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(IAR-Noticias)
07-Feb-05
Por
Nelson Fajardo
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ANNCOL
En
varias oportunidades hemos insistido en el carácter oligárquico y excluyente de
la clase dominante el país; pero dicho carácter no seria tan vergonzoso sino no
se extendiera a las relaciones internacionales.
Tal es el caso de compartir causas históricas como el apoyo con tropas a
conflictos que estimula y propicia el imperialismo en su afán expansionista,
Corea, Israel e Irak, por nombrar algunos.
Pero lo más grave, ahora, es que nuestras relaciones internacionales han entrado
en una fase de total incondicionalidad y genuflexión con la geoestrategia
estadounidense, que el apoyo a Inglaterra en la guerra de las Malvinas contra
los argentinos y el envió de tropas al Sinaí pasan desapercibidos como actos de
fariseísmo diplomático, frente a la capacidad de asumir la lucha contra el
“terrorismo mundial” como su causa y la de todos lo colombianos.
Aceptando la necesidad de hacer diferenciaciones, da vergüenza de patria
confirmar que la crisis en las relaciones con los hermanos de la República
Bolivariana de Venezuela tiene que ver con la reincidencia en el fariseísmo de
la diplomacia oligárquica colombiana, que no escatima esfuerzos por traicionar o
feriar intereses públicos originales y fundacionales de la frágil constitución
latinoamericana, para quedar bien con aquellos que la sostienen y amamantan.
Su nula capacidad para la autocrítica, su capacidad para distorsionar y deformar
los hechos reales hacen que la oligarquía colombiana inepta para conformar
Estado-nación, venda hacia fuera la idea de un Estado moderno exportando tropas,
promoviendo conflictos favorables a intereses mayores que en nada nos
benefician; todo ello mientras la cohesión de la nación y su óptima integración
regional son altamente cuestionables.
En contravía, el ALCA y el TLC son asumidos como inevitables si queremos
sobrevivir; mientras la tendencias señalan que no todas las naciones
latinoamericanas ven como cierta esa inevitabilidad y propugnan la Comunidad
Suramericana de Naciones con el propósito de cohesionarse para negociar mayores
niveles de integración en mejores condiciones tanto internas como externas.
No queda la menor duda que los sucesos alrededor del guerrillero de las FARC-EP,
Rodrigo Granda hacen parte inicial del paquete de medidas del orden geopolítico
que promueve Estados Unidos para desestabilizar a la República Bolivariana, que
no es de sus afectos, porque no promueve el ALCA y los TLC, no comparte el
concepto de “terrorismo mundial” para todas las luchas populares y
revolucionarias y propugna por la integración de las naciones en condiciones de
igualdad, fraternidad y respeto como no lo hace la oligarquía colombiana.
El deterioro de las relaciones políticas trae y traerá serias dificultades en el
plano de las relaciones económicas con la hermana República; lo más grave es que
transitemos de este escenario de dificultades a un enfrentamiento del orden
militar, como lo puede preferir Estados Unidos. Para ello, hay que promover la
imagen del dictador y del “populista” en Hugo Chávez, aplicar la cláusula
“democrática” de la OEA a Venezuela y estampillarla de Estado “terrorista”.
Los favores del Estado oligárquico colombiano en esta dirección son bienvenidos
para la gran potencia, lo grave es que ella no toma conciencia que sigue
priorizando alianzas y convenios con los sectores más retardatarios de la
sociedad; sectores cuyas fortunas tienen un historial de poca santidad. La
movilización contra el Estado oligárquico autoritario y despótico, contra una
oligarquía concentradora del poder político y económico y por una diplomacia que
respete la soberanía de Nación está al orden del día.
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