uando
las empresas y los bancos capitalistas diseñan y ejecutan "planes de negocios",
son "pragmáticos". Cuando explican públicamente estos planes, son
"morales". La rentabilidad privada (pragmática) que rige los "planes de
negocios" capitalistas, por imperio de la conversión "moral", se vuelve
de esta manera "causa social". No estamos haciendo negocios privados, sino
desarrollando una causa empresarial al servicio de todos.
En Wall Street, el mismo
escenario donde en 2007 se derrumbaba el coloso financiero Lehman
Brothers y estallaba la crisis del robo con la "burbuja financiera", Barack
Obama, el presidente de turno USA, hizo, en ese momento, un llamamiento moral y exigió a las
corporaciones de Wall Street que dejaran atrás un periodo de "abusos, excesos,
imprudencia y crisis" a la par que anunciaba nuevas medidas regulatorias para evitar que
se repitiesen este tipo de colapsos.
También señalaba que "se necesitan
reglas fuertes para prevenir que de nuevo se produzcan estos riesgos
sistemáticos", por lo que pedía "a la industria financiera que se sume a este
esfuerzo constructivo para actualizar el marco regulador".
Entiéndase bien: El macro-robo
financiero con los bonos sin respaldo nuncan se llaman de esa manera, según
Obama, sino "abusos, excesos, imprudencia y crisis".
En el mundo real de "Alí Babá y
los 40 ladrones", pedirle a los banqueros de Wall Street que se sumen
a un "esfuerzo constructivo" para regularse y controlarse a si mismos, es como
pedirles que renuncien a su identidad y a su naturaleza histórica: La
búsqueda de rentabilidad y la concentración de riqueza en pocas manos.
El Estado imperial no es una
organización filantrópica al servicio de "causas morales", sino una
herramienta normativa y reguladora del sistema capitalista que lo utiliza y
controla para generar rentabilidad tanto en los tiempos de "burbujas" como de
"crisis".
Obama, fiel reflejo del Estado
imperial que lo tiene como su gerente eventual, parte de un presupuesto alienado
(y alienador) básico: Las crisis del capitalismo no se producen a causa del robo
(explotación del hombre por el hombre) y de la concentración de riqueza (el
producto del robo) en pocas manos, sino a causa de los "errores y excesos".
Para volver a la realidad,
conviene hacer una conversión operativa: Donde dice "errores y excesos",
escribir "robos y emergentes". Y agregar: La naturaleza existencial del
sistema capitalista es la apropiación del trabajo social y colectivo mediante el
engaño y el doble discurso. Sin ese requisito previo, no podría existir como
sistema.
En la realidad, fuera de los
marcos del discurso, toda la estructura operativa del sistema capitalista
(económica, científica, militar, política, cultural, mediática) se resume en un
axioma: Comprar barato y vender caro.
Primero,
vendo caro con la "burbuja":
Los bancos que financiaron
originalmente los créditos hipotecarios baratos en EEUU (la base del "boom
inmobiliario"), para deshacerse del riesgo a largo plazo vendieron los bonos de
esa deuda (hipotecas subprime), a poderosos bancos y fondos de inversión de Wall
Street (entre los que se encuentran los grupos controladores de la Reserva
Federal), que los colocaron a altísimos intereses en los mercados de
capitales globalizados a nivel planetario.
O sea que, el negocio original
en EEUU, el "boom inmobiliario" estadounidense derivó (a través del capital
especulativo y sin fronteras) en una "burbuja financiera" descomunal que
derramaba altísimos niveles de ganancias entre los tenedores de esos bonos, los
llamados "inversores", en los mercados de Europa, Asia y América Latina.
Hay expertos que sostienen que
un equivalente billonario a más de un PBI de EEUU y Europa juntos circulaba en
papeles sin respaldo de la "burbuja financiera" que se generó en Wall Street a
fines de la década del noventa desparramando ganancia especulativa a escala
planetaria.
Las "súper-fortunas" personales,
los "súper-activos empresariales" se nutrieron de este macro-robo monumental del
capitalismo financiero especulador que inventó una economía paralela: La
economía de papel.
Según The Wall Street Journal,
los fondos subprime del "boom inmobiliario" de EEUU fueron atractivos para
inversionistas mientras las agencias calificadoras de riesgo mantuvieron una
alta valoración, lo que sucedió mientras la Fed mantuvo bajas las tasas de
interés.
Cuando los grandes bancos y
fondos de inversión comenzaron a colocar los bonos de la deuda inmobiliaria en
EEUU en los mercados globales, S&P, Moody's Investors Service y Fitch Ratings
(las tres principales calificadoras de Wall Street) otorgaron calificaciones
excelentes a esos valores que, según el Journal, se construyeron a
partir de préstamos "cuestionables".
De esta manera -sigue el
Journal- enviaron una señal de que estos valores eran casi tan seguros
como los bonos del Tesoro de EEUU.
Pero cuando las tasas de interés
subieron, la calificación bajó drásticamente -dice el Journal- y
millones de familias no podían pagar más la hipoteca contraída y los
inversionistas (que compraron los bonos en los mercados globales)
retiraron con pánico su dinero de dichas inversiones.
De este modo -explica The
Wall Street Journal- estalló la "burbuja hipotecaria", arrastrando a
Wall Street y a los mercados bursátiles del mundo entero.
En resumen, y como resultante
del proceso, los tenedores de los bonos subprime "desvalorizados" comenzaron a
venderlos en masa generando un colapso generalizado (de todos los índices
y acciones) de los mercados financieros en EEUU, Europa, Asia y América Latina.
Y llegó el "lunes negro" de
septiembre de 2008 donde la quiebra del gigante Lehman Brothers marcó el
principio de un salto cualitativo: La crisis hipotecaria devino finalmente en
crisis financiera caracterizada por una iliquidez pronunciada y creciente
del sistema financiero.
Allí se destapó la mentira y la
falta de respaldo de centenares de billones de dólares transferidos por
asentamientos financieros y papeles que, cuando los tenedores quisieron
convertirlos en dinero contante y sonante se encontraron con la sorpresa de que
el efectivo no estaba donde debería estar: Los bancos.
Los gigantes bancarios e
hipotecarios comenzaron a derrumbarse arrastrando en primer término a todo el
sistema financiero imperial de EEUU y de Europa.
Segundo, compro barato con la
"crisis":
Las "crisis financieras
globales" (o colapsos de los mercados bursátiles) activadas por los
monopolios súper-concentrados de Wall Street, les sirve a esos mismos monopolios
para comprar acciones y bonos devaluados en los mercados globales
apoderándose de esa manera de los activos y porciones del mercado de las
empresas y grupos financieros perdedores.
Esto, a su vez, genera más
concentración monopólica de los grupos financieros que controlan el Imperio
sionista desde la Reserva Federal, el Tesoro de EEUU y los bancos centrales de
Europa, mientras las leyes de rentabilidad y concentración capitalista siguen
funcionando desde un nuevo estadio de desarrollo.
Con el colapso generalizado de
las bolsas mundiales con Wall Street a la cabeza, en septiembre de 2008, la ola
de la "burbuja financiera" del capitalismo especulador sin fronteras, la
reproducción del dinero por el dinero el mismo, se desmoronó sobre las mismas
lacras que inventó: El reinado del "apalancamiento financiero" (el
endeudamiento sin respaldo) y la "economía de papel" fundada sobre el cadáver de
la economía real.
Por falta de "efectivo"
en ventanilla (para respaldar los papeles devaluados), finalmente la "economía
de papel" hizo crash, chocó contra la realidad, y comenzó a hundirse a la hora
señalada ante la impotencia manifiesta de sus creadores y sostenedores: Los
Estados centrales del sistema capitalista.
Entonces los ganadores de la
"crisis", los consorcios más diversificados que quedaron en pie (los
súper-pulpos que integran el sistema de la Reserva Federal de EEUU), acudieron
al Estado para apoderarse del cadáver de sus rivales que no pudieron pasar la
selección darwiniana del "más fuerte".
Utilizando
al Estado USA como herramienta (en calidad de prestador y de garante con fondos
públicos provenientes de los impuestos aportados por toda la sociedad
estadounidense) los grandes bancos y fondos de inversión que integran el sistema
privado de la Reserva Federal han reciclado una "burbuja financiera"
(negocios financieros con la crisis) montada alrededor de los billonarios
fondos estatales utilizados para la compra de activos o de auxilio financiero
a las instituciones y bancos quebrados por la crisis financiera recesiva
que tiene como epicentro a EEUU y Europa.
La caída del sistema del
"apalancamiento financiero" (crecimiento de los negocios productivos y
comerciales mediante el endeudamiento financiero sin respaldo) dejó una montaña
de papeles inútiles llamados "activos tóxicos" en la cartera de los
bancos y empresas que finalmente fueron engullidos (mediante compras o fusiones)
por los grandes consorcios beneficiarios de los "rescates estatales", entre
ellos Morgan Stanley, Goldman Sach, Bank Of América, entre otros.
Son los que, aprovechando la
misma crisis que generaron, utilizan al Estado imperial para comprar barato.
Tercero, reciclo una nueva
"burbuja":
Este negocio de "comprar
barato" durante la crisis (con el Estado como financiador y garante) a su
vez generó y retroalimentó otra burbuja ganancial con la especulación
financiera.
Los
gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a
los mercados financieros creando una "burbuja" especulativa que hace subir las
bolsas, mientras el resto de la economía,
principalmente en EEUU y Europa, permanece con sus variables en rojo.
Mediante
los planes de "rescate financiero" emprendidos por el Estado USA (con Bush y
luego con Obama), los súper bancos y fondos de inversión nucleados en el sistema
privado de la Reserva Federal reciclaron una nueva "burbuja financiera", no ya
con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con
fondos públicos puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de
rentabilidad capitalista, y al margen de una ascendente crisis de la
economía real que marcha por vía paralela.
El costo de
este monumental negocio capitalista con la "crisis capitalista" (que fue
exportado desde EEUU y Europa a los países de la periferia de Asia, África y
América Latina) es financiado con el dinero de los impuestos pagados por el
conjunto de la sociedad.
Se trata,
en suma, de una "socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo
ciclo de ganancias privadas" con el Estado como herramienta de ejecución,
mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se
degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y
concentración del sistema capitalista.
Cuarto, las pérdidas van a un solo
lado
Como se
puede apreciar, en una correcta lectura de sus procesos históricos, y mediante
el axioma funcional de "comprar barato y vender caro", las corporaciones
del sistema capitalista hacen negocios (generan rentabilidad) tanto con
las burbujas como con las crisis.
Pero, en
este mundo del sistema capitalista ganador ¿Quién absorbe las pérdidas?
Tal como lo hizo históricamente,
hoy el sistema capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del
colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza
laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad
(población pobre con limitados recursos de supervivencia), por medio de los
despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que
incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva
del mercado del consumo.
Solo en el proceso de
"sobreexplotación capitalista" (que retrocede las conquistas sociales y
sindicales a estadios inferiores) se explica el mantenimiento de la
rentabilidad empresarial (ganancias capitalistas) mientras la economía mundial
se desploma por efectos de la crisis recesiva global.
La llamada "crisis" tiene
claramente dos lecturas paralelas: Por un lado, los pulpos financieros de Wall
Street y las bolsas mundiales, reciclan una nueva "burbuja" ganancial, no
ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos
públicos (de los impuestos pagados por toda la sociedad), puestos
compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista con la
crisis.
Mientras el proceso
inflacionario-recesivo desatado desde las economías centrales (EEUU y
Europa) ya genera hambre, pobreza y devaluación acentuada del poder adquisitivo
de las mayorías a escala planetaria, un selecto grupo de mega-empresas y
multimillonarios multiplican a escala sideral sus activos empresariales y sus
fortunas personales.
De manera tal que, cuando
estallan las crisis de "sobreproducción" (por recesión y achicamiento de
demanda) el sistema aplica su clásica fórmula para preservar la rentabilidad
vendiendo y produciendo menos: Achicamiento de costos.
En esa receta de "achicar
costos" sobresalen claramente, en primera línea, los laborales (de
las empresas) y los sociales (del Estado) para compensar la falta de
ventas y de recaudación fiscal.
En consecuencia (y como ya está
probado históricamente): Las empresas mantienen sus rentabilidades, sube la
recesión, sube la desocupación, cae el consumo, y se expande la
pobreza y la exclusión social.
De esta manera, el sistema
capitalista (por medio de los Estados y las empresas) descarga el peso de la
crisis sobre el sector más débil de la sociedad: Los pobres y los sectores
más desprotegidos (que siguen sumando población sobrante) y los asalariados (la
fuerza laboral masiva) que sirven como variable de ajuste para la
preservación de la rentabilidad capitalista durante la crisis recesiva.
Simultáneamente, la economía
real del Imperio y de las potencias centrales colapsa en todas sus variables,
y los sectores más desprotegidos ya sufren los "ajustes" mientras una
crisis social, todavía de efectos imprevisibles, asoma de la mano de los
despidos masivos en Europa y EEUU.
Está claro entonces que lo que
es "crisis" para unos (los despedidos y los sectores más desprotegidos de
la sociedad), resulta "burbuja ganancial" para otros (el capitalismo
financiero que desató la crisis con la "economía de papel").
Volvamos entonces, al principio:
Comprar barato y vender caro, las pérdidas solo corren por cuenta de los que
pagan las crisis con pobreza y exclusión masiva de la "sociedad de consumo"
capitalista.