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ARGENTINA

 

Sunday, 28 de December de 2003

La falsa pelea mediática y los intereses mutuos

Kirchner y Duhalde pactan para frenar  a los piqueteros

 

Ni Kirchner ni Duhalde saldrían favorecidos con un episodio extremo de sedición piquetera que desate convulsiones sociales violentas con muertos y heridos. Eso alimenta los términos de un acuerdo que ya está funcionado al margen del show para la prensa.

 

08Dic03 (IAR-Noticias) -

No los une el amor sino el espanto. Duhalde precisa de Kirchner, y Kirchner necesita de Duhalde por razones de supervivencia y de construcción de poder. Ambos se necesitan mutuamente.

 

El Presidente tiene en Duhalde -por ahora- un reaseguro contra el poderoso aparato del PJ bonaerense y los caudillos del Conurbano. Duhalde, por su lado, deposita en la buena imagen  de Kirchner su propio reaseguro de vida contra propios y extraños.

 

Duhalde tiene más enemigos dentro de la estructura del PJ bonaerense que fuera de ella. Una víctima de sus manejos políticos, el gobernador Felipe Solá, espera pacientemente que el caudillo cometa un error para sepultarlo políticamente.

 

Kirchner se vale de Felipe Solá (con quien comparte proyectos y centimetraje de aparición en los medios) para presionar y sacarle ventajas políticas a Duhalde. El mandatario bonaerense es la variable de ajuste en la pulseada de Kirchner y Duhalde por el control del Congreso y el poder partidario a nivel nacional.

El presidente utiliza las campañas mediáticas contra la inseguridad  para desestabilizar la maquinaria duhaldista "asociándola" con los secuestros y la corrupción policial.   

Los jefes territoriales de Buenos Aires -intendentes y jefes partidarios- le devuelven "gentilezas" enviando a los piqueteros "duros" a paralizar el tránsito en las avenidas y calles de la Capital Federal.

El inquilino de La Rosada y su "mesa chica" experimentan tensiones permanentes con el duhaldismo y los jefes piqueteros que profesan obediencia -a cambio de protección política y Planes Trabajar- a los  jefes e intendentes del Conurbano.

Solo la intervención de Duhalde evita que los "desbordes piqueteros capitalinos" manejado por sus subordinados no lleguen a la instancia de la represión policial tan temida por Kirchner y su entorno.

Cuando el Gobierno tomo la decisión de "criminalizar" la protesta social tras el asedio al ministro de Trabajo, las hordas piqueteras asolaron la ciudad y los accesos a la Capital Federal.

Esa movida solo terminó cuando Duhalde y Kirchner se encontraron para negociar, y uno de cuyos resultantes fue la decisión y el anuncio del Gobierno de "no reprimir a los piqueteros".

Antes de encuentro con Kirchner, Duhalde se había reunido con algunos intendentes del Gran Buenos Aires, en especial con Balestrini, de La Matanza, señalado como uno de los "protectores" de Raúl Castell y su organización de militantes "duros" .

Hay sobrada estadística sobre la utilización de las formaciones piqueteras para dirimir sus internas con K y su entorno, por parte del Duhaldismo. Y existe suficiente información acumulada sobre la manipulación que hace el gobierno de la  inseguridad, utilizando a los medios de comunicación -pagados con prebendas y publicidad oficial- como fuerza de choque contra el poder bonaerense.

Esta dinámica de acción-reacción parece resumirse en una frase: "si vós me mandás a los medios, yo te mando a los piqueteros".

Este equilibrio pareció romperse el fin de semana pasado cuando Duhalde y su esposa salieron a despotricar contra los piqueteros y a pedirle al Gobierno más acción contra los mismos.

Esas declaraciones a la prensa, curiosamente, fueron realizadas después de un encuentro Kirchner-Duhalde, en el cual ambos decidieron "parar la pelota" del enfrentamiento y buscar "soluciones compartidas" para los problemas que aquejan a ambos.

La simulación de la promocionada pelea con el Gobierno forma parte del escenario montado por "los Duhalde" (esposa y esposo) con la intención de desviar la atención de su juego con Kirchner.

Una vez más -durante la reunión que mantuvieron la semana pasada en la Casa Rosada- Kirchner a acudió a su ex sponsor electoral para pedirle auxilio y proponerle un acuerdo de conveniencia mutua.

Más allá de su "fortaleza política" para consumo mediático (o para consumo de la gilada) lo cierto es que Kirchner todavía no ha podido construir un poder político o parlamentario dentro de la estructura del PJ

Duhalde continúa manejando la mayoría en las dos cámaras y tiene claras posibilidades de realizar acuerdos tácticos con gobernadores fuertes, como es el caso de De La Sota en Córdoba y Reuteman en Santa Fe.

De 17 gobernadores (sobre 24 en total) que tiene el PJ a nivel nacional, Kirchner solo tiene arreglos con tres cuatro de ellos, en tanto que el resto arregla con Duhalde o está metido en su propio juego y solo apoyarán medidas políticas o parlamentarias que los favorezcan.

Por otra parte, lo que queda del menemismo parlamentario, incluidos algunos gobernadores, funciona en sintonía con todas las movidas "anti-kirchner" que se instrumenten por esa vía. Y la "segunda fuerza" legislativa, La UCR y sus diputados fantasmas, gana más más con la "oposición" a Kirchner que jugando de su lado.

La ficción de la "democracia formal" requiere que el administrador de "turno" -en este caso Kirchner- controle las dos cámaras legislativas desde donde se canalizan leyes por medio de las cuales se legitima el saqueo del PBI argentino y los ajustes periódicos de su economía.

Si el administrador Kirchner no consigue domesticar a la tropa parlamentaria (con dinero ensobrado o con prebendas políticas), de nada le valdrán sus encuestas de crecimiento de imagen por encargo.

EEUU, los bancos y empresas trasnacionales, la suma del poder real, solo le van a dar cuerda y apoyo si mantiene viva  la "gobernabilidad". O sea, la capacidad ejecutiva de hacer aprobar leyes y medidas que posibiliten el saqueo económico de la Argentina, en "paz y en orden". Tal como lo hicieron sus predecesores.

El otro punto clave y "caliente" está conformado por el frente social, particularmente por  la evolución de los conflictos sociales , dentro del cual el fenómeno de los piqueteros ocupa un lugar central y determinante.

Si Kirchner no consigue manejar en "paz y en orden" los reclamos piqueteros y la protesta social, es muy probable que tenga que conseguirse un nuevo empleo de gerente imperial algún lugar más tranquilo.

Con "desorden" y desbordes sociales los bancos y las transnacionales no pueden hacer negocios. Y si no hacen negocios, EEUU y la Embajada no lo necesitan a Kirchner. Que pase el que sigue.

La situación descripta -por lógica consecuencia- convierte a Kirchner en "duhalde-dependiente". Sin un acuerdo con el jefe bonaerense las mediciones de imagen compradas  a Clarín  y a otras consultoras se le esparcirían como  mercurio fuera del termómetro.

El ex presidente tiene lo que el actual Presidente no tiene: control parlamentario, poder de decisión sobre el más poderoso aparato político de la  Argentina (el PJ bonaerense) e influencia decisiva sobre el resto del peronismo. Puede decirse que destino de Kirchner está atado simbióticamente al de Duhalde, y viceversa.

Esta situación fue determinante para que ambos (más allá de los alcahuetes de sus respectivos "entornos") resolvieran antes del viaje de Duhalde a Medio Oriente, buscar una solución común al tema de los piqueteros.

Kirchner y su círculo íntimo están preocupados por la evolución que han adquirido  los conflictos sociales -asociados a las habituales incursiones piqueteras- y las posibles derivaciones de los mismos sobre la gestión de gobierno y la imagen presidencial.

Durante el curso de la semana pasada la plana mayor presidencial recibió variadas "señales rojas" del establishment económico  y de la Embajada norteamericana relativas al manejo "permisivo" que hace Kirchner con los piqueteros y la problemática social.

A este dato puntual se sumó un informe de la SIDE en el cuál se detalla una predisposición generalizada de los jefes de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura, de "no quedar pegados" a ninguna decisión gubernamental de reprimir posibles disturbios durante el próximo aniversario del Cacerolazo, el 19 y 20 de diciembre.

Si se diera la instancia de una acción piquetera de avanzar con la violencia hasta la propia Casa Rosada -consigna el informe de inteligencia- loos mandos policiales ordenarían el repliegue para evitar ser juzgados como criminales, como sucedió  con los jefes de la Federal después de la represión que terminó con la gestión  de la administración De la Rúa.

Ni Kirchner ni Duhalde saldrían favorecidos con un episodio extremo de sedición piquetera que desate convulsiones sociales violentas con muertos y heridos. Sería la extremaunción para las aspiraciones políticas de ambos.

En la reunión de hace dos semanas en La Rosada, el asunto quedó en claro: si el ex presidente no actúa como "factor de disuasión" entre sus subordinados, la "amenaza piquetera" puede tener derivaciones negativas insospechadas.

Las declaraciones de Duhalde contra los piqueteros estuvieron orientadas a mostrar que está dispuesto a "combatirlos", más allá de los intereses que unan a los desocupados con el sistema de poder bonaerense que lo tiene como jefe indiscutido.

El mensaje instalado tiene una lectura clara para la "interna" partidaria: quien se siga valiendo de las organizaciones piqueteras para desestabilizar a Kirchner deberá enfrentar a Duhalde y a todo su peso político dentro de la provincia.

Desde esa perspectiva, los caudillos bonaerenses deberán "pensar dos veces" antes de impulsar movidas de protesta social contra el Gobierno que los enfrente con Duhalde. En esa lógica descansa el acuerdo del ex presidente con Kirchner.

Si bien Duhalde fue una especie de inventor del "clientelismo político" que hoy utilizan los jefes del PJ bonaerense para reclutar fuerza de choque piquetera, en estos momentos teme que esa bestia se vuelva contra él.

Y eso tiene una explicación practica:  a la combinación explosiva de lúmpenes parapoliciales, punteros políticos y piqueteros "duros" asalariados, no la maneja Duhalde sino los intendentes y jefes territoriales del PJ.

Esa situación -por obvias razones- lo pone a Duhalde más cerca de Gobierno que de sus aliados dentro del poder bonaerense. Que lo quieren, pero no tanto, como para aguantarle un pacto con Kirchner.


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