Según el Sucesor del Príncipe de los Apóstoles se
está “relegando la fe a la esfera de lo privado” con lo cual la “mentalidad
inspirada en el laicismo” conlleva “a la restricción de la libertad religiosa”,
y con ello promovería “un desprecio o ignorancia de lo religioso”.
Entonces, según surge de los dichos del Siervo de
los Siervos de Dios todos deberíamos aceptar que sea desde el Estado de donde
partan las líneas instructivas sobre la fe religiosa para que no sea restringida
tal libertad. ¿En qué quedamos? ¿Debe haber libertad religiosa o no? ¿Es misión
de un gobierno ocuparse de difundir las creencias religiosas? ¿Y si así fuese,
cuáles serían?.
No caben dudas que estamos frente a un comentario,
parecido a una orden o imposición, de otros tiempos del Pontífice Supremo de la
Iglesia Universal. De aquellos que la Iglesia católica ocupaba sitiales de poder
terrenales y políticos inmensamente más grandes de los de hoy en día.
Recuerda Karol Wojtyla que “la impronta que la fe
católica ha dejado en la vida y la cultura de los españoles es muy profunda para
que se ceda a la tentación de silenciarla”. Otra vez los problemas con los
socialistas cuando llegan al poder, como es el caso de José Luis Rodríguez
Zapatero que hace solo nueve veces se hizo cargo del Gobierno español, después
de ocho años de un gobierno de derecha como fue el de José María Aznar López.
Indudablemente que para el Patriarca de Occidente
la participación española en la contienda colonialista e invasora en las tierras
musulmanas de Irak, a la que fueron llevados 1.400 españoles por decisión del
payaso del Partido Popular, no tuvo una condena por tratarse de una decisión del
dueño del circo hegemónico mundial George W. Bush con todas las mentiras
comprobadas sobre los motivos del inicio y prosecución de la invasión oliente a
petróleo y pintada de sangre.
“En el contexto social actual están creciendo las
nuevas generaciones de españoles, influenciados por la indiferencia religiosa,
la ignorancia de la tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual” según
las afirmaciones del Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano. Todo un
mensaje directo en contra del actual gobierno, que reitero lleva nueve meses en
el poder, y que por lo tanto no se puede hablar seriamente de generaciones.
La opinión del Primado de Italia, en perfecta
consonancia con los pensamientos del Partido Popular, entiende que existe una
“cruzada contra los católicos”. Pero más allá de esas opiniones podríamos
contrastarlas con el alejamiento que gran parte de los sacerdotes,
principalmente obispos y cardenales, han tenido con los diferentes pueblos a los
cuales les han encomendado la acción religiosa y evangelizadora.
No puedo menos que rechazar, como cristiano
respetuoso del Cristo hombre, cada una de las palabras y posturas del Obispo de
la Diócesis de Roma que únicamente persigue pensamientos e ideales dejados
atrás, hace muchísimos años, por la inmensa mayoría de los que profesan la fe
católica.
¿Quién debe establecer las reglas en una sociedad
democrática y pluralista en las cuestiones de las creencias y la fe? Por
supuesto que nadie, desde el momento que ellas responden exclusivamente al
convencimiento, pensamiento, decisión y fe íntimos de cada una de las ciudadanas
y ciudadanos. Solo en virtud de lo que entiendan por profesar cualquier religión
del amplio abanico de la fe.
¿Es condenable que un Estado, aún cristiano por
mandato de la historia, pueda tener una visión laicista? Seguro que debería ser
esa una constante toda vez que en la diversidad de fidelidades religiosas, como
en los pensamientos ateos o agnósticos, queda reservado a los gobiernos gobernar
y actuar en pos del bienestar general. Pobre de aquel gobierno que fije sus
políticas y sus acciones con un ojo mirando a cualquier instinto religioso en
lugar de tener a ambos en dirección de las necesidades del pueblo que ordeno su
presencia en el poder.
La verdad que este es un artículo en respuesta a
temas de otros tiempos, no de los que exigen que cualquiera sean nuestras
preferencias o convicciones religiosas, también si no las tenemos, pongamos a la
mujer y al hombre en el centro de todas las políticas que superen las graves
situaciones reinantes.