelada exigidos por
Bolivia. La ofensa llegó a las armas.
Los británicos se aliaron con
chilenos y comenzó la Guerra del Pacífico (1879), que terminó a pura pérdida
boliviana: vidas humanas, la región de Antofagasta y la costa del Pacífico que
todavía reclama a Chile. También la burla histórica, porque los británicos
siguieron explotando el salitre sin pagar impuestos.
Sobre el final del siglo XIX, Bolivia era el segundo exportador de caucho
mundial y la firma Goodyear se servía de la materia para producir sus
neumáticos. A los bolivianos se les ocurrió nuevamente la idea de gravar esa
explotación y esta vez los extranjeros se unieron a los brasileños en la guerra
del Acre (1899-1903), en donde el país siguió perdiendo territorio. Esta vez
fueron 190 mil km cuadrados menos.
El siglo XX fue el siglo del estaño, explotado y expoliado por dos o tres
familias, la más importante la de Simón Patiño (1860-1947), quien fue en su
tiempo el hombre más rico de Bolivia y con un poder incalculable.
El "rey del estaño" llegó a tener
una fortuna de mil millones de dólares en sociedad con firmas británicas y
norteamericanas. Con ese dinero extraído de las minas bolivianas, subvencionó
golpes de Estado y guerras como la del Chaco (1932-1935) donde se enfrentaron
Bolivia y Paraguay, que dejó cien mil muertos. Pero éste es ya el comienzo de
otra historia que aún continúa, la de los hidrocarburos.
El primer pozo petrolero lo encontró la Standard Oil en 1924, y se pasó 6 años
exportando crudo a Argentina a través del Bermejo sin "avisar" al gobierno
boliviano que, enterado, intentó cobrar impuestos y terminó enjuiciado por la
petrolera. Los historiadores buscan explicaciones a la Guerra del Chaco y la
Standard Oil aparece como la gran responsable junto con la Shell que operaba en
Paraguay, ya que buscaban sacar el petróleo a través del río Bermejo hacia el
Atlántico.
Pocos años después, en 1937, el
gobierno boliviano expulsa a la Standard Oil y nacionaliza el petróleo. Es
cuando se crea Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. En 1952, la
revolución de Víctor Paz Estenssoro trae la reforma agraria, la nacionalización
de las minas de estaño y la ley de sufragio universal que convirtió en
ciudadanos a los indígenas postergados de siglos.
La segunda nacionalización de los hidrocarburos fue en 1969, durante el gobierno
de Osvaldo Candia y su ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz (asesinado por la
dictadura de García Meza). Dos años antes, la Gulf Oil había hallado el primer
pozo de gas.
El resto es historia más reciente. Las empresas extranjeras siguieron explorando
y encontrando hasta llegar a la tremenda cifra de 48 trillones de pies cúbicos
de gas bajo tierra boliviana, en su mayoría en Tarija y Santa Cruz, lo que
convirtió a Bolivia en la segunda reserva más grande de la región.
La llegada al poder de Gonzalo
Sánchez de Lozada en 2002 concretó la alianza estratégica entre un presidente
neoliberal y empresas siempre dispuestas a los buenos negocios.
Fue la exportación de gas, en lo que debía ser una venta a México y a EE.UU., la
que hizo estallar la mecha de la rebelión popular. Octubre de 2003: Cientos de
miles de desangelados salen a la calle a pedir que el gas boliviano no sea
enviado al norte a través de un puerto chileno.
Sánchez de Lozada ordena la
represión que se convierte en su suicidio político. La operación no se concretó
y su sucesor, Carlos Mesa, dispuso un referéndum por el cual la mayoría de los
bolivianos dijeron que quieren la nacionalización de los hidrocarburos.
Desde julio hay nueva ley, que aumenta del 18% al 50% las regalías a las
petroleras. La discusión sigue y el próximo gobierno deberá decidir si es la
hora de la tercera versión de hidrocarburos nacionalizados.
Mientras tanto, todos los días, los chicos bolivianos cantan en la escuela: "Yo
quiero un mar, un mar azul para Bolivia".
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