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(IAR-Noticias)
03-En-05
Por Jorge
Altamira -
Partido Obrero,
Argentina
El
gobierno, pero especialmente sus escribas (como es el caso de
Verbitsky) pretende hacerle creer a la opinión pública que el
incidente diplomático con Cuba fue la consecuencia de una mano
negra de los asesores de Bielsa en la Cancillería. La carta
que Kirchner le mandó a Fidel Castro para pedirle la salida de
Hilda Molina para visitar a su familia en Argentina habría
sido algo así como las ‘condolencias’ que Donald Rumsfeld, el
secretario de Defensa de Bush, le estuvo mandando a los deudos
de los soldados norteamericanos muertos en Irak –que el
susodicho no leía ni firmaba.
De acuerdo a esta versión de los
acontecimientos, el hiperkinético santacruceño no es más que un chirolita de sus
asesores. Este relato desvergonzado de la crisis diplomática y la catarata de
cabezas que rodaron con ella (los despidos de Eduardo Valdés, de Alicia Oliveira
y del embajador en Cuba, y el interrogante que quedó planeando sobre Bielsa)
dejó al desnudo una extraordinaria debilidad política del gobierno que la
opinión pública no sospechaba.
La verdad es que todo lo armó
Kirchner. El incidente con respecto a la salida de la médica Hilda Molina tuvo
lugar en el contexto del tráfico entre Cuba y la Unión Europea por el cual Cuba
liberaba a algunos disidentes presos a cambio del levantamiento parcial de las
sanciones comerciales por parte de la Unión Europea. En este marco, el gobierno
‘nacional y popular’ que le ha tocado en suerte (literalmente) a Argentina,
creyó ver su propia oportunidad para registrarse en la diplomacia internacional
como un luchador por el respeto a los derechos humanos en Cuba.
La platea a la que iba dirigida la
maniobra eran los Estados Unidos y el gobierno de Bush, con lo que, de paso, se
pretendía demostrar que las ‘relaciones fraternales’ coaccionaban a Cuba mejor
que la aplicación del bloqueo. La primera de las damas del país se encontraba en
ese momento precisamente en España, gestionando lo mismo con Zapatero, el primer
ministro del banco La Caixa y de Repsol, que había liderado ese tráfico de la
libertad de seres humanos por comercio como vocero de la Unión Europea.
La prensa derechista de Madrid (el
diario El Mundo , por ejemplo) insiste, en cambio, que el tráfico en
cuestión ha sido un mérito del precedente gobierno español, el del franquista
Aznar. Jorge Elías, de La Nación (21/12) informa que Kirchner estaba
empeñado en “una causa humanitaria en la cual su mujer, Cristina Fernández, iba
a ejercer un papel destacado en su campaña de proyección internacional…”.
En lugar de una concesión comercial,
que Argentina no tiene para ofrecer, Kirchner pensó que serviría como trueque la
abstención argentina en la votación en la ONU, hace pocos meses, sobre el
respeto a los derechos humanos en Cuba, o la recepción que le dio a Fidel Castro
en ocasión de la asunción de Kirchner. El No de Cuba al pedido argentino cayó
como una bomba porque colocó a Kirchner en la opción de elegir entre la
capitulación en su campaña humanitaria o pasar a integrarla con la que se maneja
desde Miami.
Sea como fuere, en lugar de defender
una posición principista a favor de los derechos políticos de Hilda Molina, el
gobierno argentino disfrazó ese derecho político y constitucional (incluso la
Constitución de Cuba) como un derecho humano (o sea una humanidad sin derechos
políticos) y lo encaminó como un intercambio de favores. Esta conducta no
debería sorprender de parte de un gobierno que ha enviado tropas de ocupación a
Haití para, junto a la guardia costera de Bush, contener a las decenas de miles
de personas que quieren abandonar el país.
Esta crisis diplomática se da en el
contexto del tráfico ya mencionado entre Cuba y el imperialismo europeo –tráfico
que es un insulto a la conciencia socialista. Del arsenal de medidas defensivas
que tiene el derecho a disponer un gobierno que se reivindica comunista, está
absolutamente excluido traficar la libertad de personas por concesiones de
cualquier carácter que pueda otorgar el imperialismo agresor.
Por encima de cualquier ‘táctica’ o
‘maniobra’ está la necesidad de defender y desarrollar la conciencia socialista
de los trabajadores de todo el mundo. Hace solamente un año la justicia cubana
había condenado, en un juicio sumario y a puertas cerradas, a varias decenas de
personas a largas penas de prisión alegando que realizaban actividades
contrarrevolucionarias, para terminar liberándolas por una negociación con el
imperialismo europeo, de la cual los gobiernos europeos alardean y se jactan.
Muy diferente fue la justicia
revolucionaria en Cuba, entre 1959 y 1962, cuando los contrarrevolucionarios
eran juzgados en la plaza pública ante jurados populares. Esta metodología
radical de justicia provocó la agresión histórica del imperialismo
norteamericano, mucho antes de las primeras nacionalizaciones.
El “paredón” que dictaminaron
aquellos tribunales populares para los contrarrevolucionarios y los complices
activos de la dictadura proyanqui, se convirtió en consigna de los trabajadores
y de la juventud en todo el mundo, no como ocurre ahora con los ‘castigos’ que
decretan tribunales completamente liberados de un control popular.
Los mentados “contrarrevolucionarios”
de ahora han pasado del juicio secreto y la condena arbitraria a gozar de una
especie de derecho extraterritorial porque, aunque no esté escrito, ahora han
pasado a estar amparados por los acuerdos internacionales entre Cuba y la UE.
La médica cubana Hilda Molina no
representa ninguna amenaza para la revolución cubana, como sí la representa la
ocupación militar de Haití por parte de las tropas de los ‘gobiernos amigos’ de
Cuba, en los cuales hacen y deshacen viejos izquierdistas que alguna vez
estuvieron exiliados en La Habana, como los ‘setentistas’ de los gobiernos de
Lula, Kirchner y Tabaré Vázquez.
Las ‘fuerzas de paz’ que han
utilizado la ONU y la OTAN en los Balcanes, en Afganistán y en parte en Irak, se
está entrenando ahora en el Caribe bajo el comando político de la izquierda
latinoamericana que actúa por cuenta de Bush. Hilda Molina, por el contrario,
tiene el inusitado privilegio de haber disentido con el gobierno cubano
esgrimiendo posiciones revolucionarias y socialistas: que la medicina cubana
beneficie con prioridad a los trabajadores cubanos y no a los turistas
ricachones (Verbitsky, Página/12, 19/12).
Más allá de la medicina, esta crítica
ataca el desarrollo en Cuba de la economía paralela formada por los negocios que
habilitan el comercio exterior y el ingreso del capital internacional, la cual
es la verdadera premisa de una restauración del capitalismo. La experiencia de
la URSS, de China y de las ‘democracias populares’ ha demostrado sin atenuantes
que la principal amenaza a los estados surgidos de la revolución social y de la
expropiación de los capitalistas la constituyen los burócratas (supuestamente)
‘comunistas’; son estos los que han habilitado y habilitan la restauración del
capitalismo de la mano del capital financiero internacional.
El bochorno final de esta historia
bochornosa es la posibilidad que se contempla de que la familia Molina se reúna
para las Navidades en un tercer país. Para Hilda Molina significaría renunciar a
un derecho político y para Cuba que se dude de su palabra de que el hijo de ella
puede regresar de Cuba luego de la visita a su madre.
Como parteros de esta abominación
actúan Zapatero y Kirchner. Los defensores de la revolución cubana e incluso del
Estado cubano tal cual es, frente al imperialismo, tenemos el deber de reclamar
al gobierno cubano el respeto al derecho político de Hilda Molina a salir de
Cuba y a unir este reclamo a una campaña de defensa de Cuba contra los planes de
Bush y de la Unión Europea y por el retiro incondicional de las tropas ocupantes
de Haití.
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