La Brecha:
A principios de mayo del 2003, el presidente Bush organizó una
puesta en escena triunfal sobre un portaviones de la marina de los Estados
Unidos, para anunciar oficialmente el cese de los combates en el Iraq. Un año
después, ¿cómo caracterizar la situación en este país?
Gilbert Achcar: Lo que sucede confirma lo que decíamos al principio de la
invasión al Iraq: "las dificultades para Washington y Londres no hacen más que
comenzar. Era sabido de antemano que el derrocamiento de Saddam Hussein y la
ocupación militar del país no plantearía problemas para el ejército de los
Estados Unidos, teniendo en cuenta la desproporción enorme de las fuerzas en
juego. Pero otra cosa es controlar un país como el Iraq. El avance tecnológico
aplastante del ejército de los Estados Unidos, ya no es tan determinante. En
primer lugar, hace falta un número de soldados mucho más importante del que se
necesita para una simple victoria militar. Ahora bien, la administración Bush
creyó poder ocupar el Iraq con un número muy limitado de soldados, es uno de los
talones de Aquiles de la potencia de los Estados Unidos: el factor humano,
rápidamente considerado como superado, luego de la revolución tecnológica que ha
transformado el "arte de la guerra". En segundo lugar, hay que tener frente a sí
una población controlable, es decir que manifieste un cierto grado de
resignación, o de aceptación, de la ocupación. Esto está muy lejos de ser el
caso, la mayoría de la población iraquí ha recibido al ejército de los Estados
Unidos con un sentimiento que podríamos resumir de esta manera: ‘Ustedes
derrocaron a Saddam Hussein, muchas gracias, ahora váyanse de aquí, no los
queremos como fuerza de ocupación’."
Este sentimiento está en la raíz del movimiento de oposición a la ocupación,
que adquiere un efecto "bola de nieve" y se traduce casi cotidianamente en
acciones armadas. A mi criterio, sin embargo, esto no es lo determinante. Lo más
importante es el carácter masivo del rechazo a la ocupación. Son por ejemplo las
manifestaciones gigantescas que han sucedido luego de la pulseada entre el
procónsul Bremer y el Gran Ayatolá Sistani sobre la cuestión electoral.
Esto es lo que hace que el proyecto de la administración Bush esté jaqueado y
que el Iraq ya se haya convertido en una caldera. El ejército de los Estados
Unidos se está estancando y la situación no hace más que empeorar, sin
perspectivas de una salida honorable. En este sentido hay puntos de comparación
con Viet Nam. No en el ámbito militar, pues no hay denominador común entre la
guerrilla iraquí y la guerra de Viet Nam. Pero en el ámbito político, como
ocurrió con Viet Nam, el Iraq se ha convertido en un enorme fardo para la clase
dominante de los Estados Unidos. Los Estados Unidos ya han gastado cerca de 130
mil millones de dólares para su presencia en el Iraq, con miras puestas en el
control de las riquezas petroleras considerables que tiene ese país, pero hoy
por hoy no están demasiado seguros de poder quedarse.
¿Cómo caracterizar las principales medidas de política económica impuestas
por los Estados Unidos al Iraq en un año?
Constatamos igualmente a este nivel una primera derrota de los Estados
Unidos. Washington no ha logrado aún el otorgamiento de la explotación de
petróleo iraquí, que era sin embargo su objetivo fundamental. Los Estados Unidos
no se han lanzado a esta guerra por las pocas industrias de transformación y
servicios que existían en el Iraq. La administración Bremer ha aplicado su
programa al pie de la letra, a fuerza de privatizaciones y de adjudicaciones de
mercados a empresas yanquis sin escuchar ofertas, inclusive en detrimento de
otras empresas yanquis, lo que ha provocado numerosos escándalos. Pero por el
contrario, los Estados Unidos ha seguido posponiendo las decisiones en materia
de petróleo, justamente a causa de la hostilidad que con respecto a ellas
rápidamente pudo constatar en el país. De hecho, cuanto más tiempo pasa, más se
intensifica la hostilidad popular que llevó a posponer estas decisiones. El
proyecto de la administración Bush no era, como se había dicho en algún momento,
privatizar pura y simplemente los recursos petroleros iraquíes. Eso sería
demasiado difícil de ser admitido. Su objetivo era una privatización encubierta,
bajo la forma de acuerdos que permitieran a las compañías petroleras yanquis
coexplotar con la compañía Estatal el petróleo iraquí. Pero hoy por hoy, el
principal problema de los Estados Unidos es saber si ellos podrán mantenerse en
ese país y bajo que condiciones.
La administración Bush puso como fecha el 30 de junio para transferir la
soberanía a los iraquíes, ¿qué significa realmente esto?
Fue el otoño pasado que Bremer anunció oficialmente su proyecto de un
"supuesto" gobierno iraquí, reuniendo a personas designadas por el ocupante o
elegidas por asambleas que fueron designadas por el ocupante para tales fines.
Esto ha resultado en una pulseada que tuvo como principal adversario a Sistani,
el más alto dignatario chiíta en el Iraq. El gran ayatolá Sistani es un
renombrado reaccionario en el plano social, un tradicionalista medievalista, sin
embargo en esta batalla, el ha aparecido como aquel que desafía al procónsul
Bremer. Un eminente hombre reaccionario queda convertido de esta manera en el
portavoz de su comunidad y de una mayoría de la población iraquí, en la
oposición a los planes de la fuerza de ocupación. A pesar de las diferencias
importantes entre Sistani y Khomeini, notablemente en sus concepciones de las
relaciones entre el poder político y las autoridades religiosas, esta situación
no es muy distinta del rol que jugó Khomeini en Irán en la lucha contra el Sha.
Siendo también ultra reaccionario en materia social y de los derechos de las
mujeres, Khomeini se había convertido en la principal figura de oposición al Sha
de Irán hacia finales de los años setenta, asumiendo en un primer tiempo el tema
de la democracia.
Cuando en noviembre del 2003 Bremer quiso torcer el brazo de los iraquíes,
Sistani redobló el desafío llamando a manifestaciones que tomaron una amplitud
considerable, y obligaron a Bremer a retroceder. La administración Bush se ha
vuelto una vez más hacia las Naciones Unidas para obtener una mediación y así
salvar su prestigio. Esta mediación ha resultado en la "supuesta" promesa de
organizar elecciones en el 2005. Digo "supuesta" porque no creo que los Estados
Unidos, o en todo caso, la administración Bush, estén realmente dispuestos a
organizar elecciones libres en el Iraq. En este contexto, nadie se toma en serio
la fecha de vencimiento del 30 de junio. El gobierno iraquí que entre en
funciones será, de hecho, designado por las fuerzas ocupantes: aun si la
formación de este gobierno se hace bajo el patrocinio de la ONU, son los Estados
Unidos quienes en última instancia lo entronizaran. Además, este gobierno no
será realmente soberano, no habrá ningún control sobre las fuerzas de ocupación,
ni tampoco, por otra parte, plena competencia presupuestaria. En realidad, el 30
de junio, el verdadero traspaso de poder no se producirá entre Bremer y un
gobierno iraquí, sino entre Bremer y el nuevo embajador de los Estados Unidos en
Bagdad, John Negroponte, quien hiciera sus primeras armas en Viet Nam, y templó
sus manos en los sucios episodios de la intervención yanqui en América Central,
en los años ochenta. De representante de los Estados Unidos en la ONU pasará a
dirigir, en Bagdad, la embajada de los Estados Unidos más grande del mundo, con
más de tres mil funcionarios.
¿Cuáles son las líneas de fuerza de las recomposiciones políticas y
sociales en curso en el Iraq? El escenario es difícil de descifrar, con fuerzas
sociales y políticas parcialmente aliadas, parcialmente competidoras u opuestas:
las que participan en el consejo interino de gobierno (CIG) puesto en funciones
por los yanquis y las que no están asociadas al mismo; las que se han definido
sobre bases religiosas o étnicas, las divisiones en el seno de la comunidad
chiíta, los sectores baasistas reinstalados por el ejército yanqui para
controlar Fallouja...
La fractura más importante no se da entre los chiítas y los sunitas, sino
entre los árabes y los kurdos. Hoy los kurdos son la única fracción de la
población iraquí que aprueba la ocupación y cree que les conviene perpetuarla.
Cierto es que el Kurdistán iraquí se benefició a partir del fin de la primera
Guerra del Golfo en 1991 con una autonomía real y un estatus muy privilegiado en
comparación con el resto del Iraq. Escapó a la dictadura de Saddam Hussein, e
inclusive pudo prosperar económicamente sirviendo de pulmón al resto del país
sometido al embargo de la ONU, lo que favoreció el desarrollo de todo tipo de
tráfico. Y todo ello se ha hecho bajo la protección de los Estados Unidos y Gran
Bretaña.
En todo el resto, el paisaje político está fraccionado. No existe una fuerza
hegemónica en condiciones de gobernar el país. Por ese motivo, las perspectivas
para una cierta forma de democracia en el Iraq son reales, a mi juicio, a
condición, claro está, que se ponga un término a la ocupación. Yo digo esto en
el sentido en que, por ejemplo, podemos afirmar que Irán es hoy infinitamente
más democrático que el Reino Saudita. En Irán, hay batallas electorales que no
son puro simulacro. Hay una pluralidad de fuerzas políticas, aunque sea dentro
de ciertos límites bien conocidos. Existe una vida política Iraní realmente
conflictiva, que no tiene nada que ver con el integrismo Islámico totalitario
del reino Saudita, ni con la ex-dictadura semifascista de Saddam Hussein.
El potencial que tiene el Iraq para un cierto funcionamiento democrático es
más grande aun que el de Irán, porque no hay una fuerza político-clerical iraquí
que sea hegemónica. Además, en el seno de la población, la mayoría chiíta
cohabita con una minoría sunnita, para no hablar de otras minorías, y por lo
demás, ninguna comunidad es homogénea. Todo eso contribuye a la existencia de
condiciones objetivas para un funcionamiento pluralista, aunque sea dentro de
ciertos límites.
Involuntariamente, los Estados Unidos han creado condiciones para esta
posible democratización. En efecto, ellos creyeron que controlarían más
fácilmente el país destruyendo su aparato de Estado, el que tenía Saddam Hussein.
En los Estados Unidos es casi unánime la opinión que la disolución del ejército
y de todo tipo de servicios, así como la "debaasificacion" -que ha excluido a
decenas de miles de funcionarios, la mayor parte miembros del partido por puro
oportunismo y que no son fácilmente reemplazables- constituyó una tontería
monumental. Se han privado así de la única fuerza que hubiera sido capaz de
perpetuar un control de la población, un aparato de estado represivo y bien
aceitado... Esto ha creado una situación difícilmente reversible. No se
reconstruye fácilmente un aparato de Estado disuelto hace más de un año. Hemos
visto en Fallouja que la tentativa de recurrir a un general de la ex guardia
republicana para estabilizar la situación ha provocado una indignación tal que
el ejército yanqui debió, parcialmente, retroceder. En este contexto, la única
posibilidad de recomponer un Estado iraquí es de hacerlo en un marco pluralista,
al menos en un primer momento.
Inprecor: El consejo de seguridad de la ONU adoptó finalmente una
resolución por unanimidad que confirma la política de los Estados Unidos en el
Iraq. ¿Cómo explica lo que podría parecer como un "darse vuelta" de la
dirigencia francesa, alemana, rusa y china? ¿La administración Bush ha debido
hacer concesiones para llegar a este acuerdo?
Seguro que el equipo de Bush ha hecho concesiones: el solo hecho de estar
nuevamente dirigiéndose a la ONU es una confesión de impotencia y una
"concesión" por parte de una administración que hasta fecha reciente tenía una
actitud mucho más arrogante. Paris, Moscú y Pekín están exultantes viendo al
consejo de seguridad -donde los tres estados disponen de un asiento permanente y
derecho a veto- nuevamente revestido de responsabilidad oficial sobre la suerte
del Iraq. De todas maneras, nadie se engaña: el hecho de que París y Berlín
continúan rehusándose a participar de la ocupación del país en el marco de la
OTAN, indica claramente que las dos capitales saben que el poder real lo detenta
exclusivamente Washington, lo que ellos desean es una verdadera asociación en la
gestión del Iraq, y por lo tanto su parte del botín (petróleo y mercado de la
reconstrucción). El pretexto oficial es que el gobierno instalado, a pesar del
aval de la ONU, no tiene aún legitimidad como para autorizar una presencia
militar extranjera. Dicho de otra manera, París, Berlín y Moscú esperan que se
desarrolle un gobierno electo en el Iraq, lo que en teoría debería tener lugar
al comienzo del año que viene. Esperan también un cambio de equipo en
Washington, con la llegada al poder de un Kerry más predispuesto a asociarlos y
a dar vuelta la página del deterioro de las relaciones a causa del "unilateralismo"
estadounidense. Con una y otra elección, esperan que la situación evolucione a
favor de sus intereses.
El nuevo "gobierno iraquí" anuncia la puesta en escena de una fuerza
armada iraquí, ¿se trata de una iraquización de la ocupación, a imagen de lo que
fue la vietnamización en los años setenta? ¿La instalación de esta fuerza armada
es una tentativa tardía de aliarse con elementos del antiguo aparato de Estado
saddamista?
La tentativa de poner en pie una fuerza armada iraquí está en curso desde el
principio de la ocupación. Hasta ahora fue un fracaso patente. Hace falta mucho
para que una iraquización del tipo de la vietnamización -es decir, el reemplazo
de tropas yanquis por las del gobierno títere local- se convierta en algo
posible. Además, no olvidemos que la vietnamización en sí misma no fue más que
el preludio de la debacle final.
Dicho esto, en el marco de la revisión general de la acción de Washington en
el Iraq, ha habido un cambio en el hombre de enlace: el delincuente Chalabi fue
reemplazado por el bruto Allaoui, al que Le Monde denominó,
acertadamente, como el "Saddam sin bigote". Desde el comienzo era partidario de
apoyarse en el aparato del régimen baasista del cual él mismo era un caudillo.
Después de haber sido "acunados" por las ilusiones de los neo-conservadores
(llamados corrientemente "neocons" en los Estados Unidos)[1],
los Estados Unidos vuelven a la realidad: no encontrarán nada mejor para
controlar el Iraq que el aparato de Saddam. Claro que lo intentan demasiado
tarde, y lo que inicialmente pudo haber sido una estrategia cínica pero eficaz,
parece ahora destinada al fracaso.
La Brecha: ¿Cuál es el lugar de los movimientos con una dimensión
democrática y social independientes de las grandes fuerzas religiosas o
políticas?
En este sentido, hay una decepción enorme. Podíamos ser optimistas antes de
la invasión, pues el Iraq tuvo históricamente una izquierda comunista masiva,
particularmente en los años cincuenta y sesenta. A pesar de haber sido aplastada
en el Iraq por Saddam Hussein, ella continuaba representando en el exilio -donde
vivían cuatro millones de iraquíes antes del comienzo de la guerra- una fuerza
real. Podía esperarse que esta tradición, que conservaba las raíces en el país,
renaciera de las cenizas. Pero de hecho, el Partido Comunista iraquí, después de
tener una actitud relativamente correcta antes de la guerra -en oposición a
Saddam Hussein, por supuesto, pero también a la guerra que se preparaba y al
proyecto de dominación yanqui- ha aceptado participar del CIG designado por la
ocupación. El Partido Comunista iraquí ha logrado la hazaña de pasar de la
participación en el gobierno baasista, a comienzos de los años setenta, a la
participación en el consejo de colaboradores de la ocupación yanqui: esto ha
desacreditado enormemente al partido y la tradición comunista. Existen otras
fuerzas más a la izquierda, pero no tienen peso ante la coyuntura del país. Como
en Palestina y en toda la región, son los integristas islámicos los que tienen
un discurso más radicalizado contra la dominación occidental, han tomado la
iniciativa y han captado el resentimiento popular. Desde ese punto de vista, las
consecuencias de las actitudes del Partido Comunista iraquí son muy graves.
Inprecor: El PCI ha integrado el CGI, y después de los enfrentamientos de
Fallouja el Partido Comunista Obrero del Iraq denunció por igual a los dos
terrorismos, es decir, al ocupante y las milicias de Moqtada Al Sader... ¿Es que
la izquierda iraquí está condenada a alinearse o a registrar los tantos de cada
bando en la lucha contra la ocupación?
Resulta trágico ver que la "oferta" de la izquierda, en el Iraq actual, se
reduce en lo esencial a estas dos organizaciones: por una parte un partido que
actúa como colaborador de la ocupación yanqui en la peor de las tradiciones
estalinistas; por otra parte, una organización ultra-izquierdista y
ultra-sectaria, que solo puede encontrar eco entre sectores ya predispuestos a
entender su discurso de denuncia virulenta del "nacionalismo árabe" y del "islam
político", vale decir, entre una pequeña fracción de los kurdos (el PCOI nació
del ala radicalizada de una organización nacionalista que actuaba en el
Kurdistán iraní). Hay, por supuesto, otra vía que la de alinearse detrás de los
integristas musulmanes o de los baasistas y -lo que es, ciertamente,
infinitamente más grave- detrás de la ocupación. Es la que consiste en "golpear
juntos y marchar separados", no en el sentido de acción militar contra el
ocupante -lo que sería legítimo, pero se trata de un asunto de relaciones de
fuerza y de eficacia estratégica-, sino de impulsar una campaña de agitación
política y de manifestaciones contra la ocupación, considerándola como el
enemigo principal. Es la condición indispensable para poder llevar adelante el
necesario combate ideológico contra los integristas y los nacionalistas.
Inprecor: ¿Los recientes secuestros y asesinatos de ciudadanos de los
Estados Unidos en Arabia Saudita, seguidos de un impresionante despliegue de
fuerzas represivas sauditas están indicando la aparición de una oposición en ese
país? ¿Cuáles son las líneas de fractura política en el mismo?
No indican la "aparición", sino el crecimiento de una oposición violenta a la
familia reinante y a la potencia tutelar estadounidense. Es un hecho antiguo que
el carácter semitotalitario e integrista musulmán del régimen saudita fue un
impedimento para el surgimiento de toda oposición progresista en ese país. De
modo que el resentimiento virulento al poder y sus amos no ha encontrado como
canal de expresión más que otra variante del integrismo islámico. A este
respecto, desde la insurrección de la Meca en 1979 hasta Ossama Bin Laden
-después que el despliegue de tropas yannquis en el suelo del reino en 1990
llevara a este último a volverse contra la casa de los Saud- hay una constante.
Las otras oposiciones potenciales -mujeres, demócratas, etcétera- están
apresadas como en una tenaza entre estos dos polos.
Desgraciadamente, el futuro de la región es cada día más sombrío, y las
modalidades de la hegemonía estadounidense alimentan esta terrible regresión.
Terminar con esta hegemonía aparece como una condición necesaria para que emerja
una nueva oposición de izquierda a escala regional. En este sentido, los
desengaños de Washington son la única buena noticia, mucho más desde que tienen
alcance mundial y solo pueden mejorar las condiciones de combate progresista
antiimperialista en otras regiones del planeta.
La Brecha: Desde el inicio de la segunda Intifada, en septiembre de 2000,
la represión israelí en contra de los palestinos no ha dejado de crecer. La
construcción del muro avanza inexorablemente. La administración Bush ha dado luz
verde al plan Sharon que cierra la puerta a los refugiados palestinos e implica
la anexión de una parte importante de Cisjordania. El cuarteto (Estados Unidos,
Naciones Unidas, Unión Europea y Rusia) se ha alineado con esta posición
yanqui... ¿Qué está sucediendo? ¿Asistimos acaso a una nueva "Nakba" para los
palestinos?
Desgraciadamente la segunda Intifada ha sido un componente de esta dinámica
regresiva. Fue mucho menos eficaz que la primera en la lucha contra la ocupación
israelí. Esto resulta del hecho que los palestinos, de alguna manera, han caído
en la trampa de la militarización de la Intifada. Creo que de manera bastante
deliberada del lado israelí se ha favorecido esta militarización del
enfrentamiento. Esto les permitía recurrir a medios de mayor magnitud, con el
pretexto que ya no se trataba de contener manifestaciones, sino de llevar
adelante una guerra: el término es utilizado hasta el hartazgo del lado israelí.
Del lado palestino, esta dinámica ha desembocado en una fuerte reducción de la
participación popular. Es chocante la diferencia entre el carácter masivo de la
primer Intifada y la segunda. La participación directa de las mujeres es un
indicio de ello: era destacable en la primera y está totalmente ausente en la
segunda. Esto corresponde perfectamente a lo que podía desear alguien como Ariel
Sharon, que ha jugado un rol decisivo en la provocación inicial en septiembre de
2000, y que ha podido enseguida surfear sobre esa situación para triunfar en las
elecciones de febrero de 2001. Desde entonces, no deja de echar leña al fuego,
pues es el brasero del cual saca su propia fuerza.
Hoy en día, la situación en que están los Palestinos es la peor que jamás
hayan conocido en toda la historia del conflicto palestino-israelí. Nunca hubo
tal desamparo. Ese pueblo esta siendo completamente estrangulado, está en marcha
una vergonzosa política de expulsión. La política del gobierno israelí crea una
situación tan insoportable que empuja a un número creciente de palestinos el
exilio. Aquellos que quedan atrapados en esa pinza son luego concentrados en
algunos enclaves sujetos a una alta vigilancia. Esta dinámica favorece los
extremos de ambas partes. Sharon es quien saca provecho del lado israelí. Del
lado palestino, es el Hamas el que aprovecha, ya que este movimiento es el más
violento de todos en la oposición a la ocupación y al sionismo. Esto agrava el
impasse histórico dentro del cual se encuentra esta parte del mundo.
En este contexto, ¿qué alcance tiene la iniciativa de Génova?
Las críticas que se le pueden hacer a esta iniciativa desde el punto de vista
de los derechos de los palestinos son evidentes. Pero no me extenderé sobre eso,
ya que en la situación actual es una iniciativa que ha nacido muerta: los que
están detrás de esta iniciativa, tanto del lado israelí como del lado palestino,
están totalmente marginalizados.
Si el contexto político llegara a cambiar y un espacio para iniciativas
semejantes se abriera nuevamente, adoptaría la misma actitud que tuve respecto a
los acuerdos de Oslo en 1993. Consiste, por un lado, en explicar que esto no
dejaría satisfechos ninguno de los derechos fundamentales de los palestinos y,
por lo tanto, no resolverá el conflicto; pero, por otra parte, me resulta
evidente que volver a una situación más o menos parecida al período que siguió a
los acuerdos de Oslo valdría más que el infierno y la asfixia a la cual los
Palestinos están hoy condenados. Para resumir, yo no sostendría iniciativas de
este tipo, pero no adscribiría tampoco a una política defensiva. Habrá que
continuar con la lucha por los derechos del pueblo palestino, a partir de las
magras conquistas que se haya podido conseguir, más que descartando éstas
últimas.
La administración Bush se enfrenta a grandes problemas, tanto sobre el
territorio del Iraq como en el ámbito diplomático, tal como lo ha ilustrado la
decisión que tomó España de retirarse de la coalición ocupante. ¿Qué tipo de
respuestas busca la administración Bush y qué debates abre esto en el seno del
establishment yanqui, entre republicanos y demócratas, sobre la ocupación
del Iraq y el futuro despliegue imperial yanqui?
La principal diferencia entre Kerry y Bush sobre este tema reside en la mejor
disposición de Kerry para repartir la torta con Francia y Rusia especialmente, a
fin de permitir una internacionalización mayor de la gestión del Iraq, por
intermedio de la ONU. Piensa que esto le permitiría liberarse de la violenta
oposición a la ocupación del país. Es esto lo que Kerry quiere decir cuando
afirma que sería capaz, a diferencia de Bush, de renovar lazos con los aliados.
La administración Bush persiste por su lado en intentar aprovechar la
presencia yanqui sin ceder terreno en cuanto al control del Iraq. Teniendo en
cuenta la evolución de la situación, me parece casi imposible. Pero esto no
quiere decir que una solución a la Kerry tenga más chances de resolver la
cuadratura del círculo: mantener el control de los Estados Unidos sobre el Iraq
-incluyendo su presencia militar en el ppaís- y al mismo tiempo pacificarlo. En
efecto, si se entra en un proceso directamente controlado por el consejo de
seguridad de las Naciones Unidas, la presión por elecciones libres sería
demasiado fuerte para resistirla. Y no veo como las elecciones en el Iraq
podrían llevar al poder una suerte de gobierno que se acomode a la presencia de
las tropas yanquis.
Dicho esto, los imponderables son numerosos. Es una región muy inestable,
donde se pueden producir mutaciones brutales. Nadie, por ejemplo, puede
arriesgarse sobre la perennidad del régimen sirio o iraní. La situación se está
volviendo crítica aún en el reino Saudita, que hasta ahora estaba relativamente
preservado como sostenido sobre una chapa de plomo. En realidad, las políticas
sostenidas hasta aquí por los Estados Unidos en el Medio Oriente, en lo que
tienen en común una u otra administración, no pueden más que alimentar el
desorden y un descenso a la barbarie; yo hablé después del 11 de septiembre del
"choque de barbaries".
Por un lado, el escándalo de los informes de las humillaciones y las torturas
practicadas por los soldados yanquis en el Iraq y en Afganistán, los cientos de
prisioneros privados de todo derecho en Guantánamo, violando las convenciones
internacionales, ilustran los pasos dados en esta espiral regresiva por los
Estados Unidos. Por el otro lado, en Medio Oriente todos los héroes populares
hoy día son integristas musulmanes: Bin Laden, los jefes del Hamas, del
Hezbollah libanés, Motqada Al Sadr, etcétera. Se mide así la dinámica regresiva
que pesa fuertemente sobre la región y que marca una situación particularmente
sombría.
¿Pero no hay acaso también tendencias opuestas?
En un tablero tan inquietante, afortunadamente hay algunos pequeños visos de
esperanza. El movimiento mundial contra la mundialización neoliberal y contra la
guerra comienza a tener un impacto, muy modesto por ahora, en países como
Marruecos, Egipto o Siria, y suscita actividades inspiradas por lo que sucede en
Europa. El primer Foro Social marroquí juntó algunos cientos de personas en 2003
y tendrá una segunda edición este verano [boreal]. Un pequeño movimiento contra
la mundialización comienza a desarrollarse en Siria. Estas modestas esperanzas
son, por lo tanto, debidas a factores exógenos, los factores endógenos alimentan
más bien la radicalización en el terreno del integrismo islámico. El impacto
novedoso del movimiento altermundialista nos pone frente a cambios importantes:
la información circula infinitamente más que en el pasado en el Medio Oriente y
el mundo árabe. Las cadenas de televisión satelitales en árabe han perforado los
tabiques de plomo impuestas por los regímenes autoritarios de la región, que no
pueden, tampoco, controlar completamente el acceso a internet.
Este nuevo contexto puede también favorecer el surgimiento de nuevas
corrientes de izquierda. Para desarrollarse, éstas deberían privilegiar los
temas donde los integristas son, en lo esencial, incapaces de competir con
ellos: el terreno social, los derechos de la mujer, la denuncia del capitalismo
salvaje y sus estragos a escala planetaria. Por supuesto que cualquier izquierda
digna de llamarse así debe también oponerse a la ocupación y a los planes de
dominación occidentales, pero no podría llegar a vencer a los integristas en ese
terreno, en el que dominan ampliamente la escena.