Las
relaciones entre Italia y Estados unidos atraviesan su
peor momento desde que Silvio Berlusconi proclamó su
apoyo decidido a la aventura bélica de George Bush en
Irak. La muerte del agente secreto Nicola Calipari en el
operativo de rescate de la periodista Giuliana Sgrena
amenaza destruir la sintonía entre ambos gobiernos. El
deterioro se agudizó por el rechazo de los italianos a las
primeras versiones de los norteamericanos sobre lo
ocurrido.
Ayer, decenas de miles de
italianos acudían a rendir homenaje a Calipari, el nuevo héroe nacional, que fue
muerto en la noche del viernes por una patrulla de soldados norteamericanos
cuando en un automóvil viajaba hacia el aeropuerto internacional de Bagdad con
la periodista Giuliana Sgrena. La mujer, que fue salvada por el sacrificio del
"007" que la cubrió con su cuerpo, escribió ayer en el diario de izquierda Il
Manifesto que no puede excluir que ella era el objetivo de los cientos de
balazos que les dispararon los militares de EE.UU.
Sgrena estuvo un mes
secuestrada en Bagdad y fue liberada tras una negociación en la que se dice que
el gobierno italiano pagó entre 1 y 6 millones de dólares. "Los norteamericanos
son contrarios al pago de rescates", señaló la veterana corresponsal de guerra
de Il Manifesto.
Voceros del ejército de
EE.UU. aseguraron que la camioneta 4x4 que llevaba a Giuliana Sgrena, a Nicola
Calipari, a otro agente secreto y al chofer, iba "a velocidad excesiva" y no
acató la orden de detención en un control.
Un vocero del gobierno
filonorteamericano de Irak dijo que los italianos no habían avisado de la
liberación de la secuestrada y que nadie sabía que estaban dirigiéndose al
aeropuerto. En resumen, las dos fuentes echaron la culpa a los italianos. Estas
versiones aumentaron la rabia del mismo primer ministro Berlusconi, y explican
por qué tanto él como el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi,
reclamaron varias veces a Bush amplias y reales explicaciones de lo ocurrido.
El diario La Stampa
de Turín informó que Calipari y el otro agente secreto viajaron desde la vecina
Abu Dhabi, donde se había hecho el arreglo y el pago del rescate por 6 millones
de dólares para liberar a Giuliana Sgrena.
En el aeropuerto de Bagdad, Calipari y su acompañante informaron a los aliados
norteamericanos de la operación para liberar a la periodista y recibieron una
autorización para circular armados. En el mismo aeropuerto alquilaron la
camioneta 4x4, señala La Stampa. Un coronel del ejército norteamericano
fue encargado de coordinar con oficiales italianos el salvoconducto para que
Calipari y los otros pudieran pasar los puestos de control.
Tras la liberación de
Giuliana Sgrena, quien señaló que sus captores al dejarla ir le dijeron que
tuviera cuidado "porque los norteamericanos no te quieren viva", Nicola Calipari
se sentó atrás con la periodista de Il Manifesto en el viaje al
aeropuerto. Según Sgrena y el agente "007" que resultó herido, el automóvil iba
a velocidad moderada cuando llegaron a 700 metros del aeropuerto. Allí, al
doblar una curva, fueron iluminados con un faro por una patrulla que estaba a un
costado de la autopista. "No era un puesto de control", dijeron.
Sin ningún aviso, el coche
fue ametrallado desde un blindado. Calipari protegió con su cuerpo a Sgrena y
murió instantáneamente de un balazo en la nuca. La periodista resultó herida en
un hombro y un pulmón. El otro agente secreto también quedó herido, como el
chofer. Los italianos estaban conectados por teléfonos con el jefe de los
servicios secretos militares en Roma y con la sede del gobierno, a los que
habían dado la buena nueva de la liberación. Los soldados norteamericanos
cortaron las comunicaciones y Giuliana Sgrena dijo que durante media hora
quedó tirada en el suelo "cubierta de sangre, y las heridas me dolían mucho".
El presidente Bush, en
apuros por la bronca de los italianos, reclamó ayer "un informe completo que
compartirá con el primer ministro Berlusconi", dijo un vocero de la Casa Blanca.
Pero muchos son escépticos con respecto a los resultados. El gobierno y los
jueces de Roma quieren los nombres de los soldados que dispararon, así como
poder hacer una pericia en la camioneta 4x4.
Es probable que los
norteamericanos nieguen jurisdicción a los magistrados italianos y pretendan
una investigación bajo el imperium exclusivo del aparato militar de
Estados Unidos. Estas fricciones preocupan al gobierno de Berlusconi, que teme
el crecimiento de sentimientos hostiles a EE.UU. y a la permanencia de los 3.000
soldados italianos desplegados en Irak.