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(IAR-Noticias)
17-En-05
Por Heinz Dieterich -
Aporrea.Org
1.
El comunicado del gobierno colombiano (14.1.) sobre el
secuestro de Rodrigo Granda en Caracas demuestra, que el
Presidente Álvaro Uribe se ha convertido en la principal
amenaza para la paz y convivencia pacífica en América Latina.
2. En forma arrogante y falta de verdad, Uribe no solo niega
que haya violado la ley internacional y la soberanía de
Venezuela, sino que invoca demagógicamente la autoridad de las
Naciones Unidas para justificar la operación de terrorismo de
Estado, financiada, organizada y ejecutada desde su propia
sede de gobierno, el Palacio de Nariño.
3. Se arroga el derecho de secuestrar personas en cualquier
parte del mundo, al amparo de un presunto mandato de las
Naciones Unidas ---“Las Naciones Unidas prohiben a los países
miembros albergar terroristas de manera activo o pasiva”---
que sólo existe en la torcida lógica de sus asesores y de sus
padrinos mentales en la Casa Blanca.
4. El Tribunal de Nuremberg introdujo en el derecho
internacional la figura jurídica de la responsabilidad
criminal de los autores intelectuales de políticas de
terrorismo de Estado. Bajo esa legislación, Uribe es
responsable legalmente no sólo de los secuestros de Rodrigo
Granda en Caracas, y de Simón Trinidad en Quito, sino de
múltiples crímenes de lesa humanidad cometidas bajo su
gobierno dentro de la República de Colombia.
5. Al actuar fuera de la ley, como actuó, y al tratar de
establecer su conducta delincuencial como norma del derecho
internacional, Uribe realiza el tenebroso intento de sustituir
el Estado de Derecho en América Latina por el Estado de
Excepción del totalitarismo burgués, es decir, del Estado
gangsteril oligárquico-imperial.
6. La respuesta del gobierno de Hugo Chávez ha sido apegada a
derecho, a diferencia de la actuación del gobierno de Lucio
Gutiérrez en el Ecuador, que actuó en contubernio material e
intelectual con Uribe en el secuestro de Simón Trinidad.
7. El intento de Uribe, secundado por Gutiérrez, de destruir
el sistema del Estado de Derecho latinoamericano y sustituirlo
por un sistema de Estados gangsteriles ---tal como sucedió
durante los sesenta y setenta en el Cono Sur, y en los ochenta
en Centroamérica--- convierte el crimen de Uribe de un
problema binacional en un asunto de interés público
hemisférico, dado que pone en peligro la seguridad, el
bienestar y la paz de los Estados y de los pueblos de la
región.
8. Por lo mismo, es de vital importancia, que los demás
Estados latinoamericanos condenen inequívocamente la política
injerencista extraterritorial de Uribe, trazando una clara
línea entre los Estados de Derecho de la Patria Grande y los
Estados terroristas, y aislando a los últimos.
9. De la misma manera, es imperativo que el Foro Social
Mundial de Porto Alegre (FSM) condene sin ambajes y en forma
concreta, a las principales amenazas para la paz y la
convivencia pacífica en la región latinoamericana, que son el
gobierno de Uribe y sus padrinos monroeistas en Washington.
10. Los últimos artículos del Washington Post y del Washington
Times han dejado claro que el secuestro de Granda marca el
inició de una nueva ofensiva de destrucción de Bush contra la
Revolución Venezolana. Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana
son el centro de gravedad de la integración latinoamericana
que inevitablemente pondrá fin a la Doctrina Monroe. Destruir
a Chávez es, por tanto, precondición para salvar al Monroeismo
y su “patio trasero”, que se ha vuelto vital para el
imperialismo estadounidense en su competencia a muerte con el
imperialismo europeo (Unión Europea) y con China.
A tal fin, las fuerzas de Bush se han reagrupado, después de
las derrotas del referendo, de las elecciones provinciales, de
la VI Conferencia de Ministros de Defensa de Quito y de los
vertiginosos avances en la integración política-económica de
la Patria Grande durante el último año, para iniciar, lo que
en su planificación, sería una prolongada ofensiva terminal de
desgaste contra la Revolución Venezolana.
11. Un artículo del Washington Times del 14 de enero, 2005,
escrito por Nicholas Kralev, revela los detalles de la
agresión planeada. Un grupo de tarea de diversos sectores del
Estado (interagency task force) ha diseñado un programa de
manipulación mediática y presión política en los países
latinoamericanos y europeos, a fin de aislar
internacionalmente a Hugo Chávez.
Los temas de la campaña de mentiras son: falta de libertad de
prensa; expropiación de propiedades privadas; mayoriteo de la
Corte Suprema con “Chavistas”; apoyo a “grupos radicales como
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”;
“subversión de gobiernos democráticamente electos”; falta de
apoyo al combate “al terrorismo y al narcotráfico”;
“militarización de la sociedad venezolana” y la compra de
100.000 fusiles AK-47 a Rusia, a la cual el Departamento de
Estado está presionando, para que se anule la venta.
Según el Washington Times, la operación se concentra en medios
políticos y comunicativos, no en sanciones económicas. Falta,
sin embargo, mencionar la tercera dimensión del proyecto
subversivo: la paramilitar que, sin lugar a duda, arreciará en
la República Venezolana, no solo por razones políticas, sino
también económicas.
Las últimas medidas del gobierno bolivariano han tocado
algunos intereses económicos de los paramilitares, por
ejemplo, en la confiscación del día de ayer de un millón de
litros de gasolina y gasoil en la frontera con Colombia. El
contrabando de esos energéticos ha estado desde hace tiempo en
manos de los paramilitares, por ejemplo en el norte de Zulia,
que han disfrutado sus enormes ganancias con una amplia red de
corrupción y protección de las corporaciones de seguridad
venezolanas en la frontera.
12. La nueva agresión de Washington, iniciada por su peón
Uribe, puede ser derrotada, porque el proceso bolivariano es,
hoy día, mucho más fuerte que en cualquier momento anterior
desde el año 2000.
La clave para vencer está en la unidad entre Estados
progresistas, movimientos populares e intelectuales críticos.
Si logramos esta unidad, la derrota de Monroe será rápida e
inevitable. No desperdiciemos esta oportunidad histórica.
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