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(IAR-Noticias)
24-En-05
Por Heinz Dieterich -
Rebelión
1.
El gobierno venezolano ha manejado el secuestro de Rodrigo Granda sobre la
hipótesis de que el Presidente Álvaro Uribe no estaba involucrado en el crimen.
Razones de Estado y de alta diplomacia aconsejaron tomar esa postura. Sin
embargo, las recientes declaraciones del gobierno colombiano y sus mentores
políticos en Washington han dejado claro que esa hipótesis de trabajo ya es
obsoleta. Una hipótesis que explicaría mejor el plan del Presidente colombiano y
que representaría adecuadamente el nivel informativo actual, es la siguiente.
2. El secuestro no fue un evento fortuito o de
funcionarios de segundo nivel o de corrupción mercantil, sino una operación de
Washington ejecutada por Uribe, con un propósito táctico y otro estratégico:
1. el objetivo táctico consiste en crear las condiciones para la ruptura de
las relaciones diplomáticas con Venezuela; 2. el objetivo estratégico consiste
en el aislamiento y la destrucción de la Revolución bolivariana desde la
Organización de Estados Americanos (OEA). El plan de operaciones prevé cuatro
etapas secuenciadas.
3. La logística del secuestro revela que se trata de una
operación largamente planeada que fue organizada sobre un seguimiento
prolongado de los pasos de Rodrigo Granda. Por lo mismo, la detención se
podría haber hecho en la misma Colombia o en el Foro Social Mundial (FSM) de
Porto Alegre, al cual el dirigente colombiano seguramente hubiera asistido.
Sin embargo, Washington decidió llevarla a cabo en Caracas, dentro del
contexto de dos eventos internacionales de la política venezolana, a fin de
utilizarlo como detonador inicial de una cadena de reacción destinada a
destruir el proyecto bolivariano.
4. Para lograr su objetivo táctico, Washington y su
empleado colombiano están montando ---sobre el hecho criminal inicial--- una
campaña de mentiras mediáticas a nivel mundial, que abarcan desde la falta de
libertad de prensa y de respeto a la propiedad privada, hasta el apoyo a
“grupos terroristas” como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(FARC), la “subversión de gobiernos democráticamente electos”, el insuficiente
combate al “terrorismo y narcotráfico” y la “alianza militar estratégica” con
Rusia.
En este momento, las mentiras principales son, en boca
de la canciller colombiana Carolina del Barco, que el gobierno de Hugo Chávez
“cobija” a jefes de las FARC dentro de Venezuela, que permite que las FARC
“monten campamentos en la frontera” y que hagan operaciones militares “desde
territorio venezolano”.
El Colegio de Propaganda Fide de Washington, que
se encarga de divulgar las mentiras de la nueva campaña, ya está trabajando a
marchas forzadas, poniendo en funcionamiento sus cajas de resonancia: dentro
de Venezuela y Colombia los partidos y medios de la oligarquía y afuera los
Mickey Mouse Media (MMM) de Estados Unidos, encabezados por las
televisoras CNN y el Washington Post, meticulosamente coreografiados
con la amenazante Condoleeza Rice en el Senado estadounidense ---donde repitió
las tonterías ideológicas de Woodrow Wilson de hace noventa años para
justificar la agresión imperialista de hoy--- el embajador de Washington en
Bogotá y un grupo de Rambos de la “contra” y de los escuálidos, en Miami.
En una de esas operaciones planeadas para el futuro,
denominada "Operación Colibrí", se empezaría a hacer "flotar" videos
adulterados; transcripciones de supuestas conversaciones telefónicas del
Presidente Hugo Chávez con Fidel Castro y las FARC; detener a supuestos
terroristas islámicos “apoyados” por Hugo Chávez y se reflotarían las
terribles maquinaciones del artículo de U.S. News and World Report, "El
terror cerca de casa" (Terror Close to Home), escrito por la jefa de la
sección de América Latina, Linda Robinson, reseñado en mi artículo en
rebelion.org, el 2 de noviembre del 2003.
5. El actual aprovechamiento propagandístico del
secuestro, que se realiza sobre el intento de confundir los agredidos con los
agresores, es el preludio para un conflicto armado (limitado) que Uribe
lanzará en la frontera, a fin de crear el pretexto internacional para poner a
sus fuerzas armadas en estado de “alerta roja” y romper las relaciones
diplomáticas con Caracas.
6. Los escenarios que se escojan para tal fin pueden ser
varios. Cuatro son los más probables: a) que unidades paramilitares o fuerzas
especiales del ejército colombiano se disfracen como miembros de las FARC y
ataquen a blancos dentro de Venezuela, para “vengar” el secuestro de Rodrigo
Granda, motivando una reacción militar local venezolana; b) que fuerzas
paramilitares o regulares disfrazadas de paramilitares lleven a cabo esa
operación para destruir las supuestas “bases” de las FARC en Venezuela; c) el
secuestro de personajes en Venezuela ó, una combinación de esos escenarios.
Un quinto escenario posible es una variación del
incidente del “Caldas” de 1987, cuando un barco de guerra colombiano entró en
aguas territoriales venezolanas, en medio del diferendo marítimo de
delimitación de aguas marinas y submarinas del Golfo de Venezuela, como una
demostración de que esas eran aguas colombianas.
7. El peligro de guerra entre Colombia y Venezuela daría
motivo para convocar a una sesión de emergencia de la OEA, en la cual se
tratara de aislar a Venezuela, aplicándole la Carta Democrática Interamericana
(CDI) y demás arsenal legalista-injerencista de la OEA, así como de sanciones
económicas. Este es el plan real de Uribe-Bush que tuvo su primer paso en el
secuestro de Rodrigo Granda.
8. Las fechas que manejan los organizadores
colombo-estadounidenses de la conspiración para ejecutar la provocación, giran
en torno al 28 de enero y la semana del 1 al 5 de febrero. Las acciones
externas irían acompañadas por una movilización del “frente interno” de la
contrarrevolución, a través de la movilización de grupos de personas de la
economía informal, que reclaman terrenos, trabajo y vivienda, a cuyas demandas
los gobernantes locales o ministros no han dado respuestas eficientes.
9. El descarado apoyo intervencionista del embajador
estadounidense en Colombia, William Word, ex asistente especial en la Oficina
de Asuntos Político-Militares del Departamento de Estado; la afirmación de la
canciller colombiana, de que a Uribe no le preocupa un agravamiento de las
tensiones con Venezuela y el brusco rechazo de éste a la mediación ofrecida
personalmente por el presidente brasileño Lula da Silva, aportan evidencia
empírica adicional sobre la veracidad de la hipótesis.
10. Uribe no tiene el menor interés de arreglar el
problema del secuestro conforme a ley y por la vía institucional bilateral,
porque todo arreglo de este tipo lo pondría en conflicto con sus amos en
Washington. Tanto por convicción propia como por dependencia extrema, tratará
de violentar el problema aún más, hasta llegar al punto de inflexión, tal como
hizo Bush con la mentira de las Armas de Destrucción Masiva de Irak en el
Consejo de Seguridad de la ONU.
11. A Uribe no le importa, que el plan que ejecuta costará sangre y atenta
contra la democracia latinoamericana y su Estado de Derecho, porque es un
sujeto sin ética rodeado de altos funcionarios de dudosa probidad ética.
Identificado en 1991 por la inteligencia militar estadounidense (Defense
Intelligence Agency) como amigo personal del capo del narcotráfico más
poderoso de aquella época, Pablo Escobar, y vinculado al cártel de Medellín,
tiene como mano derecha a un Ministro de Defensa, ex Vicepresidente del
Consejo Empresario de América Latina (CEAL), que es co-responsable de los
múltiples crímenes de lesa humanidad cometidos por sus Fuerzas Armadas, dentro
de Colombia, a quién se le ha comprobado una relación conyugal con una
traficante de heroína encarcelada, y un comandante de la Policía Nacional, el
General Jorge García, que ha mentido repetidas veces públicamente en el caso
de Rodrigo Granda.
12. El conflicto entre Uribe-Bush y las fuerzas democráticas de América es
de trascendental importancia para el futuro de la región, porque es el choque
antagónico entre la Doctrina Monroe y el derecho a la autodeterminación de los
pueblos latinoamericanos, pisoteado durante doscientos años por Estados
Unidos. Al colocarse Uribe del lado del intervencionismo estadounidense y del
intento, de instalar en América Latina un régimen de Estados terroristas y
gangsteriles, se ha convertido, sin duda, en el enemigo público número uno de
los pueblos, de la democracia y de la integración bolivariana de la Patria
Grande.
13. Su maniobra, sin embargo, es arriesgada y puede
convertirse en una derrota política decisiva para él y su proyecto
neocolonial-terrorista, el Plan Colombia, si las fuerzas democráticas de la
región, tanto estatales, como partidistas y de la sociedad civil, sabrán
cobrarle el costo político de su crimen de Estado. Derrotar a Uribe no sólo
significa devolverle la paz al espacio andino, fortalecer a los Estados
democráticos y favorecer las condiciones de integración del Bloque Regional de
Poder Latinoamericano, sino también, abrir las puertas a una solución
negociada dentro de la misma Colombia.
El papel de Brasil, Argentina y Uruguay dentro de esta
coyuntura es fundamental. Si Brasil, Argentina y Uruguay defienden los
preceptos y el sistema del Estado de Derecho latinoamericano, así como las
soberanías nacionales, y el Estado venezolano sigue actuando con madurez, Bush
y Uribe no lograrán su objetivo.
Ante esta situación, no hay lugar para errores que
debiliten la unión de las fuerzas democráticas antiterroristas del Continente.
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