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(IAR-Noticias)
04-Nov-04 Por Manuel
Freytas
Gane
Kerry o gane Bush -y según se desprende de sus propios discursos electorales- las
políticas militares preventivas contra el "terrorismo internacional" (detrás de
las cuales se esconde la conquista capitalista de mercados) seguirán su curso
invariable en la estrategia de política exterior de la Casa Blanca.
Si gana Bush, los
halcones del Pentágono y el lobby pro-israelí pondrán en
ejecución las intervenciones militares a Siria y a Irán, y
aumentarán la escalada de "guerra contraterrorista" en Irak,
Medio Oriente y el resto del mundo, sin consulta previa con la ONU y los
países europeos "críticos" concentrados en el eje París-Berlín-Madrid.

Si gana Kerry, la agenda de intervenciones militares de Washington y el
Pentágono en Siria, Irán, Irak y Medio Oriente, no variará en absoluto,
sólo cambiarán la estrategia discursiva y las modalidades operativas para anudar
consenso internacional y apoyo de los países que hoy rechazan las políticas de Bush.
Y esto se explica por una sencilla
razón: los mismos "consorcios de la guerra" (léase petroleras, armamentistas y
contratistas del Pentágono) que apoyan a Bush, también aportan
financieramente a la campaña de Kerry, y sus "lobbistas" operan tanto
en el Partido Republicano como en el Partido Demócrata.
Detrás de cada cruzada bélica "antiterrorista" de Bush, están los
fabricantes de armas que extraen su ganancia capitalista del casi medio
billón de dólares anuales del presupuesto militar y de seguridad
estadounidense. Están las petroleras y gasíferas que explotan y regulan
los mercados multimillonarios del petróleo y la energía.
Están los megabancos y
megagrupos de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldman Sachs y
J.P.Morgan-Chase) que
embolsan fabulosas
sumas "financiando" las "reconstrucciones" de los países arrasados por
los misiles y las bombas "inteligentes".
Es público que representantes de esos
consorcios (leáse petroleras, armamentistas, contratistas, etc) que
ocuparon cargos durante la administración demócrata de Bill Clinton,
actualmente cumplen funciones de asesores claves en el equipo de campaña
de Kerry, y que seguramente volverán a desempeñarse en los más altos niveles si
los demócratas llegan a la Casa Blanca.
Tal es el caso del ex asesor de
Seguridad Nacional de Clinton, Samuel Berger, quien coordinó la invasión
militar a Yugoslavia así como los primeros bombardeos "preventivos" contra Irak
en la llamada "zona de exclusión".
Para ser más claros, lo que
puede variar con un triunfo de Kerry, son las formas, pero el contenido será
el mismo que el de Bush, por la sencilla razón de que los presidentes de
EEUU, más allá de su discurso electoral para acceder a la Casa Blanca,
defienden un solo principio: la supervivencia del Estado nacional
norteamericano y los intereses de sus corporaciones transnacionales extendidas
por todo el planeta.

Ganen los republicanos o los
demócratas, y tras la farsa de los discursos electorales "opositores", el
presidente eventual de EEUU se convierte en un administrador de los
intereses del complejo entramado de corporaciones internacionales con sede
en Wall Street o en el Complejo Militar Industrial estadounidense.
En
su último informe Project on Government Oversight (POGO, Proyecto de
Supervisión Gubernamental), un grupo con sede en Washington que vigila el gasto
militar, señaló que, entre enero de 1997 y mayo de de 2004, sólo 20 grandes
proveedores recibieron más del 40 por ciento de los 244.000 millones de
dólares en contratos del Gobierno federal estadounidense.
Sólo 20 consorcios
proveedores reciben el
40 por ciento del
presupuesto federal
estadounidense, entre los cuales se encuentran en primera
línea las armamentistas
Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman,
Raytheon, y General Dynamics, quienes
extraen sus principales beneficios de los programas
espaciales y de la guerra contraterrorista
de Bush, que será continuada por Kerry si accede a
la Casa Blanca.
El informe de POGO
señalaba la presencia de legisladores (republicanos y demócratas de ambas
cámaras) en esas prácticas. Al menos dos tercios de congresistas hacen o
hicieron "lobby" para alguno de los 20 mayores proveedores del Estado, y han integrado comisiones que aprobaron asignación presupuestaria, programas o
fondos para las empresas por las cuales fueron contratados luego de
retirarse del Congreso.
Entre los consorcios que se
benefician en primer lugar de esta práctica tolerada se cuentan la armamentista Lockheed
Martin, que emplea a 57 ex altos funcionarios estatales (republicanos y
demócratas) ; la gigante
aeroespacial Boeing, con 33; Northrop Grumman, contratista de la
Fuerza Aérea, con 20; Raytheon, con 23, y General Dynamics con 19.
Al menos un tercio de los ex altos funcionarios públicos que desempeñan cargos ejecutivos en empresas proveedoras del gobierno ocuparon altos cargos
(tanto en gobiernos republicanos como demócratas)
que les permitían influir en las compras del Estado, y las normas de
responsabilidad pública no resultan suficientes para controlarlos, señala el
informe.
Si gana Kerry en noviembre,
esta monstruosa maquinaria de negocios capitalistas montada alrededor de
las guerras de conquista imperial seguirá funcionando, por la sencilla
razón de que a través de ellas se motoriza una parte clave de la economía
y del ingreso fiscal del Estado norteamericano.

Las guerras de conquista
imperial (impulsadas tanto por republicanos como por demócratas)
representan, junto a la explotación mundial por medio de la especulación
financiera, los principales instrumentos de transferencia de recursos con
que cuenta el Estado norteamericano para enriquecerse a costa de la miseria y el
hambre de los países sometidos.
Sobre esta lógica de
"negocios capitalistas" (cuya línea permanece invariable más allá de la
presencia demócratas o republicanos en la Casa Blanca) se puede afirmar con
absoluta certeza que Kerry y los demócratas, en caso de ganar en noviembre, y
esgrimiendo "otro discurso", ejecutarán el mismo programa de guerras
imperiales que hoy tiene agendado la administración Bush.
Como lo hizo la administración de
Clinton en su momento -y en contraposición al unilateralismo de Bush-
Kerry buscará alianzas multilaterales, apoyadas en Naciones Unidas, para
ejercer presión diplomática o intervenir militarmente en países
potencialmente "peligrosos" para los intereses estratégicos del
Estado norteamericano (léase países cuyos recursos estratégicos permanecen en la
mira de los consorcios norteamericanos).
Hay que tener en cuenta que Clinton,
el principal sostén político e ideológico de Kerry, aporta a la campaña
demócrata a la mayoría de los ex funcionarios de su administración, expertos en
política exterior y en tareas de inteligencia militar y de seguridad, como es el
caso de Samuel Berger a quien vamos a utilizar de ejemplo.
Berger fue
asesor de seguridad
nacional durante la presidencia de Bill Clinton, y hasta ser descubierto
robando papeles secretos en una repartición estatal para perjudicar a Bush en
la campaña, se desempeñaba como principal consejero en temas de seguridad
del candidato demócrata John Kerry.
Desde su puesto en
la Casa Blanca Berger tuvo una participación destacada en los
bombardeos y posterior invasión de EEUU a Yugoslavia lanzada por la
administración Clinton con la complicidad de la OTAN
y de la ONU,
en marzo de 1999.
El
demócrata Clinton -vale recordarlo-
asesinó a tanta
o más gente que Bush, y sin
embargo la prensa imperialista lo presenta hoy como un inofensivo
"play
boy",
o como un moderno
cruzado de la democracia americana ocupado en escribir
libros para chicos o presentar sus
memorias
con un éxito editorial millonario.
Los demócratas de la
era Clinton fueron los inventores de
los bombardeos
"quirúrgicos",
término con el que se definió el uso intensivo de misiles y bombas
"inteligentes"
dirigidos por sistema láser, con el que se inició la era de la
supremacía de los ataques aéreos
como método de conquista militar,
cuyo módulo experimental fue Yugoslavia.
Durante
la gestión de Clinton comenzaron las primeras
operaciones encubiertas
de la CIA para asesinar o derrocar a Saddam Hussein, utilizando a los mismos
funcionarios títeres que hoy
gobiernan para Bush en Irak,
y que entonces se presentaban en Londres y en Washington como la
"oposición a Saddam en el exilio".
Tras la
aprobación en 1998 por el Congreso de EEUU de la denominada Acta de
Liberación de Irak, la Administración
Clinton se dedicó a "fabricar" una oposición al ex
líder iraquí, con el propósito de destituirlo o de legitimar una invasión
militar y un cambio de régimen interno en el país.
Samuel Berger, junto
con el secretario de Defensa, William Kohen, fueron firmes impulsores y
lobbistas tanto del grupo terrorista de Iyav Allawi (hoy primer
ministro de Irak) como
del de Amhed Chalabi, quienes consiguieron
cuantiosos recursos del Pentágono y de la CIA para asesinar a Saddam Hussein y
preparar el terreno para la invasión militar.
Refiriéndose a la
invasión militar
de Yugoslavia,
James Petras escribía: "Samuel
Berger, asesor de
Clinton, ha justificado la intervención en la política interna de
Yugoslavia. Cuando le preguntaron si los ataques establecían
un precedente para futuras intervenciones en guerras civiles,
Berger contestó: «Dependerá de si están en juego o no los intereses de
Estados Unidos, así como sus principios». Este reconocimiento por parte de
Berger de que los «intereses de Estados Unidos» (que ahora incluyen los de las multinacionales norteamericanas y las alianzas militares, entre otros)
son predominantes, significa que Washington rechaza la independencia y la
soberanía de todos los países. La doctrina de Clinton ha vuelto a
interpretar el mundo de acuerdo al pasado colonial: Washington tiene el
derecho de atacar cualquier país cuya política se oponga a sus objetivos
imperiales".
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Pentágono
estadounidense |
De ganar en noviembre, y como efecto
propagandístico "diferenciado" de Bush, Kerry daría prioridad a la guerra
contra Al Qaeda y Bin Laden, bajo el pretexto de que Bush la dejó de lado
en su obsesión por invadir y ocupar Irak, "mintiendo" al pueblo norteamericano
sobre la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Saddam.
Con este "argumento" -aunque parezca
banal y carente de imaginación- John Kerry (si ganara en noviembre) justificaría
su propia guerra preventiva contra el "eje del mal", la que seguiría
estando en Siria, Irán, Medio Oriente y en los objetivos agendados para la
conquista de recursos petroleros y energéticos y de enclaves estratégicos que
hoy tiene la administración Bush.
Si ganase Kerry el lobby
judío y su proyecto de "rediseño del mapa de Medio Oriente" (léase
exterminio de todo foco de resistencia a la expansión sionista en la región)
continuará operando en Washington y el Pentágono, no ya representado por
Rumsfeld, Feith o Wolfowitz, sino "reencarnado" en los mismos
funcionarios demócratas que sirvieron a sus intereses durante la administración
de Bill Clinton.
Este es el punto central de
comprensión estratégica de la elección norteamericana que no aborda la
prensa internacional y los analistas del sistema, quienes se quedan
interesadamente en la superficialidad de los "discursos de campaña" de
Bush y de Kerry, los que sólo sirven para dirimir quien se queda con la Casa
Blanca en noviembre.
Borrados de escena los "negocios" y
las invasiones militares agendados por la Casa Blanca (más allá de quien la
ocupe eventualmente), la dinámica "informativa" del proceso electoral se reduce
a lo que "dicen" o "prometen" Bush y Kerry, en una guerra de discursos y de
voluntades personales que preserva a los verdaderos intereses que
juegan detrás.
Una sabia estrategia de
supervivencia que viene practicando el Imperio norteamericano desde que se
dedicó a invadir y/o dominar países para apoderarse de sus mercados y de sus
recursos estratégicos.
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