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Thursday, 25 de December de 2003

 

Claves económicas de la ocupación

Irak y el capitalismo militar de Estados Unidos

   

Los bancos, petroleras, gasíferas, y fabricantes de armas  llegan "habitualmente" detrás de los  tanques y  misiles de EEUU.

   

25Dic03 (IAR-Noticias)   Por Rodrigo Guevara

Guerra y "capitalismo sin fronteras"
Las guerras imperiales de conquista como la que EE.UU. lanzó contra Irak no se hacen por razones ideológicas sino por necesidades de conquista económica.

 

Estados Unidos, indiscutible potencia "unipolar" del capitalismo dominante, no es una excepción en la materia. Su abrumante superioridad tecnológica-científica-militar está (como estuvo el poder militar de otros imperios) al servicio de la expansión económica-planetaria  de sus bancos y trasnacionales.

 

El concepto de "capitalismo transnacional" significa en la era informática, la presencia de un "capitalismo sin fronteras" asentado en dos pilares fundamentales: la especulación financiera informatizada  (con asiento territorial en Wall Street) y la tecnología militar-industrial de última generación (cuya expresión máxima de desarrollo se concentra en el Complejo Militar Industrial de EEUU).

 

El  modelo, impulsado en la década del 90 por el llamado Consenso de Washington,  respondía a un nuevo proyecto estratégico de desarrollo y acumulación expansiva del capitalismo financiero transnacional, en la era de las comunicaciones digitales.

 La combinación interactiva de las redes informáticas, el sistema satelital y las telecomunicaciones, posibilitaron la era de los mercados informatizados y sin fronteras.

 Así nació la era de la globalización financiera. La industria del dinero especulativo en alta escala. El dinero como productor de dinero. Circulando sin barreras. El dinero como un producto en sí mismo. El dinero informático. Reproduciéndose a  velocidades increíbles a través de los continentes.

De esta manera se consumó el proceso de acumulación y concentración capitalista más asombroso de toda la historia. La llamada burbuja financiera o "exuberancia irracional". Con base territorial y operativa en Wall Street.

Como prueba más fehaciente: el índice Dow Jones tardó 100 años en alcanzar los 5000 puntos. Y en solo 3 años superó la barrera de los 10.000 puntos, en la década del 90.

En Wall Street, el templo supremo del dinero sin fronteras, se cotizan anualmente títulos, bonos y acciones por 12 billones de dólares. Casi el equivalente a 2 veces el  PBI anual de 180 países en vías de desarrollo.

Es  dinero volátil. Reproduciéndose y concentrándose a escala planetaria. Pero con un punto de regreso y refugio preciso: la Reserva Federal norteamericana. El capitalismo no tiene fronteras. Pero el dólar, su moneda patrón, solo atiende en EE.UU.

 La combinación del superpoder militar de Estados Unidos con el superpoder económico-financiero de Wall Street, dió como resultante el imperio único, cuyo radio de influencia y dominio abarca a 121 países en los cuales Estados Unidos tiene presencia directa o influencia militar en estos momentos.

Siempre existió  una relación concreta entre las guerras  de EEUU, el petróleo, la venta de armas, y la expansión del poder capitalista global concentrado en Wall Street y en  las metrópolis financieras europeas. 

 

Puede decirse, contradiciendo la opinión de algunos analistas, que  no existe un capitalismo petrolero-armamentista por un lado, o un capitalismo bancario-financiero por el otro.

 

 Ambos son la cara de una misma moneda. En las guerras como en la "pax" del imperio, las petroleras, el complejo militar-industrial y la catedral financiera de Wall Street funcionan desigual y combinadamente encuadrados en un mismo objetivo: la búsqueda de expansión y acumulación de la ganancia capitalista a escala planetaria.

 

 El complejo entramado de "vasos comunicantes" entre el capitalismo financiero, tecnológico, industrial, de servicios, informático y comunicacional  revela un grado increíble de concentración, diversificación, e intereses comunes de las megacorporaciones transnacionales que se dividen el planeta como un gran mercado.

 

Tanto las "cuatro grandes" contratistas del complejo militar-industria (Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics), como las "cuatro hermanas" (Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell y  BP) que monopolizan la extracción y comercialización del petróleo a escala mundial, cotizan sus acciones y se capitalizan en la bolsa de Wall Street.

 

Y como ya sucedió en Yugoslavia, en Afganistán, y ahora está sucediendo en Irak, detrás de los aviones, los tanques, y las "bombas inteligentes" siempre llega  un ejército de lobbistas, consultores y representantes de los bancos y grupos de inversión de Wall Street dispuestos a "invertir" en la reconstrucción de las infraestructuras e instalaciones destruidas por los bombardeos. 

 

Detrás de cada  cada guerra, están  los fabricantes de armas que extraen su ganancia capitalista del billón de dólares anuales destinados a los presupuesto militares. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan los mercados multimillonarios del petróleo y la energía. Están los megabancos y megagrupos de inversión  de Wall Street (Citigroup, Goldaman Sachs y J.P.Morgan-Chase) que embolsan fabulosas sumas "financiando" las "recontrucciones" de los países arrasados por los misiles y las bombas inteligentes.

 

Y también las poderosas trasnacionales industriales como Ford o General Motors, o  los megaconsorcios de la electrónica y de la informática como IBM o Microsoftlas líderes de la llamada "nueva economía" y de la tecnología de última generación, que suscriben contratos por miles de millones de dólares con el departamento de Defensa de los Estados Unidos. 

 

Todo este complejo entramado de intereses capitalistas están entrelazados entre sí por medio de fusiones, de accionistas y de estructuras societarias anónimas, o  por el simple hecho de compartir los mismos directivos y accionistas.

 

Conforman las redes del capitalismo globalizado, cuyas filiales y casas matrices pueden estar en Europa, Asia, o en cualquier continente, pero sus redes operativas centrales tienen su terminal en Wall Street o en el Complejo militar-industrial de EE.UU.

 

Sus directivos y gerentes son a su vez  funcionarios del Estado, de la Justicia o del Poder Judicial de la potencia hegemónica, y cuya función en el cargo es la de hacer lobby en favor de los intereses de la red de transnacionales que representan.

 

La ocupación militar de Irak no es obra exclusiva de un grupo de halcones militaristas mesiánicos en cabezados por W Bush. Ellos apenas representan la parte gerencial-militar de un complejo entramado de intereses económicos y financieros cuyos planes de conquista y expansión nunca se detienen.

 

Las administraciones de turno de Washington sólo representan su cara más brutal y visible por medio de las cual se desvian las reales motivaciones de explotación económica que conllevan las guerras por conquistas territoriales del imperio americano. 

 

 Detrás de la invasión y ocupación militar de Irak, están los bancos, petroleras, gasíferas, fabricantes de armas, medios de comunicación, tecnología aeroespacial, informática, laboratorios, biotecnología, industria, construcción, electrificadoras, y todo lo que existe en el mundo del capitalismo globalizado y sin fronteras.


Es precisamente la historia que no cuentan los "analistas" y corresponsales de las cadenas internacionales de noticias que relatan la guerra y la ocupación militar como si fuera un partido de fútbol entre "buenos" y "malos"

 

Y con estructuras mediáticas financiadas por avisos comerciales de las mismas multinacionales que se benefician económicamente con las masacres cíclicas de la maquinaria bélica norteamericana.
   

El poder "locomotora" del Imperio

Es ingenuo reducir el accionar del imperio angloamericano (potencia regente del capitalismo a escala mundial)  a una aventura de halcones-guerreristas-petroleros  nucleados en el gabinete de Bush. 

 

Decir que las guerras imperialistas son particularmente "petroleras", o "armamentistas", o "financieras", es reducir la comprensión del fenómeno capitalista como totalidad interactiva.

 

 El capitalismo trasnacional funciona como un proyecto totalizado.

 

 No solamente conquista militarmente y explota recursos naturales y mano de obra  de los países dominados. También somete financieramente,  maneja y legitima gobiernos títeres funcionales a sus intereses, direcciona y modela conductas sociales mediante la prensa y los periodistas cómplices, y nivela necesidades de consumo iguales a para todo el planeta. 

 

Los Cheney, los Rice, o los Rumsfeld, o el propio W. Bush son simples ejecutores de estrategias militaristas de Estado, cuyos objetivos reales se asientan en las frías matemáticas capitalistas de los altos ejecutivos de las transnacionales y los bancos de inversión de Nueva York o de las metrópolis europeas.

 

Militarmente  EEUU se comporta como lo que es: la potencia regente unipolar, el Estado imperial del capitalismo planetario, el gendarme armado del mundo explotador, cuyo poder científico- económico- tecnológico- militar supera al de todas las potencias juntas de Europa o de Asia

 

La abrumante supremacía militar y tecnológica de EE.UU. es tan funcional y necesaria al capitalismo explotador, como la policía es necesaria para proteger de sus víctimas al usurero.

 

Es imposible pensar la explotación del hombre por el hombre realizada por el capitalismo, sin el poder militar-tecnológico-imperial detrás.

 

Estadísticamente, en el desarrollo histórico de todos los procesos imperialistas de la humanidad, primero estuvo la conquista militar- territorial, luego la conquista y el sometimiento económico, luego la colonización cultural, y hoy, en la era de la informática y las comunicaciones digitales, la colonización mediática, que cierra el círculo de dominación en la cabeza del sometido. 

 

Estados Unidos es el dueño de la moneda patrón del mundo: el dólar (el 80% de las transacciones internacionales se efectúan en esa moneda). Es el propietario de la Reserva Federal, del Complejo militar-industrial más poderoso del planeta, del poder tecnológico-informático mundial  situado en Silicon Valley, y del templo financiero de  Wall Street (la meca del capitalismo mundial).

 

Es el dueño real del FMI, de la ONU, de la OTAN y de todas las instituciones multilaterales de crédito. Su PBI anual es igual al de las nueve primeras potencias capitalistas juntas, y equivale a la producción anual de más de 180 países del área subdesarrollada del mundo.

 

Matemáticamente, su poder  representa entre el  50 y el 60% de todo lo que hay en el planeta, y es el propietario del arsenal nuclear y militar más grande del planeta (capaz de destruir decenas de veces la Tierra). 

Y por si eso no bastara, es el dueño de Hollywood y de las cadenas televisivas y radiales más poderosas del planeta.

 

 El desarrollo expansivo del capital transnacional (industrial, tecnológico o financiero)  está atado al rol y al poder  militar-guerrerista del Estado imperial norteamericano.

 

La expansión en el exterior de las corporaciones multinacionales se apoya en el arsenal nuclear y en la maquinaria militar de la potencia regente

 

El Estado imperial locomotora, y los Estados  "vagones" de sus socios menores europeos, regulan los mercados, y protegen  sus intereses en el mundo dependiente protegidos por la maquinaria militar-guerrerista de los halcones estadounidenses.

 

La fórmula de la locomotora imperial y de sus socios (inestables)  capitalistas de Europa se resume en un axioma: libre mercado y destrucción de los estados nacionales en el mundo dependiente, estado nacional y proteccionismo estratégico hacia adentro de sus fronteras.

 

Nucleados formalmente dentro de la OTAN, el gran Estado locomotora militar- imperial de USA  y sus países socios, protegen las estrategias conquistadoras de sus transnacionales extendidas por toda la geografía dependiente de Asia, Africa y América latina.

 

Un informe del Financial Times de mayo de 2002, analiza que  casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los EE.UU. y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses.

En síntesis, casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca, y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas. Africa y América Latina no figuran en la lista. 

 

Cinco de los 10 principales bancos, seis de las 10 principales compañías farmacéuticas y/o biotecnológicas, cuatro de las 10 principales compañías de telecomunicaciones, siete de las principales compañías de tecnologías de la información, cuatro de las principales compañías de petróleo y gas, nueve de las 10 principales compañías de software, cuatro de las 10 principales compañías de seguros y nueve de las 10 principales compañías de comercio minorista, son estadounidenses.

 

La concentración de poder económico de los EE.UU. es aún más evidente en el círculo de las mayores compañías, donde los Estados Unidos tienen una abrumadora presencia y dominio.

 

Entre las 10 principales transnacionales del mundo: 90% son propiedad estadounidense; de las principales 25, 72% son propiedad estadounidense; de las principales 50, 70% son estadounidenses y de las principales 100, 57% son propiedad estadounidense.

 

Los flujos de los sectores financiero, farmacéutico, de software y de seguros están formados por las diez principales compañías estadounidenses y europeas.

Los mercados mundiales están divididos entre las principales 238 compañías y bancos de los EE.UU. y las 153 de la Unión Europea, y el 80% de las principales corporaciones de petróleo y de gas son propiedades estadounidenses o europeas

 

La concentración del poder económico mundial en las corporaciones y bancos norteamericanos,  y en menor medida, en los de la Unión Europea, revela claramente la condición de "socios principales" de los países europeos en las estrategias económico-militares de EE.UU. por todo el planeta.

 

 Claves económicas de la conquista de Irak

 

 Ninguna administración de Washington inicia una guerra, sin el aval o el consentimiento  del poder real del capitalismo norteamericano con asiento en Nueva York.

 

La maquinaria política y administrativa del Estado imperial norteamericano está en función de las necesidades expansivas de sus bancos y trasnacionales. Los propios funcionarios, integrantes del Gabinete o legisladores son empleados o  altos directivos del poder económico.

 

Como ya se dijo más arriba, el capitalismo petrolero o armamentista del Pentágono, es parte integral y funcional del capitalismo financiero con sede en Wall Street y en las metrópolis europeas.

 

Bush y sus halcones militaristas, como lo fueron Clinton y su troupe bancaria, son operadores circunstanciales de las necesidades estratégicas de un capitalismo que, más allá de sus competencias internas entre "halcones" y "moderados", funciona en una interacción económica - militar  totalizada.

 

Clinton, Rubin,  y el Consenso de Washington lanzaron la "burbuja financiera" de libre mercado y capitalismo sin fronteras, pero también lanzaron la invasión militar a Yugoslavia con el objetivo de expandir el capitalismo hacia los ex países comunistas de Europa del Este.

 

Bush y sus halcones petroleros representan una extensión, por otras vías, de ese capitalismo transnacional que hoy ejercita una política expansiva de doble vía por todo el planeta. 

 

Por un lado articulan sus estrategias capitalistas con gobiernos títeres y democracias formales con las que legitiman sus negocios; por el otro, el Estado militar-imperial y la CIA desestabilizan gobiernos rebeldes o invaden países al más puro estilo de los imperios militares más descarnados, como lo están haciendo en Irak.

 

En los 90  la especulación financiera obró como la  fuerza motriz principal de la ganancia capitalista, sobre todo en Asia y Latinoamérica. 

 

Hoy la conquista militar se dirige a  los centros estratégicos del petróleo y la energía, vitales para la supervivencia de la sociedad de consumo norteamericana y del occidente capitalista.

Estos nuevos polos de expansión y desarrollo capitalista son claves para la  superación del declive de la " burbuja" especulativa del capitalismo financiero de los 90.

 

Las " cuatro hermanas" del petróleo, o las cuatro contratistas mayores del Complejo Militar Industrial norteamericano, son hermanas siamesas de los bancos y grupos de inversión sintetizados en el Citigroup o el Morgan-Chase. 

 

El poder económico, la base del Estado militar-imperial norteamericano, se concreta en cifras estadísticas, en números, en los dos billones de dólares del presupuesto de los Estados Unidos. Billones de dólares aspirados principalmente por la explotación financiera y la monumental transferencia de recursos desde los países dependientes.

 

Este proceso  fue  potenciado por el desmantelamiento  de los Estados nacionales y de sus legislaciones protectoras, realizado por el modelo de "libre mercado" con apertura irrestricta de sus economías, que dejaron a los Estados dependientes (Argentina como el caso más extremo) sin el manejo de sus recursos y en manos de la voracidad del capital financiero. 

 

Hoy la dinámica capitalista, con economías, tanto centrales como dependientes, en crisis y en recesión, orienta nuevamente su reactivación hacia el petróleo y el desarrollo de la tecnología y la industria armamentista.

 

Desde la última Guerra Mundial, el gasto militar ha sido el instrumento privilegiado de la reactivación del Estado imperial y de sus asociados.

 El Complejo militar-industrial  con sus megaproyectos financiados por el capitalismo de Wall Street, fue el motor principal de la  reactivación económica estadounidense.

 

La recuperación norteamericana de 1982-90 se sostuvo en un incremento del 50% de los gastos bélicos, que a su vez determinaron un salto de la deuda pública de EE.UU., del 27% del PBI en 1980 al 63% en 1993.

 En ese lapso, EE.UU. llegó a invertir el 66% de su presupuesto de investigación en el área militar, contra el 19% de Alemania y el 9% de Japón. 

 

Con la invasión y la ocupación de Irak nuevamente la reactivación económica del imperio apuesta a la economía bélica y a un avance de sus  trasnacionales  industriales y financieras montadas en la invasión militar.

 

En este proyecto estratégico, la conquista de Irak no está pensada solamente en función del petróleo y de  las armas.

La posesión del petróleo iraquí obrará como fuente de inversión de un nuevo proceso de acumulación a través de la "reconstrucción" y la "modernización"  del país después de la destrucción militar.

 

Infraestructura, carreteras, electrificación, construcción , entre otras, conforman los sustentos básicos de gigantescos proyectos de inversión provenientes de los megagrupos y megabancos de Wall Street y de Europa.

 

Como dicen algunos patricios del capitalismo neoyorquino en la intimidad :"vamos a construir un nuevo Iraq con el petróleo iraquí" 

 

Con Irán y su petróleo perdieron a fines de los 70  a su principal bastión de acumulación capitalista en la región. Veinte años después, se apoderaron de  Irak para desarrollar una nueva plataforma económica de expansión y cerrar su control militar estratégico sobre el Medio Oriente y el Golfo Pérsico.

 

Después, si antes no les estalla el mundo en las manos,  apuntarán a la  recaptura de  Irán y su petróleo, y desde allí intentarán reedificar un nuevo megaproyecto de acumulación capitalista similar al pensado para Irak. 

 

Con la ocupación militar de Irak, Irán quedó geopolíticamente aislado y militarmente rodeado por la maquinaria militar y las  bases  de EEUU instaladas en su frontera.

 

La futura invasión militar a Irán  ya está escrita y planificada por los estrategas del Pentágono, y figura como  prioridad en la agenda de Bush y sus halcones.

 

Pero esa nueva escalada guerrerista-expansiva está sujeta a dos factores principales: la evolución de la  resistencia iraquí y la relación con sus aliados "inestables" de la ONU, principalmente con Francia, China y Rusia.

 


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