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(IAR-Noticias)
31-Oct-05
Si es hallado culpable,
Libby podría ser condenado a hasta 30 años de prisión,
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Lewis
Libby, un calificado integrante del llamado lobby judío de la Casa Blanca,
quien hasta este viernes fue jefe del gabinete del vicepresidente Dick Cheney,
renunció a su cargo después de ser acusado de cinco cargos por un fiscal
especial.
Todos los analistas coinciden
en que este es el "peor momento" para la administración Bush que, desde
el huracán Katrina, se encuentra sometida a una ofensiva político-mediática por
parte de la oposición demócrta y los sectores del establishment que quieren
tomar el control y los negocios de la Casa Blanca.
Libby fue acusado por el fiscal Patrick Fitzgerald de obstruir su investigación
de dos años sobre la filtración a la prensa de la identidad de la agente de la
CIA, Valerie Plame, cuyo esposo criticó al gobierno estadounidense por su
decisión de declarar la guerra a Irak con argumentos falsos sobre la existencia
de las armas de destruccion masiva de Saddam Hussein (que luego se comprobó que
no existian).
El otrora influyente funcionario de la Casa Blanca podría enfrentar hasta 30
años de prisión si es hallado culpable y podría pagar una multa de US$1.250.000.
Mientras, en Washington se comenta sobre la posibilidad de que Karl Rove, un
funcionario clave del riñón de Bush, quien escapó a ser acusado el viernes,
podría ser llamado como testigo contra su ex colega.
Los corresponsales señalaron que el texto de la acusación contra Libby se
refiere a una persona como "Funcionario A", que dice es una persona clave en la
Casa Blanca, y que aparentemente es Rove, a quién los cañones de la oposición
apuntan constantemente.
Los abogados del más cercano asesor
del presidente George Bush informaron a varias agencias que Rove aún está
bajo investigación.
En
general, los analistas estiman que Libby es solo un "fusible" para detener la
ofensiva, y que los demócratas y el fiscal continuarán hasta conseguir su
objetivo que no es otro que la acusación judicial contra Cheney, y
posiblemente contra Bush, que serían los verdaderos blancos de la maniobra
político-judicial.
Por otra parte, el embajador Joe Wilson, cuyos ataques contra el gobierno de
Bush llevaron a la identificación pública de su esposa como agente encubierta de
la CIA, declaró a la televisión estadounidense que desde que su identidad fue
revelada, Plame ha recibido amenazas específicas.
El fiscal Fitzgerald, a quien los republicanos acusan de estar respondiendo a
una campaña impulsada por la oposición, investiga si hubo una decisión
deliberada de filtrar a la prensa el nombre de Plame como una represalia contra
su marido.
Wilson, ex integrante del Consejo de Seguridad Nacional, viajó a Níger en 2002
para investigar informes de que Saddam Hussein intentaba comprar uranio a ese
país africano.
Wilson declaró a su regreso que no creía en la veracidad de esos informes,
debilitando así los argumentos de Bush de que el entonces presidente iraquí
planeaba fabricar una bomba nuclear.
A pesar de las declaraciones de Wilson, Bush se refirió específicamente a un
posible nexo Hussein-Níger en su discurso a la nación en enero de 2003.
Poco más de una semana después, el periodista Robert Novak dijo en una de sus
columnas que un "alto funcionario" le había informado que el viaje de Wilson
había sido instigado por su esposa, "una empleada de la CIA que trabaja en
armas de destrucción masiva".
La acusación judicial contra
Libby es un duro golpe para la Casa Blanca, que ya se encuentra atacada
en varios frentes y a la defensiva por las críticas que despertó su respuesta al
huracán Katrina, la creciente oposición a la guerra en Irak y la retirada de la
nominación de Harriet Miers para el Tribunal Supremo de Justicia.
Todo este proceso, y la encarnizada
campaña mediática llevada a cabo por los medios opositores a Bush con los
influyentes The New York Times The y Washington Post a la cabeza, agrega
combustible a la guerra por el poder lanzada por los demócratas
aprovechando la caída pronunciada del presidente George W Bush en las encuestas.
Con el informe publicado el año pasado en The New York Times, se reveló la
identidad de un agente secreto, algo que constituye un delito federal en
la justicia de EEUU.
A pesar de que el "caso Plame", no
sea otra cosa que una chismografía barata del poder imperial y una vendetta
absurda en venganza contra el marido de la agente encubierta de la CIA, por
parte de los funcionarios de la Casa Blanca, tal estupidez, legalmente, entraña
una trampa mortal para la administración Bush.
Para la la mayoría de los expertos en
Washington el "CIA-gate", o el "caso Plame" , trasciende lo judicial y se
convierte en un ajuste de cuentas post-electoral para los sectores
demócratas y grupos del establishment que se vieron postergados tras las
elecciones de noviembre pasado de acceder a la Casa Blanca con la reelección de
Bush.
Los demócratas, como se sabe, cuando
están en la Casa Blanca hacen lo mismo que Bush: invaden países, cometen
genocidios en masa para apoderarse de mercados y recursos naturales, utilizan a
la CIA para asesinar o derrocar presidentes, y han apoyado en el Congreso toda
la política de Bush, incluidas las invasiones a Irak y Afganistán.
Pero, en estos momentos conspiran
internamente para derrocar a Bush y ocupar su lugar en la Casa Blanca,
utilizando un argumento legal demoledor como lo es la filtración del nombre de
la agente encubierta en la prensa, que salpica a toda la administración
republicana.
De acuerdo a la sección 421 del Acta
de protección de identidades de Inteligencia de 1982, es ilegal revelar
intencionalmente información identificando a un agente encubierto "a ningún
individuo no autorizado a recibir información clasificada".
Este es la razón central por la cual
los demócratas y el fiscal ven (y buscan) un Watergate con el caso.
Quién es quién en el "CIA-gate"
En el centro de la tormenta:
Valerie Plame y su esposo, Joseph Wilson.
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El caso se centra en la filtración a la prensa de
la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA en julio de 2003. Dar a
conocer la identidad de un agente secreto es considerado un delito federal.
Un fiscal intenta determinar si altos funcionarios del
gobierno revelaron la identidad de Plame en un intento deliberado por
desacreditar a su esposo, el diplomático Joseph Wilson.
Wilson había cuestionado abiertamente los datos de
inteligencia citados por el presidente Bush para atacar Irak.
Joseph Wilson
El ex embajador en Irak, Joseph
Wilson, escribió un artículo de opinión para el diario New York Times, en el que
acusó al gobierno del presidente George W. Bush de distorsionar los datos de
inteligencia sobre Irak.
Wilson viajó a Níger en 2002 para investigar acusaciones de que el entonces
presidente de Irak, Saddam Hussein, había intentado comprar uranio del país
africano. Wilson, un diplomático considerado cercano al Partido Demócrata y
conocido por su postura crítica hacia Bush, señaló que no encontró pruebas que
fundamentaran esas acusaciones.
"No me queda otra opción que concluir que parte de la inteligencia relacionada
con el programa nuclear de Irak fue distorsionada para exagerar la amenaza
iraquí", escribió Wilson en el New York Times.
A pesar de ello, el presidente Bush hizo una referencia expresa a la presunta
conexión Hussein-Níger en su discurso sobre el estado de la nación en enero de
2003.
Como embajador interino en Irak antes de la primera Guerra del Golfo, Wilson
desafió abiertamente a Hussein en 1991 dando refugio a más de 100 ciudadanos
estadounidenses. Hussein había amenazado con ejecutar a quien albergara
ciudadanos extranjeros.
Wilson se presentó ante la prensa llevando una soga en lugar de una corbata,
declarando posteriormente que el mensaje al entonces presidente iraquí era
claro: "Si quiere ejecutarme, traeré mi propia soga".
Valerie Plame
Valerie Plame Wilson es la agente de
la CIA en el centro del caso y está casada con Joseph Wilson. Su identidad fue
revelada en primer lugar por el columnista Robert Novak en un artículo en julio
de 2003.
Novak citó "dos funcionarios en la administración", según los cuales Wilson
había viajado a Níger porque su esposa -una agente de la CIA- lo había
recomendado para esa misión.
La revelación sobre la identidad de
Plame no llamó la atención de los medios hasta setiembre de 2003, cuando se
informó que la CIA había solicitado que se investigara la filtración de la
información.
Las leyes federales establecen que dar a conocer la identidad de un agente
secreto es un delito que pone en riesgo la seguridad nacional.
Patrick Fitzgerald
El fiscal de Chicago fue designado en
diciembre de 2003 como principal investigador en el caso Plame.
Fitzgerald podría presentar esta misma semana cargos en contra de los
principales sospechosos, Lewis Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Dick
Cheney, y Karl Rove, principal asesor político del presidente Bush.
En el curso de su investigación, el fiscal ha interrogado en persona a varios
funcionarios de la CIA, la Casa Blanca y el Departamento de Estado.
Se sabe que por lo menos 20 testigos han prestado declaraciones a puertas
cerradas en relación al caso.
Robert Novak
El periodista Robert Novak fue quien primero reveló en una columna en julio de
2003 que Valerie Plame trabajaba para la CIA y afirmó que la agente había
recomendado a su esposo para la misión a Níger.
Si bien se cree que Novak ha cooperado con la investigación de Fitzgerald, se ha
negado a hablar públicamente sobre el caso.
El periodista, considerado de postura conservadora, no ha sido ajeno a la
controversia en su larga carrera como comentarista político.
En agosto de este año fue suspendido por la cadena CNN luego de que profiriera
insultos y abandonara el estudio del programa Inside Politics"Entre bambalinas",
cuando fue criticado por otro comentarista.
Mathew Cooper
El reportero Mathew Cooper escribió
un artículo para el sitio en internet de la revista Time en julio de 2003, poco
después de que Novak publicara su columna.
Cooper afirmó que "algunos
funcionarios del gobierno" le habían proporcionado datos similares a los citados
por Novak.
El reportero de Time aceptó declarar ante un tribunal ante la posibilidad de ser
encarcelado por desacato. Dijo que había deducido la identidad de Plame a partir
de una conversación con Rove, pero aseguró que el asesor de Bush no había
nombrado explícitamente a la agente.
Cooper también escribió en el sitio de Time que había hablado sobre Joseph
Wilson y su esposa con Lewis Libby.
Judith Miller
La periodista Judith Miller, del New
York Times, había investigado el caso Plame pero nunca publicó nada al respecto.
La reportera, que fuera galardonada
con el Premio Pulitzer, acabó pasando 85 días en la cárcel por desacato, al
negarse a nombrar sus fuentes en la Casa Blanca.
Salió en libertad en setiembre de 2005 y accedió a prestar testimonio sólo si su
fuente la autoriza formalmente.
Miller dijo que habló con Lewis Libby, pero aseguró que éste no nombró a Valerie
Plame.
Karl Rove
Uno de los principales asesores
políticos del presidente Bush y uno de los dos principales sospechosos de haber
filtrado la información sobre Plame a la prensa.
Rove ha negado las acusaciones de Mathew Cooper de que proporcionó información
al periodista en represalia por las críticas de Joseph Wilson al gobierno de
Bush.
Rove ha prestado testimonio en al menos cuatro ocasiones sobre el caso.
Algunos analistas consideran a Rove el verdadero "poder detrás del trono" de
Bush.
Si el fiscal Fitzgerald decide presentar cargos, Rove podría ser sometido a
juicio y debería abandonar su puesto.
Lewis Libby
Como asesor y jefe de gabinete de Dick Cheney, Libby se ha visto involucrado en
prácticamente todas las decisiones de peso de la administración Bush.
Libby es, además de Rove, el principal sospechoso de haber filtrado la
información sobre la identidad de Plame. Si bien admitió haberse referido a
Plame en conversaciones con al menos dos periodistas, Libby declaró que en
ninguno de los casos mencionó explícitamente el nombre de la agente ni reveló su
identidad como espía de la CIA.
Dick Cheney
La Casa Blanca respaldó al vicepresidente Dick Cheney, luego de que un diario lo
señalara como uno de los implicados.
El New York Times citó este martes "abogados del caso", según los cuales los
apuntes que tomó Libby en una reunión con Cheney el 12 de junio de 2003, prueban
que el vicepresidente contó a su jefe de gabinete que Valerie Plame era agente
de la CIA.
Libby ha sostenido hasta ahora que se enteró de la identidad de Plame en
conversaciones con periodistas.
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