"Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por
diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te
hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a
pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te
obligue a llevar carga por una milla; ve con él dos. (Atribuido a Jesús en San
Mateo 5:38-41 [1])
Muchos
que han entregado sus vidas al trabajo por el cambio y la justicia en el mundo
simplemente descartan las enseñanzas de Jesús sobre la no violencia como
idealismo poco práctico. Y con razón, "vuélvele también la otra mejilla" sugiere
la característica pasiva, dócil, cristiana, que ha llevado a tantos cristianos a
ser cobardes y cómplices ante la injusticia. "No resistas a lo que es malo"
parece quebrantar toda oposición al mal y recomendar la sumisión. "Ir la segunda
milla" se ha convertido en una perogrullada que no significa nada más que
"esfuérzate". En lugar de dar alas al cambio estructural, semejantes actitudes
alientan la colaboración con el opresor.
Jesús
nunca se comportó de esa manera. Sea cual sea el origen del malentendido, no
representa a Jesús ni a su enseñanza, las cuales, cuando reciben un trato justo
en su contexto social original, son seguramente una de las declaraciones
políticas más revolucionarias jamás expresadas.
Cuando
los traductores de la corte que trabajaban contratados por el Rey Jaime [2],
decidieron traducir antistenai como "no resistas al mal", hacían algo más que
traducir griego al inglés. Traducían la resistencia no violenta como docilidad.
La palabra griega significa más que simplemente "estar en contra" o "resistir".
Significa resistir violentamente, sublevarse o rebelarse, iniciar una
insurrección. Jesús no dijo a sus oyentes oprimidos que no resistieran al mal.
Todo su ministerio se opone a una idea tan absurda. Más bien advierte contra la
reacción ante el mal del mismo modo, dejando que el opresor fije las condiciones
de nuestra oposición.
Una
traducción apropiada de la enseñanza de Jesús sería por lo tanto: "No respondas
a la violencia con violencia". Jesús no estaba menos comprometido con la
oposición al mal que los combatientes de la resistencia contra los romanos como
Barrabás. La única diferencia eran los medios a utilizar.
Hay
tres reacciones generales ante el mal: (1) la oposición violenta, (2), la
pasividad, y (3) la tercera vía de la no violencia militante, articulada por
Jesús. La evolución humana nos ha condicionado sólo para las dos primeras de las
reacciones mencionadas: lucha o fuga.
La
lucha había sido el grito de los galileos que se habían rebelado prematuramente
contra Roma sólo dos decenios antes de que hablara Jesús. Jesús y muchos de
quienes le escuchaban habrían visto a algunos de los dos mil compatriotas
crucificados por los romanos a lo largo de las rutas. Habrían conocido a algunos
de los habitantes de Seforis (a sólo unos cinco kilómetros al norte de Nazaret)
que fueron vendidos como esclavos por ayudar al ataque de los insurgentes sobre
el arsenal que había allí. Algunos habrían vivido lo suficiente para
experimentar los horrores de la guerra contra Roma en 66-70 d.C., una de las más
espantosas de la historia. Si la opción de luchar no los atraía, la única
alternativa era la fuga: la pasividad, la sumisión o, en el mejor de los casos,
una rebeldía pasivo-agresiva ante las órdenes. Para ellos no había una tercera
vía.
Actualmente estamos en mejores condiciones de ver por qué los sirvientes del Rey
Jaime tradujeron antistenai como "no resistas". El rey no quería que la gente
llegara a la conclusión de que tenía algún recurso contra sus políticas injustas
o las de otros soberanos. Jesús nos ordena, según esos seguidores del rey, que
no resistamos. Jesús parece decir que la sumisión al absolutismo monárquico es
la voluntad de Dios. La mayoría de las traducciones modernas han seguido
dócilmente el mismo camino que la del Rey Jaime.
Lo que
Jesús propone no es ninguna de las odiosas alternativas de fuga o lucha. Jesús
aborrece tanto la pasividad y la violencia en cuanto que reacciones ante el mal.
La suya es una tercera alternativa que ni siquiera es tocada por esas opciones.
La Versión de los Eruditos [3] traduce de modo
brillante Antistenai: "No reacciones violentamente contra alguien que es malo".
Jesús
aclara este significado con tres breves ejemplos. "a cualquiera que te hiera en
la mejilla derecha, vuélvele también la otra". ¿Por qué la mejilla derecha?
¿Cómo se golpea a otro en la mejilla derecha en todo caso? Trata de hacerlo. Un
golpe con el puño derecho en ese mundo diestro daría en la mejilla izquierda del
oponente. Para golpear la mejilla derecha con el puño tendría que usarse la mano
izquierda, pero en esa sociedad la mano izquierda era utilizada sólo para tareas
impuras. Como especifican los Pergaminos del Mar Muerto, incluso un gesto con la
mano derecha en Qumran era castigado con una penitencia de 10 días. La única
manera como alguien podía golpear la mejilla derecha con la mano derecha sería
con el revés de la mano.
De lo
que estamos hablando en este caso es sin duda de un insulto, no de un combate de
boxeo. La intención no es herir sino humillar, poner a alguien en su lugar.
Normalmente no se golpeaba a un igual de esa manera, y si alguien lo hacía la
multa era exorbitante (cuatro zuz era la multa por un golpe con el puño a un
igual , 400 zuz por golpearlo con el revés de la mano; pero por golpear a un
subalterno no había multa alguna). Un golpe con el revés de la mano era el modo
normal de amonestar a los subordinados. Los amos golpeaban con el revés de la
mano a esclavos; los esposos a sus mujeres; los padres, a los niños; los
hombres, a las mujeres; los romanos, a los judíos.
Tenemos
ante nosotros una serie de relaciones desiguales y en cada una de ellas la
represalia hubiera sido suicida. La única reacción normal hubiese sido una
sumisión cobarde. Es importante preguntar cuál era la audiencia de Jesús. En
todo caso, los oyentes de Jesús no son los que golpean, inician pleitos, o
imponen trabajos forzados. Jesús habla más bien a las víctimas de éstos, a gente
que ha sido sometida precisamente a esas indignidades. Han sido obligados a
reprimir su indignación interior ante el trato deshumanizante que se les aplica
por parte del sistema jerárquico de casta y clase, raza y género, edad y
situación, y por los guardianes de la ocupación imperial.
¿Por
qué entonces aconseja Jesús a esas personas ya humilladas que presenten la otra
mejilla? Porque esta acción priva al opresor del poder de humillarlos. La
persona que presenta la otra mejilla está diciendo, en efecto: "Prueba otra vez.
Tu primer golpe no logró el efecto deseado. Te niego el poder de humillarme. Soy
un ser humano como tú. Tu situación (género, raza, edad, riqueza) no cambia ese
hecho. No puedes humillarme". Una reacción semejante crearía enormes
dificultades para el que golpea. Sólo desde el punto de vista logístico: ¿cómo
puede ahora golpear la otra mejilla? No puede golpearla con el revés de su mano
derecha. Si golpea con un puño, se convierte en un igual, reconociendo al otro
como tal. Pero sin embargo, todo el sentido del revés de la mano es reforzar el
sistema de castas y su desigualdad institucionalizada.
El
segundo ejemplo que da Jesús se ubica en un tribunal. Alguien está siendo
procesado para obtener su vestimenta externa. ¿Quién haría algo así y bajo qué
circunstancias? Sólo los más pobres de los pobres no tendrían otra cosa que una
prenda externa para ofrecer como garantía por un préstamo. La ley judía requería
estrictamente su devolución cada noche al ponerse el sol, porque era todo lo que
los pobres tenían para dormir. La situación a la que alude Jesús debe de haber
sido demasiado familiar para sus oyentes: el deudor pobre había caído aún más
abajo en la pobreza, la deuda no podía ser pagada, y su acreedor lo ha llevado
ante el tribunal para imponer el pago.
El
endeudamiento era el problema social más serio en la Palestina del primer siglo.
Las parábolas de Jesús están repletas de deudores que se esfuerzan por rescatar
sus vidas. Jesús habla en este contexto. Sus oyentes son los pobres ("al que
quiera ponerte pleito"). Comparten un odio emponzoñado contra un sistema que los
somete a la humillación despojándolos de sus tierras, sus bienes, finalmente
hasta de sus prendas exteriores.
¿Por
qué entonces les aconseja que entreguen también su ropa interior? ¡Significaría
que se sacaran toda su ropa y que salieran del tribunal totalmente desnudos!
Ponte en el papel del deudor, imagínate las risitas que deben de haber provocado
estas palabras. Ahí están los acreedores, rojos de vergüenza, con tus prendas
exteriores en una mano, tu ropa interior en la otra. Repentinamente les has
vuelto la tortilla. No tenías esperanzas de ganar el pleito; la ley estaba
enteramente a su favor. Pero te negaste a ser humillado. Al mismo tiempo
registraste una despampanante protesta contra un sistema que engendra semejantes
deudas. Dijiste, en efecto: "¿Quiere mi túnica? ¡Aquí tiene, tómelo todo! Ahora
lo tiene todo excepto mi cuerpo. ¿Es lo próximo que me va a quitar?"
La
desnudez es tabú en el judaísmo. La vergüenza caía no sólo sobre quien estaba
desnudo sino sobre la persona que contempla o causa la desnudez (Génesis
9:20-27). Al desnudarse le has impuesto al acreedor la misma prohibición que
llevó a la maldición de Canaán. Cuando te muestras en la calle, tus amigos y
vecinos, estupefactos, pasmados, preguntan qué sucedió. Les explicas. Se unen a
tu creciente procesión, que ahora parece un desfile victorioso. Todo el sistema
por el cual se oprime a los deudores ha sido desenmascarado públicamente. Quedó
en evidencia que el acreedor no es un "respetable" prestamista sino parte de la
reducción de toda una clase social a la carencia de tierras y a la miseria. Este
desenmascaramiento no es simplemente punitivo, ofrece al acreedor la posibilidad
de ver, tal vez por primera vez en su vida, lo que causan sus prácticas - y de
arrepentirse.
Jesús,
en efecto, auspicia las bufonadas. Al hacerlo se muestra intrínsicamente judío.
Un adagio posterior del Talmud dice: "Si tu vecino dice que eres un asno, ponte
una montura sobre la espalda".
El
Poder Establecido reposa literalmente sobre su dignidad. Nada le quita su
potencia más rápido que una sátira hábil. Al rehusar que su poder los intimide,
los que no tienen poder son animados a tomar la iniciativa, incluso cuando el
cambio estructural no es posible. Este mensaje, lejos de constituir una
admonición de perfección inaccesible en esta vida, es una medida práctica,
estratégica, para darle poder al oprimido. Ofrece un indicio de cómo confrontar
a todo el sistema de un modo que desenmascare toda su crueldad esencial y de
cómo ridiculizar sus pretensiones de justicia, ley y orden.
El
tercer ejemplo de Jesús, el que se refiere a caminar la segunda milla, está
tomado de la práctica ilustrada de limitar el monto de trabajo forzado que los
soldados romanos podían imponer a los pueblos sometidos. Un soldado podía
obligar a un civil a llevarle su mochila sólo una milla; si obligaba al civil a
ir más lejos incurría severos castigos bajo la ley militar. De esta manera Roma
trató de limitar el enojo de la población ocupada y asegurar a pesar de ello el
movimiento de sus ejércitos. Pero esta imposición constituía un amargo recuerdo
para los judíos de que eran un pueblo sometido, incluso en la Tierra Prometida.
A este
pueblo orgulloso pero subyugado Jesús no le aconseja la revuelta. Uno no se
"hace amigo" del soldado, lo lleva a un lado, y le mete un cuchillo entre sus
costillas. Jesús tenía plena conciencia de la futilidad de la revuelta armada
contra el poder imperial romano. No escatimaba palabras al respecto, aunque le
debe haber costado el apoyo de las facciones revolucionarias.
¿Pero
por qué caminar la segunda milla? ¿No significa irse al extremo opuesto: ayudar
y favorecer al enemigo? De ninguna manera. La pregunta en este caso, como en los
dos previos, es cómo el oprimido puede recuperar la iniciativa, cómo puede hacer
valer su dignidad humana en una situación que no puede ser modificada por el
momento. Las reglas las fija César, pero no cómo se reacciona ante ellas. La
reacción es de Dios, y César carece de poder al respecto.
Imagina
entonces la sorpresa del soldado cuando, en el hito de la milla siguiente, se
prepara a regañadientes a recuperar su mochila (30 a 40 kilos con el equipo
completo). Le dices: "Oh, no, déjeme llevársela una milla más". Normalmente
tiene que forzar a tus congéneres a que lleven su mochila, ¡ahora tú lo haces
alegremente y no dejas de hacerlo! ¿Es una provocación? ¿Estás insultando su
fuerza? ¿Siendo amable? ¿Tratando de que lo castiguen porque parecería que te
hace ir más lejos de lo que debieras? ¿Tienes la intención de presentar una
queja? ¿Crear problemas?
De una
situación de requisición servil, has vuelto a tomar la iniciativa. Has
recuperado el poder de elección. El soldado está desconcertado porque se le ha
privado de la previsibilidad de tu reacción. Imagínate la situación hilarante de
un soldado de la infantería romana rogando a un judío: "¡Ah!, venga, ¡por favor
devuélvame mi mochila!" El humor de la escena podrá escapar a los que la
consideren con ojos santurrones. Pero difícilmente pueden no haberla entendido
los oyentes de Jesús, a los que debe haberles encantado la posibilidad de dejar
perplejos de esa manera a sus opresores.
Algunos
lectores podrán objetar a la idea de desconcertar al soldado o de abochornar al
acreedor. ¿Pero pueden arrepentirse los que participan en actos opresores a
menos que se sientan poco cómodos en sus acciones? Existe, evidentemente, el
peligro de utilizar la no violencia como una táctica de venganza y humillación.
Existe también, en el extremo opuesto, un peligro igual de sensiblería y
blandura que confunde el amor intransigente de Jesús con ser simpático. La
confrontación afectuosa puede liberar al oprimido de la docilidad y al opresor
del pecado.
Incluso
si la acción no violenta no cambia de inmediato el carácter del opresor, afecta
a los que participan en ella. Como demostró Martin Luther King, Jr. les da un
nuevo autorrespeto y les da una fuerza y un valor que no sabían que poseían. A
los que están en el poder, el consejo de Jesús a los sin poder podrá parecer
mezquino. Pero para aquellos cuya norma de vida ha sido actuar servilmente,
doblegarse y arreglárselas como pueden ante sus amos, a aquellos que han
interiorizado su papel como inferiores, este pequeño paso es trascendental.
La
tercera vía de Jesús * Toma la iniciativa moral. * Encuentra una alternativa
creativa a la violencia. * Haz valer tu propia humanidad y dignidad como
persona. * Enfrenta a la fuerza mediante el ridículo o el humor. * Rompe el
ciclo de la humillación. * Niégate a someterte o a aceptar la posición inferior.
* Denuncia la injusticia del sistema. * Toma control de la dinámica del poder. *
Avergüenza al opresor hasta que se arrepienta. * Mantén tu posición. * Fuerza al
poder establecido a tomar decisiones para las que no está preparado. * Reconoce
tu propio poder. * Muéstrate dispuesto a sufrir antes que a vengarte. * Obliga
al opresor a verte de otro modo. * Priva al opresor de situaciones en las que la
fuerza es efectiva. * Muéstrate dispuesto a sufrir el castigo por romper leyes
injustas.
Es una
lástima que Jesús no haya dado quince o veinte ejemplos más ya que no tendemos
por naturaleza a este nuevo tipo de reacción. Algunos ejemplos de la historia
política podrían contribuir a grabárnosla más profundamente en nuestras mentes:
En
Alagamar, Brasil, un grupo de campesinos organizó una lucha a largo plazo por
preservar sus tierras contra intentos de expropiación ilegal por parte de
empresas nacionales e internacionales (con la complicidad de políticos locales y
de los militares). Algunos de los campesinos fueron arrestados y encarcelados en
la ciudad. Sus compañeros decidieron que todos eran igual de responsables.
Cientos marcharon a la ciudad. Llenaron la casa del juez, exigiendo que se les
encarcelara junto con los que habían sido arrestados. El juez terminó por verse
obligado a enviarlos a todos a casa, también a los prisioneros.
Durante
la Guerra de Vietnam, una mujer reivindicó setenta y nueve personas a cargo en
su declaración de impuestos en EE.UU., todos huérfanos vietnamitas, así que no
debía impuestos. No eran personas a cargo legales, por cierto, así que no fueron
reconocidas. No, insistió, esos niños han sido convertidos en huérfanos por
bombardeos indiscriminados de Estados Unidos; somos responsables por sus vidas.
Obligó al Servicio de Impuestos Internos a que la llevara ante los tribunales.
Esto le ofreció un foro más amplio para presentar su caso. Utilizó el sistema en
su propia contra para desenmascarar lo indefendible desde el punto de vista
moral en lo que estaba haciendo el sistema. Desde luego "perdió" el juicio, pero
hizo oír lo que quería decir.
Durante
la II Guerra Mundial, cuando las autoridades nazis en Dinamarca ocupada
promulgaron una orden de que todos los judíos tenían que llevar brazaletes
amarillos con la Estrella de David, el rey insistió en asistir a una celebración
en la sinagoga de Copenhague. Él y la mayoría de la población de Copenhague se
pusieron también brazaletes amarillos. Su posición fue reafirmada por el Obispo
de Sjaelland y otros clérigos luteranos. Los nazis tuvieron que terminar por
rescindir la orden.
Es
importante repetir historias semejantes para ampliar nuestras imaginaciones en
cuanto a la no violencia creativa. Ya que no es una reacción natural, hay que
aprenderla. Necesitamos modelos, y necesitamos probar la no violencia en
nuestras vidas diarias si esperamos llegar jamás a recurrir a ella en caso de
crisis.
Tal vez
serviría yuxtaponer las enseñanzas de Jesús con los principios del legendario
organizador comunitario Saul Alinsky para la acción comunitaria no-violenta (en
sus Reglas para Radicales) para obtener un sentido más claro de su factibilidad
y pertinencia en las luchas de nuestra época. Entre las reglas que Alinsky
desarrolló en sus intentos de organizar a los trabajadores estadounidenses y
comunidades minoritarias están las siguientes: (1) El poder no es sólo lo que
tienes sino lo que tu enemigo piensa que tienes. (2) Nunca vayas más allá de la
experiencia de tu gente. (3) Siempre que sea posible ve más allá de la
experiencia del enemigo.
Jesús,
como Alinsky, recomendó que se utilice la experiencia de ser menospreciado,
insultado, o desposeído a fin de quitarle la iniciativa al opresor, para quien
reacciones como caminar la segunda milla, desnudarse, o presentar la otra
mejilla se encuentran totalmente fuera de su experiencia. Esto lo obliga a tomar
en serio tu poder y tal vez incluso a reconocer tu humanidad.
Alinksy
ofrece otras sugerencias. De nuevo vemos los paralelos: (4) Haz que tus enemigos
vivan según sus propias reglas. (5) El ridículo es tu arma más poderosa. (6) Una
buena táctica es la que le gusta a tu gente. (7) Una táctica que se alarga
demasiado es una carga para toda la vida.
El
deudor en el ejemplo de Jesús volvió la ley en contra de su acreedor al
obedecerla, siguiendo la letra de la ley, pero agregándole su ropa interior. La
codicia del acreedor es desenmascarada por su propia inclemencia y esto ocurre
rápido y de modo que sólo complace a los simpatizantes del deudor, como sugiere
Alinsky. Esto sirve de advertencia a todos los demás acreedores y arma a todos
los demás deudores con un nuevo sentido de sus posibilidades. La lista de
Alinsky continúa: (8) Mantén la presión. (9) La amenaza es usualmente más
aterradora que el hecho en sí. (10) La principal premisa para la táctica es el
desarrollo de operaciones que mantengan una presión constante sobre el lado
opuesto.
Jesús,
en sus tres breves ejemplos, no establece la base para un movimiento continuo,
pero su ministerio en su conjunto es un modelo de lucha social a largo plazo que
mantiene una presión constante. San Marcos presenta los movimientos de Jesús
como una guerra relámpago. Sus enseñanzas presentan amenazas inmediatas y
continuas a las autoridades. El bien que trae consigo es malentendido como
sedición y su proclamación del próximo Reino de Dios es malinterpretada como un
manifiesto para la revolución militar.
Al
desaprobar la violencia, Jesús penetra tranquilo en la hostilidad de Jerusalén
con las manos abiertas, oponiendo la simple verdad a la fuerza. Aterradas ante
la amenaza de este hombre y sus seguidores, las autoridades recurren a su
disuasivo postremo, la muerte, sólo para descubrir que es impotente y para
quedar desenmascarados. La cruz, execrable y macabra, se convierte en símbolo de
liberación. El movimiento que debiera haber muerto se convierte en una religión
mundial.
Alinsky
ofrece tres últimas sugerencias: (11) Si planteas tu negativa con la suficiente
dureza y profundidad cambiará de signo. (12) El precio de un ataque exitoso es
una alternativa constructiva. (13) Escoge el objetivo, congélalo, personalízalo,
polarízalo. A Alinsky le encantaba utilizar la conducta más malévola de sus
oponentes - pillajes de los locales del movimiento, intentos de chantaje y
asesinatos fracasados - para destruir su credibilidad pública. Ahí estaban los
funcionarios elegidos, las corporaciones respetables y la policía de confianza,
participando en ilegalidades evidentes para mantener los privilegios.
De la
misma manera, Jesús sugiere amplificar una injusticia (presentar la otra
mejilla, sacarse la ropa interior, caminar la segunda milla) para poner al
descubierto la iniquidad fundamental de la opresión legalizada. La ley es
"compasiva" al requerir que la túnica del deudor se le devuelva al ponerse el
sol, sí; pero el judaísmo en sus momentos más lúcidos sabía que todo el sistema
de usura y endeudamiento constituía en sí mismo la raíz de la injusticia y jamás
debería haber sido permitido (Éxodo 22:25). La restricción del trabajo forzado a
que se llevara la mochila del soldado durante sólo una milla fue un gran
adelanto frente a la arbitrariedad ilimitada, pero en primer lugar las tropas de
ocupación no tenían derecho a encontrarse en suelo judío.
Sin
embargo, a Jesús no le satisfizo dar simplemente poder al que no lo tenía. En
este aspecto sus enseñanzas trascienden fundamentalmente las de Alinsky. Jesús
no propugnaba la no violencia sólo como una técnica para aventajar al enemigo
sino como un medio justo para oponerse al enemigo de manera que quedara abierta
la posibilidad de que el enemigo también se transformara.
A la
lista de Alinsky le agregaría otra "regla" mía: nunca adoptes una estrategia que
no quisieras que tus oponentes usaran en contra tuya. No objetaría a que mis
oponentes utilizaran acciones directas no violentas en mi contra, ya que una
acción semejante exigiría que se decidieran a sufrir o incluso a morir antes de
recurrir a la violencia en mi contra. Significaría que tendrían que respetar mi
humanidad, creer que Dios puede transformarme y tratarme con dignidad y respeto.
Actualmente podemos aprovechar la experiencia histórica cumulativa de la lucha
social no violenta. Pero el espíritu, el impulso, la oleada de transformación
creativa es el principio máximo del universo - es el mismo que vemos encarnado
en Jesús. Liberada del legalismo literalista su enseñanza es como un manual
práctico para dar poder al que no lo tiene para apoderarse de la iniciativa
incluso en situaciones impenetrables para el cambio.
Los
pusilánimes difícilmente se sentirán atraídos por el riesgo de confrontar al
poder establecido con tal vulnerabilidad de payaso, de atreverse a confirmar al
mismo tiempo la propia humanidad y la de aquellos a los que nos oponemos, de
atreverse a arrancar el aguijón del mal absorbiéndolo. Pero para aquellos
desmoralizados por la enormidad de las injusticias que nos aplastan y el
empecinamiento de los que se encuentran en el poder, las palabras de Jesús
irradian su esperanza a través de los siglos. No necesitamos tener miedo.
Podemos hacer valer nuestra dignidad humana. Podemos apoderarnos de las
posibilidades creativas que siguen siendo nuestras, ridiculizar la injusticia de
leyes injustas y obligar al mal a que salga de su escondite detrás de la fachada
de la legitimidad.
Este material ha sido reproducido tomándolo de:"The
Impossible Will Take a Little While: A Citizen's Guide to Hope in a Time of Fear"
(en castellano: "Lo imposible aún tardará un rato: una guía ciudadana de
introducción a la esperanza en tiempos de miedo", editado por Paul Loeb (Basic
Books $15.95, www.theimpossible.org). "The Impossible" fue considerado el libro
político Nº 3 del otoño de 2004 por History Channel y American Book Association.
El más reciente libro de Walter Wink es "Jesus and Nonviolence: The Third Way"(en
castellano: Jesús y la No-Violencia: la tercera vía" (Fortress Press, 2003).
Notas de traducción:
1.- En
inglés usan la Revised Standard Version, aquí hemos utilizado la versión de
Casiodoro de Reina (1569) revisada por Cipriano de Valera (1602), y varias veces
más a lo largo del tiempo, hasta la de 1995
2.- La
primera versión al inglés de la Biblia fue la encargada por el Rey Jaime (King
James)
3.- "The
Scholars Version" es una traducción al inglés de los textos del nuevo testamento
por académicos no sujetos a ningún control eclesiástico y publicada en Oxford en
1995, el equivalente español sería una versión ecuménica del Nuevo Testamento
publicada en 1968. Concretamente este pasaje se traduce como: "No toméis
represalias contra el malvado".