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(IAR-Noticias)
06-En-05
Por Lisandro Otero
- Rebelión
El
atentado al gobernador de Bagdad, Ali al-Haidari, quien
pereció ayer junto a seis de sus guardaespaldas, marca el
punto más alto de una escalada de golpes de la resistencia
iraquí. Poco antes, un camión cargado de combustible y
explosivos estalló junto a una de las entradas de la ciudad
liquidando a ocho soldados de las fuerzas títeres y dejando
sesenta heridos. Por todo Irak suenan las bombas, los asaltos
a las casernas de las fuerzas nativas organizadas por el mando
norteamericano. Es una insurrección general que ha subido de
tono y de intensidad. La eficacia de sus arremetidas certeras
ha debilitado la confianza pública en la pretendida
normalización que pudiera venir tras las anunciadas elecciones
del 30 de enero.
Durante el pasado mes de diciembre
arreciaron los reproches al gorila Rumsfeld por su autorización de las torturas,
por su desdén de la seguridad de los soldados estadounidenses, por el deficiente
equipo con el que los ha enviado a combatir. A esto se unió el descontento
porque Rumsfeld ni siquiera firma personalmente las cartas de pésame de los
soldados que caen en el oriente Medio. Por ello se vio forzado a pasar las
Navidades entre las tropas para asumir una máscara humana, intentando mejorar su
deteriorada imagen pública. De ahí sus criticadas declaraciones: “hacemos la
guerra con el ejército que tenemos, no con el que aspiramos a tener”.
Finalizando el pasado año Bush tuvo
que admitir, en una de sus escasas conferencias de prensa, que existen serios
obstáculos para amansar la neocolonia iraquí y manifestó que las elecciones del
30 de enero no son más que un eslabón en una cadena, que depende mucho de las
fuerzas armadas estadounidenses, para instalar un régimen títere confiable. A
todo ello se unió un nuevo informe del FBI dando cuenta de la renovación de las
torturas. El gobierno de Bush acusa a los patriotas iraquíes de terrorismo
cuando son, en realidad, defensores de la soberanía nacional y de la integridad
del territorio patrio.
El origen de esta nueva forma de
combate surge en el Líbano, entre 1982 y 1983. Fueron los militantes de Hezbolá
y del Yihad islámico, organizaciones financiadas por Irán, quienes usaron
elementos autodestructivos y de castigo, tal como lo había hecho Hussein, el
sobrino de Mahoma, en la batalla de Kerbela en el año 632. La revolución iraní
de Jomeini, le dio un decisivo impulso al movimiento chiíta.
Hay otras causas de este estilo de
combate. La globalización de la economía está reduciendo a los países agrícolas
a ser mercados dependientes o suministradores de materia prima. Las recetas del
neoliberalismo deprimen periódicamente el nivel de vida para equilibrar la
oferta y la demanda. Los marginales, acorralados, se vuelven hacia la
desesperación. Los fundamentalismos crecen junto con los fanatismos, pero
también con la opresión y las violaciones de la soberanía de los pueblos.
Los atentados de los extremistas
palestinos pretenden reivindicar la integridad de su patria ocupada por el
expansionismo sionista. Los negros, los indios, todos los desheredados y
desvalidos del mundo, las vastas masas empobrecidas del Oriente, los indígenas,
los repudiados, los despreciados, los míseros no ven un término a sus
tribulaciones. Algunos, entre ellos, recurren a la violencia, acuden a una feroz
agresividad como medio de expresión de su inconformidad.
La creciente polarización de la
miseria y la opulencia es uno de los móviles de esta desestabilización
creciente. Hasta ahora solamente la carne de los parias parecía perecible. Ahora
los opulentos se han percatado que la violencia puede alcanzarlos. Han advertido
que son vulnerables. El terrorismo es políticamente injustificable y humanamente
repulsivo porque es una forma de lucha indiscriminada donde no solamente caen
enemigos, sino inocentes también.
La moderna sociedad del mercadismo
está llevando a cabo un vasto proyecto de manipulación de masas. Una avanzada
tecnología electrónica ayuda a ejercer una presión ineludible sobre el
comportamiento colectivo. Los marginales se ven cada vez más desesperados.
Solamente tienen ante sí los recursos de la violencia.
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