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08Dic03 (IAR-Noticias) -
No
los une el amor sino el
espanto. Duhalde precisa de Kirchner, y Kirchner necesita de Duhalde por
razones de supervivencia y de construcción de poder. Ambos se necesitan
mutuamente.
El Presidente tiene en
Duhalde -por ahora- un reaseguro contra el poderoso aparato del PJ bonaerense y
los caudillos del Conurbano. Duhalde, por su lado, deposita en la buena imagen de Kirchner su propio reaseguro de vida contra propios y extraños.
Duhalde tiene más enemigos
dentro de la estructura del PJ bonaerense que fuera de ella. Una víctima de sus
manejos políticos, el gobernador Felipe Solá, espera pacientemente que el
caudillo cometa un error para sepultarlo políticamente.
Kirchner se vale de Felipe Solá
(con
quien comparte proyectos y centimetraje de aparición en los medios) para presionar y sacarle ventajas
políticas a Duhalde. El mandatario bonaerense es la variable de ajuste en la
pulseada de Kirchner y Duhalde por el control del Congreso y el poder partidario
a nivel nacional.
El presidente utiliza las
campañas mediáticas contra la inseguridad para desestabilizar la
maquinaria duhaldista "asociándola" con los secuestros y la corrupción policial.
Los jefes territoriales de
Buenos Aires -intendentes y jefes partidarios- le devuelven "gentilezas"
enviando a los piqueteros "duros"
a paralizar el tránsito en
las avenidas y calles de la Capital Federal.
El inquilino de La Rosada y su
"mesa chica"
experimentan tensiones
permanentes con el duhaldismo y los jefes piqueteros que profesan obediencia -a
cambio de protección política y Planes Trabajar- a los jefes e intendentes
del Conurbano.
Solo la intervención de
Duhalde evita que los "desbordes piqueteros capitalinos" manejado por sus
subordinados no lleguen a la instancia de la represión policial tan temida por Kirchner y su entorno.
Cuando el Gobierno tomo la
decisión de "criminalizar" la protesta social tras el asedio al ministro de
Trabajo, las hordas piqueteras asolaron la ciudad y los accesos a la Capital
Federal.
Esa movida solo terminó cuando
Duhalde y Kirchner se encontraron para negociar, y uno de cuyos resultantes fue
la decisión y el anuncio del Gobierno de "no reprimir a los piqueteros".
Antes de encuentro con
Kirchner, Duhalde se había reunido con algunos intendentes del Gran Buenos
Aires, en especial con Balestrini, de La Matanza, señalado como uno de los
"protectores" de Raúl Castell y su organización de militantes "duros" .
Hay sobrada estadística sobre
la utilización de las formaciones piqueteras para dirimir sus internas con K y
su entorno, por parte del Duhaldismo. Y existe suficiente
información acumulada sobre la manipulación que hace el gobierno de la
inseguridad, utilizando a los medios de comunicación -pagados con prebendas y
publicidad oficial- como fuerza de choque contra el poder bonaerense.
Esta dinámica de
acción-reacción parece resumirse en una frase: "si vós me mandás a los
medios, yo te mando a los piqueteros".
Este equilibrio pareció
romperse el fin de semana pasado cuando Duhalde y su esposa salieron a
despotricar contra los piqueteros y a pedirle al Gobierno más acción contra los
mismos.
Esas declaraciones a la prensa,
curiosamente, fueron realizadas después de un encuentro Kirchner-Duhalde, en el
cual ambos decidieron "parar la pelota" del enfrentamiento y buscar "soluciones
compartidas" para los problemas que aquejan a ambos.
La simulación de la
promocionada pelea con el Gobierno forma parte del escenario montado por
"los Duhalde" (esposa y esposo) con la intención de desviar la atención
de su juego con Kirchner.
Una vez más -durante la
reunión que mantuvieron la semana pasada en la Casa Rosada- Kirchner a acudió a
su ex sponsor electoral para pedirle auxilio y proponerle un acuerdo de
conveniencia mutua.
Más allá de su "fortaleza
política" para consumo mediático (o para consumo de la gilada) lo cierto es
que Kirchner todavía no ha podido construir un poder político o parlamentario
dentro de la estructura del PJ.
Duhalde continúa manejando la
mayoría en las dos cámaras y tiene claras posibilidades de realizar acuerdos
tácticos con gobernadores fuertes, como es el caso de De La Sota en Córdoba y
Reuteman en Santa Fe.
De 17 gobernadores (sobre 24
en total) que tiene el PJ a nivel nacional, Kirchner solo tiene arreglos con
tres cuatro de ellos, en tanto que el resto arregla con Duhalde o está metido en
su propio juego y solo apoyarán medidas políticas o parlamentarias que
los favorezcan.
Por otra parte, lo que queda
del menemismo parlamentario, incluidos algunos gobernadores, funciona en
sintonía con todas las movidas "anti-kirchner" que se instrumenten por
esa vía. Y la "segunda fuerza" legislativa, La UCR y sus diputados fantasmas,
gana más más con la "oposición" a Kirchner que jugando de su lado.
La ficción de la
"democracia formal" requiere que el administrador de "turno" -en este
caso Kirchner- controle las dos cámaras legislativas desde donde se canalizan
leyes por medio de las cuales se legitima el saqueo del PBI argentino y
los ajustes periódicos de su economía.
Si el administrador
Kirchner no consigue domesticar a la tropa parlamentaria (con dinero ensobrado o
con prebendas políticas), de nada le valdrán sus encuestas de crecimiento de
imagen por encargo.
EEUU, los bancos y empresas
trasnacionales, la suma del poder real, solo le van a dar cuerda y apoyo
si mantiene viva la "gobernabilidad". O sea, la capacidad ejecutiva
de hacer aprobar leyes y medidas que posibiliten el saqueo económico de la
Argentina, en "paz y en orden". Tal como lo hicieron sus predecesores.
El otro punto clave y
"caliente" está conformado por el frente social, particularmente por
la evolución de los conflictos sociales , dentro del cual el fenómeno de los
piqueteros ocupa un lugar central y determinante.
Si Kirchner no consigue
manejar en "paz y en orden" los reclamos piqueteros y la protesta
social, es muy probable que tenga que conseguirse un nuevo empleo de gerente
imperial algún lugar más tranquilo.
Con "desorden" y
desbordes sociales los bancos y las transnacionales no pueden hacer negocios.
Y si no hacen negocios, EEUU y la Embajada no lo necesitan a Kirchner. Que pase
el que sigue.
La situación descripta -por
lógica consecuencia- convierte a Kirchner en "duhalde-dependiente". Sin
un acuerdo con el jefe bonaerense las mediciones de imagen compradas
a Clarín y a otras consultoras se le esparcirían como mercurio fuera
del termómetro.
El ex presidente tiene lo que
el actual Presidente no tiene: control parlamentario, poder de decisión sobre el
más poderoso aparato político de la Argentina (el PJ bonaerense) e
influencia decisiva sobre el resto del peronismo. Puede decirse que destino de
Kirchner está atado simbióticamente al de Duhalde, y viceversa.
Esta situación fue
determinante para que ambos (más allá de los alcahuetes de sus respectivos
"entornos") resolvieran antes del viaje de Duhalde a Medio Oriente, buscar
una solución común al tema de los piqueteros.
Kirchner y su círculo íntimo
están preocupados por la evolución que han adquirido los conflictos sociales
-asociados a las habituales incursiones piqueteras- y las posibles derivaciones
de los mismos
sobre la gestión de gobierno y la imagen presidencial.
Durante el curso de la semana
pasada la plana mayor presidencial recibió variadas "señales rojas" del
establishment económico y de la Embajada norteamericana relativas al manejo
"permisivo" que hace Kirchner con los piqueteros y la problemática social.
A este dato puntual se sumó un
informe de la SIDE en el cuál se detalla una predisposición generalizada de los
jefes de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura, de "no quedar
pegados" a ninguna decisión gubernamental de reprimir posibles
disturbios durante el próximo aniversario del Cacerolazo, el 19 y 20 de
diciembre.
Si se diera la instancia de
una acción piquetera de avanzar con la violencia hasta la propia Casa Rosada
-consigna el informe de inteligencia- loos mandos policiales ordenarían el
repliegue para evitar ser juzgados como criminales, como sucedió
con los jefes de la Federal después de la represión que terminó con la gestión
de la administración De la Rúa.
Ni Kirchner ni Duhalde
saldrían favorecidos con un episodio extremo de sedición piquetera que desate
convulsiones sociales violentas con muertos y heridos. Sería la extremaunción
para
las aspiraciones políticas de ambos.
En la reunión de hace dos
semanas en La Rosada, el asunto quedó en claro: si el ex presidente no actúa como
"factor de
disuasión" entre sus subordinados, la "amenaza piquetera" puede
tener
derivaciones negativas insospechadas.
Las declaraciones de Duhalde
contra los piqueteros estuvieron orientadas a mostrar que está dispuesto a
"combatirlos", más allá de los intereses que unan a los desocupados con el
sistema de poder bonaerense que lo tiene como jefe indiscutido.
El mensaje instalado tiene una
lectura clara para la "interna" partidaria: quien se siga valiendo de las
organizaciones piqueteras para desestabilizar a Kirchner deberá enfrentar a
Duhalde y a todo su peso político dentro de la provincia.
Desde esa perspectiva, los
caudillos bonaerenses deberán "pensar dos veces" antes de impulsar movidas de
protesta social contra el Gobierno que los enfrente con Duhalde. En esa lógica
descansa el acuerdo del ex presidente con Kirchner.
Si bien Duhalde fue una
especie de inventor del "clientelismo político" que hoy utilizan los jefes del PJ bonaerense para reclutar
fuerza de choque piquetera, en estos momentos teme que esa
bestia se vuelva contra él.
Y eso tiene una explicación
practica: a la combinación explosiva de lúmpenes parapoliciales, punteros
políticos y piqueteros "duros" asalariados, no la maneja Duhalde sino los
intendentes y jefes territoriales del PJ.
Esa situación -por obvias
razones- lo pone a Duhalde más cerca de Gobierno que de sus aliados dentro del
poder bonaerense. Que lo quieren, pero no tanto, como para aguantarle un pacto
con Kirchner.
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