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(IAR-Noticias)
24-En-05
Por Jorge Asís - New Politc
Tío
Plinio querido:
Acaso por vicios de formación
conspirativa, y a los efectos de un análisis riguroso, cuesta separar la
reasunción del presidente Bush, de los severos riesgos de internacionalización
del conflicto entre Colombia y Venezuela, que no debiera permitirnos
distracciones. De acuerdo entonces a esta línea de razonamiento, podría
cuestionarse la placidez del lugar espantosamente común que indica que
Sudamérica dista de figurar entre las prioridades actuales de los Estados
Unidos.
La irrupción del envolvente litigio Colombia-Venezuela, puede marcar el ritmo de
una inquietante política para la región.
Con mucho más para perder, Brasil, que hace sentir sus ambiciones hegemónicas de
liderazgo, y por lo tanto contiene una estrategia perceptible, parece de pronto
sospechar que pudieron haberle tendido una trampa.
Después de todo es una suerte que,
gracias a Kirchner, la visión geopolítica de Argentina haya evolucionado aún un
paso más hacia la condición prescindible de país irrelevante.
Por lo tanto, es explicable entonces el desinterés con que se sigue esta
problemática.
Debe atribuirse, tío Plinio querido,
a la caudalosa ignorancia que prospera en ámbitos dirigenciales signados, con
envidiable armonía, por la incompetencia decisoria y la pereza intelectual.
En un rincón, Chávez, de Venezuela, el deschavado.
Es decir, el principal y casi único aliado sólido en el continente del
mandatario argentino.
Un bonapartista sentado sobre una
fortuna cotidiana de petróleo que tiene discurso y legitimidad, que condena
diariamente a los imperialistas norteamericanos mientras les vende diariamente
un millón y medio de barriles de crudo.
Un populista transgresor que supo
aprovechar el declive biológicamente patético de Fidel Castro, hasta opacarlo y
desalojarlo del primer plano activo de la ensoñación revolucionaria.
Mientras lo apoya, Chávez termina con Castro. El bolivarianismo acaba
conceptualmente para siempre con la dictadura del proletariado.
No obstante Chávez tiene una
predilección especial por el "hermano Kirchner", como lo llama. Y es responsable
indirecto tanto del disparate creativo de la empresa Enarsa, como inspirador del
sublime papelón del acuerdo con los chinos, que derivó prácticamente en un
congelamiento de las relaciones con la China que sólo aportó utilidad para la
resaca declaratoria.
En otro rincón, el aislado Uribe, de
Colombia. Casi subestimado el pobre, y convertido en una palabra despreciable.
Como si Uribe representara, apenas, un solitario hilo del mal para el realismo
mágico del progresismo con colesterol, que impregna el pensamiento
latinoamericano.
Uribe está condenado por su
acercamiento inexorable con los Estados Unidos, y por contener violentamente los
dos flagelos que más preocupan en los países en situación de influenciar.
Es decir, el narcotráfico y el terrorismo.
Aunque en el caso de Colombia es peor aún: trátase del narcotráfico
absolutamente asociado al terrorismo.
Desde Talleyrand hasta aquí, tío
Plinio querido, nadie puede sorprenderse por el discreto predominio de la
hipocresía en la política internacional.
Sin embargo en esta historia del Caso Granda se registra una cierta unanimidad
en materia de mentiras.
Todos los protagonistas se encuentran
en infracción, como los boliches de Buenos Aires que debía inspeccionar el
eterno fiscal Ibarra.
Por medio del sistema de recompensas (para Colombia), o meros sobornos (para
Venezuela), un grupo comando venezolano detuvo, a mediados de diciembre, en una
cafetería de Caracas, a Rodrigo Granda, el denominado canciller de las Farc.
Y lo entregan en bandeja a los
servicios de inteligencia y policías colombianos más allá de la frontera. En
Cúcuta, Colombia.
Reacciona tarde Chávez, en enero, y muy mal.
Con su retórica castrista, convierte razonablemente, en un ataque a la soberanía
jurídica de Venezuela, su injustificable infracción política..
Una verdad que se conocía desde hacía
años pero que Chávez sistemáticamente negaba. Que Venezuela mantenía una
relación fluida con las Farc, al extremo de alojar sus cuadros guerrilleros y
brindarles protección, espacio para sus campamentos, y cierto amparo moral.
Justamente Granda había participado
del pomposo Encuentro de Intelectuales del Congreso Bolivariano de los Pueblos.
Conglomerado que emitió un comunicado condenativo para Colombia, y
solidarizándose con el presidente bolivariano. El primero de los firmantes,
curiosamente, es un funcionario ministerial de la Argentina.
Se desata, entonces, el realismo
mágico del berenjenal, aunque con obvio estímulo norteamericano, y eso que aún
no asumió Condolezza Rice.
Se asiste a una multiplicación de comunicados esquivos, discusiones
desviacionistas sobre si es soborno o recompensa; de manera unilateral, Chávez
anuncia la ruptura de acuerdos comerciales que producirían medio millón de
desocupados en Colombia.
En su delirio, que podría enternecer
a tía Edelma, el bolivariano Chávez lo invita al neoliberal Uribe a caminar
"mirándose a los ojos por la sábana", pero después de reconocer que "se
convirtió un delito en Venezuela". Y hasta lo desafía, tan audaz como
irresponsable, a que presente las pruebas de la infamia.
Chávez no puede evitar El Gran Deschave.
Porque Rodrigo Granda figuraba en la
lista de terroristas buscados de Interpol, desde enero del 2004, y oportunamente
transmitida a 184 países.
Porque Granda tenía la doble nacionalidad, y residía en una pintoresca casa
amarilla en Aragua, a 80 kilómetros de Caracas.
Se trata, en el fondo, tío Plinio querido, de abandonar la culposa neutralidad.
Deben definir las cancillerías
latinoamericanas, de una vez por todas, aunque se contradiga el refinamiento de
variados espíritus, si las Farc constituyen una banda terrorista -como indican
sobre todo los Estados Unidos-, o un romántico movimiento de liberación
nacional.
Una manga de idealistas, en definitiva, que merecen inspirar impotentes
canciones de protesta para ser entonadas, por ejemplo, en los recitales del
Salón Blanco de la Casa de Gobierno. Con las Madres emblemáticas en el primer
plano y con ministros emocionados en la aventura del coro.
Tanto por fragilidad política como
por virtual desconocimiento, los responsables de las tomas de decisiones de
Argentina, tío Plinio querido, parecen ocultarse detrás de las computadoras.
Tal vez para declarar inexistente el problema, entregarse al silencio sepulcral
y aguardar, a lo sumo, la jugada del guapo del barrio regional que nos supo, por
presencia e importancia, desplazar.
Es decir Brasil. El nuevo socio
preferido de España. El aspirante a una silla permanente en el Consejo de
Seguridad, y a convertirse en el interlocutor exclusivo de los Estados Unidos.
Pero voy a pasarle una infidencia, y no se lo diga a nadie, tío Plinio querido.
De ningún modo Brasil es el país ideal para entrometerse y lanzarse a componer
soluciones.
Porque Brasil se encuentra directamente involucrado.
De todos modos, Lula solidariamente
ofrece la pechera y se postula para apaciguar las imposturas de sus pares y
evitar, en todo caso, su propio deschave irremediable.
Ofrece un encuentro cumbre en Brasil de los tres presidentes. El entrampado
Lula, el deschavado Chávez, y el destapado Uribe.
La cuestión que, con su jugada cuestionable, Uribe los tiene arrinconados.
Porque Brasil, tío Plinio querido, es
tan infinitamente enorme que tiene suficiente espacio para haberse convertido, a
su pesar, en una especie de dormitorio ocasional para los comandos de la
guerrilla colombiana.
Téngase en cuenta también que, si la diplomacia inflada de Itamaraty no tiene
suerte, y Colombia, con el explícito apoyo de los Estados Unidos, decide
internacionalizar el litigio y por ejemplo plantearlo en Naciones Unidas, puede
sobradamente ampararse en el artículo 1 de la resolución 1373 del Consejo de
Seguridad.
Coincidirá conmigo finalmente en que
los países, tío Plinio querido, por lo menos por respeto a otros tramos dignos
de su historia, no deberían ocultarse detrás de las computadoras.
Si tía Edelma no entiende, aventúrese en la epopeya de explicarle.
Un abrazo.
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