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Friday, 15 de April de 2005

 

La nueva "Guerra Fría"

Rumsfeld viajó a Kirguistán para "bajar línea" y fortificar el enclave militar de EEUU

El jefe del Pentágono aterrizó de "sorpresa" en Kirguistán donde el mes pasado la CIA armó su tercera revuelta "naranja" (similar a las de Georgia y Ucrania)  para derrocar a un presidente pro-ruso instalado desde la Guerra Fría. Situado en el centro operacional de las redes de la
droga y el tráfico de armas
infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, Kirguistán representa para Washington un importante enclave de control estratégico en la región con proyección hacia Afganistán. En la región, atenazada por el fundamentalismo islámico y la pobreza, todavía  no está todo dicho en la disputa entre Rusia y EEUU.

 

(IAR-Noticias)  15-Abr-05   

El secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, realizó una imprevista visita (de "trabajo" según la agenda oficial) a Kirguistán, estimada por los analistas como un "espaldarazo de Washington a las nuevas autoridades" surgidas de la revuelta golpista del mes pasado.

Pero el espaldarazo no es gratis: el secretario de defensa, según fuentes del nuevo gobierno, se aseguró la cooperación técnico-militar de la nueva administración para su política en el Asia Central y en  la "lucha contra el terrorismo internacional".

La "inesperada" visita de Rumsfeld se produce en medio de una gira por la región, cuyo objetivo es afianzar la presencia de bases militares estadounidenses con el pretexto  del "combate al narcotráfico" proveniente de Afganistán, aseguran expertos y medios periodísticos en Washington.

En Kirguistán -según coinciden la mayoría de los analistas- el mes pasado la CIA armó su tercera revuelta "naranja" (similar a las de Georgia y Ucrania)  para derrocar a un presidente pro-ruso instalado desde la Guerra Fría.

Situado en el centro operacional de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, Kirguistán representa para Washington un enclave de control estratégico en la región con proyección hacia Afganistán.

La presencia del halcón en la región apunta a crear nuevos pactos de cooperación tecnológica-militar orientados a consolidar el dominio estratégico y la conquista de recursos y de nuevos mercados en las ex repúblicas socialistas.

En esa dirección, Rumsfeld se reunió el miércoles en Pakistán con el presidente Pervez Musharraf, aliado clave de Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo" en la región.

Washington mantiene fuertes intereses estratégicos en Kirguistán y posee una base en la ciudad de Manas. Su visita al nuevo gobierno (impuesto por una rebelión alentada por la CIA, según los expertos) responde al interés de aumentar su enclave militar en Kirguistán con el objetivo  de abastecer a sus tropas en Afganistán.

Hablando de bueyes perdidos, la  Embajada norteamericana en Bishkek informó que la visita de Rumsfeld era una "muestra de apoyo a Kirguistán en este momento crítico en su historia y de desarrollo de su democracia".

Siguiendo la misma tónica de cretinismo diplomático, el halcón mayor del Pentágono dijo tener "la sensación de que gran parte del pueblo kirguís quiere un sistema democrático". "Y eso es algo muy bueno para la región", añadió el máximo responsable de los programas de tortura en Irak, Afganistán y Guantánamo..

Alejadas del formalismo político, fuentes rusas aseguraron que Rumsfeld se reunió con el presidente interino, Kurmanbek Bakiyev, durante su breve escala este jueves en Bishkek, para anudar temas de seguridad estratégica y la permanencia de la base aérea estadounidense en las afueras de la capital.

Posteriormente el presidente interino (surgido por el golpe) Bakiyev dijo a los reporteros que las fuerzas armadas estadounidenses podrían continuar usando la base que proporciona apoyo a las operaciones de Estados Unidos en Afganistán.

La visita del Jefe del Pentágono a Bishkek, se produce tras declaraciones en Moscú de la nueva canciller kirguís, Rosa Otunbaeva, quien confirmó que serían cumplidos todos los compromisos asumidos en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC).

La pertenencia de Kirguistán a la OTSC, junto a Armenia, Belarus, Kazajstán, Rusia y Tayikistán, ha sido cuestionada por Washington, por lo que
se supone que Rumsfeld debe haber presionado al nuevo gobierno para su separación.

El tablero estratégico

Acusado entre bambalinas (principalmente por Rusia) de ser el instigador de la revuelta que culminó con un una  nueva administración en Kirguistán, la estrategia de Washington ha tomado con cierta cautela su relación con el nuevo gobierno golpista, pues teme que el proceso pueda devenir en incontrolable y afecte al Asia Central, una región explosiva por la presencia de gas, droga y fundamentalismo.

Rusia, en tanto, considerada víctima política principal del efecto dominó de revueltas que se contagia (vía CIA) por las ex repúblicas soviéticas mantuvo silencio de radio, y solo ensayó un formal pedido para que las fracciones en pugna "pacifiquen el país".

Los intereses de las redes de la droga y el tráfico de armas infiltradas por la CIA y los servicios secretos rusos, así como las disputas estratégicas entre Rusia y EEUU por áreas de influencia, son factores esenciales que  cuentan en el conflicto que ha terminado (por ahora) con un nuevo gobierno en Kirguizistán.

Parte de las ex repúblicas comunistas que conformaron la Unión Soviética -y el Pacto de Varsovia-, ahora son miembros de la OTAN, la fuerza militar liderada por Estados Unidos que nació para combatir la expansión militar del ex Imperio Soviético del que formaban parte estos flamantes miembros de la alianza atlántica.

Desde el fin de la Guerra Fría, la estructura militar controlada por EEUU primero, incorporó a Polonia, Hungría y la República Checa, y ahora se extiende a Rumania y Bulgaria. Además, con las tres repúblicas bálticas de Lituania, Letonia y Estonia, llega casi hasta Finlandia.

Con la ampliación de la OTAN con "socios confiables" de las ex repúblicas soviéticas de Europa del Este, EEUU consiguió  la consolidación de su poder geopolítico y militar estratégico en la región, en desmedro de Rusia, que ve afectadas sus fronteras por la nueva coalición, a la que un periodista sugirió cambiar el nombre de "Alianza del Tratado del Atlántico Norte, por el de "Alianza Terrorista del Atlántico Norte".

Este marco de disputa de EEUU y Rusia por áreas de influencia en los ex enclaves soviéticos vincula a la crisis en Kirguizistán con los últimos cambios políticos en Georgia, Ucrania y Moldavia.

Algunos dirigentes rusos sostienen que las revueltas opositoras están motorizadas por Occidente, más precisamente por Washington y la Unión Europea. También hay que destacar el choque de intereses geopolíticos entre Rusia y EEUU en Asia Central, que ahora se traslada a Kirguistán  donde ambas potencias poseen sendas bases militares.

Por lo que se interpreta que la visita de Rumsfeld no le debe haber caído "nada bien" al Moscú de Putin.

El país de cinco millones de habitantes limita con China y se encuentra en una región rica en recursos energéticos, en la que Washington y Moscú compiten por aumentar su influencia, manteniendo sus bases militares en las afueras de la capital.

Además, Kirguistán está en "la región más densamente poblada y pobre de Asia Central, y es un semillero de fundamentalismo islámico", según explica Dovlat Quadrat, del Servicio de Asia Central de la BBC.

Kirguistán comparte el valle Ferganá con Uzbekistán y Tayikistán, la zona más pobre y más poblada de Asia Central. Este amplio valle es un hervidero de clanes dedicados al contrabando de droga y armas y de grupos radicales islámicos, que pretenden crear un califato musulmán en la región y acabar con los regímenes actuales.

El valle de Ferganá es también una ruta del narcotráfico desde Afganistán, que tuvo un gran aumento en su producción de opio el año pasado.

Por ello las mafias criminales relacionadas con el contrabando de drogas (infiltradas por la CIA y por los servicios secretos rusos) pueden estar interesadas en la desestabilización del país potenciando los desórdenes masivos.

Desde la guerra para expulsar a los rusos de Afganistán, en la década del ochenta, los grupos fundamentalistas islámicos vienen siendo infiltrados por la CIA mediante la red Al Qaeda de Bin Laden primero, y por los servicios secretos pakistaníes que cumplen una función de enlace entre esas organizaciones y la Agencia norteamericana.

Grupos integristas como Hizb-ut-Tahrir y el Movimiento Islámico de Uzbekistán, que fue aliado del régimen talibán afgano, no tienen mucha influencia entre los kirguises, pero sí entre los uzbekos, y en 1999 y 2000 protagonizaron incursiones armadas en Kirguistán, que fueron neutralizadas por tropas kirguises, uzbekas y rusas.

La visita del jefe del Pentágono a la zona -en opinión de los expertos- busca consolidar las alianzas orientadas a expandir su control sobre las ex repúblicas soviéticas y sus recursos estratégicos, y a la vez  promover acuerdos de cooperación tecnológico-financiero militares para desarrollar la "guerra contraterrorista", argumento justificatorio de su presencia militar en la región.

Putin, su aparato militar y de inteligencia, por ahora,  parecen reservarse el papel de "observadores" de los movimientos del Imperio yanqui en su coto de caza.

Nadie sabe con certeza cuando el ex jefe de la KGB soviética va a empezar a mover las piezas del tablero para neutralizar la ofensiva de Washington montada detrás de las llamadas "revoluciones de color".

Muchos estiman que Putin esta esperando su tercera reelección al frente del gobierno de Rusia para empezar a contraatacar a las movidas del Pentágono y de la CIA en el Asia Central.

Mientras tanto, afianza sus relaciones económico-político-militares con los países en la mira del Pentágono, como Irán, Venezuela y Siria, y se acerca peligrosamente a la formación de un bloque con China y la India, voraces importadores de petróleo y enfrentados a los movimientos geopolíticos militares de apoderamiento de ese recurso estratégico por parte de EEUU.

 

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