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Bush y Cheney en la mira

El "CIAgate" recalienta la guerra por el poder en EEUU

La guerra interna que sostienen republicanos y demócratas por el poder en EEUU se recalentó este viernes cuando Lewis Libby, el jefe de gabinete del vicepresidente, Dick Cheney, fue acusado de obstrucción a la justicia, perjurio y falso testimonio tras una investigación de dos años sobre la filtración de la identidad de un agente secreto de la CIA, y luego presentó su renuncia al cargo.

(IAR-Noticias) 29-Oct-05    

Libby saliendo de la Casa Blanca este viernes.

Si es hallado culpable, Libby podría ser condenado a hasta 30 años de prisión,

Lewis Libby, que según estimaciones de juristas podría ser condenado hasta a 30 años de prisión, dimitió minutos después de que los cargos fueran entregados a un tribunal federal en Washington.

Karl Rove, el máximo asesor estratégico del presidente George W. Bush, aunque también está en la primera línea de fuego con el "CIAgate",  no fue imputado junto con Libby, pero el fiscal Patrick Fitzgerald ha dejado claro que Rove continuaba siendo investigado y estaba en aprietos legales, dijeron los abogados.

La identidad de Plame se filtró a los medios después de que su marido, el diplomático Joseph Wilson, acusara a la administración Bush de tergiversar la información de los servicios de inteligencia, antes de la guerra de Irak para justificar sus acciones militares.

Libby fue uno de los funcionarios de alto rango que planeó en 2003 la invasión a Irak junto a los funcionarios y tecnócratas del llamado lobby judío con Cheney y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a la cabeza.

Para argumentar aquella decisión, la Casa Blanca envió al diplomático Joseph Wilson, esposo de la agente encubierta Plame,  a Níger para que demostrara que el régimen de ese país le vendía uranio a Saddam Hussein para fabricar armas de destrucción masiva.

Wilson, que fue embajador de EEUU, no sólo no pudo probar la existencia del vínculo Níger-Saddam durante su misión junto con la CIA sino que luego se dedicó a tirar abajo los argumentos esgrimidos por Bush para invadir Irak.

El marido de la agente Plame publicó un artículo en The New York Times titulado "Lo que no encontré en Africa", en el que criticaba la manipulación de las informaciones sobre las "armas de Saddam".

Luego de la rebelión de Wilson, Libby y otros funcionarios filtraron la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA al diario The New York Times y a  la revista Time.

La revelación fue interpretada como una venganza de la Casa Blanca contra Wilson por sus declaraciones y denuncias.

Si es hallado culpable, Libby, de 55 años, se enfrenta a un pena máxima de 30 años de prisión y una multa de 1,25 millones de dólares, dice la fiscalía.

La  Casa Blanca en aprietos

La acusación judicial contra  Libby es un duro golpe para la Casa Blanca, que ya se encuentra atacada en varios frentes y a la defensiva por las críticas que despertó su respuesta al huracán Katrina, la creciente oposición a la guerra en Irak y la retirada de la nominación de Harriet Miers para el Tribunal Supremo de Justicia.

Todo este proceso, y la encarnizada campaña mediática llevada a cabo por los medios opositores a Bush con los influyentes The New York Times The y Washington Post a la cabeza, agrega combustible a la guerra por el poder lanzada por los demócratas aprovechando la caída pronunciada del presidente George W Bush en las encuestas.

Para la la mayoría de los expertos en Washington el "CIA-gate", o el "caso Plame" , trasciende lo judicial y se convierte en un ajuste de cuentas post-electoral para los sectores demócratas  y grupos del establishment que se vieron postergados tras las elecciones de noviembre pasado de acceder a la Casa Blanca con la reelección de Bush.

Sectores conservadores de EEUU acusaron a Wilson, el marido de la ex agente de la CIA Plame, de trabajar para una campaña contra Bush y de formar parte del equipo de campaña del ex candidato demócrata John Kerry quién perdió la elección que proyectó al presidente a un segundo mandato.

A menos de un año de la elección presidencial, en noviembre de 2004, los demócratas ya están pensando aprovechar los errores de la administración Bush para intentar retomar el control del Congreso, en las elecciones legislativas en noviembre de 2006.

La guerra por el poder

Tras el desastre con el huracán Katrina, y aprovechando la tragedia y el deficiente desempeño de la administración republicana, Hillary Clinton, los demócratas,  y un amplio espectro del poder estadounidense fueron  por la cabeza de Bush.

 Junto a la  andada de críticas que se sumaron contra la actual administración, la oposición demócrata solicitó  la creación de una "Comisión Katrina" en el Senado para investigar el desempeño del gobierno durante la tragedia, similar a la creada tras el 11-S.

Medios y analistas compararon la situación con el Watergate que derrocó a Nixon.

La guerra con munición pesada desatada contra la Casa Blanca tras el Katrina se complementó con la afirmación de que los elevados costos de la guerra de Irak, combinados con las exenciones de impuestos al sector más rico de la población, y la fijación con la "seguridad interna", redujo la  cantidad de fondos destinados a impedir desastres naturales como los que produjeron los huracanes.

El diario estadounidense Los Angeles Times (quién se había pronunciado por la candidatura de Kerry en la última elección)  describió la semana pasada  un escenario político catastrófico para los republicanos, de cara a las elecciones parlamentarias en 2006 en EEUU, las que se verán afectadas por el  descenso en la popularidad del presidente George W. Bush, quien concita el apoyo más bajo de toda su gestión.

Los Angeles Times señalaba que  la Casa Blanca y los líderes republicanos del Congreso también enfrentan el descontento de los segmentos más conservadores del partido, opuestos a algunas políticas y decisiones del gobernante, entre ellas la nominación de Harriet Miers para la Corte Suprema, quien acaba de renunciar a sus postulación.

"Estos conflictos internos complican el desafío que tienen ante sí tanto Bush como el Partido Republicano, para recobrar la iniciativa en Washington y prepararse para los comicios parciales de 2006", indicaba el diario opositor.

La administración Bush, como consecuencia de la embestida opositora en varios frentes, está sometida en los últimos días a un vendaval político que amenaza con tragarse a sus principales funcionarios.

En los últimos días el llamado "CIA-Gate" , desatado tras la revelación del nombre de la espía encubierta de la CIA,  ya ha salpicado a los principales funcionarios de la administración Bush, entre ellos el "cerebro" Karl Rove, y ahora amenaza al propio vicepresidente Cheney,  de  quien The New York Times dice que tuvo una participación en el escándalo.

A pesar de que la acusación del fiscal  Lewis Libby, convierte a este en un fusible para que el escándalo no alcance al vicepresidente y al principal asesor de Bush, los analistas y medios estadounidenses coincidían el viernes en que los opositores "van por la cabeza de Cheney".

El escándalo del "Ciagate", como se recordará,  está centrado en la filtración a la prensa de la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA en julio de 2003. En EEUU dar a conocer la identidad de un agente secreto es considerado un delito federal por la justicia de EEUU.

De acuerdo a la sección 421 del Acta de protección de identidades de Inteligencia de 1982,  es ilegal revelar intencionalmente información identificando a un agente encubierto "a ningún individuo no autorizado a recibir información clasificada".

El martes, el influyente diario The New York Times afirmó  que fue el propio vicepresidente Richard Cheney, quien reveló la identidad de la agente a su asesor, Lewis Libby, levantando una ola de especulaciones en la prensa norteamericana.

Por otra parte, Dick Cheney padeció otro  revés cuando el martes el diario The Washington Post reveló que el número dos del gobierno de Bush concibió un plan para que la CIA quede exenta de la prohibición de torturar, que el Congreso de EEUU está por aprobar.

El diario neoyorkino señaló que varias notas en poder de un fiscal federal que investiga el caso indican que el secretario de la vicepresidencia, I. Lewis Libby, conoció la identidad de una agente encubierta de la CIA a través del propio Cheney.

Para documentar sus afirmaciones, The New York Times cita fuentes de "abogados del caso", y asegura que los apuntes que tomó el propio Libby en una reunión con Cheney el 12 de junio de 2003 demuestran que el vicepresidente le contó en aquella oportunidad que Valerie Plame era agente de la CIA.

Bush y Cheney en la mira

Los apuntes de Libby indican que Cheney se enteró del cargo secreto de Plame en la CIA cuando le pidió al entonces director del organismo, George Tenet, información sobre Wilson, quien había hecho un viaje especial a Níger para investigar los rumores sobre el interés de Irak en comprar uranio a Níger.

Pero lo que más sigue concitando  la atención de la opinión de los centros de poder estadounidense es la versión que circula en la prensa norteamericana de que el fiscal especial Patrick Fitzgerald, tras acusar a Libby,  podría presentar cargos criminales contra Cheney, lo que  podría dañar seriamente la ya complicada situación de Bush

Cheney, además se vio más implicado  por haber asegurado públicamente que no sabía nada de Wilson. El New York Times, por el contrario, afirma que Cheney habría hablado con Libby sobre la pareja Plame-Wilson bastante antes que de que estallara el escándalo.

La cuestión del "CIAgate" y de la reciente acusación fiscal contra el jefe de gabinete de Cheney, reaviva las versiones de un "golpe de Estado" contra Bush, tal como se había hablado en junio del año pasado tras la renuncia del director de la CIA, George Tenet, a quién señalaba como tramando un complot contra la dupla presidencial Bush-Cheney.

El escándalo con el "caso Plame",  y sus derivaciones en la justicia, levanta nuevamente versiones de que detrás de la acusación contra los funcionarios de la Casa Blanca hay un plan encubierto para destituir a Bush y a su vice antes de la finalización de su mandato.

No faltan los que predicen que EEUU está al borde de una crisis presidencial y constitucional,  que en última instancia llevará a hacer parecer minúscula la destitución de Richard Nixon en 1974.

Todo indica, según la percepción generalizada en la prensa norteamericana, que la renuncia del jefe de gabinete de Cheney y su enjuiciamiento es solo la punta del iceberg de un escándalo y una guerra política que recién comienza.

De cualquier manera, entre los numerosos frentes de tormenta que azotan a la Casa Blanca (el "efecto Katrina", las "mentiras" sobre las armas de Saddam Hussein, el escándalo con las torturas en Irak, entre otros) el caso de la revelación del nombre de la espía Plame es dónde más nítidamente se presenta la posibilidad de que sus principales funcionarios, con Bush y Cheney a la cabeza, terminen procesados y/o condenados por la justicia.


Quién es quién en el "CIA-gate"

Valerie Plame y su esposo, Joseph Wilson, en la tapa de la revista Vanity Fair.

En el centro de la tormenta: Valerie Plame y su esposo, Joseph Wilson.

El caso se centra en la filtración a la prensa de la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA en julio de 2003. Dar a conocer la identidad de un agente secreto es considerado un delito federal.

Un fiscal intenta determinar si altos funcionarios del gobierno revelaron la identidad de Plame en un intento deliberado por desacreditar a su esposo, el diplomático Joseph Wilson.

Wilson había cuestionado abiertamente los datos de inteligencia citados por el presidente Bush para atacar Irak.

Joseph Wilson

El ex embajador en Irak, Joseph Wilson, escribió un artículo de opinión para el diario New York Times, en el que acusó al gobierno del presidente George W. Bush de distorsionar los datos de inteligencia sobre Irak.

Wilson viajó a Níger en 2002 para investigar acusaciones de que el entonces presidente de Irak, Saddam Hussein, había intentado comprar uranio del país africano. Wilson, un diplomático considerado cercano al Partido Demócrata y conocido por su postura crítica hacia Bush, señaló que no encontró pruebas que fundamentaran esas acusaciones.

"No me queda otra opción que concluir que parte de la inteligencia relacionada con el programa nuclear de Irak fue distorsionada para exagerar la amenaza iraquí", escribió Wilson en el New York Times.

A pesar de ello, el presidente Bush hizo una referencia expresa a la presunta conexión Hussein-Níger en su discurso sobre el estado de la nación en enero de 2003.

Como embajador interino en Irak antes de la primera Guerra del Golfo, Wilson desafió abiertamente a Hussein en 1991 dando refugio a más de 100 ciudadanos estadounidenses. Hussein había amenazado con ejecutar a quien albergara ciudadanos extranjeros.

Wilson se presentó ante la prensa llevando una soga en lugar de una corbata, declarando posteriormente que el mensaje al entonces presidente iraquí era claro: "Si quiere ejecutarme, traeré mi propia soga".

Valerie Plame

Valerie Plame Wilson es la agente de la CIA en el centro del caso y está casada con Joseph Wilson. Su identidad fue revelada en primer lugar por el columnista Robert Novak en un artículo en julio de 2003.

Novak citó "dos funcionarios en la administración", según los cuales Wilson había viajado a Níger porque su esposa -una agente de la CIA- lo había recomendado para esa misión.

La revelación sobre la identidad de Plame no llamó la atención de los medios hasta setiembre de 2003, cuando se informó que la CIA había solicitado que se investigara la filtración de la información.

Las leyes federales establecen que dar a conocer la identidad de un agente secreto es un delito que pone en riesgo la seguridad nacional.

Patrick Fitzgerald

Patrick FitzgeraldEl fiscal de Chicago fue designado en diciembre de 2003 como principal investigador en el caso Plame.

Fitzgerald podría presentar esta misma semana cargos en contra de los principales sospechosos, Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick Cheney, y Karl Rove, principal asesor político del presidente Bush.

En el curso de su investigación, el fiscal ha interrogado en persona a varios funcionarios de la CIA, la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

Se sabe que por lo menos 20 testigos han prestado declaraciones a puertas cerradas en relación al caso.

Robert Novak

El periodista Robert Novak fue quien primero reveló en una columna en julio de 2003 que Valerie Plame trabajaba para la CIA y afirmó que la agente había recomendado a su esposo para la misión a Níger.

Si bien se cree que Novak ha cooperado con la investigación de Fitzgerald, se ha negado a hablar públicamente sobre el caso.

El periodista, considerado de postura conservadora, no ha sido ajeno a la controversia en su larga carrera como comentarista político.

En agosto de este año fue suspendido por la cadena CNN luego de que profiriera insultos y abandonara el estudio del programa Inside Politics"Entre bambalinas", cuando fue criticado por otro comentarista.

Mathew Cooper

El reportero Mathew Cooper escribió un artículo para el sitio en internet de la revista Time en julio de 2003, poco después de que Novak publicara su columna.

Cooper afirmó que "algunos funcionarios del gobierno" le habían proporcionado datos similares a los citados por Novak.

El reportero de Time aceptó declarar ante un tribunal ante la posibilidad de ser encarcelado por desacato. Dijo que había deducido la identidad de Plame a partir de una conversación con Rove, pero aseguró que el asesor de Bush no había nombrado explícitamente a la agente.

Cooper también escribió en el sitio de Time que había hablado sobre Joseph Wilson y su esposa con Lewis Libby.

Judith Miller

La periodista Judith Miller, del New York Times, había investigado el caso Plame pero nunca publicó nada al respecto.

La reportera, que fuera galardonada con el Premio Pulitzer, acabó pasando 85 días en la cárcel por desacato, al negarse a nombrar sus fuentes en la Casa Blanca.

Salió en libertad en setiembre de 2005 y accedió a prestar testimonio sólo si su fuente la autoriza formalmente.

Miller dijo que habló con Lewis Libby, pero aseguró que éste no nombró a Valerie Plame.

Karl Rove

Uno de los principales asesores políticos del presidente Bush y uno de los dos principales sospechosos de haber filtrado la información sobre Plame a la prensa.

Rove ha negado las acusaciones de Mathew Cooper de que proporcionó información al periodista en represalia por las críticas de Joseph Wilson al gobierno de Bush.

Rove ha prestado testimonio en al menos cuatro ocasiones sobre el caso.

Algunos analistas consideran a Rove el verdadero "poder detrás del trono" de Bush.

Si el fiscal Fitzgerald decide presentar cargos, Rove podría ser sometido a juicio y debería abandonar su puesto.

Lewis Libby

Como asesor y jefe de gabinete de Dick Cheney, Libby se ha visto involucrado en prácticamente todas las decisiones de peso de la administración Bush.

Libby es, además de Rove, el principal sospechoso de haber filtrado la información sobre la identidad de Plame. Si bien admitió haberse referido a Plame en conversaciones con al menos dos periodistas, Libby declaró que en ninguno de los casos mencionó explícitamente el nombre de la agente ni reveló su identidad como espía de la CIA.

Dick Cheney

La Casa Blanca respaldó al vicepresidente Dick Cheney, luego de que un diario lo señalara como uno de los implicados.

El New York Times citó este martes "abogados del caso", según los cuales los apuntes que tomó Libby en una reunión con Cheney el 12 de junio de 2003, prueban que el vicepresidente contó a su jefe de gabinete que Valerie Plame era agente de la CIA.

Libby ha sostenido hasta ahora que se enteró de la identidad de Plame en conversaciones con periodistas.

 

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