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(IAR-Noticias)
09-Feb-05
Por
Julian Quito
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ALTERCOM
B enitín
y Eneas, el bueno y el malo de las tácticas de tortura, el cretino y el sensato,
Bush y Kerry, según el análisis de Milton Benítez: el poder busca copar todos
los confines de la escena, incluso y sobre y todo las zonas de resistencia y
alternativa.
En los últimos 15 años,
los movimientos sociales, con la CONAIE a la cabeza, habían logrado resquebrajar
el orden de la escena y generar espacios de resistencia.
Empero,
el presente año que se iniciara con su intento por reagruparse y enfrentar la
política de Gutiérrez termina con un retorno a los peores tiempos y con la
escena copada por Febres Cordero y Bucaram. Ni siquiera el bueno y el malo, el
cretino y el sensato sino el malo y el peor, los dos Padrinos.
En estos
15 años, el poder había exhibido los rostros de Bucaram, Febres Cordero, Durán
Ballén, Alarcón, Mahuad, Noboa: el fanfarrón, el «coronel», un antiguo
representante de compañías extranjeras de la era de Camilo Ponce, el bailarín,
el «decididor» de los aparatos tecnocráticos, el «notable», figuras casi todas
ellas propias del valetudinario Ecuador oligárquico. Las tempestades sociales y
políticas barrieron con todos, salvo Febres Cordero y Bucaram. A ellos se han
sumado, Alvaro Noboa, el hombre más rico del Ecuador, una suerte de muñeco
gritón y gesticulante sin nada por dentro, y Gutiérrez el impávido, sin nada por
dentro y por fuera.
La
escena política del actual Ecuador, más que el drama propio de la era moderna,
es una suerte de farsa, candomblé, mojiganga, sainete, espectáculo, misa negra,
burlesque, macumba, entremés, payasada, guiñol, chacota, bufonada, circo: la
obscenificación de la política. La globalización, al despojar a los Estados
nacionales de gran parte de su poder y capacidad política, ha contribuido a la
transformación de las grandes confrontaciones históricas en revista de
variedades. Un sistema político que expresa la renuncia a toda concepción de
país y de historia. La descomposición del Estado, en suma.
Pero, la
crisis de las instituciones -Congreso, Corte Suprema, Gobierno- no solo expresa
sino que sirve de cortina de humo para la continuación de la transferencia de la
soberanía a través del TLC, la subordinación a la estrategia militar
estadounidense, la renuncia a la jurisdicción ecuatoriana sobre las compañías
extranjeras, la concesión de inmunidad de los soldados yanquis, el hundimiento
de barcos ecuatorianos por la armada norteamericana. En tanto entre bastidores
se deciden los procesos fundamentales, en la escena el imaginario político de
los ecuatorianos se encuentra copado por la lucha a dentelladas por los
escombros de las instituciones estatales entre el Partido Social Cristiano y la
troika Bucaram-Noboa-Gutiérrez.
Todo
ello ocurre en un momento en que soplan nuevos vientos en América Latina -a los
triunfos del movimiento bolivariano venezolano, del Frente Amplio de Uruguay y
de la izquierda chilena se suma la abrumadora victoria de los sandinistas- y
surge una alternativa, todavía embrionaria, al poder imperial absoluto. La
derrota de Rumsfeld, Uribe y Gutiérrez en la reciente reunión de Ministros de
Defensa de América Latina y el surgimiento, muy débil aún, de la Comunidad
Sudamericana de Naciones, abren ese horizonte.
¿Qué
pasa en el país que luego de las grandes luchas que llevaron a la caída de
Bucaram y al 21 de enero de 2000, hayamos desembocado en un sainete tan
lamentable en que el pueblo solo asiste como espectador perplejo?.
Las
fuerzas políticas legales de la izquierda ecuatoriana -Partido Socialista, MPD,
Pachakutik-, tienen una enorme responsabilidad. Mientras en otros países la
unidad de la izquierda -Frente Amplio, PRD en México, el primer PT- logra
grandes victorias, en Ecuador se profundiza su atomización. En las ultimas
elecciones fueron cada una por su lado, en alianzas dudosas, algunas de ellas
vergonzosas.
En la
presente crisis institucional su conducta ha sido más lamentable aún. Lejos de
generar un polo de condensación y un referente ajeno a las disputas
oligárquicas, capaz de enrumbar la lucha política por los objetivos básicos, han
ido a la cola de los dos contendientes oligárquicos en la disputa de los
despojos del Estado, de los despojos de los despojos, como si hubieran perdido
todo proyecto de cambio y renovación.
Empero,
en las últimas elecciones, sumados sus votos obtuvieron el 18 por ciento del
total, punto de partida excepcional. Más aún, en unión con los movimientos
sociales -CONAIE, FENOCIN, Frente Popular, UNE- conformarían una poderosa
energía social y política capaz de derrotar al TLC, el Plan Colombia y poner al
Ecuador en el gran movimiento latinoamericano en formación, liberándolo de la
actual política que lo ha convertido en el ariete de la estrategia
norteamericana de dividir a la América del Sur.
La
CONAIE ha planteado distancia frente a las actuales disputas oligárquicas y ha
llamado a luchar por los objetivos cardinales: derrotar al TLC y a la
vinculación del país en la estrategia militar imperial. La crisis institucional,
expresión de la pérdida de soberanía, exige también una solución que bien puede
ser la de elecciones anticipadas de Presidente de la República y la convocatoria
conjunta a una Asamblea Constituyente junto con la realización del referéndum
sobre el TLC.
Entonces
la izquierda social y política retomaría su rumbo.
Julián Quito
Analista ecuatoriano, colabora con el quincenario Tintají
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