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(IAR-Noticias) 11-En-05 Por
Manuel Freytas
Despertando con tsunami
El
maremoto del sudeste asiático lo sorprendió a Bush
de
vacaciones en su rancho de
Texas, y en primer
lugar, al despertarse, solo se enteró de que se trataba de
la peor catástrofe natural de los últimos tiempos,
una destrucción que no empalidece para nada los últimos
genocidios del ejército norteamericano en Irak y en
Afganistán.
Pero había algo
más:
sus estrategas en la Casa Blanca
le hicieron ver enseguida
que la
tragedia de millones de personas y de tantos
países
era una oportunidad única
para que EEUU levantara su
imagen mundial, devaluada a sus niveles más bajos desde que Bush ocupa la
presidencia, particularmente
entre los países musulmanes, como Indonesia, una de las naciones más
afectadas por la "ola asesina".
En esta dirección
Washington movió rápidamente las piezas: Los ex presidentes (papá) Bush y
Clinton salieron a "recolectar" dinero para las víctimas del tsunami, y la Casa
Blanca movilizó su maquinaria mediática para difundir al mundo las
características inéditas y espectaculares de la "operación humanitaria"
norteamericana en el sudeste asiático.
La idea era "lavarle un poco la cara a Bush" y desplazarlos a la
ONU y a Kofi Annan
(cuestionadores compulsivos de la ocupación de Irak) en los momentos cruciales
para afrontar semejante emergencia, cuya puesta en escena principal fue
la presencia en la zona de catástrofe del secretario de Estado, Colin Povell,
recorriendo conmovido las zonas del desastre mientras decía
“la destrucción (del maremoto) es peor que la guerra”.
Pero había algo más,
un detalle sutil, que los consejeros militares del Pentágono deslizaron en los
oídos de la Casa Blanca: el aprovechamiento geopolítico y militar de la
catástrofe en el sudeste asiático, principalmente en el archipiélago
indonesio, el mayor país musulmán del planeta, donde EEUU viene perdiendo
influencia desde la invasión a Irak, en marzo del 2003.
Y, de la noche a a la
mañana, se montó lo que los gurúes y funcionarios de Washington denominaron
"la más grande operación
humanitaria de las fuerzas armadas
estadounidenses en el sudeste asiático desde la guerra de Vietnam”.
La misión "humanitaria" de la
Séptima Flota
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Portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln (CVN 72) en
el Océano Índico, frente a las costas de Aceh,
Indonesia, el 7 de enero de 2005 ( Foto de la Armada
de EEUU) |
El 29 de diciembre pasado,
por medio de una conferencia de prensa, el
Pentágono anunciaba la puesta en marcha de una de sus operaciones más
grandes orientadas al socorro humanitario
de las víctimas del maremoto en el
sudeste asiático.
En realidad, y según la estimación de los expertos, se trataba de la más
importante operación militar norteamericana en esta
región desde la guerra de Vietnam.
En ese mismo anuncio, el teniente general James Conway, director de operaciones
para el Jefe Adjunto de Personal, afirmó que para conocer la
magnitud de la tragedia habían
resuelto enviar grupos de expertos para
evaluar el desastre en Tailandia, Sri
Lanka e Indonesia.
El Pentágono señaló
que la operación se encontraba bajo
el mando y la supervisión del Comando Conjunto
Norteamericano en el Pacífico (USCINCPAC), el cual ha encargado la ejecución de la
operación a la Fuerza de Operaciones Conjunta (Joint Task Force) 536,
de la Séptima Flota del Pacífico.
A la "operación
humanitaria" -según el alto mando- fue
asignado el portaviones nuclear, clase
“Nimitz”, USS Abraham Lincoln,
con seis mil hombres, y sus habituales "grupos de combate" compuestos por
fragatas, cruceros y submarinos lanzamisiles, así como los aviones y
helicópteros que componen la dotación de la nave.
A esta colosal
maquinaria militar destinada a "prestar socorro humanitario" se agrega la
poderosa nave de asalto anfibio USS Bonhomme Richard
con su dotación completa de helicópteros y buques lanzamiles,
que se encuentra anclada frente a las costas de la (petrolera) provincia de
Aceh, en Indonesia, con miles de marines que ya comenzaron a desembarcar en
"misión de socorro".
En la
gigantesca operación militar montada en el sudeste asiático -en misión
humanitaria, según el Pentágono- las fuerzas implicadas
utilizan la base naval aérea de Thai, en la
costa occidental de Tailandia, la misma base que cuarenta
años atrás, sirviera de despegue para los bombarderos norteamericanos B-52
durante la Guerra de Vietnam.
Según el sitio Web de
la Flota del Pacifico, en el impresionante despliegue militar para asistir con
agua, alimentos, medicinas y atención médica a las víctimas del terremoto
intervienen 15.000 marines de las fuerzas de combate.
Durante una conferencia de prensa en
el Pentágono, el 4 de enero, el jefe de operaciones navales, Vern Clark,
negó ante los corresponsales que la misión humanitaria de la Flota
del Pacífico
tuviese implicancias militares como sugerían algunos
medios y analistas norteamericanos.
"No incurran en ninguna equivocación,
nosotros no estamos en guerra, añadió. Y agregó: "pensar en eso es faltar al
grueso del mensaje que estoy enviando a nuestra gente".
Clark indicó que la operación
respondía a las "necesidades humanitarias de ayuda" generadas por el tsunami , y
que la armada norteamericana sólo estaba prestando un servicio responsable y
flexible en los puntos de mayor incidencia de la catástrofe.
Esos puntos señalados
por el Pentágono como el objetivo principal de su "operación humanitaria", se
encuentran ubicados dentro de una región de alto valor estratégico: el
archipiélago indonesio y sus áreas de influencia, vital para cualquier
empresa militar de conquista del sudeste asiático.
La clave
Indonesia
Indonesia es un archipiélago de gran relevancia estratégica para el
control geopolítico y militar del sudeste asiático.
Se encuentra
en la bisagra entre el Índico y el Pacífico, por lo que le cruzan rutas
marítimas internacionales importantísimas (en particular, el petróleo del Golfo
hacia Japón y EEUU). Constituye la plataforma natural de proyección de China
hacia el sur, así como una vía preferente de acceso a Australasia.
Por otro
lado, Indonesia es uno de los mayores suministradores mundiales de materias primas
(petróleo, gas natural, carbón, bauxita, oro), a lo que agrega su condición de
cabeza del mundo musulmán y cuarto
país más poblado del mundo.
Además, al mantener litigios territoriales con China y
Malasia, el archipiélago indonesio posee un importante potencial exportador de inestabilidad
y de conflictos hacia el sudeste
asiático, que lo convierte en un bastión de importancia clave para el control
geopolítico y estratégico-militar de la región.
Esto responde, en parte, la
pregunta que se formulan los analistas frente al impresionante
despliegue militar
norteamericano con la Séptima Flota, escudado en el pretexto de brindar ayuda
humanitaria a las víctimas del maremoto.
Los "objetivos
humanitarios"
Las zonas de mayor devastación
por el maremoto de finales de diciembre son Sri Lanka,
donde las últimas estimaciones dan más 40.000 muertos, y la provincia de
Banda Aceh,
en Indonesia, donde las víctimas fatales se estiman en más de 130.000.
En Sri Lanka, cuyo
gobierno conducido por Chandrika Kumaratunga
es incondicional a Washington, ya han desembarcado más de 1500 marines,
con sus habituales equipamientos de combate y helicópteros lanzamisiles de
apoyo, según dicen, para protección en un medio "hostil".
La guerrilla
secesionista de los tamiles,
señalada como "terrorista" y combatida por el gobierno de Sri Lanka, denunció
que los soldados
estadounidenses que llegaron al país no vienen a ayudar en las labores de
rescate tras el sismo y maremoto, sino a ayudar al gobierno a
derrotar a los
rebeldes.
“El intento de las fuerzas
de Estados Unidos por desembarcar
en Sri Lanka es algo... basado totalmente en sus intereses políticos y
militares”, dijo el líder de la Organización pro Liberación Tamil Eelam,
Nallathamby Srikantha a la radio Voice of Tigers, portavoz oficial de los
rebeldes.
“Tenemos que pensar cómo los Estados Unidos, que todavía mantiene a los (Tigres
Tamiles) en su lista terrorista.... utilizará sus militares aquí”,
señaló la emisora rebelde.
Se refería a que
Washington, hasta ahora, por vía de la CIA y otras agencias, presta ayuda
financiera y entrenamiento al ejército y las fuerzas de seguridad del
gobierno de Chandrika Kumaratunga,
al que la tragedia le brinda la oportunidad de
contar con las fuerzas norteamericanas en su territorio.
En cuanto a la rica
provincia petrolera de Aceh, el otro objetivo estratégico de la operación
militar "humanitaria" del Pentágono, desde 1976 registra un fuerte
conflicto separatista con el denominado Movimiento Aceh
Libre (GAM).
La rica provincia de
Aceh, la más afectada por el maremoto, provee
más de 30% del
petróleo y el gas de Indonesia, y alcanza el 11% de las exportaciones
totales del país.
La rebelión armada ha dado
lugar a una guerra permanente del
GAM contra el ejército indonesio (entrenado y
armado por EEUU desde la dictadura de Suharto), cuyos enfrentamientos
han dejado miles de muertos entre
la población civil.
La experiencia de Timor Oriental, que
accedió a una breve independencia en 1976 después del abandono portugués y antes
de la invasión indonesia, ha sido una referencia constante para el GAM,
a tal punto que los momentos más
dramáticos del conflicto en Aceh han coincidido generalmente con
los vividos en Timor (mediados-finales de los 70, principios de los 90 y finales
del mismo año).
La ocupación colonialista de
Indonesia en Timor Oriental, realizada por el dictador
Suharto, y apoyada por Estados Unidos y Australia, fue debido a
la presencia de importantes reservas hidrocarburíferas en el Mar de Timor,
así como la disputa sobre la Islas Spratley, unos islotes con reservas
petroleras sobre las que reclaman derechos China, Vietnam, las Filipinas,
Indonesia, Malasia y Brunei.
Además esta guerra separatista ha afectado
numerosos intereses de corporaciones
estadounidenses que operan en la región, entre
ellos, el de la multinacional Exxon Mobil, interesada en
"normalizar" la zona para evitar que
se interrumpan sus operaciones petroleras.
La Exxon Mobil,
la más importante multinacional petrolera de EEUU, fue constantemente acusada de
financiar estructuras y centros clandestinos de operaciones y torturas
contra los movimientos rebeldes que operan en sus áreas de desarrollo comercial,
incluida Aceh, donde el ejército indonesio le brinda protección especial.
En
el año 2001, The International Labor Rights Fund, una organización
de derechos humanos con sede en Washington, interpuso una
demanda basada en los abusos sufridos por 11 personas en la que se acusaba
a la petrolera de dar apoyo material y logístico al ejército
indonesio para violar, torturar y asesinar a civiles sospechosos de estar
vinculados a los separatistas de Aceh.
Se
responsabilizaba a la compañía de
construir o permitir la utilización de edificios donde se interrogó, torturó y
asesinó, proveer de excavadoras para que los militares construyeran cementerios
donde enterrar a sus víctimas, y permitir que se usaran
caminos abiertos por Exxon para llegar a esas tumbas.
Fuentes del GAM
señalan que con los marines "socorristas" (con equipos y helicópteros de
combate) ya se han infiltrado expertos de la CIA y de la inteligencia
militar, cuya misión es crear incidentes o conflictos que "amenacen la
seguridad" de las tropas estadounidenses y a otros extranjeros que
colaboran, y justifiquen el desembarco del grueso de las tropas que permanecen
estacionadas en la nave de asalto anfibio
USS Bonhomme Richard anclada en las costas de Aceh.
Para la mayoría de
los observadores en terreno, la magnitud del despliegue militar, la cantidad y
calidad de los recursos militares y humanos empleados, señalan que la imponente
fuerza de tareas norteamericana no vino para ayudar, sino para quedarse.
La hegemonía de
Washington

Indonesia ingresó en 1997, con la llamada "crisis asiática", en un período
social y políticamente explosivo marcado por el colapso económico, estallido de
tensiones sociales, religiosas y
étnicas, que arrojaron a millones de personas a los límites de la pobreza y
dejaron un saldo trágico de miles de muertos.
El país, tras el derrocamiento de su prócer independentista durante la Guerra
Fría, el presidente Sukarno, vivió durante 32 años bajo el régimen militar del general
Suharto,
un títere criminal de Washington que consiguió a través de su gestión
controlar el archipiélago y apoderarse de sus recursos naturales, sobre todo el
petróleo, e instalar un ciclo de terror político en el cual se contabiliza,
principalmente, la invasión y el genocidio en Timor Oriental.
La profunda crisis
económica y financiera que azotó el país desde 1997, desembocó en
protestas multitudinarias, primero en Yakarta y después en otros puntos del
país, que obligaron a Washington a prescindir del general Suharto y a
impulsar un proceso de "apertura democrática" tras la caída del dictador.
El 21 de mayo de 1998, Suharto dimitió, pero colocó a
la cabeza del Estado a su segundo, B.J. Habibie, quien en octubre de 1999 llamó
a elecciones, y fue elegido presidente Abdurrahman Wahid, conocido como Gus Dur, líder de la coalición de
partidos musulmanes moderados.
Como vicepresidente, fue investida la hija de Sukarno, Megawati Sukarnoputri,
quien asumiría la presidencia en el 2001, tras la renuncia de Wahid
forzada por un golpe parlamentario promovido por la Casa Blanca.
Tras el 11-S, en alianza
con el gobierno de la hija de Sukarno, Megawati Sukarnoputri, EEUU
precipitó un acuerdo político para la reinstalación de la "guerra
contraterrorista" en el archipiélago del sudeste asiático.
Mediante un convenio formalizado
en la Casa Blanca con Megawati, en septiembre de 2001, a días del
atentado del 11-S, el gobierno de Bush
rearticuló el IMET (programa de Entrenamiento y
Formación Militar Internacional), mediante el cual el ejército indonesio de
ocupación en Timor Oriental siguió recibiendo equipamiento y entrenamiento
por parte de fuerzas especiales de EEUU y Australia, su socio más confiable
en la región.
Con la hija de Sukarno
en el gobierno, se reinstalaron a full las operaciones represivas contra Timor Oriental, y las guerrillas secesionistas de la provincias de Aceh y de Papúa
Occidental.
Las violaciones de derechos humanos
cometidas por el ejército y las fuerzas de seguridad en las provincias de Aceh y
Papúa Occidental, donde operan milicias separatistas, se agravaron desde que Megawati Sukarnoputri asumió la presidencia
en el 2001.
Como parte del acuerdo en la Casa
Blanca, el presidente
Bush se comprometió a conseguir 130 millones de dólares para Indonesia en
concepto de ayuda bilateral, especialmente dirigida a ampliar el
entrenamiento del ejército y de la policía, con el objetivo de exterminar a
las guerrillas secesionistas, principalmente en la provincia de Aceh, donde
tiene su base de operaciones la Exxon Mobil, la más grande multinacional
petrolera estadounidense.
El que se encargó de que ese
convenio siguiera funcionando como en la época del dictador Suharto fue el
entonces ministro de Seguridad del gobierno de
Megawati Sukarnoputri, el general
retirado,
Susilo Bambang Yudhoyono que en el 2004 se
convirtió en presidente ganándole las elecciones a la hija de Sukarno.
Yudhoyono fue el coordinador de la "guerra
contraterrorista" en Indonesia, articulada mediante operaciones encubiertas
de la CIA con las FFAA y los servicios secretos indonesios, cuya
culminación fue el atentado "terrorista" de Balí atribuido a la red Al Qaeda.
Reposicionamiento de
Moscú
La "luna de
miel" entre Washington y Yakarta, nacida al calor del 11-S, se interrumpió
cuando el gobierno de Indonesia conducido por Megawati reestableció sus
contactos amistosos, comerciales y militares con Moscú, cuya
influencia en el archipiélago se había terminado con la irrupción de la larga
dictadura pro-Washington de Suharto en Indonesia.
Durante
su visita a Moscú en abril de 2001,Megawati Sukarnoputri, firmó
un tratado de Amistad y Cooperación con el
presidente Vladimir Putin , mediante el
cual compañías rusas suscribieron acuerdos con la industria del gas y el petróleo de
Indonesia.
En
el aspecto militar el acuerdo contemplaba que Rusia reforzaría la Fuerza Aérea de Indonesia,
cuyos aparatos eran de fabricación norteamericana.
Esto provocó una escasez de piezas de repuesto que impidió volar a 29 de los 46
aviones con que contaba la Fuerza Aérea del país.
Tras el convenio con Putin, las
relaciones Washington-Yakarta sufrieron un "congelamiento", en tanto que
Megawati Sukarnoputri se convirtió en la
abanderada de las críticas a la invasión a Irak en preparación en
Washington, que levantaron un sentimiento masivo anti-EEUU en el
archipiélago, que generó marchas pacifistas masivas contra la guerra, en
Yakarta.
El atentado explosivo en Bali,
de octubre de 2002, que dejó un saldo de 181 muertos y 311
heridos, y fue adjudicado a la red Al Qaeda, tuvo como finalidad reinstalar en
el principal país musulmán del planeta la "amenaza terrorista" y su
correspondiente contrapartida: la guerra contraterrorista impulsada por
Washington.
La CIA se valió
de la policía y de los servicios secretos indonesios, controlados por el hoy
presidente,
Susilo Bambang Yudhoyono,
para crear una campaña de acción psicológica "terrorista" orientada a
neutralizar las críticas contra la invasión a Irak, provenientes del mundo
musulmán.
"Los ataques
con bomba en Bali están vinculados con Al-Qaeda", dijo el ministro de defensa en
una conferencia de prensa tras una reunión especial del gabinete presidida por
la presidenta indonesia, Magewati Soekarnoputri.
Tras el
atentado en Bali la inteligencia norteamericana creó un clima de "psicosis
terrorista" que permitió a Washington recuperar parte de su influencia
perdida sobre el gobierno de Yakarta y sus fuerzas armadas.
La operación
tuvo su culminación exitosa cuando, en noviembre del año pasado, el leal
agente de la CIA, general
Susilo Bambang Yudhoyono,
le ganó las elecciones a
Magewati
Soekarnoputri y se coronó presidente de Indonesia asesorado por un equipo de
expertos en campaña electoral del Departamento de Estado, coordinado por el
segundo de Powell, Richard Armitage.
Putin y Moscú,
tras 17 meses de campaña de la CIA y el Departamento de Estado, quedaron
nuevamente desplazados del escenario político y militar indonesio.
El hecho consumado
El Pentágono y el
Comando central del Pacifico informaron que tienen previsto 30 días de
operaciones de la fuerza "humanitaria", pero es muy probable -estiman expertos
en Washington- que la estadía se prolongue por tiempo indefinido en
prevención de eventuales conflictos "terroristas", u otros
acontecimientos, que amenacen a la "paz" en las zonas del desastre.
La
mayoría de los especialistas coinciden en que la catástrofe
sísmica del sudeste asiático, del cual Indonesia fue la
principal afectada con 130.000 muertos, le permitió a Washington consolidar su
dominio sobre el archipiélago mediante la "ocupación militar
encubierta" montada en la ayuda solidaria
a
la zona de catástrofe.
Mediante esta operación, en forma unilateral, y a la vista de todo el planeta,
el Pentágono se constituyó en una virtual "fuerza militar de paz" pasando
por encima de la ONU y de la OTAN, sus tradicionales aliados "multilaterales" en
otras experiencias de invasión militar como la de Yugoslavia durante la
administración Clinton.
Bush y los halcones, y sin que nadie reaccione, desplegaron con total impunidad
una poderosa fuerza estratégica de combate en una región clave para el
control geopolítico y militar del sudeste asiático que, sin la mediación de
la catástrofe sísmica, hubiera producido una reacción inmediata en las otras
potencias involucradas en la región.
Washington cuenta en esta maniobra con la complicidad de los gobiernos de Sri
Lanka e Indonesia, a los cuales la presencia efectiva de las tropas
norteamericanas en su territorio les garantiza un futuro control y exterminio de
las guerrillas secesionistas a las que sus ejércitos se ven impotentes para
destruir.
La
sola autorización de esos gobiernos a la presencia de los marines
norteamericanos en sus territorios en misión de "ayuda solidaria", legitima
el despliegue y la permanencia del dispositivo militar de la Flota del
Pacífico en sus costas.
Australia, principal potencia militar aliada de EEUU en el área, ubicada en un
enclave estratégico, apoya con hombres, bases y equipos militares a la
"misión humanitaria" del Pentágono.
Toda esta confluencia de actores, circunstancias, y tragedia humana colectiva de
los más desposeídos de la tierra, sirvieron, una vez más, para que Bush y los
halcones sigan cumpliendo con su misión de garantizar militarmente
mercados y recursos naturales para el capitalismo norteamericano.
Si
los hechos se desarrollan como tienen pensado, será la primera vez que el
Imperio americano pone militarmente sus pies en
una región, sin disparar un sólo tiro.
Veremos que dicen
en los próximos días Rusia, Japón y China que, por ahora, observaron
calladitos el festival "humanitario" de los marines en una región donde abunda
lo que ellos más desean: petróleo.
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