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(IAR-Noticias)
01-Nov-05
La guerra que no termina: los extranjeros que
defienden a EEUU
El horror de la guerra en Irak,
contado por argentinos que luchan en el frente
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Walter Gaya, argentino, sargento del
ejército de EEUU, con sus hijos Corina, de 4 años, y Julián, de 2
(Foto: AP) |
Por Hugo Alconada Mon
La
Nación, Argentina
"A
veces los podemos detener, pero la mayoría de las veces no. Los atacantes
suicidas son como una lotería: si sale tu número, te matan", explica el sargento
Walter Gaya. Argentino, de 30 años, fue herido dos veces y otras varias estuvo
cerca de morir junto a su pelotón, relata, durante los ocho meses y medio que
fue desplegado por el ejército de los Estados Unidos al oeste de Mosul, la
segunda ciudad en importancia de Irak. Y una de las más sangrientas.
"Nunca sabés quién es atacante y quién no. Pero la situación en Mosul
mejoró con el correr de los meses. Al principio, los iraquíes no se sentían
seguros con nosotros, pero luego se dieron cuenta de que estábamos ahí para
ayudarlos y mejoró nuestra relación", cuenta Gaya a LA NACION desde Fort Lewis,
la base militar en el noroeste de los Estados Unidos, adonde regresó tras
resultar herido por segunda vez.
"La «vieja» está orgullosa de mí por mi trabajo", cuenta. Gaya tuvo
suerte, dentro de todo, la primera vez. "Un suicida se inmoló al lado de nuestro
jeep, hiriendo a todos los soldados que estaban adentro", relata. El vivió para
contarlo con metralla en la espalda, sordera temporaria, quemaduras, y su primer
Corazón Púrpura, la condecoración que se entrega a todo aquel soldado que es
herido en combate.
La segunda vez resultó peor. Una mina elevó por los aires el camión de combate
Stryker en el que viajaba junto con otros ocho soldados. Recibió su segundo
Corazón Púrpura después de que la metralla le rompió un ligamento de una rodilla
y casi le vacía el ojo izquierdo, con el que ahora sólo puede ver sombras,
objetos gruesos y letras enormes.
Gaya, nacido en la Argentina y criado por ciclos entre su tierra natal y los
Estados Unidos, integra un grupo de 91 soldados argentinos que sirven bajo
bandera estadounidense. Otro soldado, no incluido entre esos 91, es el único
argentino fallecido hasta ahora en las guerras de la llamada "campaña contra el
terrorismo". Juan Manuel Torres murió el 12 de julio de 2004, en Bagram,
Afganistán.
La mayoría de los argentinos (52) sirve en el Cuerpo de Infantería de Marina
-el US Marine Corps-, mientras que los otrros 39 están desperdigados por el resto
de las fuerzas armadas: ejército, armada y fuerza aérea, incluso dentro del
Pentágono, según informó a LA NACION el Departamento de Defensa.
No todos tienen la ciudadanía de los Estados Unidos. Gaya está ahora en plena
disputa para obtenerla, a pesar de que fue herido en servicio; de que su esposa
y sus dos hijos son norteamericanos y de que pasó más de la mitad de su vida en
este país. Aun así, está dispuesto a seguir combatiendo hasta que reciba la
baja, a principios de 2006.
"Puedo disparar apuntando con el ojo derecho, pero ya no tengo las mismas
capacidades como francotirador -lamenta-. Saldré del servicio para la próxima
primavera porque habré cumplido con el tiempo del contrato y en septiembre
entraré a una escuela de fotografía, mi vocación, en Seattle."
A la también sargento -pero del Marine Corps- Marina Romano le quedan tres años
más de servicio. Ya completó dos tours como parte de la operación Libertad
Iraquí: estuvo en Kuwait entre febrero y julio de 2003, y en Irak entre febrero
y septiembre de este año.
"Serví en Fallujah y en Habbanijah, y ahora están decidiendo qué pasará con
nosotros. A lo mejor me queda un tour más", anticipa desde la base militar de
Camp Lejeune, en Carolina del Norte. Tiene 22 años; viene de una familia de
militares de la Fuerza Aérea argentina y se enroló en los marines en agosto de
2001, dos semanas antes del ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono.
"Cuando firmé los papeles no me imaginé que podía ir a Irak o algo así, pero
después del 11 de septiembre quería ir a donde fuera necesario. Me crié acá y
es una forma de agradecer a esta nación todo lo que me ha dado desde que
llegué", cuenta a LA NACION.
Ambos, Gaya y Romano, llegaron a este país de la mano de sus padres. El vino
cuando tenía dos años, a fines de los 70. Regresó a la Argentina para cursar
algunos grados de la primaria y, luego, otra vez durante la secundaria. Ella, en
cambio, llegó a los Estados Unidos cuando tenía siete, en la otra gran oleada
migratoria argentina: tras el ciclo de hiperinflación de fines de los 80 y
principios de los 90.
Riesgo presente

Oriundos de Córdoba capital, los padres de Romano viven hoy en Orlando, Florida,
con su hermana menor. "Ella no quiere saber nada con los milicos", cuenta
Marina, y suelta una carcajada. "Mamá está asustadísima. Sabe que el riesgo
siempre está presente."
El caso de Miguel Roldán, un tercer soldado de raíces argentinas, es distinto.
Sus padres son argentinos, pero él nació en los Estados Unidos, aunque pasó
parte de su infancia en Buenos Aires. Le dicen "Michael", y también está
enrolado en los marines en Camp Lejeune, junto a Romano. Pero él ahora está
desplegado en Irak.
El grupo de Romano está abocado a la logística y regresó completo de Fallujah,
sinónimo de insurgencia y sangre para las tropas de los Estados Unidos. "Tuvimos
muchos accidentes y algunos heridos, pero ningún muerto. Todos los que fuimos,
regresamos", celebra.
El saldo es muy distinto para el grupo del 1er Batallón del 24º Regimiento de la
25» División de Infantería del Ejército en el que sirve Gaya. "Es una mierda. De
nuestro pelotón, que éramos 30, dos no regresaron y 19 volvimos con Corazones
Púrpuras por heridas recibidas en combate. Yo tengo dos, pero algunos flacos
tienen tres", precisa.
Muchos de sus amigos tampoco volvieron. Como el sargento Benjamin Morton, con el
que compartía la afinidad por la fotografía. Murió a los 24 años, el 22 de mayo
último, en un tiroteo con insurgentes. "En Mosul terminamos mejor que cuando
empezamos -destaca-, pero porque nuestro coronel nos puso a trabajar mucho por
la comunidad, y eso facilitó las cosas."
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.
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