La
sangría ha comenzado.
No me refiero al último intento de reconquistar Irak, sino a la campaña de
venganza política al por mayor que los partidarios de la línea dura de la
administración Bush están librando contra todos y cada uno de los que pusieron
en duda el modo en que se estaba vendiendo y ejecutando la segunda Guerra del
Golfo.
Fuera: el Secretario de Estado Colin Powell, cuyo epitafio político debería ser
"si lo rompes, es tuyo" por su presciente aunque indeseado aviso al presidente
sobre los peligros de extralimitarse imperialmente en Irak.
Fuera: Altos cargos de la CIA que osaron, desde detrás del telón, disputar la
explotación sin precedentes de datos en bruto de la central de inteligencia para
vender la guerra a un congreso y a un público sediento de venganza después del
11-9.
Fuera: Michael Scheuer, veterano de la CIA, experto en contraterrorismo y
cazador de Osama bin Laden, mejor conocido como el autor del récord de ventas "Anonymous,"
cuya crítica equilibrada y devastadora de la guerra de Irak, la CIA y la manera
en que el presidente Bush está manejando la guerra antiterrorista ha sido un
buen contrapunto a la idiotez del "es cierto si decimos que es cierto" de la
maquinaria de Relaciones Públicas de la Casa Blanca.
Mientras tanto, la incompetencia engendrada por la ceguera ideológica ha sido
recompensada. Los neoconservadores que crearon el desastre en curso en Irak han
sobrevivido con creces al fracaso de sus imposiblemente halagüeños pronósticos
de un Irak pacífico y democrático bajo el mando de los EEUU. De hecho, a pesar
de las peticiones de dimisión - por parte del jefe de la Comandancia Central de
EEUU, Anthony Zinni, entre otros, - a la pandilla de neoconservadores les está
yendo de lo mejor. No se les ha hecho responsables de las 16 palabras sobre el
supuesto uranio enriquecido o yellowcake, del auge y caída en desgracia de Ahmad
Chalabi, del escándalo de Abu Ghraib, del saqueo de almacenes de municiones
iraquíes después de la invasión, ni de la eliminación desastrosa de las fuerzas
armadas iraquíes.
A día de hoy, todos los neoconservadores en la lista de perdedores de Zinni - el
Subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz; el jefe de gabinete del vicepresidente,
I. Lewis Libby; el asesor de recursos humanos del Consejo de Seguridad Nacional,
Elliot Abrams; el vicesecretario de Política de Defensa, Douglas Feith y el
Secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld - están todavía en sus puestos, al
mismo tiempo que el nuevo director de la central nacional de información, Porter
J. Goss, está destripando la cúpula de la CIA.
Esta es la culminación de la campaña de tres años en la que los hombres del
presidente han hecho de la CIA el chivo expiatorio por el hecho de que el 11-9
ocurriera bajo el mandato de Bush.
Hasta ahora, media docena de los superespías con más rango de la nación han sido
forzados a dimitir abruptamente - una forma extraña de manejar la situación dado
que Bin Laden y Al Qaeda están aún intentando atacar los Estados Unidos.
Irónicamente, todo esto sucede al mismo tiempo que Goss está censurando un largo
estudio preparado para el congreso por el inspector general de la CIA que, según
un agente de inteligencia que lo ha leído, nombra a individuos del gobierno
responsables por los fallos que prepararon el camino para los ataques del 11-9.
De este modo Bush, con Goss como verdugo, sale ganando doblemente: aparenta
estar restructurando la CIA - aunque sólo castiga a las voces independientes -
mientras le niega al congreso el acceso a una auditoría independiente sobre
fallos de inteligencia reales.
Deberíamos recordar que, a pesar de su imperfecta actuación durante el mandato
del exdirector George J. Tenet, la CIA intentó en al menos alguna ocasión
disputar las afirmaciones de los subalternos neoconservadores de los gabinetes
de Rumsfeld y Dick Cheney. Todos los centros de inteligencia tradicionales
fueron circunvalados por una sospechosa operación con base en la Oficina de
Planes Especiales de Feith. A Feith se le dio acceso a los canales de
información secreta en bruto - para poder escoger mejor los pseudo-hechos y
fabricaciones que aparecieron incluso en el crucial discurso presidencial sobre
el estado de la nación previo a la guerra.
Ahora, al haber descartado con éxito a todos aquellos que no se tragan las
fantasías ideológicas de la administración de reinventar el mundo a nuestra
imagen y semejanza, los neoconservadores han consolidado su control sobre el
gran poder militar de los Estados Unidos.
Con la ruptura de la CIA y el desahucio de Powell - en lugar del más merecedor
Rumsfeld - el golpe de los neoconservadores es completo. Han conseguido una
extraordinaria victoria política al ser recompensados por su incompetencia.
1.- El Principio de Peter es la teoría propuesta por Laurence J. Peter según la
cual los empleados de una organización o administración son progresivamente
ascendidos a su nivel más alto de competencia hasta que son ascendidos a un
puesto para el que son incompetentes, donde se quedan permanentemente.