Nuevos
enfrentamientos armados se produjeron durante la madrugada de este lunes,
en los que fueron muertos al menos 40 opositores al golpe de Estado y
seguidores de los Hermanos Musulmanes. La situación se agrava y el movimiento
islámico que apoya al derrocado presidente Mohamed Mursi continúa con las
protestas masivas y se retira de la negociación para concretar otro gobierno
títere afin a la estrategia de Washington.
De esta manera, fracasa
estrepitosamente la estrategia norteamericana de instalar la "democracia"
como nueva forma de dominio en los países islámicos con Egipto como bandera y
estandarte.
En febrero de 2011, la CIA y el
Pentágono lanzaron una "revolución musulmana" montada en las protestas
sociales contra el presidente Mubarak, un títere desgastado que
gobernó durante 40 años y que ya no le servía al eje EEUU-UE-Israel en sus
estrategia de control regional.
La idea
de la Casa Blanca, hoy controlada por el lobby bancario "liberal" con Obama como
gerente, es plasmar en la órbita de sus satélites árabes el "proyecto
democracia" renovando la cara del viejo "orden armado" y terminando con la
figura gastada de los dictadores al estilo Mubarak que generan odio y
resistencia popular. A esta protestas violentas digitadas por la CIA y los
servicios occidentales se las denominó "primavera arabe" y se expandieron de
Medio Oriente hasta Africa del norte.
El objetivo es derrocar al títere
Mubarak, y preservar la continuidad del titiritero imperial por otras vías.
La "salida democrática" no fue una opción islámica, sino una opción concertada
entre la Casa Blanca de Obama, los halcones del Complejo Militar Industrial y
la logia bancaria de Wall Street.

Egipto es un país
clave en el dispositivo estratégico regional del eje USA-UE-Israel. No solamente
porque es el país árabe islámico "aliado" con mayor potencial militar para
contrabalancear la influencia y el poder militar de Irán, sino porque el
país de los faraones se ha constituido en la mayor base militar terrestre del
Pentágono enclavada en la zona roja de Medio Oriente.
El objetivo de la
"democratización" (que había comenzado por Túnez y Egipto) era
terminar con los regímenes resabios de la era de la "doctrina de seguridad
nacional" e instalar gobiernos títeres legitimados en las urnas. El
propósito evidente es "lavarle la cara" a las bases del dominio imperial en
Medio Oriente, para neutralizar focos de resistencia armada en alianza con Irán
que puedan desestabilizar el dominio imperial en la región.
En este escenario, el reemplazo de
Mubarak, no fue nada más que la concreción de una estrategia de doble vía. Crear
por un lado una fachada de "apertura democrática" con elecciones libres y
participativas. Y por otro, legitimar y reforzar el aparato militar y policial
egipcio como reaseguro interno y externo contra la influencia islámica
irradiada por Irán y los países del "eje del mal".
En términos estratégicos, el
reemplazo del régimen "militarista" de Mubarak por un gobierno "democrático"
elegido en las urnas significaba la combinación del "poder duro" (El
Pentágono) con el "poder blando" (el Departamento de Estado) dentro de un
dispositivo convergente de control por "izquierda y por "derecha".
El golpe militar y el derrocamiento y
encarcelamiento del presidente Mursi hizo fracasar estrepitosamente el nuevo
proyecto y lanzó a Egipto a un proceso de violencia e incertidumbre con el
ejercito egipcio controlado por EEUU reprimiendo en las calles.
(*) Manuel
Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder,
especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores
más difundidos y referenciados en la Web.
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