omo lo adelantamos en
IAR Noticias hace dos semanas, en plena euforia del
"ataque inminente", el lobby económico financiero que controla los
resortes del sistema capitalista a escala global desde Nueva York y Washington,
evaluó las posibles consecuencias regionales e internacionales, y dio marcha
atrás con el ataque militar a Siria.
Esa decisión, se proyectó al resto de
los estamentos del poder económico de las metrópolis europeas, a los
niveles gerenciales políticos tanto de EEUU como de las potencias centrales,
y terminó aislando y dejando en soledad a Obama y a los sectores halcones que
impulsaban la intervención desde la Casa Blanca, el Pentágono y el Complejo
Militar norteamericano, y sólo apoyados por Turquía y las monarquías árabes
socias de EEUU e Israel con Arabia Saudita a la cabeza.
Y la postergación del ataque militar a Siria
para terminar de derrocar al régimen de Al Assad no se hizo por amor. El
lobby del poder mundial con asentamiento territorial en Washington, Nueva York
y las metrópolis europeas, evaluó que una intervención en Siria era de difícil
pronóstico.
Con reacciones que podían ir de un
ataque de Irán, Siria y Hezbolá a Israel, hasta un proceso de
terrorismo islámico regional y de conflictos encadenados por todo Medio
Oriente, la intervención armada imperial podía desatar un conflicto
internacional.
Una confrontación regional
generalizada podría detonar, no sólo en una guerra intercapitalista entre los
ejes Rusia-China. Irán y el bloque EEUU-UE-Israel en áreas claves del petróleo
y la energía mundial, sino que también, a través de la especulación financiera
con el petróleo y los alimentos podría desatar una crisis económica
global en un momento en que el sistema todavía no se recuperó del colapso
financiero de 2008.
Y la decisión imperial, como siempre
sucede, dejó perdedores y ganadores.
Perdieron los sectores halcones y
guerreristas de EEUU, Israel y Europa. Obama quedó aislado, sin consenso y
destruido políticamente, y enfrenta la amenaza de un golpe de Estado de los
halcones más recalcitrantes, representantes de las petroleras y las
armamentistas, por haber cedido en Siria y en las negociaciones con Rusia.
En EEUU, Europa y el propio Israel el
rechazo de las poblaciones civiles al ataque, fue masivo. El rol de Putin como
desactivador de ataque terminó con el rechazo unánime del grupo del G-20
al ataque, y proyectó a Rusia como la potencia líder que contrabalancea
el poder económico, militar y nuclear de las primeras potencias imperiales con EEUU a la cabeza.
Finalmente, el tablero del conflicto
militar se modificó con el llamado a negociar un control de los supuestos
arsenales sirios de armas químicas en el que nadie cree que prospere. En los
hechos, sólo un pretexto que favorece un proceso de tregua pasajera, sólo
pasajera, que favorece a todos.
Dado que les permite a los
protagonistas reposicionarse para el próximo capitulo del conflicto
militar, que no es un problema político sino una confrontación estratégica por
intereses geopolíticos y económicos estratégicos. Y cuyo nudo central es la
destrucción de Irán, el control de la grandes rutas de la energía y el
petróleo mundial y la supervivencia de Israel como potencia imperial en Medio
Oriente.
El gran conflicto global, la
madre de todas las guerras, que tiene a la confrontación con Siria como detonante
central, sólo entró en una instancia diplomática para ganar tiempo. Y antes de
que se reanude la escala militar todos ganan. EEUU gana, Rusia gana, Irán gana, el
régimen sirio gana, Israel gana y las potencias europeas ganan, las monarquías
árabes socias de la invasión ganan.
Todos ganan, con la pelota
parada y fuera de la cancha, hasta que vuelvan a hablar las armas y los misiles.
Todos ganan, menos el pueblo sirio que ya abonó con su destrucción y la muerte
de 100.000 personas, la reciclada aventura imperial para terminar
con los Estados árabes islámicos que se oponen a su control total del petróleo, las rutas
del petróleo y de la energía mundial.