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(IAR-Noticias)
31-En-05
Por David Hernández* -
La Opinión Digital
Las
últimas revelaciones sobre la creación de un aparato de espionaje militar bajo
las órdenes directas del jefe del Pentágono, el secretario de Defensa Donald
Rumsfeld, que ya ha realizado acciones encubiertas en el extranjero y que no
está supeditado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), dan la medida de la
crisis en materia de seguridad nacional e internacional en la cual han caído no
sólo Estados Unidos sino también sus aliados europeos luego de los atentados
terroristas del 9/11. El Departamento de Apoyo Estratégico, supeditado
directamente a Rumsfeld, fue creado como una institución que está por encima de
la CIA y tiene un carácter clandestino.
Las revelaciones sobre sus “grupos de
tarea” que, autorizados por el presidente Bush, han actuado desde hace por lo
menos dos años en operaciones clandestinas en Yemen, Argelia, Siria, Sudán,
Malasia, Irán, Afganistán e Irak, fueron descritas recientemente por el
periodista estadounidense Seymour M. Hersh en sendos reportajes en The New
Yorker y difundidas profusamente en los medios de comunicación europeos.
Según trasciende de dichos
reportajes, Donald Rumsfeld planeó y presionó durante dos años antes de obtener
la autorización presidencial para emplear comandos militares en operaciones
encubiertas. Una de sus primeras medidas fue traspasar el mando de una unidad
secreta, “Zorro Gris”, del Ejército al Mando de Operaciones Especiales (SOCOM),
situado en Tampa, donde a partir de julio de 2002 ha estado bajo las órdenes de
un único jefe administrativo y operativo.
Ahora que han dejado atrás Afganistán
e Irak, uno de los principales teatros de operaciones de los “espías” de
Rumsfeld es Irán, país al que ven como la próxima escala de su campaña bélica.
La guerra de Rumsfeld & Co. tendría como objetivo político en el Medio Oriente
el establecimiento de la democracia en toda la región y salvaguardar la
seguridad de Israel. En realidad, lo que se persigue es asegurar una posición
geoestratégica y el petróleo.
Todo esto ha recordado a los europeos
los tiempos del caso Irán-contra, o Irangate, en los cuales los servicios
especiales estadounidenses estuvieron envueltos en transacciones de armas y
drogas a Irán y a la contra nicaragüense que luchaba contra los sandinistas.
Lo llamativo del paralelismo es que
la actual elite neoconservadora de la Casa Blanca es la que por esas fechas
estaba activa. Desde Cheeney, pasando por el actual embajador de Estados Unidos
en Irak, John Negroponte, en aquél entonces embajador en Honduras, terminando
con Paul Wolfowitz, Donald Rumsfeld, Kagan, William Casey o Richard Perle.
Se trata de “profesionales” de la
conspiración, que no se detienen ante la mentira a la opinión pública ni ante el
ocultamiento de datos, con tal de llevar adelante sus objetivos. Son “cuadros
veteranos” con muchísima experiencia en la guerra desinformativa y el secretismo
de Estado en nombre de la seguridad nacional. Ejemplo de ello es que la invasión
a Irak estaba ya incluso antes del 9/11 planificada y dichos atentados
terroristas les cayeron literalmente del cielo, como anillo al dedo para sus
planes hegemónicos en el Medio Oriente y el Asia Central.
Aún sabiendo de fuentes fidedignas
como la CIA, que en Irak no habían armas de destrucción masiva, y que Sadam
Husein no tenía contactos orgánicos con Al Qaida, la Casa Blanca pregonó a los
cuatro vientos dichos argumentos para justificar la intervención estadounidense
en Irak.
Esto prueba que el grupo
neoconservador que rige los destinos de Estados Unidos es, más que un equipo de
funcionarios y jefe de Estado que actúan de acuerdo a la ley, un puñado de
conspiradores que prefieren la inconstitucionalidad y la ilegalidad para
realizar sus objetivos.
La CIA, en estas circunstancias,
atada a muchas de las limitaciones legales que establece la Constitución, no
cuadra en los planes intervencionistas del Pentágono.
Sin embargo, este Departamento de
Apoyo Estratégico comienza a generar confusiones en el mismo Congreso, al grado
de que el senador republicano John McCain, quiere debatir sobre dicha estructura
secreta a las órdenes de Donald Rumsfeld ante el Comité de las Fuerzas Armadas,
ya que sus tareas de espionaje en el extranjero son de acuerdo a las leyes,
atributo exclusivo de la CIA.
La investigación propuesta por el
senador McCain es lo más ecuánime para demostrar a la opinión pública que el
equipo Bush es un team que actúa de acuerdo a la Constitución y no un
grupúsculo de conspiradores que planea guerras e intervenciones bajo la turbia
cobija de un organismo de espionaje ultrasecreto, del cual ni la misma CIA tenía
noticias.
* PhD en
Filología escribe desde Alemania.
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