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Tuesday, 29 de March de 2005

 

La nueva "Guerra Fría"

Kirguizistán: Integrismo islámico, narcotráfico,y disputa estratégica entre EEUU y Rusia

El integrismo islámico, los intereses de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltrados por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y EEUU por áreas de influencia, son factores esenciales que  cuentan en el conflicto que ha terminado (por ahora) con un nuevo gobierno en Kirguizistán. Todo este cóctel, agregado a las divisiones políticas existentes, alimentan temores de una guerra civil  manipulada tanto por  Washington como por Moscú. 

 

(IAR-Noticias)  29-Mar-05   

El conflicto desatado en Kirguizistán, país centroasiático con poco más de cinco millones de habitantes, sigue la metodología de rebeliones que están dando la vuelta a los regímenes poscomunistas implantados tras la desintegración de la URSS.

Los opositores afirmaron que hubo fraude electoral en las elecciones parlamentarias.

El jueves pasado, y tras un estallido de marchas y protestas desatadas después de los comicios parlamentarios acusados de fraudulentos, la oposición tomó la sede del gobierno hasta entonces conducido  por el ex líder comunista Askar Akáyev, quien señaló su destitución como un "golpe de Estado".

Uno de los líderes opositores, Kurmanbek Bakiyev, fue nombrado por el Parlamento como presidente interino y prometió celebrar nuevas elecciones, en tanto continúan  los desordenes y saqueos.

El representante de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Kirguizistán, Marcus Muller, ha puesto en duda la viabilidad de celebrar presidenciales el próximo 26 de junio.

Miles de manifestantes protestaron este sábado en Bishkek, la capital por el derribo del presidente Askar Akayev,  y ya hay temor a una guerra civil en el país, según la BBC y otras agencias internacionales.

Akayev, denunció  que las manifestaciones populares que lo derrocaron fueron  "dirigidas y financiadas desde el extranjero", como ocurrió con las llamadas "revolución de terciopelo" en Georgia (2003) y "revolución naranja" en Ucrania (2004), que luego de semanas de movilización terminaron con regímenes instalados desde el fin de la URSS, a principios de la década del 90.

Washington, acusado de promover la rebelión con la CIA, ya anunció su apoyo a la nueva administración señalando  que es gratificante ver cómo los eventos en Kirguizistán transcurren "hacia un proceso democrático y un gobierno estable".

Tanto en Ucrania como en Georgia (y anteriormente en Serbia) los EEUU y la Unión Europea apoyaron abiertamente  los "cambios de régimen" con candidatos prooccidentales y pro-Washington como es el caso de Viktor Shuchenco cuya campaña fue financiada por George Soros, en tanto que un equipo del Departamento de Estado se encargaba de su imagen y de su campaña contra el candidato pro-ruso.

Estas "revoluciones" de colores (llamada "rosa" en Georgia o "naranja" en Ucrania) estaban apuntaladas por movilizaciones   relativamente pacíficas y no apuntaban a destruir al Estado o al capitalismo sino a abrir las puertas a una mayor liberalización política y económica en los términos que plantean Washington y Occidente.

En general los  gobernantes depuestos mantenían una línea pro-rusa y ejecutaban una serie de restricciones al mercado y a la inversión extranjera o tenían una política exterior crítica a Washington.

El temor con la revuelta de Kirguizistán es que el ˜contagio democrático" puede acabar desestabilizando los vecinos Kazakistán, Uzbekistán y Tadjikistán,donde hay regímenes represivos, fuerte presencia integrista islámica y en el último ha habido una sangrienta guerra civil.

La estrategia de Washington ha tomado con cierta cautela el cambio de gobierno pues teme que el proceso pueda devenir en incontrolable y afecte al Asia Central, una región explosiva por la presencia de gas, droga y fundamentalismo.

Rusia, en tanto, víctima política principal del efecto dominó de revueltas que se contagia por las ex repúblicas soviéticas mantuvo cautela, y solo ensayó un formal pedido para que las fracciones en pugna "pacifiquen el país".

Los intereses de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y EEUU por áreas de influencia, son factores esenciales que  cuentan en el conflicto que ha terminado (por ahora) con un nuevo gobierno en Kirguizistán.

Parte de las ex repúblicas comunistas que conformaron la Unión Soviética -y el Pacto de Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN., la fuerza militar liderada por Estados Unidos que nació para combatir la expansión militar del ex Imperio Soviético del que formaban parte estos flamantes miembros de la alianza atlántica.

Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por EEUU primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia.

Con la ampliación de la OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este, EEUU consiguió  la consolidación de su poder geopolítico y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, que ve afectadas sus fronteras por la nueva coalición, a la que un periodista sugirió cambiar el nombre de "Alianza del Tratado del Atlántico Norte, por el de "Alianza Terrorista del Atlántico Norte".

Este marco de disputa de EEUU y Rusia por áreas de influencia en los ex enclaves soviéticos vincula a la crisis en Kirguizistán con los últimos cambios políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia.

Algunos dirigentes rusos sostienen que las revueltas opositoras están motorizadas por Occidente, más precisamente por Washington y la Unión Europea. También hay que destacar el choque de intereses geopolíticos entre Rusia y EEUU en Asia Central, que ahora se traslada a Kirguizistán  donde ambas potencias poseen sendas bases militares.

Akayev gobernó Kirguizistán desde 1990.

El país de cinco millones de habitantes limita con China y se encuentra en una región rica en recursos energéticos, en la que Washington y Moscú compiten por aumentar su influencia, manteniendo sus bases militares en las afueras de la capital.

El salario promedio es de 4 dólares y hay una gran variedad de grupos étnicos que en diferentes momentos históricos encendieron choques, algunos muy violentos. Los musulmanes sunnitas son el 75% de la población.

Además, Kirguizistán está en "la región más densamente poblada y pobre de Asia Central, y es un semillero de fundamentalismo islámico", según explica Dovlat Quadrat, del Servicio de Asia Central de la BBC.

Kirguizistán comparte el valle Ferganá con Uzbekistán y Tayikistán, la zona más pobre y más poblada de Asia Central. Este amplio valle es un hervidero de clanes dedicados al contrabando de droga y armas y de grupos radicales islámicos, que pretenden crear un califato musulmán en la región y acabar con los regímenes actuales.

El valle de Ferganá es también una ruta del narcotráfico desde Afganistán, que tuvo un gran aumento en su producción de opio el año pasado.

Por ello las mafias criminales relacionadas con el contrabando de drogas (infiltradas por la CIA y por los servicios secretos rusos) pueden estar interesadas en la desestabilización del país potenciando los desórdenes masivos.

Este amplio valle es un hervidero de clanes dedicados al contrabando de droga y armas mediante los cuales se financian sus operaciones, que pretenden crear un califato musulmán en la región y acabar con los regímenes actuales.

Desde la guerra para expulsar a los rusos de Afganistán, en la década del ochenta, estos grupos fundamentalistas islámicos vienen siendo infiltrados por la CIA mediante la red Al Qaeda de Bin Laden primero, y por los servicios secretos pakistaníes que cumplen una función de enlace entre esas organizaciones y la Agencia norteamericana.

Grupos integristas como Hizb-ut-Tahrir y el Movimiento Islámico de Uzbekistán, que fue aliado del régimen talibán afgano, no tienen mucha influencia entre los kirguises, pero sí entre los uzbekos, y en 1999 y 2000 protagonizaron incursiones armadas en Kirguizistán, que fueron neutralizadas por tropas kirguises, uzbekas y rusas.

Líderes opositores en la oficina del ex presidente Askar Akayev

Líderes de la oposición afirman que tienen el país bajo control.

Las empobrecidas regiones del sur de Kirguizistán están separadas por altas cordilleras montañosas de la próspera mitad norte del país, que tienen un carácter más próximo a Rusia. Durante la era soviética los líderes del Partido Comunista kirguiz eran alternativamente elegidos por Moscú entre oriundos del norte y del sur para no soliviantar a ninguna comunidad.

La islamización de los discursos políticos de la oposición es especialmente fuerte en la comunidad minoritaria uzbeka asentada principalmente en el sur del país y totalmente excluida de las instancias de poder nacionales y regionales.

Precisamente, el sur es la zona más pobre del país y es donde comenzó la revuelta que el jueves pasado terminó con un golpe de Estado y el derrocamiento del presidente Akáyev.

En esa zona más de la mitad de la población es uzbeka, lo que hace temer el estallido de un conflicto étnico como el que surgió en la ciudad de Osh a principios de los 90, cuando los enfrentamientos entre las comunidades kirguiz y uzbeka dejaron centenares de muertos.

El apoyo del que se benefició el hoy derrocado presidente Askar Akáyev, que ha gobernado desde la caída del régimen soviético en 1990, se limita al círculo restringido de las nuevas clases sociales enriquecidas en la capital, Bishkek.

Entretanto, el depuesto mandatario dijo que su salida del gobierno es "inconstitucional" y que su estadía fuera del país es "temporal".

La oposición formó el Consejo Coordinador de Unidad Popular (CCUP), que cumplirá las funciones del gabinete de ministros, en un intento de reunir a varios grupos opositores al gobierno.

Aunque la chispa que detonó las manifestaciones fueron las acusaciones de fraude en los recientes comicios parlamentarios, según los corresponsales en la región existe un descontento generalizado por la pobreza, el desempleo y la corrupción oficial que posibilitaron la pueblada.

Antes de la toma del gobierno las  protestas abarcaban casi la mitad del país y el presidente, Askar Akayev, destituyó al Jefe de Policía y al fiscal general,  en tanto el Primer ministro buscaba negociar con la oposición.

La oposición en el gobierno se encuentra dividida, no hay interlocutores válidos, y la disputa por áreas de influencia entre Washington y Moscú hace presagiar a los analistas que en Kuguizistán el pronóstico de una guerra civil no resulta exagerado.

 

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