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(IAR-Noticias)
18-Jul-05
Mientras el presidente George W. Bush
y su administración se dedican a ensalzar a las tropas del Pentágono, otro
ejército pulula por Estados Unidos, el de quienes se resisten a participar en
las guerras de la Casa Blanca, en su mayoría jóvenes.
Por Roberto Castellanos -
Prensa Latina
Aunque
el contexto es diferente, el creciente movimiento antibélico y las constantes deserciones en
las filas de las fuerzas armadas son similares a la época de la guerra en
Vietnam, un conflicto que estremeció al país y que muchos intentan olvidar.
Las invasiones a Irak y Afganistán con las consiguientes consecuencias de
muertes, heridos y peligros de todo tipo provocaron una estampida en la
institución armada, que ni el Pentágono pudo silenciar. Pese a que el mando
militar reconoció la deserción de más de cinco mil 500 soldados, una cifra que
no incluye a aquellos obligados a retornar por la fuerza, medios de comunicación
consideran que la cantidad real es muy superior.
Desde el año 2000 se triplicaron las llamadas a la Línea de los Derechos del
Soldado, creada por opositores a la guerra con el fin de asesorar a los
militares sobre como abandonar el cuerpo.
La mayoría de las llamadas son realizadas por uniformados ausentes sin permiso (AWOL,
por sus siglas en inglés) que buscan ayuda o están interesados en hacerse
objetores de conciencia o en lograr algún tipo de exención.
A esa política se han unido organizaciones como la Coalición para el Retiro de
las Tropas Ya y Liga de Resistencia a la Guerra, cuyos miembros han realizado
manifestaciones a favor de poner fin a la ocupación de ambos países.
Muchos de los objetores alcanzaron notoriedad pública por sus críticas abiertas
a las políticas militaristas de Bush, como el joven Camilo Mejías, encarcelado
por su postura.
Otros se refugiaron en Canadá, donde las autoridades los recibieron fríamente
por temor a una avalancha de desertores como sucedió durante las décadas de los
60 y 70.
Uno de los jóvenes que lucha por abandonar el ejército es Trent Helpkamps, quien
fue reclutado a los 17 años, y tras pasar varios meses en una instalación
militar se declaró objetor de conciencia.
La falta de tropas llevó a las fuerzas armadas a redoblar sus esfuerzos de
reclutamiento entre las minorías como la afroamericana y la hispana.
Según cifras oficiales, casi nueve mil 500 personas que residen en Estados
Unidos pero no nacieron en ese país se alistaron en el ejército el pasado año.
El propio Bush admitió que más de 85 mil hispanos han participado en las
operaciones en Irak y Afganistán.
Desde que José A. Gutiérrez, de 22 años, murió en Irak en los primeros días de
la invasión, más de un centenar de latinos han perdido la vida en el conflicto.
Yo creí en nuestros líderes cuando invadieron Irak, pero todo fue una mentira de
proporciones históricas y descaradamente innecesaria, afirmó Cindy Sheehan, cuyo
hijo Austin murió en esa nación.
Como el resultado de esa falsa, más de mil 700 jóvenes estadounidenses han
perdido la vida y decenas de miles de iraquíes cuyo único delito era vivir allí,
agregó Sheehan, miembro de la organización antibélica Military Families Speak
Out.
En similar sentido se pronunció Lisa Gill, también miembro de ese grupo. En una
carta publicada por el sitio electrónico de esa organización, Gill pregunta si
Bush está consciente de que la conflagración ha causado más de mil 700 muertos a
Estados Unidos y mil iraquíes inocentes.
¿Cuántos de ustedes han estado en el teatro de operaciones?, preguntó a los
miembros de la administración, muchos de los cuales apoyaron con fervor la
agresión.
Mi esposo volvió recientemente de Iraq, aunque su cuerpo regresó, su mente
todavía está en la guerra, comenta Stacy.
En otra misiva enviada al congreso, un veterano de la Guerra de Vietnam y la del
Golfo, Robert Nanako, llamó a retirar las fuerzas de esa nación petrolera.
Nakato, cuyo hijo está desplegado en Irak, describió en su carta las
dificultades en enfrenta el Pentágono, la cuales, dijo, son similares a la
conflagración en el país asiático.
La oposición a ese conflicto crece de manera constante en Estados Unidos, donde
el 59 por ciento de la población exige el regreso a casa de las tropas, según
una encuesta del diario USA Today.
Si bien el movimiento antibélico decayó en el país a raíz de la invasión, en los
últimos meses a tono con los problemas que enfrenta el Departamento de Defensa
se escuchan más voces que cuestionan las políticas de la Casa Blanca.
Grupos como Veteranos contra la Guerra de Irak (VIAR), Veteranos por la Paz,
Veteranos por el Sentido Común y Soldado Ciudadano muestran el descontento en
las filas castrenses.
Por ejemplo, en su sitio Web, la coalición VIAR critica la guerra preventiva de
la Administración porque "establece un peligroso precedente en las relaciones
internacionales".
El aumento de la resistencia y de las bajas norteamericanas, unido a las nuevas
revelaciones de torturas y de documentos comprometedores para Bush, hizo reabrir
en la Unión el debate sobre la guerra.
Aunque Bush y su gabinete intentan dar una imagen positiva de la situación,
conocen que están sentados sobre un polvorín que en cualquier momento puede
explotar, como ocurrió en la década de los 60 y 70 del siglo pasado.
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