ació
el año en el que la Revolución bolchevique sacudió al mundo. A
sus 87 años, Eric Hobsbawm todavía muestra su valía y
capacidad analítica que le han llevado a ser considerado como
uno de los más importantes historiadores de todas las épocas.
"Hitler llegó al poder cuando Eric Hobsbawm volvía de la
escuela a casa en Berlín, y la Unión Soviética de desmoronó
mientras se encontraba impartiendo un seminario en Nueva York.
Hizo de traductor del Che Guevara en La Habana, almorzó el día
de Navidad con un jefe del espionaje soviético en Budapest y
tuvo una velada en casa con Mahalia Jackson en Chicago", se
dice sobre el autor en la cubierta de su reciente
autobiografía, Interesting Times.
Tras los atentados terroristas del
11 de septiembre de 2001, el Presidente cubano, Fidel Castro, afirmó que el
mundo entraba en una fase muy peligrosa. ¿Está Usted de acuerdo con esa
opinión?.
Prof.: Hobsbawm: Sí, y tengo miedo de
que lo que está pasando en Oriente Próximo (Asia occidental) ratifica bastante
esa opinión. La mía en aquellos momentos era la de que un grupo de
estadounidenses neoconservadores aprovecharon la oportunidad para, en efecto,
llevar adelante sus deseos hegemónicos en el mundo, para la dominación mundial.
Y en la actualidad están decididos a conseguirlo, si bien en el presente se
encuentran limitados porque se han encontrado con mayores dificultades de las
que habían previsto y porque su análisis real de los hechos era, claramente, muy
defectuoso.
Diariamente, en la fase posterior a
la invasión, nos topamos con noticias sobre la violencia en Irak,¿Cree que la
invasión de Irak demuestra los límites a la potencia estadounidense o debemos
analizarla como la demostración de su poderío ?
Hace unos diez años, cuando escribía
mi Historia del Siglo XX, la situación era tal que cualquier país
desarrollado del Norte podía ganar la batalla que quisiera. Trasladado ese
análisis a situaciones específicas, los estadounidenses podían ganar cualquier
guerra que se propusieran. El problema principal era el de mantener después el
control sobre el territorio, en gran parte debido a que la fuerza estabilizadora
del Imperio se había convertido en inmoral– concretamente, la disposición de los
súbditos para aceptar cualquier dominio efectivo como legítimo– lo que implica
que incluso el mantenimiento del control básico es ahora mucho más difícil de lo
que era antes.
Un muy buen ejemplo que yo citaba
entonces, fue anterior a Iraq, tras la Guerra del Golfo (1991,) donde se
demostró que podía ganarse cualquier guerra, pero no necesariamente conseguir la
paz tras ella. Compare la situación de Somalia en el periodo imperial cuando
apenas ocasionaba problemas a las dos potencias coloniales– Gran Bretaña e
Italia–. Usted sabe que hubo guerrillas, había gentes a quienes los británicos
llamaban los locos mullahs pero realmente eran colonias perfectamente
bien administradas, en gran medida, porque la inmensa mayoría de la población
aceptaba que si alguien llegaba, con un poder efectivo, pues que las cosas eran
así. Pero observe ahora a Somalia.
Creo que, en gran medida, es un
ejemplo de los límites a la superpotencia estadounidense. Es decir, los límites
de la capacidad estadounidense para rediseñar el mundo, no para ganar guerras o
para generar caos, anarquía y disturbios.
Existen diferentes teorías sobre
quienes se hallan detrás de la resistencia en Irak– Al–Qaeda, los nacionalistas,
los partidarios de Saddam Hussein. ¿Diría Usted que allí, básicamente, funciona
una fuerza nacionalista?
No lo sé. Está muy claro que si hay
algo que puede unir a todos los iraquíes, a pesar de lo que los separa, es que
no les gusta estar bajo ocupación. En ese sentido, se podría decir que hay una
especie de nacionalismo, pero el asunto es que la gente que realmente está
llevando a cabo una insurgencia activa, o resistencia activa, es sin duda sólo
una parte de los iraquíes, probablemente en su mayoría sunníes de las grandes
ciudades. Lo que no quiere decir que el resto esté a favor de la ocupación
extranjera.
En sus comentarios en el India
International Center, hizo alguna referencia a los medios de información. Se ha
producido la aparición de Al–Jazeera como un medio alternativo de información
pero también hemos tenido a los periodistas empotrados durante la guerra de
Irak. La perspectiva de la guerra la facilitaban la mayoría de los medios de
información estadounidenses– veíamos a locutores que llevaban su bandera en la
solapa. ¿Vamos a aceptar en gran medida esa perspectiva única?
Le diría que, probablemente, no. Por
una razón, Internet es relativamente incontrolable. Así que, en este sentido,
las posibilidades de la gente para encontrar otras opiniones es infinitamente
mayor que antes. Usted me puede decir que en muchas partes del mundo el número
de personas que tienen acceso a Internet es bastante limitado aunque en algunos
países es muy grande. Sin embargo las noticias circulan y, en cierta medida, la
tecnología moderna lo ha hecho posible. Por ejemplo, durante los últimos días de
la Unión Soviética, hizo posible que la gente que vivía en Moscú supiera lo que
estaba pasando allí gracias a que otras personas desde el exterior les
telefoneaban, o les mandaban correos electrónicos. Y la información circuló.
Creo que es una situación nueva.
Probablemente no resulte fácil tener
unos medios propios, de gran difusión como Al Jazeera. Al Jazeera
depende realmente del amparo del Estado de Qatar y si no tuviera ese apoyo no
existiría. En ese sentido, la existencia de lo que se podría llamar
mini–estados, ofrece una independencia, la base para la distribución de noticias
independientes que con anterioridad no era tan común. Por ello, no creo que los
gobiernos oficiales ni siquiera el consenso de clase, el consenso de las elites
de unas sociedades específicas, puedan hoy dominar completamente la situación.
Lo más que pueden hacer, creo, es excluir, pero hasta qué punto puedan hacerlo
es algo que habrá de analizarse, por ejemplo, con lo que ocurra en China en los
próximos años porque allí hay un régimen que tratará de censurar las noticias
libres.
Usted ha estado leyendo periódicos,
supongo, por lo menos durante 60 años si no más.
Sí, por supuesto. Pero los periódicos
ya no son el medio principal.
¿Cree que los periódicos están en
decadencia?
Sí, claro; al menos en occidente
están en decadencia, hablando en términos relativos. En lo que preocupa a las
masas en Europa occidental, la televisión es el principal medio de información.
Ahí es donde reside el peligro y, desde luego, la ventaja relativa que supone
tener algo semejante a Al–Jazeera. A los gobiernos temerarios como el de Silvio
Berlusconi en Italia, no les preocupa la existencia de una prensa libre mientras
que la televisión no lo sea. Ahí es donde radica el verdadero peligro.
Sin embargo, ello no significa que se
elimine por completo la información de la manera en que, por ejemplo, se hacía
en los antiguos gobiernos autoritarios o totalitarios donde simplemente era
imposible leer o escuchar nada que no hubiera sido autorizado oficialmente.
En el mundo de hoy, tenemos el
fenómeno del islamismo terrorista. ¿Va a marcar esa amenaza los próximos 50
años?
Eso es lo que quieren los
estadounidenses. Ahora que ya no se tiene un enemigo real, se necesita un
enemigo, como lo había antes, para poderse movilizar; alguien contra quien
movilizarse. Esa es la teoría de Huntington, ¿verdad? Que se va a producir una
guerra cultural hasta la extinción de las culturas.
Yo no lo creo. En primer lugar, el
Islam es sólo una parte del mundo. Los problemas islámicos, el problema de los
inmigrantes musulmanes o las actividades islámicas, sólo afectan a ciertas zonas
del mundo. Por ejemplo, a título indicativo, simplemente no inquietan a la
mayoría del continente americano.
Lo que ocurre es que, en estos
momentos, es un asunto especialmente candente y puede llegar a serlo todavía más
en Europa debido a las masas de potenciales inmigrantes musulmanes provenientes
del Magreb hacia Francia y España, y desde Turquía a Alemania y otros países.
Existe sin duda un enorme recelo, lo
que constituye una de las razones por las que el debate sobre si Turquía debe
integrarse en la Unión Europea es tan explosivo políticamente. Hay gente que
tiene mucho miedo de la afluencia masiva de musulmanes.
Aún así, no puedo creer que
constituya un problema importante y duradero. Sin lugar a dudas, gracias a la
política estadounidense en Oriente Próximo, sólo se puede decir una cosa sobre
el fenómeno islámico y es que el Islam es, con toda probabilidad, una de las
pocas religiones que se está expandiendo continuamente, y de forma efectiva, sin
el apoyo ni de misioneros ni de Estados.
Lo que ocurre con el Islam, de alguna
manera, es que es una religión sencilla a la que adherirse, en cierta forma, una
religión formidable porque se necesita hacer muy poco para convertirse al Islam.
Quizás, un elemento que se ha
subestimado en la situación actual es algo básico en el Islam, el sentimiento de
que uno al hacerse musulmán ya no es un vasallo.
¿Ve Usted a Europa como una potencia
emergente que puede desafiar a Estados Unidos?
No. En primer lugar, Europa no es una
potencia militar. Inglaterra y Francia tienen buenos ejércitos pero ambos son
bastante pequeños. En segundo término, por el momento, un contrapoder militar a
Estados Unidos, en cuanto a alta tecnología, es impensable.
Lo más que se puede pensar es que
alguien llegue a controlar parte del sistema mundial de telecomunicaciones del
que dependen los estadounidenses e, incluso, que ello pudiera ser factible para
China; en la actualidad, no creo que nadie tenga mucho interés, a corto plazo,
en enfrentarse a Estados Unidos.
China tiene una enorme y creciente
economía con un sistema político que no le gusta a Estados Unidos. ¿Puede ser
motivo para el conflicto o Usted cree que convivirán y trabajarán juntos?
En teoría, se puede prever, por así
decir, una convivencia, una coexistencia pacífica como se acostumbra a decir. En
la práctica no está tan claro. Yo creo que dependerá, en gran medida, de la
política estadounidense.
La gente que vive en los países del
Tercer Mundo no europeos se encuentra cada vez con más dificultades para viajar
a occidente. Si uno se dedica al campo de la información tecnológica, algún país
podría invitarle. En un mundo que dice estar cada día más globalizado ¿cree que
la gente estará conectada a través de los modernos medios de comunicación o, por
el contrario, se sentirá más acorralada?
Es difícil de saber. Europa se ha
instituido durante mucho tiempo para no dejar pasar a la gente o controlar su
entrada. A pesar de ello, se ha producido una importante afluencia. No hay
muchos países europeos que no tengan, por ejemplo, entre el nueve y el diez por
ciento de inmigrantes. Una vez que ha ocurrido eso, no es fácil cerrar
completamente la puerta.
Otra cosa es la enorme presión de la
gente de los países pobres que intentan llegar...a los países ricos. Ello es muy
notorio, por ejemplo, desde lugares como África o incluso algunas zonas de
América Latina hacia Europa y, por supuesto desde Latinoamérica hacia Estados
Unidos. Creo que por razones políticas o ideológicas Estados Unidos está
haciendo que sea cada vez más difícil el viajar.
Al mismo tiempo, los grandes
beneficios que países como Estados Unidos, y uno o dos más, Australia y Canadá,
han obtenido al abrir sus puertas son tales que, si Usted quiere, existe un
conflicto entre los intereses políticos e ideológicos del gobierno y los de las
corporaciones y la economía.
Creo que por razones políticas el
flujo fronterizo de inmigrantes será mucho menor que otros tipos de flujos. Sin
embargo, veo difícil creer que realmente pueda ser contenido por los gobiernos.
Hemos visto también, por ejemplo, a
refugiados con los labios cosidos en Australia tras haber estado en centros de
detención, y hay gente que está saltando, literalmente, de los barcos. Estamos
viendo que suceden estas cosas.
Los incentivos para emigrar son
enormes. No conozco las cantidades que pueden cobrar, por ejemplo, las agencias
que se dedican al traslado ilegal de emigrantes, pero son muy altas porque la
recompensa potencial de encontrar trabajo en los países ricos es muy grande.
Creo que podemos establecer una
distinción entre lo que se podría decir que son las clases educadas con
formación especializada y la gran multitud de inmigrantes sin cualificar,
especialmente a la hora de búsqueda de trabajo. No hay duda de que hasta hoy, la
globalización ha bajado su velocidad mucho a este respecto y continuará, es
seguro, descendiendo mucho más debido a que la resistencia que se presenta a
ella es muy grande, no menos que la masiva resistencia en los países que reciben
la emigración– acertadamente o no. Pero no puedo saber si se podrá detener.
Usted se ha referido a la
globalización como un fenómeno que se inició en el siglo XVI. ¿Diría que el
traslado obligatorio de mano de obra india a lugares tan lejanos como las islas
Fiji forma parte de esa tendencia globalizadora?
Bueno, supongo que sí, en el sentido
de que el transporte de esclavos, y el de mano de obra forzosa, eventualmente,
tras la abolición de la esclavitud, es una forma de creación de una economía
global. Creo, no obstante, que es muy diferente de las actuales corrientes
migratorias.
En aquella época, ocurrió desde
lugares atrasados a otros en los que se precisaba para el desarrollo
imperialista– Guyana, Trinidad, Mauricio.
Ahora las migraciones principales van
desde los países pobres a los ricos, digamos que de la India a Inglaterra y
Estados Unidos. Esa es la nueva situación...Creo que este fenómeno no se aprecia
tan ampliamente en Asia porque los flujos fronterizos en Asia son de otro tipo.
¿Puede decirnos cuál fue la última
ocasión en que visitó India y su impresión sobre este país?
Había estado en la India sólo dos
veces. Una, alrededor de 1968, cuando estuve más o menos un mes, viajando por el
país, y la segunda hace cuatro o cinco años. Vine como turista pero, en esa
ocasión, al sur donde no había estado previamente.
Es imposible para mí establecer
comparaciones tras sólo dos o tres días de estancia en Delhi y dar una opinión
sincera. Si tuviera que establecer comparaciones lo haría basándome en lo que he
leído, en lo que me dicen las personas, pero no por mis impresiones personales.
En su conversación con Antonio
Polito, publicada con el título de The New Century (El nuevo siglo [1])
, Usted menciona la India como una potencia regional y afirma que no la ve como
potencia mundial en los próximos 50 años...
Es difícil decirlo porque, está
claro, que desde entonces (el libro se publicó en 1999), India, en términos de
crecimiento económico ha progresado mucho. Una vez más, como historiador, no me
siento en situación de hacer especulaciones sobre el asunto. Yo no habría
pensado, realmente, que India y China apuntarían como potencias mundiales en el
sentido en que lo fue el Reino Unido en la época del Imperio y Estados Unidos lo
es ahora.
Yo diría que incluso los chinos
tienen una larga tradición de ser, como lo fueron, una gran potencia mundial
pero no pienso que en términos de dominación mundial, es decir que ellos pueden
considerar que pronto serán la economía más grande del mundo...y ello, sin duda
influirá en cambios políticos.
En cuanto al futuro de India,
obviamente, tiene un gran porvenir; un futuro mucho más prometedor en el siglo
XXI de lo que, a mi juicio, la mayoría de los indios hubieran podido soñar
durante los primeros 30 ó 40 años desde la independencia. Esto parece claro.
Pero, está por verse cuáles vayan a ser la forma o implicaciones políticas de
este ascenso de India como una potencia económica, cultural o, en realidad, como
el mayor Estado, en términos demográficos, en el que puede convertirse.
Si nos fijamos en otras muchas
regiones, se observa el fenómeno del comunalismo. ¿Usted cree que el crecimiento
de las fuerzas comunitarias en India supone una amenaza a su tradición de
sincretismo y a su carácter nacional?
Sí. Pienso, obviamente, que el
ascenso de los grupos identitarios, de una clase u otra, es un obstáculo al
desarrollo de los grandes estados territoriales que, al fin y al cabo, hasta
hace muy poco eran una unidad básica de gobierno, de administración, de
prácticamente todo...hay países donde, claramente, ello ha amenazado la propia
existencia de los estados– en primer lugar, por supuesto, en estados débiles, lo
que los estadounidenses llaman estados fracasados o que fallan.
Pero no ocurre sólo allí.
Francamente, ¿se puede asegurar con absoluta certeza que dentro de 50 años habrá
un único Reino Unido o una única España? No lo sé. Creo que el asunto más
peligroso en estos momentos no es tanto el resurgir de los nacionalismos... sino
el de los localismos en el sentido religioso.
Lo que, pienso, es peligroso y no
afecta sólo a una única religión. La amplitud del resurgir de la religión como
un fenómeno de masas no está tan claro.
En cierta manera, los
fundamentalistas, en sentido literal, son minorías, minorías bastante
importantes; pero no creo que realmente sean mayorías.
Pero los fundamentalistas lo han
hecho muy bien para hacerse con el poder. Y una vez accedido a él, han llevado a
cabo muchas cosas, así que ahí es donde radica el peligro. Sin embargo es algo
que, en general, no creo que muchos de nosotros, en el caso de que haya habido
alguien, predijéramos realmente, lo que resulta un fenómeno muy preocupante.
Lo veo incluso entre el budismo, que
en sitios como Sri Lanka ha desarrollado un tipo de nacionalismo, de carácter
militante, que, en realidad muy pocos hubieran pensado que podría ocurrir.
Se ha creído que con el progreso
material las diferencias religiosas se reducirían, lo que no parece que haya
sucedido.
Es evidente que nosotros (los
historiadores) hemos infravalorado el papel permanente de la religiosidad o de
la creencia en rituales y cosas semejantes.
Una de las razones de esa
subestimación reside en que no hemos prestado atención suficiente a la historia
de género. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que las mujeres son más devotas que
los hombres, al menos en Europa, y continúa siendo así porque la gente no se lo
ha tomado suficientemente en serio...nunca nos hemos preguntado, realmente, el
papel desempeñado por ese tipo de motivaciones, no sólo entre grupos específicos
sino en general y ahora resulta muy difícil pasarlo por alto.