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IRAK  

Marines mercenarios cuentan sus "experiencias"

91 argentinos integran las fuerzas invasoras de EEUU en Irak

Los 91 argentinos enrolados como combatientes mercenarios del ejercito invasor norteamericano en Irak forman parte de las 9.477 personas que residen en EEUU, pero que no nacieron en ese país, y que se alistaron en sus fuerzas armadas,  según datos oficiales del Pentágono. Desde que comenzó la invasión y ocupación de Irak, en marzo de 2003, 2.025 soldados de EEUU han muerto en ese país, y cerca de 15 por ciento de ellos eran de origen latinoamericano por nacimiento o ascendencia, indican datos recogidos por "Guerrero Azteca", movimiento que exige en EEUU el retorno de los soldados enviados a Medio Oriente. Para alistarse en el ejército de EEUU sólo hace falta ser residente legal. El gobierno de Bush promete a quienes se sumen como soldados agilizar la concesión de su ciudadanía y el otorgamiento de becas de estudios. El diario argentino La Nación realizó una entrevista a algunos de esos especimenes que cuentan sus experiencias del "horror" vivido en Irak.

(IAR-Noticias)  01-Nov-05       

La guerra que no termina: los extranjeros que defienden a EEUU
El horror de la guerra en Irak, contado por argentinos que luchan en el frente

Walter Gaya, argentino, sargento del ejército de EEUU, con sus hijos Corina, de 4 años, y Julián, de 2 (Foto: AP)

Por Hugo Alconada Mon
La Nación, Argentina
                                             

"A veces los podemos detener, pero la mayoría de las veces no. Los atacantes suicidas son como una lotería: si sale tu número, te matan", explica el sargento Walter Gaya. Argentino, de 30 años, fue herido dos veces y otras varias estuvo cerca de morir junto a su pelotón, relata, durante los ocho meses y medio que fue desplegado por el ejército de los Estados Unidos al oeste de Mosul, la segunda ciudad en importancia de Irak. Y una de las más sangrientas.

"Nunca sabés quién es atacante y quién no. Pero la situación en Mosul mejoró con el correr de los meses. Al principio, los iraquíes no se sentían seguros con nosotros, pero luego se dieron cuenta de que estábamos ahí para ayudarlos y mejoró nuestra relación", cuenta Gaya a LA NACION desde Fort Lewis, la base militar en el noroeste de los Estados Unidos, adonde regresó tras resultar herido por segunda vez.


"La «vieja» está orgullosa de mí por mi trabajo", cuenta. Gaya tuvo suerte, dentro de todo, la primera vez. "Un suicida se inmoló al lado de nuestro jeep, hiriendo a todos los soldados que estaban adentro", relata. El vivió para contarlo con metralla en la espalda, sordera temporaria, quemaduras, y su primer Corazón Púrpura, la condecoración que se entrega a todo aquel soldado que es herido en combate.

La segunda vez resultó peor. Una mina elevó por los aires el camión de combate Stryker en el que viajaba junto con otros ocho soldados. Recibió su segundo Corazón Púrpura después de que la metralla le rompió un ligamento de una rodilla y casi le vacía el ojo izquierdo, con el que ahora sólo puede ver sombras, objetos gruesos y letras enormes.

Gaya, nacido en la Argentina y criado por ciclos entre su tierra natal y los Estados Unidos, integra un grupo de 91 soldados argentinos que sirven bajo bandera estadounidense. Otro soldado, no incluido entre esos 91, es el único argentino fallecido hasta ahora en las guerras de la llamada "campaña contra el terrorismo". Juan Manuel Torres murió el 12 de julio de 2004, en Bagram, Afganistán.

La mayoría de los argentinos (52) sirve en el Cuerpo de Infantería de Marina -el US Marine Corps-, mientras que los otrros 39 están desperdigados por el resto de las fuerzas armadas: ejército, armada y fuerza aérea, incluso dentro del Pentágono, según informó a LA NACION el Departamento de Defensa.

No todos tienen la ciudadanía de los Estados Unidos. Gaya está ahora en plena disputa para obtenerla, a pesar de que fue herido en servicio; de que su esposa y sus dos hijos son norteamericanos y de que pasó más de la mitad de su vida en este país. Aun así, está dispuesto a seguir combatiendo hasta que reciba la baja, a principios de 2006.

"Puedo disparar apuntando con el ojo derecho, pero ya no tengo las mismas capacidades como francotirador -lamenta-. Saldré del servicio para la próxima primavera porque habré cumplido con el tiempo del contrato y en septiembre entraré a una escuela de fotografía, mi vocación, en Seattle."

A la también sargento -pero del Marine Corps- Marina Romano le quedan tres años más de servicio. Ya completó dos tours como parte de la operación Libertad Iraquí: estuvo en Kuwait entre febrero y julio de 2003, y en Irak entre febrero y septiembre de este año.

"Serví en Fallujah y en Habbanijah, y ahora están decidiendo qué pasará con nosotros. A lo mejor me queda un tour más", anticipa desde la base militar de Camp Lejeune, en Carolina del Norte. Tiene 22 años; viene de una familia de militares de la Fuerza Aérea argentina y se enroló en los marines en agosto de 2001, dos semanas antes del ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono.

"Cuando firmé los papeles no me imaginé que podía ir a Irak o algo así, pero después del 11 de septiembre quería ir a donde fuera necesario. Me crié acá y es una forma de agradecer a esta nación todo lo que me ha dado desde que llegué", cuenta a LA NACION.

Ambos, Gaya y Romano, llegaron a este país de la mano de sus padres. El vino cuando tenía dos años, a fines de los 70. Regresó a la Argentina para cursar algunos grados de la primaria y, luego, otra vez durante la secundaria. Ella, en cambio, llegó a los Estados Unidos cuando tenía siete, en la otra gran oleada migratoria argentina: tras el ciclo de hiperinflación de fines de los 80 y principios de los 90.

Riesgo presente

 

 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oriundos de Córdoba capital, los padres de Romano viven hoy en Orlando, Florida, con su hermana menor. "Ella no quiere saber nada con los milicos", cuenta Marina, y suelta una carcajada. "Mamá está asustadísima. Sabe que el riesgo siempre está presente."

El caso de Miguel Roldán, un tercer soldado de raíces argentinas, es distinto. Sus padres son argentinos, pero él nació en los Estados Unidos, aunque pasó parte de su infancia en Buenos Aires. Le dicen "Michael", y también está enrolado en los marines en Camp Lejeune, junto a Romano. Pero él ahora está desplegado en Irak.

El grupo de Romano está abocado a la logística y regresó completo de Fallujah, sinónimo de insurgencia y sangre para las tropas de los Estados Unidos. "Tuvimos muchos accidentes y algunos heridos, pero ningún muerto. Todos los que fuimos, regresamos", celebra.

El saldo es muy distinto para el grupo del 1er Batallón del 24º Regimiento de la 25» División de Infantería del Ejército en el que sirve Gaya. "Es una mierda. De nuestro pelotón, que éramos 30, dos no regresaron y 19 volvimos con Corazones Púrpuras por heridas recibidas en combate. Yo tengo dos, pero algunos flacos tienen tres", precisa.

Muchos de sus amigos tampoco volvieron. Como el sargento Benjamin Morton, con el que compartía la afinidad por la fotografía. Murió a los 24 años, el 22 de mayo último, en un tiroteo con insurgentes. "En Mosul terminamos mejor que cuando empezamos -destaca-, pero porque nuestro coronel nos puso a trabajar mucho por la comunidad, y eso facilitó las cosas."

Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.

 

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