El
texto que sigue fue presentado por Manuel Castells en el panel
"Revolución Digital: software libre, libertad de conocimiento y libertad de
expresión en la sociedad de la información", en el cual participaron
además Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons, Gilberto Gil, músico y
Ministro de Cultura de Brasil, y John Perry Barlow, Fundador de EFF, en uno de
los eventos más destacados del reciente Foro Social Mundial realizado la semana
pasada en Porto Alegre, Brasil.
La era
de la información es nuestra era
Es un
periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las
tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no
causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los
ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha
actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez
incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada
proceso, en cada país y en cada organización social...
Como
todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina
un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características,
dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples
opciones que se presentan a la voluntad humana. Pero la ideología tecnocratita
futurológica trata de presentar la revolución tecnológica como dictando una
única forma de organización social posible, generalmente asociada a la ley del
mercado y al proceso de globalización. De esta forma, la aceptación del
extraordinario carácter de la revolución tecnológica en curso conllevaría la
aceptación, en lo esencial, de que la propuesta según la cual la ciencia y la
tecnología, utilizadas racionalmente, irán solucionando los principales
problemas de la humanidad. Aun reconociendo obstáculos en el proceso de difusión
y desarrollo, la critica a los usos de la tecnología se identifica a la
resistencia oscurantista al cambio social. La ideología de la bondad tecnológica
y la ideología de una globalización fundamentalmente orientada por la ley del
mercado se refuerzan la una a la otra. En ambos casos, desaparece la sociedad
como proceso autónomo de decisión en función de los intereses y valores de sus
miembros, sometidos a las fuerzas externas del mercado y la tecnología.
Y sin
embargo, la observación empírica, los resultados de la investigación, de mis
propios trabajos y de otros muchos, muestran el carácter contradictorio del
proceso de globalización y la diversidad de las trayectorias tecnológicas y de
sus efectos. Así:
En
medio de una de las revoluciones tecnológicas más extraordinarias de la
historia, la disparidad de conocimiento y capacidad científica se concentra cada
vez más en términos relativos, por países, por clases, por instituciones y por
organizaciones. Y los efectos de dicha revolución sobre la calidad de vida son
apropiados fundamentalmente por las grandes corporaciones y sus circuitos de
distribución. El control irrestricto de los derechos de propiedad intelectual se
convierte en el mecanismo fundamental del control de la riqueza.
El
momento de eclosión de las tecnologías de libertad, en particular de Internet,
pero también del conjunto de tecnologías informáticas de red, de
telecomunicación de banda ancha, comunicación móvil y de computación
distribuida, es también, so pretexto de terrorismo y pornografía, el momento de
la obsesión por la seguridad, del control de los estados sobre las
comunicaciones, de la amenaza a la libertad de expresión, dentro y fuera de
Internet, de la vigilancia electrónica ubicua y la invasión sistemática de la
privacidad por parte de empresas comerciales y agencias de gobierno.
El
momento de la innovación y la creatividad como fuentes de cambio tecnológico,
enriquecimiento cultural y calidad de vida, es también el momento en el que
muchas corporaciones coartan la innovación para disfrutar de rentas de monopolio
y en el que la justicia persigue a los jóvenes que intentan poner música a sus
vidas aunque no sean mercado para los explotadores de artistas.
En una
palabra, una vez más en la historia, la innovación tecnológica, la investigación
científica, la creatividad cultural son apropiadas, manipuladas, coartadas, por
los intereses y poderes que se interponen entre los productos de dicha
creatividad y las personas de la sociedad de donde surge. La expropiación del
trabajo se extiende a la expropiación de las mentes. Siendo así que una buena
parte, en realidad lo esencial, de las fuentes de innovación y de creación, no
han surgido de la inversión de las corporaciones o de las instrucciones de las
burocracias, sino del impulso creador y generosidad personal de los innovadores.
Un breve recordatorio de algunos procesos de innovación tecnológica y cultural
permite reflexionar en concreto sobre el debate que estamos planteando.
Internet, tecnología de libertad, producida libremente, a partir de sus propios
usuarios.
Como es
sabido, Internet se desarrolló a partir de un programa científico de
investigación que, aun financiado por el departamento de defensa americano, no
tenía objetivos militares y, en realidad, no tenía más objetivos que los que le
fueron dando sus propios investigadores y primeros usuarios. Los protocolos TCP/IP,
desarrollados por Cerf y Kahn en 1973-75, fueron puestos en el dominio público y
subsiguientemente completados y adaptados de forma libre. Las principales
aplicaciones de Internet que hoy utilizamos, desde correo electrónico a las
listas de distribución y los billboards, fueron creados y comunicados por
usuarios que los compartieron libremente con el conjunto de la comunidad
internauta.
El
World Wide Web fue desarrollado y distribuido gratuitamente por Tim Berners-Lee
fuera de su tiempo de trabajo. Fueron los hackers, generalmente universitarios,
quienes desarrollaron Internet como red de comunicación informática global. Y
fue la comunidad internauta la que se autogestionó, de forma diversa, a lo largo
del tiempo, desde 1969, primer despliegue de Internet, hasta la constitución de
ICANN en 2000. No hizo falta ni derecho de propiedad ni control burocrático para
desarrollar la red de comunicación más potente de la historia. En realidad, fue
la no existencia de esos controles lo que lo hizo posible.
La
arquitectura de Internet fue diseñada deliberadamente para hacer difícil su
control, aunque no la vigilancia del mensaje. Y por ello, Internet, aun
sufriendo cada vez más interferencias a la libre comunicación, es el medio de
comunicación local-global más libre que existe, permitiendo desintermediar los
medios de comunicación masivos.
Y a
pesar de los continuos intentos de comercializar Internet, si bien se ha
convertido en un instrumento esencial para la actividad económica, la gran masa
de flujos de información en Internet son de uso social y personal no comercial.
Internet es fundamentalmente un espacio social, cada vez más extendido y
diversificado a partir de las tecnologías de acceso móvil a Internet. Por eso la
preservación de la libertad de expresión y comunicación en Internet es la
principal cuestión en la libertad de expresión en nuestro mundo.
Software libre y código abierto.
El
software informático es el lenguaje de la era de la información. La capacidad de
producir, modificar, adaptar y distribuir software condiciona la capacidad de
cualquier comunidad o grupo, grande o pequeño, para interactuar con el mundo de
computadoras y redes que constituyen la estructura (y no solo la
infraestructura) de nuestra sociedad.. El control tecnológico privado del
software es equivalente a la apropiación privada del alfabeto en los orígenes de
la historia (y de hecho, lo apropiaron los escribas y sacerdotes que, según
descubrimientos arqueológicos recientes realizados por los Marines en Irak, ya
disponían de una licencia de Microsoft).
Obviamente, el acceso al código fuente condiciona la capacidad tanto de
adaptación a usos, como, sobre todo, a la mejora continuada del software, o sea,
en último termino, a la innovación y al proceso recurrente de innovación.
Sabemos
que, así como Internet, se desarrolló en libertad, el mundo del software
evolucionó, por un lado, mediante líneas propias e incompatibles de cada sector
de usuarios; por otro lado, mediante el monopolio creciente de Microsoft, con
consecuencias decisivas, tanto en la apropiación de rentas monopolistas y
encarecimiento de sus productos, como en la pobreza tecnológica, derivados de la
eliminación sistemática de competidores.
Sabemos
también del cambio de tendencia a partir de las derivaciones de UNIX, tanto en
MIT, a través del AI Lab y los heroicos esfuerzos de Stallman y su lanzamiento
de GNU y la licencia GPL, como de la historia de BSD a través de la tempestuosa
relación entre Berkeley y Bell Labs. Y conocemos la extraordinaria saga de Linux,
desde que Linus Torvalds decidiera, en 1991, para desarrollar el kernel del
código fuente del sistema operativo que necesitaba para utilizar UNIX en su PC
386, acudir a la red cooperativa de voluntarios trabajando sobre el código
fuente en sistema de código abierto. Sabemos hoy que Linux es un sistema
operativo más robusto que Windows y con mucha mayor capacidad evolutiva. Como
sabemos que Apache, programa de software de servidor, también producido en
código abierto por una comunidad libre de voluntarios autogestionada mediante
una constitución propia, opera más de dos tercios de los servidores de la
worldwideweb.
Y es
conocimiento público la existencia creciente de programas de software, en todos
los ámbitos, que han sido producidos libremente, sin derecho de propiedad
intelectual, sin trabajo pagado y sin estructura de poder impuesta. Hoy día, el
reconocido éxito de Linux ha llevado a grandes corporaciones como IBM y Oracle,
así como a numerosos gobiernos en todo el mundo a utilizar Linux y otros
programas de código abierto. Y a producir formas simplificadas del mismo para
usos sociales, como el caso de Linex en Extremadura. Y, sobre todo, a adoptar el
sistema cooperativo de libre asociación de productores y usuarios en el proceso
de innovación tecnológica. Todo ello, sin que necesariamente se pierda el
carácter capitalista de estas empresas o los objetivos propios de cada gobierno
(el gobierno chino puede favorecer a Linux y al mismo tiempo censurar Internet).
No se trata de oponer el mundo anarquista del código abierto al mundo
capitalista de Microsoft. Aunque dudo que haya muchos anarquistas en Microsoft
(salvo disecados en la oficina de Bill Gates) hay muchos capitalistas en el
mundo del código abierto. Pero no todos los capitalistas son iguales o incluso
no todos los capitalismos son iguales: los hay que, además de supeditar la
sociedad al mercado, más que capitalistas son rentistas, es decir bloquean la
innovación. Y los hay que entienden que todo el mundo, incluso ellos, ganan más,
si hay más innovación tecnológica y, en último término, más reparto de la
riqueza.
En
suma, la historia del software libre, y más ampliamente, la del movimiento de
código abierto, demuestra que puede haber más innovación tecnológica y más
productividad económica en un contexto de trabajo cooperativo y motivado,
característico del mundo de la creación. Y esto es aun más así si a la
productividad económica añadimos la utilidad social, que requiere una
interacción estrecha entre los innovadores tecnológicos y los usuarios de la
tecnología. Se plantea pues en muchos medios la ampliación del método
cooperativo de creación característico del código abierto, a otros ámbitos de la
producción y la gestión de la sociedad, desde las empresas autogestionadas a los
servicios públicos hechos mas eficaces mediante el feedback continuo entre
proveedores de servicios y usuarios, por ejemplo en la educación o en la salud.
Ahora
bien, entre la promesa de la innovación cooperativa y la capacidad de la
sociedad para disfrutar del fruto de dicha cooperación, se alza una concepción
rentista y autista del derecho de propiedad intelectual.
La
propiedad es un robo (en ciertas circunstancias)
Ya lo
dijo Proudhon. Pero como él ya precisó, aunque no lo quisieran entender, no era
toda la propiedad, sino la propiedad que excluye innecesariamente a los no
propietarios del proceso de desarrollo y enriquecimiento de la sociedad y de
cada uno de sus miembros. A la propiedad que destruye una propiedad superior, la
propiedad conjunta de la libre asociación de productores. No muy distinto de la
licencia GPL.
Un
tratamiento indebido del derecho de propiedad intelectual es un obstáculo
decisivo al progreso material y a la calidad de vida en la era de la
información. Recordemos que en 1970 ATT pudo haber poseído Arpanet. Y que
Microsoft no se dio cuenta de la importancia de Internet hasta que Netscape
lanzo Navigator en diciembre de 1994, y entonces tuvo que comprar Spyglass y
transformarlo en el browser Internet Explorer. Imaginemos un mundo de Internet
con tecnología propietaria de ATT y Microsoft. Internet como lo conocemos no
existiría. Con todo lo que ello significa. Por eso la tecnología no determina la
historia, sino la historia la tecnología. Pero como, gracias a la estupidez de
ATT y Microsoft, Internet existe y es aun libre en gran medida, la capacidad de
comunicación que permite pone en cuestión las formas restrictivas de propiedad
intelectual, promoviendo la circulación de la creación, de la innovación, de las
ideas, en todo el mundo. Desintermediando intermediarios comerciales, pero
también abriendo el abanico de posibilidades de creación y de utilización
recurrente de la creación. No eliminando el capitalismo, pero si ampliando la
gama de valores de uso posibles sin connotación comercial. Y manteniendo formas
de ganancia y de negocio, pero mediante nuevos modelos de negocio basados en el
incremento de productividad y la ampliación de mercado, más que en el control
monopolístico de un mercado excluyente limitador de la actividad no
mercantilizada.
Larry
Lessig ha propuesto una utilísima tipología de las propiedades que protegen
derechos y de aquellas que son parasitarias (un robo social, en mi
terminología). Y también ha puesto en práctica sus formas alternativas de
derecho de propiedad adaptadas a la nueva función social de la propiedad en
nuestro contexto tecnológico, mediante la impulsión del proyecto Creativa Comos,
en el que Brasil ocupa un lugar destacado. Por tanto, la vía esta señalada, no
hay nada más que inventar, salvo aplicar aquí también el método de
experimentación y código abierto e ir codificando la práctica mediante nuevas
formas de auto-regulación del respeto al trabajo de los demás, pero no a las
rentas de situación que no se legitiman con nueva creación.
Mas
aún, la propiedad intelectual restrictiva en un mundo en que la ciencia y la
tecnología son las fuerzas productivas esenciales, es el principal obstáculo
para el desarrollo de los dos tercios de la humanidad que aun viven en la
pobreza. Y de ahí la importancia del debate en los foros del comercio
internacional. De modo que los pobres del mundo, los creadores y los
innovadores, tienen un gran objetivo común: la reforma de los derechos de
propiedad para que la creatividad pueda ser fuente de riqueza y de valor de uso
sin que se agoste en los estrechos canales de su apropiación selectiva por los
rentistas oligopolios.
Lo
cual, en el fondo, es un problema político. Y aquí también juega la tecnología.
Libertad, Sociedad y Tecnología
La
información es poder. La comunicación es contrapoder. Y la capacidad de cambiar
el flujo de información a partir de la capacidad autónoma de comunicación,
reforzada mediante las tecnologías digitales de comunicación, realza
sustancialmente la autonomía de la sociedad con respecto a los poderes
establecidos. Si esto parece abstracto, José Maria Aznar sabe de lo que hablo, a
partir del 13 y 14 de marzo de 2004. Lo cual quiere decir que la reapropiación
por parte de la sociedad del fruto de su creatividad cuenta ahora con medios
poderosos: Internet, redes globales de comunicación, acceso a información en
código abierto, procesos de cooperación múltiple, comunicación móvil, multimodal
y ubicua. Y todo ello al servicio de intereses y valores que de debaten,
modifican y deciden con autonomía creciente por parte de los actores sociales.
Los creadores, los oprimidos, los emprendedores, los que sienten la vida, pueden
compartir sus sueños y sus practicas. En otras palabras, convergen en el mismo
movimiento la tecnología “cool”, la política “cool” y la sociedad “cool”. Y esa
convergencia debe llegar al análisis social y cultural, y a la capacidad de
integrar la comprensión de la tecnología en los debates políticos mas avanzado.
Va siendo hora, por ejemplo, de que Brasil evolucione del positivismo de Auguste
Comte a la teoría de la complejidad y escriba una nueva máxima en su bandera:
caos y progreso.