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(IAR-Noticias)
19-Dic-05
Por
Rodrigo Guevara / rodrigoguevara@iarnoticias.com
La "guerra sin fusiles"
D ireccionar
conducta social favorable a la ocupación, moldear a la opinión pública con los
valores y objetivos del ejército invasor, son algunos principios que orientan la
acción de los equipos de operaciones psicológicas que actúan infiltrados en el
aparato civil de la comunicación, tanto en Irak, Afganistán, o cualquier país
que sea objeto de una invasión militar de EEUU.
Para ello las fuerzas ocupantes se
valen de "empresas pantalla" de la comunicación desde las cuales infiltran
información ocultando sus orígenes.
"Las
operaciones psicológicas son parte indispensable de la guerra, más que nunca en
la era de la electrónica”, dijo a The New York Times el teniente coronel
Charles A. Krohn, portavoz y profesor de periodismo retirado del Ejército.
Según un reciente informe del diario
neoyorquino, la unidad de operaciones psicológicas radicada en Fort Bragg e
integrada por 1.200 personas, produce lo que sus oficiales denominan
“mensajes fiables” a fin de apoyar los objetivos del Gobierno de los Estados
Unidos.
“Denominamos información a nuestro
material y propaganda (encubierta) contra el enemigo”, dijo el coronel Jack N.
Summe, a la sazón comandante del Cuarto Grupo de Operaciones Psicológicas citado
por el Times.
La propaganda encubierta se
enmarca dentro del concepto de "guerra psicológica", o "guerra sin
fusiles", que fue acuñado, por primera vez, en los manuales de estrategia
militar de la década del setenta
En su definición técnica,
"guerra psicológica", o "guerra sin fusiles", es el empleo planificado de la
propaganda orientada a direccionar conductas, en la búsqueda de objetivos
de control social, sin recurrir al uso de la armas.
Los ejércitos y los tanques,
son sustituidos por publicistas y expertos en comunicación de masas.
Como en la guerra militar, un plan de guerra psicológica está destinado a:
aniquilar, controlar o debilitar, las defensas del enemigo.
La función de la conquista,
o la represión militar, se revalorizan dentro de métodos científicos de
control social, y se convierten en una eficiente estrategia de dominio sin
el uso de las armas.
Y para esta tarea, y como sucede en
otros estamentos, la inteligencia militar norteamericana se vale de "empresas
pantalla" de la comunicación para infiltrar sus mensajes manipuladores en la
sociedad.
Estas empresas y estos profesionales
de la comunicación -como sucede con los mercenarios y las contratistas de
seguridad privada- prestan sus "servicios" al ejército de ocupación
mediante un suculento contrato con el Pentágono o con las agencias del gobierno
norteamericano.
Según The New York Times, la Agencia
(USAID) para el Desarrollo Internacional financia unas 30 estaciones de radio en
Afganistán, pero oculta esa operación a los radioyentes contratando a
"empresas pantalla" de comunicadores civiles para encubrir el origen de la
información.
En realidad la USAID es solo un
ejemplo de la compra de estructuras privadas de la comunicación con las
cuales el espionaje estadounidense (civil o militar) intenta controlar y/o
influenciar opinión pública tanto sea internacional como local en los Estados
Unidos.
Estas operaciones, según The New York
Times, fueron iniciadas por la Casa Blanca tras los ataques terroristas del
11-S en Nueva York y en Washington.
Según el diario neoyorquino, los
funcionarios y expertos crearon un "grupo secreto" para coordinar las
operaciones de información del Pentágono, y de otros organismos gubernamentales,
con contratistas privados de la comunicación.
Su radio de operación trasciende las
fronteras: si bien no hay datos corroboratorios ( la contratación y el pago son
secretos y están protegidos por las leyes de inmunidad de la inteligencia
estadounidense) se sabe que este sistema de contratación privada de
comunicación oficial abarca hasta los estamentos más elevados de la prensa
internacional.
Esta especie de "cara negra de la
información" es subvencionada por el Pentágono y la CIA, y es solo
conocida por los grandes ejecutivos y responsables de esos consorcios que
la negocian.
En estas transacciones no intervienen
representantes de la CIA o del Pentágono, sino que se realizan con
intermediación de las "empresas pantalla" contratadas para ese fin.
Propaganda militar encubierta

En Irak y Afganistán, donde se
concentra la mayor parte de las actividades militares de ocupación, y valiéndose
de esos operadores privados (disfrazados de empresas periodísticas
independientes), la inteligencia militar norteamericana infiltra estaciones
radiales, canales de TV y periódicos.
Mediante la compra y el uso de un
espacio en esos medios, esas empresas privadas contratadas por el Pentágono
difunden material informativo encubierto producido por el ejército o la
Casa Blanca.
Según The New York Times, esos medios
comparados producen material informativo que, en ocasiones, se atribuye al
"Centro Internacional de Información”, una organización cuya localización se
desconoce.
La administración Bush ya fue criticada por distribuir videos
y artículos periodísticos en Estados Unidos sin
identificar como fuente al gobierno federal y por pagarle a
periodistas norteamericanos para que promocionaran las
políticas del gobierno.
La USAID -según el Times- ha
distribuido decenas de miles de dispositivos de audio del tipo iPod (reproductor
de música digital con disco duro o memoria flash, creado por Apple Computer) en
Irak y Afganistán, los cuales transmiten mensajes cívicos empaquetados, pero lo
hacen por intermedio de una empresa contratista que asegura que no
habrá "huellas" del Pentágono o del gobierno de los EEUU en los mensajes .
"No queremos que vean el producto y
constaten la presencia del Gobierno estadounidense y apaguen el equipo”, le dijo
a The New York Times el coronel James Treadwell, quien dirigió el apoyo a las
operaciones psicológicas en el Comando de Operaciones Especiales, de Tampa.
A principios de
diciembre trascendió que
el
Pentágono estaba sobornando a la prensa iraquí mientras un
equipo de acción psicológica militar diseñaba operaciones para
“mejorar” la imagen de EEUU en Irak.
Oficiales de inteligencia
destacados en Irak dijeron
al diario Los Angeles Times que, en términos generales,
la operación e encuentra a cargo de la "Fuerza de
Operaciones de Prensa" en Bagdad, bajo las órdenes del
teniente general del ejército John R. Vines.
Según documentos obtenidos por
el diario estadounidense, el Pentágono paga
para que se publiquen artículos escritos por militares de EEUU
orientados a presentar una "imagen positiva" de las
tropas ocupantes en Irak .
Parte de esos artículos también se presentan en la
prensa iraquí como relatos noticiosos escritos por
periodistas independientes. Las historias elogian el trabajo
de las tropas norteamericanas e iraquíes, denuncian a los
rebeldes y critican favorablemente los esfuerzos liderados
por EEUU para la "reconstrucción del país".
Según Los Angeles Times el Pentágono tiene un contrato con una firma con sede en Washington llamada Lincoln Group,
que ayuda a traducir, editar y publicar los artículos en
Irak.
Es decir, aquí se visualiza
claramente un ejemplo de como los equipos de operaciones
psicológicas del ejército adecuan la "comunicación militar" al
ámbito civil mediante equipos de profesionales (periodistas,
publicistas, etc) provenientes de la prensa convencional.
El personal iraquí de Lincoln
Group, o sus subcontratistas, a veces se hacen pasar por
periodistas "free lance" o ejecutivos de publicidad
cuando envían los textos a los medios de Bagdad, señala Los
Angeles Times.
La denunciada campaña de operaciones de prensa -según el
diario estadounidense- ya desató una
ola de críticas entre algunos altos oficiales militares en
Irak y en el Pentágono, quienes sostienen que los intentos por
influir en los medios podrían destruir la credibilidad del
ejército norteamericano en otros países y entre la
población norteamericana.
Según Los Angeles Times, "el acuerdo con Lincoln Group es una prueba más de hasta dónde
llegó el Pentágono en su esfuerzo por desdibujar las fronteras
tradicionales entre las cuestiones públicas militares y las
operaciones psicológicas y de prensa, que apelan a la
propaganda y a veces a la información engañosa para anticipar
los objetivos de una campaña militar".
La "cara blanca" y la "cara
negra" de la noticia
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Ciudadana iraquí exhibiendo el
dedo embadurnado con pintura tras votar en las elecciones iraquíes del 15 de
diciembre pasado presentadas por Washington como ejemplo de "pacificación y
democracia" (Foto: AFP) |
Como existe una "economía en
blanco" y una "economía en negro", en los medios de comunicación -atendiendo a
razones comerciales- también existen una
"cara blanca" y una "cara negra" de las noticias que se difunden a
diario.
Las "noticias en negro" (que disfrazan la
verdadera fuente) en las cadenas mediáticas tienen un amplio espectro de
penetración masiva que supera con creces a cualquier operación psicológica
diseñada por medios militares.
La consigna de "pacificar y democratizar Irak",
por ejemplo, difundida a diario por los titulares de las grandes agencias y
cadenas fue decisiva para que los iraquíes se olvidaran de la ocupación militar
y fueran a votar en forma masiva en las dos elecciones convocadas por
Washington y su gobierno títere en el país ocupado.
Hasta ahora Bush y los
demócratas habían dirimido
su disputa por la Casa
Blanca, utilizando a Irak en la grandes cadenas informativas, valiéndose principalmente de la
propaganda "en negro" lanzada por medio de golpes de efecto
psicológico presentados como "información objetiva".
Hay
que aclarar que la propaganda encubierta (tipo "terrorsimo Al Qaeda" o "torturas en
Irak") produce resultados demoledores, dado que el público masivo de la
televisión, la radio o los diarios, la consume ignorante de los intereses y
objetivos políticos que vehiculiza, y creyendo que se trata de noticias que no
conllevan otro ánimo que el de informar.
La peligrosidad extrema de la propaganda "en negro" estriba en que es
presentada como si fuera una "noticia" común por medios que el sistema cataloga como
"creíbles y serios".
Así por ejemplo, la guerra
psicológica electoral entre Bush y Kerry se desarrolló desde titulares y textos
informativos del The New York Times, The Washington Post, Reuters, CNN,
Associated Press, etc, medios que son considerados como "fuentes confiables"
hasta por alguna prensa considerada "alternativa".
A nadie se le ocurre pensar
que esas estructuras mediáticas son empresas capitalistas que comercializan y
lucran con la información, así como otras lo hacen con petróleo, con armas,
o con especulación financiera.
Así, por ejemplo, los
demócratas se valieron de las denuncias sobre torturas a presos iraquíes
por soldados estadounidenses, o de las clásicas apariciones de ex asesores
"arrepentidos" acusando a la administración Bush; en tanto que desde la Casa
Blanca se realizó el habitual "aprovechamiento electoral" con las
incontables apariciones de Al Qaeda por el universo
"informativo" de la prensa internacional.
En realidad, a esta altura de la
masificación informativa y manipuladora de la prensa internacional (superior
a cualquier operatoria de inteligencia militar con acción psicológica), se
duda del efecto real que pueda tener en la opinión pública internacional o
local los segmentos infiltrados de "buenas noticias" del Pentágono en las
poblaciones denunciadas por los diarios norteamericanos.
Los resultados de esas operaciones
son nimios comparados con el efecto de las consignas manipuladoras enviadas a
través de los titulares de las grandes cadenas y medios internacionales.
En esa operatoria manipuladora a
menudo vale más el "ocultamiento de información" que lo que se dice
explícitamente en el desarrollo de las noticias.
Generalmente -y en esto coinciden la
mayoría de los expertos- las transacciones del Pentágono y de la CIA con las
grandes cadenas mediáticas no giran alrededor de mensajes pactados sino de
ocultamiento de información.
Un ejemplo claro de esto saltó a la
luz cuando este fin de semana The New York Times reveló que conocía desde
hace mucho tiempo la información sobre el espionaje interno ordenado por
Bush a la Agencia Nacional de Inteligencia estadounidense.
¿Y porqué no la dio a conocer
antes? Sencillamente porque el diario durante ese tiempo todavía no había tomado
una posición extrema a favor de los intereses de poder que hoy quieren
derrocar a Bush y quedarse con la Casa Blanca.
No son pocos los expertos y los
estudiosos que sostienen que los grandes holding mundiales de prensa
utilizan una "cara negra de la información" subvencionada por el
Pentágono y la CIA, y que es solo conocida y negociada por los grandes
ejecutivos y responsables de esos consorcios.
O sea que esa operatoria de contratar
información encubierta de la CIA y el Pentágono, forma parte de la
"política de mercado" de esos consorcios comunicacionales que no están para
decir la verdad sino para expandir ganancias por medio del comercio de la
información.
Por supuesto que en estas
transacciones con los grandes pulpos de de la información mundial no intervienen
representantes de la CIA o del Pentágono en forma directa, sino que se realizan
con intermediación de las "empresas pantalla" contratadas para ese fin.
Y, por supuesto, hay algo que The New
York Times y el conjunto de la prensa norteamericana nunca van contar:
Los "servicios" que las grandes
cadenas le prestan al Pentágono y a la Casa Blanca difundiendo a diario noticias
de Irak o de Afganistán proveniente solo de fuentes y portavoces militares de
EEUU, son infinamente mucho más redituables que cualquier operación de
manipulación realizada con la compra de medios locales.
No se trata solamente -como dice el
periodista Robert Fisk- de que los corresponsales "informen sobre Irak" desde
sus habitaciones en los hoteles de la Zona Verde, sino que una abrumante
mayoría de las noticias sobre Irak en las grandes cadenas masivas provienen
de fuentes del ejército de los EEUU.
Ese es el punto medular de la
cuestión, y en el cual están imbricados no solamente las grandes cadenas
televisivas y agencias sino también el conjunto de los diarios norteamericanos
encabezados por The New York Times y The Washington Post.
De manera tal, que estos grandes
medios (como es el caso del Times y el Post) que denuncian operaciones puntuales
de acción psicológica del Pentágono en los medios locales, sirven de vehículo de
transmisión de información sobre Irak provista por los portavoces del
Pentágono.
Este contrasentido, solo se explica
por la guerra interna que mantienen una parte del establishment del poder
y los grandes medios estadounidenses con la administración republicana de George
W. Bush.
Todo lo que "revelan" o "denuncian"
las grandes cadenas contra Bush (aunque respondan a una realidad objetiva, como
es el caso de Irak) va en la dirección de los intereses de esos sectores que
quieren sacarlo al actual presidente de la Casa Blanca.
O sea que, y resumiendo la cuestión,
las grandes cadenas mediáticas "anti-Bush" denuncian las operaciones
"menores" del Pentágono utilizando "empresas pantalla" y medios locales,
pero esconden celosamente las "grandes operaciones de ocultamiento y
manipulación masiva de información" de la que forman parte a través de
transacciones secretas con la inteligencia norteamericana.
La desinformación
(o falta de contrainformación) a nivel masivo, posibilita que estas operaciones
de acción psicológica se sigan desarrollando en forma de "noticias", o de
información objetiva, sin que ningún medio de comunicación del sistema
ponga en duda su veracidad.
Y esto indica claramente que
el verdadero escenario donde se va a definir la guerra por el control de la
Casa Blanca, de aquí en adelante, es el campo mediático de la
propaganda "en negro", desde el cual Bush y los demócratas combatirán sin
darse tregua, y con la mayoría del mundo ignorando de que se trata.
Al margen de eso, y
como lo fueron siempre, las cadenas y diarios norteamericanos
continuarán siendo los más grandes contratistas
privados de información con la Casa Blanca y el Pentágono.
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