Las pasiones, las intrigas, los encuentros amorosos y el sexo dominan el
escenario virtual del Face por encima de la búsqueda de amistad y de
comunicación social. Las historias y los desenlaces amorosos se desarrollan a
partir de la adicción irreprimible de mirar o espiar lo que "hace el otro"
en su Muro, o en su interacción con los demás.
La adición incontenible de "mirar la ventana" y elucubrar conclusiones
conjeturales y conspirativas con lo que hace la persona "elegida", supera
largamente a la búsqueda de comunicación dialogada.
La vida y los encuentros amorosos
virtuales en la red no transcurren por una comunicación razonada y reflexiva. No
hay una búsqueda de comprensión lógica de la relación a nivel humano y social,
sino una competencia individual por conocer y saber que "hace el otro" a
través del seguimiento anónimo de su actividad en la red.
Los diálogos son telegráficos,
vacíos e insignificantes, casi siempre de circunstancia, y el protagonismo no
pasa por lo que se dice sino por lo que "no se dice" y se hace. El foco de
atención no está puesto en conocer los méritos o los defectos del otro como ser
totalizado, en el rol social que desempeña en la realidad, sino en saber "con
quien habla y se conecta" a través de su Muro.
La búsqueda irreprimible de
"señales" que delate la actividad del otro es infinita. Las historias y
separaciones se desarrollan a partir del análisis obsesivo de los "me
gusta", y del espionaje sobre los "amigos" del sexo opuesto del otro.
El acento está puesto sobre los
que más visitan su Muro, las nuevas "amistades" aceptadas, o eliminadas,
cuantas veces se pone "en verde" en el chat, o los comentarios elogioso que recibe por parte del sexo contrario en las publicaciones que suba,
principalmente en sus fotos y datos personales de su biografía.
La sumatoria estadística de
los "me gusta", el análisis sutil y detallista de la lista de "amigos",
los que "desaparecen" o ingresan, la frecuencia de visitas y los
comentarios elogiosos que el otro va recibiendo en sus publicaciones por
parte del sexo opuesto, va dando la pauta de los grados y niveles de vínculos
amorosos que va gestando.
Finalmente, las interpretaciones y
conclusiones conjeturales sobre el Muro del otro (y no el vínculo y
la comunicación razonada) conforman la causalidad determinante de la continuidad
o el final de la relación amorosa.
Pero la relación nunca termina en
la ruptura de la comunicación, dado que uno y otro se siguen espiando,
incluso a través de perfiles falsos, si media el bloqueo entre ambos. Y la
"pantalla que espía" continúa por otras vías.
(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder,
especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores
más difundidos y referenciados en la Web.
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