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(IAR-Noticias)
01-Feb-05
Por Pedro Francke - La Insigna / La República
La sensación que crece entre los
peruanos en las últimas semanas es, críticamente, la de desgobierno. Para ello
se suman la asonada humalista en Andahuaylas, las acusaciones de las firmas
falsas, el escandelete de las fotos posiblemente trucadas y los escándalos en
el Congreso que no paran.
Pareciera que esta desastrosa situación no beneficia a nadie: los
empresarios se quejan del "ruido político", los partidos y dirigentes
políticos están cada vez más desprestigiados y las mayorías se sienten cada
vez más abandonadas y marginadas. No es así. Hay varios ganadores en esta
situación. A río revuelto, ganancia de pescadores, dice el dicho.
Los primeros ganadores son, claramente, varios acusados de la mafia
fujimontesinista. El caso más reciente es el de Eugenio Bertini, recientemente
declarado inocente. El ex gerente general del Banco Wiese ha dicho que no
tenía idea de que los 15 millones de dólares de Montesinos que él ocultaba
eran fraudulentos. Hay también varios generales que están saliendo en libertad
por cuestiones procesales -sobrepasaron el tiempo de prisión sin condena-. Los
poderosos intereses económicos que están involucrados en estos juicios por
corrupción buscan también que la confusión les ayude a librarse de incómodas
acusaciones; incluido Dionisio Romero, que se reunió en la salita del SIN para
buscar beneficios económicos a cambio del apoyo político que le dio al
régimen.
A ello se suman los grupos monopólicos y grandes transnacionales que buscan
nuevas y mayores ventajas económicas. A las resistencias a las regalías
mineras y el alza de las tarifas eléctricas se suma ahora una negociación del
TLC poco transparente. Mientras la política resulta ininteligible y el
gobierno no gobierna, estos grupos son expertos en amarrar por lo bajo cambios
de reglas de juego en su beneficio. Lo sucedido con la contaminación en La
Oroya y Doe Run, donde la empresa logró poner al alcalde a su favor para
seguir contaminando por cinco años más e incumplir los compromisos que había
asumido, es un caso ejemplar. ¡Cuántos casos más estarán produciéndose ahora
mismo!
Por otro lado, cuando el desgobierno aumenta y en el estado nadie es
responsable de nada, muchas leyes que resguardan el interés público y protegen
derechos ciudadanos dejan de aplicarse. Como no hay responsabilidad ni
vigilancia, muchos funcionarios pueden, con más libertad, "cobrar por lo bajo"
para que empresas tramposas y otros aprovechados hagan de las suyas.
También hay perdedores. Con el desgobierno, el Estado tiene menos recursos
y la propia descomposición estatal termina afectando los servicios básicos de
salud y educación y los programas sociales y de lucha contra la pobreza.
En última instancia, el gobierno no es sino expresión del esfuerzo humano
por reemplazar la "ley de la selva" en la que el más fuerte impone sus
intereses por formas de convivencia social que busquen el bien común y el
respeto a derechos básicos. Cuando desaparece el gobierno, la ley de la selva
regresa.
Si no queremos que unos cuantos pillos sigan esquilmando al país, es
imprescindible lograr un gobierno legítimo que establezca un orden justo y
promueva el desarrollo. Solo si todos participamos de manera consciente y
activa en la política y en las cuestiones públicas, podremos lograrlo.
* Pedro Francke es codirector de
Actualidad Económica del
Perú.
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