El más completo directorio en español

HOME| Titulares| Diarios| Radios| TV.| Buscadores| Economía| Mundo| Alternativos| Archivo| Mail

 

Latinoamérica

Argentina

Norteamérica

Europa

Medio Oriente

Irak

Asia

Africa

Medios

Internet

Autores

Especiales

Archivo

TITULARES
del Mundo

I Argentina I Brasil I
I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía I

EN VIVO

Radios del
Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía
I Medio Oriente
I Internacionales I

MEDIOS
ALTERNATIVOS


I Periódicos
 
y Redes
I
I
Agencias
 de Noticias I
I
Publicaciones
 
y Sitios I
I
Prensa
 
de Izquieda I

BUSCADORES

del Mundo


I América del Norte I
I América Central I
I América del Sur I
I Europa I España I
I Africa I Asia I
I Medio Oriente I
I Oceanía I
I Temáticos I
I Internacionales

TELEVISION

      del Mundo


I América Latina I
I España I EE.UU. I
I Canadá I Europa I
I Asia I Africa I
I Oceanía
I Medio Oriente I

ECONOMIA
MUNDIAL


I América Latina I
I Africa I Asia I
I España I EE.UU. I
I Europa I
I
Oceanía I  
I Canadá
I Medio Oriente
Bolsas del Mundo I

MEDIOS

del Mundo


I Agencias
de Noticias
I

I Diarios
I Revistas I
I Radios I
I Televisión I

 

Agregar 
a favoritos

Recomendar
 este sitio

 
 

SECCIONES

ASIA  

Sunday, 16 de January de 2005

 

Clase Justin Garrett del operador de 
sistemas de la guerra de la aviación la 2da de Burbank, California, 
habla con un representante local en la ciudad de Lamno, Sumatra sobre 
qué ayudante de la relevación es necesario.La clave Indonesia

El objetivo oculto de la cruzada "humanitaria" del Pentágono en Asia

 

 

(IAR-Noticias)  11-En-05    Por Manuel Freytas   

Despertando con tsunami

El maremoto del sudeste asiático lo sorprendió a Bush de vacaciones en su rancho de Texas, y en primer lugar, al despertarse, solo se enteró de que se trataba de la peor catástrofe natural de los últimos tiempos, una destrucción que no empalidece para nada los últimos genocidios del ejército norteamericano en Irak y en Afganistán.

Pero había algo más: sus estrategas en la Casa Blanca le hicieron ver enseguida que la tragedia de millones de personas y de tantos países era una oportunidad única para que EEUU levantara su imagen mundial, devaluada a sus niveles más bajos desde que Bush ocupa la presidencia, particularmente entre los países musulmanes, como Indonesia, una de las naciones más afectadas por la "ola asesina".

 

En esta dirección Washington movió rápidamente las piezas: Los ex presidentes (papá) Bush y Clinton salieron a "recolectar" dinero para las víctimas del tsunami, y la Casa Blanca movilizó su maquinaria mediática para difundir al mundo las características inéditas y espectaculares de la "operación humanitaria" norteamericana en el sudeste asiático.

 

La idea era "lavarle un poco la cara a Bush" y desplazarlos a la ONU y a  Kofi Annan (cuestionadores compulsivos de la ocupación de Irak) en los momentos cruciales para afrontar semejante emergencia, cuya puesta en escena principal fue la presencia en la zona de catástrofe del secretario de Estado, Colin Povell, recorriendo conmovido las zonas del desastre mientras decía “la destrucción (del maremoto) es peor que la guerra”.

 

Pero había algo más, un detalle sutil, que los consejeros militares del Pentágono deslizaron en los oídos de la Casa Blanca: el aprovechamiento geopolítico y militar de la catástrofe en el sudeste asiático, principalmente en el archipiélago indonesio, el mayor país musulmán del planeta, donde EEUU viene perdiendo influencia desde la invasión a Irak, en marzo del 2003.

 

Y, de la noche a a la mañana, se montó lo que los gurúes y funcionarios de Washington denominaron "la más grande operación humanitaria de las fuerzas armadas estadounidenses en el sudeste asiático desde la guerra de Vietnam”.

La misión "humanitaria" de la Séptima Flota

Portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln (CVN 72) en el Océano Índico, frente a las costas de Aceh, Indonesia, el 7 de enero de 2005 ( Foto de la Armada de EEUU)

 

 

 

 

 

 

 

El 29 de diciembre pasado, por medio de una conferencia de prensa, el Pentágono anunciaba la puesta en marcha de una de sus operaciones más grandes orientadas al  socorro humanitario de las víctimas del maremoto en el sudeste asiático.

En realidad, y según la estimación de los expertos, se trataba de la más  importante operación militar norteamericana en esta región desde la guerra de Vietnam.

En ese mismo anuncio, el teniente general James Conway, director de operaciones para el Jefe Adjunto de Personal, afirmó que para conocer la magnitud de la tragedia habían resuelto enviar grupos de expertos para evaluar el desastre en Tailandia, Sri Lanka e Indonesia.

El Pentágono señaló que la  operación se encontraba  bajo el mando y la supervisión del Comando Conjunto Norteamericano en el Pacífico (USCINCPAC), el cual ha encargado la ejecución de la operación a la Fuerza de Operaciones Conjunta (Joint Task Force) 536, de la Séptima Flota del Pacífico.

A la "operación humanitaria" -según el alto mando- fue asignado el portaviones nuclear, clase “Nimitz”, USS Abraham Lincoln, con seis mil hombres, y sus habituales "grupos de combate" compuestos por fragatas, cruceros y submarinos lanzamisiles, así como los aviones y helicópteros que componen la dotación de la nave.

A esta colosal maquinaria militar destinada a "prestar socorro humanitario" se agrega la poderosa nave de asalto anfibio USS Bonhomme Richard con su dotación completa de helicópteros y buques lanzamiles, que se encuentra anclada frente a las costas de la (petrolera) provincia de Aceh, en Indonesia, con miles de marines que ya comenzaron a desembarcar en "misión de socorro".

En la  gigantesca operación militar montada en el sudeste asiático -en misión humanitaria, según el Pentágono- las fuerzas  implicadas utilizan la base naval aérea de Thai, en la costa occidental de Tailandia, la misma base que cuarenta años atrás, sirviera de despegue para los bombarderos norteamericanos B-52 durante la Guerra de Vietnam.

Según el sitio Web de la Flota del Pacifico, en el impresionante despliegue militar para asistir con agua, alimentos, medicinas y atención médica a las víctimas del terremoto intervienen 15.000 marines de las fuerzas de combate.

Durante una conferencia de prensa en el Pentágono, el 4 de enero, el  jefe de operaciones navales, Vern Clark, negó ante los corresponsales que la misión humanitaria de la Flota del Pacífico tuviese implicancias militares como sugerían algunos medios y analistas norteamericanos.

"No incurran en ninguna equivocación, nosotros no estamos en guerra, añadió. Y agregó: "pensar en eso es faltar al grueso del mensaje que estoy enviando a nuestra gente".

Clark indicó que la operación respondía a las "necesidades humanitarias de ayuda" generadas por el tsunami , y que la armada norteamericana sólo estaba prestando un servicio responsable y flexible en los puntos de mayor incidencia de la catástrofe.

Esos puntos señalados por el Pentágono como el objetivo principal de su "operación humanitaria", se encuentran ubicados dentro de una región de alto valor estratégico: el archipiélago indonesio y sus áreas de influencia, vital para cualquier empresa militar de conquista del sudeste asiático.

La clave Indonesia

Indonesia es un archipiélago de gran relevancia estratégica para el control geopolítico y militar del   sudeste asiático.

Se encuentra en la bisagra entre el Índico y el Pacífico, por lo que le cruzan rutas marítimas internacionales importantísimas (en particular, el petróleo del Golfo hacia Japón y EEUU). Constituye la plataforma natural de proyección de China hacia el sur, así como una vía preferente de acceso a Australasia.

Por otro lado, Indonesia es uno de los mayores suministradores mundiales de materias primas (petróleo, gas natural, carbón, bauxita, oro), a lo que agrega su condición de cabeza del mundo musulmán y cuarto país más poblado del mundo.

Además, al mantener litigios territoriales con China y Malasia, el archipiélago indonesio posee un importante potencial exportador de inestabilidad y de conflictos hacia el sudeste asiático, que lo convierte en un bastión de importancia clave para el control geopolítico y estratégico-militar de la región.

Esto responde, en parte, la pregunta que se formulan los analistas frente al impresionante despliegue militar norteamericano con la Séptima Flota, escudado en el pretexto de brindar ayuda humanitaria  a las víctimas del maremoto.

Los "objetivos humanitarios"

Las zonas de mayor devastación por el maremoto de finales de diciembre son Sri Lanka, donde las últimas estimaciones dan más 40.000 muertos, y la provincia de Banda Aceh, en Indonesia, donde las víctimas fatales se estiman en más de 130.000.

En Sri Lanka, cuyo gobierno conducido por Chandrika Kumaratunga es incondicional a Washington, ya han desembarcado más de 1500 marines, con sus habituales equipamientos de combate y helicópteros lanzamisiles de apoyo, según dicen, para protección en un medio "hostil".

La guerrilla secesionista de los tamiles, señalada como "terrorista" y combatida por el gobierno de Sri Lanka,  denunció  que los soldados estadounidenses que llegaron al país no vienen a ayudar en las labores de rescate tras el sismo y maremoto, sino a ayudar al gobierno a derrotar  a los rebeldes.

“El intento de las fuerzas de Estados Unidos por desembarcar en Sri Lanka es algo... basado totalmente en sus intereses políticos y militares”, dijo el líder de la Organización pro Liberación Tamil Eelam, Nallathamby Srikantha a la radio Voice of Tigers, portavoz oficial de los rebeldes.

“Tenemos que pensar cómo los Estados Unidos, que todavía mantiene a los (Tigres Tamiles) en su lista terrorista.... utilizará sus militares aquí”, señaló la emisora rebelde.

Se refería a que Washington, hasta ahora, por vía de la CIA y otras agencias, presta ayuda financiera y entrenamiento al ejército y las fuerzas de seguridad del gobierno de Chandrika Kumaratunga, al que la tragedia le brinda la oportunidad de contar con las fuerzas norteamericanas en su territorio.

En cuanto a la rica provincia petrolera de Aceh, el otro objetivo estratégico de la operación militar "humanitaria" del Pentágono,  desde 1976 registra un fuerte conflicto separatista con el denominado Movimiento Aceh Libre (GAM).

La rica provincia de Aceh, la más afectada por el maremoto,  provee más de 30% del petróleo y el gas de Indonesia, y alcanza el  11% de las exportaciones totales del país.

La rebelión armada ha dado lugar a una guerra permanente del GAM contra el ejército  indonesio (entrenado y armado por EEUU desde la dictadura de Suharto), cuyos enfrentamientos han dejado miles de muertos entre la población civil.

La experiencia de Timor Oriental, que accedió a una breve independencia en 1976 después del abandono portugués y antes de la invasión indonesia, ha sido una referencia constante para el GAM, a tal punto que los momentos más dramáticos  del conflicto en Aceh han coincidido generalmente con los vividos en Timor (mediados-finales de los 70, principios de los 90 y finales del mismo año).

La ocupación colonialista de Indonesia en Timor Oriental, realizada por el  dictador Suharto, y apoyada por Estados Unidos y Australia, fue debido a la presencia de importantes reservas hidrocarburíferas en el Mar de Timor, así como la disputa sobre la Islas Spratley, unos islotes con reservas petroleras sobre las que reclaman derechos China, Vietnam, las Filipinas, Indonesia, Malasia y Brunei.

Además esta guerra separatista ha afectado numerosos intereses de corporaciones estadounidenses que operan en la región,  entre ellos, el de la multinacional  Exxon Mobil, interesada en "normalizar" la zona para evitar que se interrumpan sus operaciones petroleras.

La Exxon Mobil, la más importante multinacional petrolera de EEUU, fue constantemente acusada de financiar estructuras y centros clandestinos de operaciones y torturas contra los movimientos rebeldes que operan en sus áreas de desarrollo comercial, incluida Aceh, donde el ejército indonesio le brinda protección especial.

En el año 2001, The International Labor Rights Fund, una organización de derechos humanos con sede en Washington, interpuso una demanda basada en los abusos sufridos por 11 personas en la que se acusaba a la petrolera de dar apoyo material y logístico al ejército indonesio para violar, torturar y asesinar a civiles sospechosos de estar vinculados a los separatistas de Aceh.

Se responsabilizaba a la compañía de construir o permitir la utilización de edificios donde se interrogó, torturó y asesinó, proveer de excavadoras para que los militares construyeran cementerios donde enterrar a sus víctimas, y permitir que se usaran caminos abiertos por Exxon para llegar a esas tumbas.

Fuentes del GAM señalan que con los marines "socorristas" (con equipos y helicópteros de combate) ya se han infiltrado expertos de la CIA y de la inteligencia militar, cuya misión es crear incidentes o conflictos que "amenacen la seguridad" de las tropas  estadounidenses y a otros extranjeros que colaboran, y justifiquen el desembarco del grueso de las tropas que permanecen estacionadas  en la nave de asalto anfibio USS Bonhomme Richard anclada en las costas de Aceh.

Para la mayoría de los observadores en terreno, la magnitud del despliegue militar, la cantidad y calidad de los recursos militares y humanos empleados, señalan que la imponente fuerza de tareas norteamericana no vino para ayudar, sino para quedarse.

La hegemonía de Washington

Indonesia ingresó en 1997, con la llamada "crisis asiática", en un período social y políticamente explosivo marcado por el colapso económico, estallido de tensiones sociales, religiosas y étnicas, que arrojaron a millones de personas a los límites de la pobreza y dejaron un saldo trágico de miles de muertos.

El país, tras el derrocamiento de su prócer independentista durante la Guerra Fría, el presidente Sukarno, vivió durante 32 años bajo el régimen militar del general Suharto, un títere criminal  de Washington que consiguió a través de su gestión controlar el archipiélago y apoderarse de sus recursos naturales, sobre todo el petróleo, e instalar un ciclo de terror político en el cual se contabiliza, principalmente, la invasión y el genocidio en Timor Oriental.

La profunda crisis económica y financiera que azotó el país desde 1997, desembocó en protestas multitudinarias, primero en Yakarta y después en otros puntos del país, que obligaron a Washington a prescindir del general Suharto y a impulsar un proceso de "apertura democrática" tras la caída del dictador.

El 21 de mayo de 1998, Suharto dimitió, pero colocó a la cabeza del Estado a su segundo, B.J. Habibie, quien en octubre de 1999 llamó a elecciones, y fue elegido presidente Abdurrahman Wahid, conocido como Gus Dur, líder de la coalición de partidos musulmanes moderados.

Como vicepresidente, fue investida la hija de Sukarno, Megawati Sukarnoputri, quien asumiría la presidencia en el 2001, tras la renuncia  de Wahid forzada por un golpe parlamentario promovido por la Casa Blanca.

Tras el 11-S, en alianza con el gobierno de la hija de Sukarno, Megawati Sukarnoputri,  EEUU  precipitó un acuerdo político para la reinstalación de la "guerra contraterrorista" en el archipiélago del sudeste asiático.

Mediante un convenio formalizado en la Casa Blanca con Megawati, en septiembre de 2001, a días del atentado del 11-S,  el gobierno de Bush rearticuló el  IMET (programa de Entrenamiento y Formación Militar Internacional), mediante el cual el ejército indonesio de ocupación en Timor Oriental siguió recibiendo equipamiento y entrenamiento por parte de fuerzas especiales de EEUU y Australia, su socio más confiable en la región.

Con la hija de Sukarno en el gobierno, se reinstalaron a full las operaciones represivas contra Timor Oriental, y las guerrillas secesionistas de la provincias de Aceh y de Papúa Occidental.

Las violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército y las fuerzas de seguridad en las provincias de Aceh y Papúa Occidental, donde operan milicias separatistas, se agravaron desde que Megawati Sukarnoputri asumió la presidencia en el 2001.

Como parte del acuerdo en la Casa Blanca, el presidente Bush se comprometió a conseguir 130 millones de dólares  para Indonesia en concepto de ayuda bilateral, especialmente dirigida a ampliar el entrenamiento del ejército y de la policía, con el objetivo de exterminar a las guerrillas secesionistas, principalmente en la provincia de Aceh, donde tiene su base de operaciones la Exxon Mobil, la más grande multinacional petrolera estadounidense.

El que se encargó de que ese convenio siguiera funcionando como en la época del dictador Suharto fue el entonces ministro de Seguridad del gobierno de Megawati Sukarnoputri, el general retirado, Susilo Bambang Yudhoyono que en el 2004  se convirtió en presidente ganándole las elecciones a la hija de Sukarno.

Yudhoyono fue el coordinador de la "guerra contraterrorista" en Indonesia, articulada mediante operaciones encubiertas de la CIA con las FFAA y los servicios secretos indonesios, cuya culminación fue el atentado "terrorista" de Balí atribuido a la red Al Qaeda.

Reposicionamiento de Moscú

Un hombre en Sri Lanka reconstruye su hogarLa "luna de miel" entre Washington y Yakarta, nacida al calor del 11-S, se interrumpió cuando el gobierno de Indonesia conducido por Megawati reestableció sus contactos amistosos, comerciales y militares con Moscú,  cuya influencia en el archipiélago se había terminado con la irrupción de la larga dictadura pro-Washington de Suharto en Indonesia.

Durante su visita a Moscú en abril de 2001,Megawati Sukarnoputri, firmó un tratado de Amistad y Cooperación con el presidente Vladimir Putin , mediante el cual  compañías rusas suscribieron acuerdos con la industria del gas y el petróleo de Indonesia.

En el aspecto militar el acuerdo contemplaba que Rusia reforzaría la Fuerza Aérea de Indonesia, cuyos aparatos eran de fabricación norteamericana. Esto provocó una escasez de piezas de repuesto que impidió volar a 29 de los 46 aviones con que contaba la Fuerza Aérea del país.

Tras el convenio con Putin, las relaciones Washington-Yakarta sufrieron un "congelamiento", en tanto que Megawati Sukarnoputri se convirtió en la abanderada de las críticas a la invasión a Irak en preparación en Washington,  que levantaron  un sentimiento masivo anti-EEUU en el archipiélago, que generó marchas pacifistas masivas contra la guerra, en Yakarta.

El atentado explosivo en Bali, de octubre de 2002, que dejó un saldo de 181 muertos y 311 heridos, y fue adjudicado a la red Al Qaeda, tuvo como finalidad reinstalar en el principal país musulmán del planeta la "amenaza terrorista" y su correspondiente contrapartida: la guerra contraterrorista impulsada por Washington.

La CIA se valió de la policía y de los servicios secretos indonesios, controlados por el hoy presidente,  Susilo Bambang Yudhoyono, para crear una campaña de acción psicológica "terrorista" orientada a neutralizar las críticas contra la invasión a Irak, provenientes del mundo musulmán.

"Los ataques con bomba en Bali están vinculados con Al-Qaeda", dijo el ministro de defensa en una conferencia de prensa tras una reunión especial del gabinete presidida por la presidenta indonesia, Magewati Soekarnoputri.

Tras el atentado en Bali la inteligencia norteamericana creó un clima de "psicosis terrorista" que permitió a Washington recuperar parte de su influencia perdida sobre el gobierno de Yakarta y sus fuerzas armadas.

La operación tuvo su culminación exitosa cuando, en noviembre del año pasado, el leal agente de la CIA, general Susilo Bambang Yudhoyono, le ganó las elecciones a Magewati Soekarnoputri y se coronó presidente de Indonesia asesorado por un equipo de expertos en campaña electoral del Departamento de Estado, coordinado por el segundo de Powell, Richard Armitage.

Putin y Moscú, tras 17 meses de campaña de la CIA y el Departamento de Estado, quedaron nuevamente desplazados del escenario político y militar indonesio.

El hecho consumado

El Pentágono y el Comando central del Pacifico informaron que tienen previsto 30 días de operaciones de la fuerza "humanitaria", pero es muy probable -estiman expertos en Washington- que la estadía se prolongue por tiempo indefinido en prevención de eventuales conflictos "terroristas", u otros acontecimientos,  que amenacen a la "paz" en las zonas del desastre.

La mayoría de los especialistas coinciden en que la catástrofe sísmica del sudeste asiático, del cual Indonesia fue la principal afectada con 130.000 muertos, le permitió a Washington consolidar su dominio sobre el archipiélago mediante la "ocupación militar encubierta" montada en la ayuda solidaria a la zona de catástrofe.

Mediante esta operación, en forma unilateral, y a la vista de todo el planeta, el Pentágono se constituyó en una virtual "fuerza militar de paz" pasando por encima de la ONU y de la OTAN, sus tradicionales aliados "multilaterales" en otras experiencias de invasión militar como la de Yugoslavia durante la administración Clinton.

Bush y los halcones, y sin que nadie reaccione, desplegaron con total impunidad una poderosa fuerza estratégica de combate en una región clave para el control geopolítico y militar del sudeste asiático que, sin la mediación de la catástrofe sísmica, hubiera producido una reacción inmediata en las otras potencias involucradas en la región.

Washington cuenta en esta maniobra con la complicidad de los gobiernos de Sri Lanka e Indonesia, a los cuales la presencia efectiva de las tropas norteamericanas en su territorio les garantiza un futuro control y exterminio de las guerrillas secesionistas a las que sus ejércitos se ven impotentes para destruir.

La sola autorización de esos gobiernos a la presencia de los marines norteamericanos en sus territorios en misión de "ayuda solidaria", legitima el despliegue y la permanencia del dispositivo  militar de la Flota del Pacífico en sus costas.

Australia, principal potencia militar aliada de EEUU en el área, ubicada en un enclave estratégico, apoya con hombres, bases  y equipos militares a la "misión humanitaria" del Pentágono.

Toda esta confluencia de actores, circunstancias, y tragedia humana colectiva de los más desposeídos de la tierra, sirvieron, una vez más, para que Bush y los halcones sigan cumpliendo con su misión de garantizar militarmente mercados y recursos naturales para el capitalismo norteamericano.

Si los hechos se desarrollan como tienen pensado, será la primera vez que el Imperio americano pone militarmente sus pies en una región, sin disparar un sólo tiro.

Veremos que dicen en los próximos días Rusia, Japón  y China que, por ahora, observaron calladitos el festival "humanitario" de los marines en una región donde abunda lo que ellos más desean: petróleo.
 

 VOLVER A HOME

comentar esta nota

© Copyright 2003  iarnoticias.com | Derechos reservados | Director Rodrigo Guevara

 

Se autoriza el libre uso, impresión y distribución de toda la información editada, siempre y cuando no sea utilizada para fines comerciales y sea citada la fuente.

contactos@iarnoticias.com