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(IAR-Noticias)
14-Oct-05
Informe
especial
La
situación de Karl Rove (llamado el "cerebro de Bush) y de otros prominentes
funcionarios de la administración Bush volvió a agravarse tras el
testimonio que brindó a la justicia la periodista del The New York Times, Judith
Miller, que sufrió prisión por negarse a revelar sus fuentes sobre el llamado
caso de la "espía encubierta de la CIA".
El fiscal Patrick Fitzgerald, que
interrogó el miércoles nuevamente a la periodista Miller, presentará
cargos criminales contra altos funcionarios del Gobierno de Estados
Unidos, según los abogados involucrados en el denominado "caso Plame".
Varios de los abogados cercanos al
caso de la espía Valerie Plame indicaron a varias agencias que Fitzgerald podría concentrarse en
cargos por falso testimonio, obstrucción a la justicia y violación de la
Ley de Espionaje.
El "caso Plame" apunta sus cañones a funcionarios claves de la Casa Blanca,
desde donde supuestamente habría partido la filtración a la prensa de la
identidad de la espía de la CIA, Valerie Plame, una revelación que podría ser
tipificada como delito.
Destapar deliberadamente la identidad de un agente
encubierto de la CIA es un delito federal que puede ser penado con
prisión, y por tal razón el "caso Plame" está sacudiendo a la Casa Blanca y al
cerrado mundo del poder en Washington.
Entre
los nombres de los presuntos "soplones" figuran el de Karl Rove,
principal asesor estratégico del presidente de George W. Bush, y Lewis "Scooter"
Libby, jefe de Gabinete y mano derecha del vicepresidente, Dick Cheney.
Rove está considerado como el hombre
"clave" del diseño de la estrategia política de Bush, y Libby es la polea de
transmisión entre la Casa Blanca y el "lobby judío" que centraliza las
influencias y los negocios entre la administración y los grandes bancos y
corporaciones. (Ver: )
Rove, de 55 años, reputado por sus tácticas agresivas -o lo que sus críticos
consideran "juegos sucios"- colaboró con Bush para ganar la gobernación
de Texas, y desde entonces lo encaminó a la presidencia en 2000 y 2004.
Entre sus principales "méritos" está el de haber
"propagandizado" las invasiones a Irak y Afganistán con la finalidad de
conseguir consenso para que las tropas norteamericanas conquistaran esos países.
Karl Rove es uno de los que está presente cuando Frances
Townsend, Asesora de Seguridad Interna del Presidente
y jefa de operaciones antiterroristas del personal de Seguridad Nacional, le alcanza a Bush lo que
se conoce como el Informe Diario de Amenazas del
Presidente (PDTR en inglés), o, en lenguaje
burocrático, el "Palo de Golf".
Dentro del
temor que envuelve a la Casa Blanca por su situación,
se prevé que Rove comparezca el jueves por cuarta
vez ante el jurado que investiga el caso, que
finalizará sus pesquisas a finales de este mes.
Rove, llamado el "cerebro" de Bush, aparece en
varios emails como una de las fuentes que reveló a la prensa la identidad de un
agente de la CIA en medio de una investigación muy crítica con el gobierno
republicano tras la invasión a Irak, según reveló ayer la revista Newsweek.
El semanario Newsweek obtuvo la información
sobre Rove de dos abogados que pidieron no ser identificados porque ambos
representan testigos en el caso cuyas posiciones son cercanas a las de la Casa
Blanca. El periodista Cooper y una vocera de Time declinaron hacer comentarios.
Los correos electrónicos fueron enviados por la revista Time a un gran
jurado que investiga quién destapó la identidad del agente de la CIA, algo
penado por la ley.
El caso armó un gran escándalo en EEUU y
puso a dos periodistas a un paso de la cárcel por desobedecer un dictamen judicial que
les ordenó que identifiquen a sus informantes.
Finalmente solo Miller cumplió
varias semanas en prisión, y luego, al revelar sus fuentes ante el fiscal, fue
liberada.
El origen del episodio se remonta a julio de 2003, cuando el nombre de la agente
de la CIA Valerie Plame apareció en una columna del periodista Robert Novak.
Fue ocho días después de que el marido de Plame,
el ex embajador Joseph Wilson, acusara públicamente al gobierno de Bush de
torcer la verdad para justificar la guerra en Irak.
Wilson había sido enviado por la Casa Blanca un
año antes a Niger para investigar si Saddam Hussein buscó comprar uranio en esa
nación africana para fabricar armas prohibidas. A su regreso, el diplomático
dijo que nada de lo que la Casa Blanca afirmaba sobre Saddam y Niger era cierto.
Después de que el nombre de su esposa apareciera en la prensa, Wilson dijo que
ese hecho ponía en riesgo su vida por tratarse de una agente de
inteligencia y acusó a Rove de haber revelado el nombre como venganza. Después,
Wilson se retractó.
Finalmente, el nombre de Karl Rove, el funcionario a quién se considera el
"arquitecto" de la carrera política de Bush, apareció en los e-mails que el periodista Mathew Cooper
intercambió con sus editores de Time.
Junto Judith Miller, su colega de The New York Times, Cooper fue obligado por
la Justicia a dar los nombres de sus informantes sobre sus crónicas ligadas al
caso.
La revista Time accedió a principios de julio a entregar e-mails y algunas notas de
su periodista. "Nosotros no estamos por encima de la ley", comentó Norman
Pearlstine, el editor en jefe de esa publicación al anunciar que cooperarían con
la investigación.
Pero Miller se negó a revelar sus fuentes en protección a su secreto
profesional, y fue encarcelada.
Un
fiscal especial fue designado para investigar la filtración y citó a los
periodistas para que revelaran la fuente, lo que finalmente hizo Miller para
salir de la prisión.
La revista Newsweek había informado que uno de los abogados que representan a un
testigo cercano a la Casa Blanca dijo que hay una creciente "preocupación" en la
Casa Blanca de que el fiscal del caso esté finalmente
interesado en Rove.
La inminente conclusión del trabajo
del jurado ha hecho que el fiscal esté apretando las tuercas a todos los
testigos para hacerse con las piezas restantes de un rompecabezas que
lleva componiendo desde hace casi dos años.
Miller, periodista del diario The New York Times que pasó 85 días en la
cárcel por su negativa a testificar, ofreció el jueves al fiscal
Fitzgerald nuevos datos sobre sus conversaciones con la mano derecha de
Cheney, Lewis "Scooter" Libby.
La periodista compareció a finales de
septiembre ante el jurado, donde habría hablado sobre sus entrevistas con Libby
y el miércoles ofreció información adicional tras encontrar notas de un
encuentro con el asesor de Cheney en junio de 2003.
Según revelaron agencias y medios estadounidenses, en las anotaciones que Miller
encontró -en la redacción del Times en Manhattan tras su testimonio del 30 de
septiembre- aparece el nombre de Joseph Wilson, ex diplomático y marido
de Plame, quien criticó abiertamente los motivos de Bush para justificar la
invasión de Irak.
La información demuestra que Libby
habló con la reportera sobre Wilson antes de que la publicación del nombre
de su esposa desatase este complejo revuelo legal.
Miller y su abogado, Robert Bennett, declinaron hacer declaraciones a la salida
del tribunal federal en Washington donde testificó la periodista.
La ocupación secreta de Plame se supo
pocos días después de que su marido refutase la acusación realizada por Bush, de
que el entonces líder iraquí Sadam Husein había intentado comprar uranio en
Níger.
Según Wilson, la filtración fue una
represalia de la Casa Blanca por ese episodio, más concretamente de Libby y de
Karl Rove.
En
febrero de este año la Casa Blanca anunció que Karl Rove, el
"arquitecto” de
la victoria electoral de 2004 (para
muchos el hacedor de toda la carrera política de Bush) se
convertiría en jefe adjunto del equipo de la Casa Blanca, manteniéndose como consejero principal y asesor del Presidente.
Esta
designación implicaba como señalaron
algunos funcionarios a la prensa en ese
momento ,
que Rove “coordinará la
política dentro de los diversos consejos” de la Casa Blanca
-incluida la
seguridad nacional y la seguridad interna- mientras “continúa vigilando la
estrategia para hacer avanzar” el programa de gobierno de Bush.
Para los especialistas
Karl Rove es el hombre que con sus estrategias
electorales lo llevó a W. Bush a ocupar la gobernación de Texas, a su
reelección como gobernador, y luego a ocupar el sillón de la Casa Blanca,
la máxima jerarquía política en el estado imperial norteamericano.
Su involucración en la
investigación de la filtración del
nombre de la agente encubierta lo situó inmediatamente en la mira de la
oposición demócrata que lo tiene como el blanco principal de las
acusaciones.
De Rove, Bush suele decir en ronda de amigos que
es el hombre que siempre "tiene un plan".
Veremos que plan se le ocurre para convencer al
fiscal y al tribunal que lo enjuiciará.
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