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(IAR-Noticias)
24-En-05
Por Pablo Stefanoni - La Insigna
La reciente decisión de Carlos Mesa
de reducir el precio del diesel no ha logrado desactivar las protestas
que, desde hace dos semanas, acosan a su gobierno y cuyo epicentro es la
ciudad de Santa Cruz de la Sierra; ubicada a 800 kilómetros de La Paz y
sede de los sectores más dinámicos de la economía boliviana. Tampoco han
resultado efectivas las constantes apariciones del primer mandatario en la
televisión "ofreciéndole a los bolivianos un país con crecimiento y paz
social". Por el contrario, la radicalización de los reclamos cruceños -que
han derivado en una convocatoria para conformar un gobierno regional
autónomo- está profundizando la polarización regional del país y poniendo
en riesgo la estabilidad institucional.
Al frente de una masiva marcha en el centro de la ciudad de Santa Cruz,
el presidente del Comité Cívico, Rubén Costas -en huelga de hambre desde
hace cuatro días- convocó para el próximo 28 de este mes a un cabildo
donde se decidirá la conformación de un gobierno provisional autónomo del
departamento, desafiando la legalidad vigente. Entre gritos reclamando
"autonomía ya" y su elección como gobernador, Costas señaló que "no
claudicaremos ante del gobierno central"; mientras los manifestantes
cantaban "ya no es, ya no es", cuando los oradores se referían al
"presidente" Mesa. Pocas horas antes, el edificio de la prefectura
(gobernación) -cuya seguridad había sido retirada- era tomado por los
estudiantes universitarios, quienes izaron banderas verdes y blancas, que
representan los colores de la cruceñidad.
La radicalización de las protestas -que incluye el impago de impuestos
al tesoro nacional- evidenció que, más allá del aumento de los
carburantes, el sustrato de la crispación actual es el creciente
sentimiento autonomista -frente al Estado "andinocéntrico"- que atraviesa
a la sociedad cruceña. Aunque no es difícil constatar que las protestas,
pese a su apoyo popular, son lideradas por los sectores empresariales,
hegemónicos en el Comité Cívico Pro Santa Cruz.
"Se trata de una burguesía
nacional que se benefició del centralismo en las últimas décadas y que
hoy, ante la emergencia de los movimientos sociales en el occidente del
país, busca refugiarse en su región, para así controlar los recursos
naturales -tierras e hidrocarburos- y negociar con las empresas
transnacionales", dice el analista Raúl Prada, consultado por Página/12.
"En octubre de 2003 no sólo se fue Sánchez de Lozada, también perdieron
sus espacios de poder sectores de las élites cruceñas que, por más de 18
años, ocuparon puestos claves dentro del poder estatal", agrega el
sociólogo Álvaro García Linera, para quien la embestida cruceña es "más
bien defensiva", lo cual no quita que esté propiciando una "peligrosa
dualidad de poderes" entre el poder regional y el nacional.
García Linera señala que en las últimas décadas, "el poder económico
ascendente, pese a sus problemas, se ha trasladado del occidente al
oriente, pero el poder sociopolítico de movilización se ha reforzado en
occidente, dando lugar a una nueva incertidumbre geográfica en el país". Y
concluye que "mientras en el occidente emergieron construcciones
discursivas que asociaron la crisis económica al neoliberalismo, en el
oriente -donde perdura una hegemonía cultural empresarial- se asociaron
los padecimientos al centralismo paceño y no al modelo económico".
En la memoria colectiva pervive la asociación de los cívicos cruceños
con golpes de Estado, como el protagonizado por Hugo Banzer Suárez en
1971, que pusieron fin a gobiernos nacionalistas y populares. El alcalde
reelecto de La Paz, Juan del Granado -quien junto a nueve alcaldes de las
principales ciudades, con excepción de Santa Cruz, emitió un comunicado de
apoyo a Carlos Mesa- sostuvo este viernes que la protesta cruceña, "si
bien tiene como trasfondo el aumento de los carburantes y la crisis
económica, forma parte de una peligrosa conspiración antidemocrática
promovida por sectores oligárquicos, destinada a malograr el proceso de la
asamblea constituyente".
En la misma línea, la Federación de Juntas
Vecinales de El Alto (Fejuve) -que acaba de expulsar a la empresa de aguas
Lyonnaise des Eaux- y el líder del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo
Morales, criticaron a la "oligarquía cruceña", alineándose de facto con el
gobierno frente al "mal mayor" representado por la embestida autonómica.
Mientras tanto, cada día surgen nuevos rumores acerca de la renuncia de
Mesa, quien ha amenazado con abandonar el Palacio Quemado si hay muertos,
producto del complejo clima social que vive el país. Como muestra de las
múltiples dificultades que enfrenta el ex presentador de noticias, ayer su
gabinete económico (que debe negociar con los cruceños) fue censurado por
el Parlamento. Y su liderazgo mediático se muestra incapaz de unir a un
país cada vez más dividido.
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