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IRAK  

Tuesday, 21 de June de 2005

El "síndrome Vietnam" cunde entre los jefes invasores

Para los generales norteamericanos "no hay una solución militar" en Irak

 

Algunos altos jefes -entre ellos el Comandante Abizaid- negaron que el actual cuadro de situación en Irak permita -como estaba previsto- la retirada de una parte de los 138.000 soldados estadounidenses a fines de este año o principios de 2006. Un general llegó a decir que la intervención militar de EEUU podría durar "muchos años". No obstante, fuentes de la resistencia iraquí no descartan que las declaraciones "pesimistas" de los generales norteamericanos estén orientadas a presionar sobre Washington y el Pentágono para que autoricen otra operación militar a gran escala, esta vez contra Mosul, a la que consideran como el nuevo bastión de los rebeldes suníes después de Faluya.

(IAR-Noticias) 21-Jun-05

Desde el general Abizaid para abajo, los jefes militares en Irak presentan un cuadro desalentador sobre la capacidad de las fuerzas norteamericanas para detener la escalada rebelde que, solamente en lo que va del año 2005, ya ha matado a más de 350 soldados de EEUU, y eliminado a más de 2000 efectivos colaboracionistas iraquíes.

A fines de mayo pasado oficiales de alto rango estadounidenses, en declaraciones realizadas en Bagdad y Washington, ofrecieron un escenario "pesimista" sobre la ocupación militar de Irak, lo que motivó que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, realizara un viaje relámpago a Bagdad para sondear la opinión del nuevo gobierno.

"Creo que la manera más precisa de abordar esto ahora es conceder que... esta insurgencia no será resuelta, el terrorismo en Irak no tendrá solución con opciones militares. Será resuelto en el proceso político", señaló la semana  pasada el general Donald Alson, principal vocero del alto mando en Irak, citado por la cadena de periódicos Knight Ridder.

Por su parte el coronel Frederick Wellman, un especialista que entrena a las tropas especiales iraquíes, dijo a Knight Ridder que la resistencia parece disponer en forma permanente de nuevos reclutas. "No los podemos matar a todos",señaló  Wellman.

El general John P. Abizaid, jefe del comando norteamericano en Medio Oriente, afirmó hace dos semanas en Washington que uno de los problemas es la falta de progresos en la consolidación de unidades de policía iraquíes capaces de enfrentarse eficazmente a los rebeldes y permitir que las fuerzas estadounidenses empiecen a retirarse.

Abizaid señaló que la policía iraquí -a la que pertenecen 65.000 de los 160.000 iraquíes entrenados y equipados gracias a los 5.700 millones de dólares dedicados por EEUU a reforzar los cuerpos de seguridad- está “atrasada” en cuanto a su capacidad de asumir una buena parte del esfuerzo bélico.

A principios de año el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, sostenían que la "estrategia del éxito"  en Irak se basaba en que las fuerzas de seguridad iraquíes entrenadas por el Pentágono sustituyeran a las fuerzas norteamericanas en el control de la seguridad.

Los hechos posteriores demostraron que las fuerzas colaboracionistas iraquíes eran impotentes para detener la escalda de ataques rebeldes, y sus miembros -según admitieron los propios jefes militares estadounidenses.

En un informe publicado a fines de abril por el diario norteamericano The Washington Post, se señalaba que mientras continuaban las discrepancias para formar un gobierno, la resistencia mantenía en jaque a las tropas norteamericanas y sus colaboradores en Irak, donde controlaba grandes territorios.

Un reportero del Washington Post que habla el idioma árabe, Anthony Shadid, acompañó hace poco a una unidad de soldados iraquíes recién capacitados por oficiales norteamericanos. Según relató luego, pudo comprobar una gran falta de preparación y confianza entre los soldados colaboracionistas iraquíes, además de las crecientes deserciones que se producen en sus filas.

El propio jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas de EEUU, general Richard Myers, afirmó a principios de mayo que la resistencia iraquí mantiene intacta su capacidad de perpetrar ataques.

El jefe militar del Pentágono expresó -confirmando lo que señalaban analistas y medios norteamericanos-  que en el país árabe se registran unos 50 a 60 atentados diarios, el mismo número que hace un año.

Hay que recordar que tras la euforia de las elecciones en Irak, Bush, Rumsfeld y los políticos chiíes y kurdos que hoy disputan encarnizadamente para repartirse los cargos del nuevo gobierno, había afirmado que la "democracia electoral" había reducido notablemente el accionar de la guerrilla, a punto tal, que tendía a desaparecer.

Luego de un receso -según parece realizado para evaluar estrrategias a seguir- la resistencia iraquí retomó su ofensiva con más virulencia que antes, y desde hace ocho semanas viene realizando una escalada mortal de atentados y ataques dirigidos principalmente contra las fuerzas norteamericanas, la policía colaboracionista y las mezquitas e instituciones chiíes.

Otro punto observado por los oficiales jefes, fue el incremento notable de las operaciones rebeldes contra convoyes y patrullas militares, que llegaron en los últimos días a superar en magnitud a los tradicionales atentados contra la policía y el ejército colaboracionista iraquí.

No hay precisión de inteligencia si los rebeldes aumentaron su número de afectivos, pero sí hay evidencias del incremento de sus acciones contra las fuerzas militares estadounidenses revelando una mayor ambición de objetivos en sus ataques.

Estos ataques habían precipitado, a principios de año, medidas de prevención como el incremento del traslado por vía aérea del material de guerra e insumos a las bases estadounidenses en Irak, en tanto que se aumentaron en número de efectivos a las patrullas de marines en las ciudades del triángulo suní de "alta peligrosidad" como Ramadi, Mosul y Faluya.

En declaraciones a la prensa realizadas la semana pasada algunos generales negaron que el actual cuadro de situación en Irak permita -como estaba previsto- la retirada de una parte considerable de los 138.000 soldados estadounidenses a fines de este año o principios de 2006. Un general llegó a decir que la intervención militar de EEUU podría durar “muchos años".

Los altos oficiales, en declaraciones separadas realizadas en el Pentágono y en Bagdad, así como en un intercambio de mensajes de correo electrónico entre Bagdad y un periodista de Washington, han abordado con una sinceridad y un detalle poco habituales los problemas a los que se enfrenta el esfuerzo bélico, señaló The New York Times.

Según John F. Burns y Eric Schmitt, analistas del New York Times, los jefes militares norteamericanos reconocen que la violencia de ataques rebeldes que se vive en el país invadido impide reducir el número de tropas ocupantes.

En sus declaraciones en Washington el general Abizaid -máximo jefe del mando militar invasor- señaló que pese al desmantelamiento de células rebeldes, que han supuesto la detención de 1.100 sospechosos en Bagdad en los últimos 80 días, la consecución de los objetivos estadounidenses en Irak no está garantizada. "En mi opinión, aún podemos fracasar", añadió el alto militar estadounidense.

Según Abizaid, todo depende de hasta qué punto el nuevo gobierno consiga reforzar la confianza de los iraquíes. Luego citó sondeos recientes de la Universidad de Bagdad, donde se señala que la confianza en el nuevo gobierno iraquí (títere de Washington)  ha decaído del 85% registrado inmediatamente después de las elecciones, a sólo el 45%.

“Para que los rebeldes triunfen, es preciso que la gente crea que el gobierno no puede sobrevivir", señaló Abizaid.

La mayoría de los altos  jefes militares con mando en Irak afirman que el aumento del número y capacitación de fuerzas locales no arrojó los resultados esperados, y que ésa -y no otra- fue la causa de la ausencia de soldados iraquíes la semana pasada, cuando un contingente de combate de 1.000 marines emprendió una ofensiva contra varios bastiones rebeldes junto a la frontera con Siria.

En esa operación los portavoces militares de EEUU informaron  que murieron 125 insurgentes y 14 soldados estadounidenses, en tanto voceros de la resistencia suní elevan la muerte de norteamericanos a 40.

Otra certeza inquietante -según los jefes militares en Irak- es que parte de la cadena de información y comando de los rebeldes que funcionaba en Faluya, ahora se encuentra operando en Mosul.

Esta gran ciudad de casi 1,8 millones de habitantes en la rivera del Tigris, todavía está controlada por un 70% de la población compuesto por árabes suníes, y sigue siendo el epicentro del nacionalismo árabe y una gran base logística para la guerrilla.

Recientes informes de la inteligencia militar, citados por The Washington Post y The New York Times, señalaban que la rama baazista de la guerrilla iraquí dispone de financiación por medio de dinero acaparado antes de la caída de Saddam Hussein.

Sus cuadros combatientes están compuestos por ex integrantes de los cuerpos de elite de la Guardia Republicana además de ex miembros de la inteligencia y del aparato de seguridad del ex régimen de Saddam Hussein.

Según esos informes, la guerrilla iraquí cuenta con al menos 40.000 miembros activos, más 80.000 en la reserva, y dispone de un flujo de financiación canalizado desde Siria y Arabia Saudí, además de contar con miles de voluntarios provenientes del Golfo y otros países árabes.

Incluso, durante esta semana, llegaron a manejarse versiones que indicaban que el mando militar estadounidense en Irak estaba planificando una operación militar a gran escala en Mosul, que incluirían bombardeos "selectivos" sobre posible refugios y bases rebeldes, de la misma manera como se hizo en Faluya.

Después del ataque a la base militar de Mosul, a fines de diciembre pasado, muchos medios y comentaristas norteamericanos señalaban como probable que los "insurgentes" se estuvieran preparando para lo único que les faltaba por hacer: tomar por asalto una base militar norteamericana.

Esa preocupación, que ronda permanentemente en la cabeza de los jefes castrenses, alimentó versiones que señalaban que el mando estadounidense en Irak estaba planificando una operación militar a gran escala en Mosul, que incluirían bombardeos "selectivos" sobre posible refugios y bases rebeldes, de la misma manera como se hizo en Faluya.

Fuentes de la resistencia iraquí, citadas por medios árabes, no descartan que las declaraciones "pesimistas" de los generales norteamericanos estén orientadas a presionar sobre Washington y el Pentágono para que autoricen otra operación militar a gran escala, esta vez contra Mosul, a la que consideran como el nuevo bastión de los rebeldes suníes.

Y estas especulaciones se basan en que -según los jefes suníes- la Casa Blanca y el Pentágono difícilmente van a abandonar las reservas de petróleo iraquí sin agotar nuevas alternativas de exterminio militar de la guerrilla iraquí.

 

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