Las mujeres
iraquíes han sido durante mucho tiempo las más liberadas de Medio Oriente. La
ocupación las ha confinado a en sus hogares.
El Departamento de
Estado norteamericano ha lanzado una "iniciativa para la democracia de las
mujeres iraquíes" de 10 millones de dólares para formar a las mujeres de Irak en
las técnicas y prácticas de la vida democrática ante las próximas elecciones.
Paula Dobriansky, vicesecretaria de Estado norteamericana para asuntos globales,
ha declarado que "[...] daremos a las mujeres iraquíes los instrumentos, la
información y la experiencia que necesitan para desempeñar funciones y ejercer
de lobby para [que reciban] un tratamiento justo". El hecho de que el dinero irá
destinado principalmente a organizaciones empotradas con la administración
norteamericana como el Forum de Mujeres Independientes creado por la esposa de
Dick Cheney, Lynn, no ha sido, obviamente, mencionado.
De todos los
errores garrafales que ha cometido la Administración Bush en Irak, el mayor es
su fracaso en comprender al pueblo iraquí, y en especial a sus mujeres. La
principal equivocación es percibir a las mujeres iraquíes como víctimas
silenciosas y empobrecidas de una sociedad controlada por los hombres en urgente
necesidad de liberación. Esta imagen encaja convenientemente con esa otra
general del pueblo iraquí como víctima pasiva que daría la bienvenida a la
ocupación de su país.
Las mujeres
iraquíes en la Historia contemporánea
La realidad es
diferente. Las mujeres iraquíes participaron activamente en la vida pública
incluso bajo el Imperio Otomano. En 1899 se estableció en Irak la primera
escuela para chicas; en 1924, la primera organización de mujeres. Para 1937
había cuatro revistas de mujeres publicadas en Bagdad. Las mujeres participaron
en la Revolución de 1920 contra la ocupación británica, incluyendo los combates.
En la década de los 50 los partidos políticos establecieron organizaciones de
mujeres. Todas reflejaban el mismo principio: combatiendo junto a los hombres,
las mujeres se liberaban también a si mismas. Así se demostró tras la Revolución
de 1958 que acabaría con la monarquía impuesta por los británicos, cuando las
organizaciones de mujeres lograron en dos años lo que en 30 años de ocupación
británica no se había conseguido: la igualdad legal.
Este proceso
condujo a Unicef a informar en 1993 de lo siguiente: "[...] Raramente las
mujeres en el mundo árabe disfrutan de tanto poder como en Irak [...], los
hombres y las mujeres tienen que recibir el mismo salario por igual trabajo. Los
ingresos de la esposa están reconocidos como independientes de los de su marido.
En 1974, la educación pasó a ser libre en todos los niveles, y en 1979 se
convirtió en obligatoria para las niñas y niños hasta la edad de 12 años". A
comienzos de los años 90, Irak tenía la tasa de alfabetización más elevada del
mundo árabe. Había más mujeres profesionales en puestos de poder que en casi
cualquier otra nación de Medio Oriente.
La tragedia fue
que las mujeres vivían bajo el régimen represivo de Saddam. Ciertamente, había
mujeres que ocupaban altos cargos políticos pero no hicieron nada para protestar
por la injusticia inflingida contra sus hermanas opuestas al régimen.
Las mujeres en
el Irak 'liberado' por la ocupación
Lo mismo está
ocurriendo en la actualidad en "el nuevo Irak liberado". Tras la liberación,
Bush y Blair han publicitado los avances de las mujeres como parte central de su
visión para Irak. En la Casa Blanca, mujeres iraquíes elegidas a dedo recitaron
desesperadamente las cantinelas necesarias para justificar la invasión de Irak.
En junio, se otorgó la soberanía nominal a un gobierno interino designado por
Estados Unidos que incluye a seis mujeres en los gabinetes ministeriales. No han
sido elegidas por el pueblo iraquí.
Bajo el régimen de
Iyad Alawi, las "fuerzas multinacionales" siguen inmunes ante el desagravio
legal que raramente se aplica para los crímenes cometidos contra los iraquíes.
La brecha entre las mujeres miembros del régimen de Alawi y la mayoría de las
mujeres iraquíes aumenta cada día. Mientras que los gabinetes ministeriales y
las embajadas de Estados Unidos y de Gran Bretaña están escondidas dentro de la
fortificada "Zona Verde", a las iraquíes y a los iraquíes se les niega el
derecho elemental de caminar con seguridad en sus propias calles. La parte
derecha de la calzada es para los tanques estadounidenses etiquetados con la
frase: "Si adelantas al convoy serás asesinado".
La falta de
seguridad y el miedo de ser secuestradas hace a las mujeres iraquíes prisioneras
en sus propias casas. Son testigos del saqueo de su país por parte de
Halliburton, Betchel, las ONG estadounidenses, los misioneros, los mercenarios y
los subcontratistas locales, mientras se les niega el agua potable y la
electricidad. En la tierra del petróleo, tienen que hacer colas durante cinco
horas al día para obtener keroseno o petróleo. La malnutrición aguda se ha
duplicado entre los niños. El desempleo del 70% de la población está exacerbando
la pobreza, la prostitución, los abortos clandestinos y los asesinatos por causa
de honor. La corrupción y el nepotismo son rampantes entre el gobierno interino.
Al-Naquib, el ministro de Interior, ha reconocido haber designado a 49
familiares para altos cargos, pero sólo porque estaban cualificados.
El asesinato de
académicos, periodistas y científicos no ha escatimado en mujeres: Liqa Abdul
Razaq, locutora de la TV al-Sharqiya, fue asesinada junto a su bebé de dos
meses. Layla al-Saad, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Mosul, fue brutalmente asesinada en su casa.
El silencio de las
feministas del régimen de Alawi es ensordecedor. Al sufrimiento de sus hermanas
en las ciudades bañadas con napalm, fósforo y bombas de racimo por los aviones
de combate de Estados Unidos, a la muerte de unos cien mil civiles iraquíes, la
mitad de ellos mujeres y niños, le sale al paso la retórica de la formación para
la democracia.
Tony Blair
reconoció en Bagdad que la violencia continuaría tanto antes como después de las
elecciones, pero añadió: "[...] Por otro lado, tendremos una clara expresión de
voluntad democrática". ¿No sabe que "la democracia" es lo que las mujeres
iraquíes utilizan en estos días para asustar a sus hijos traviesos
increpándoles: "¡Silencio, o llamaré a la democracia!
La fuente: Haifa Zangana es
una novelista iraquí que estuvo encarcelada temporalmente durante el régimen
baasista. Exiliada en Londres desde los años 80, se situó en contra del régimen
de sanciones de las Naciones Unidas contra su país en 1990 y se opuso a la
invasión y ocupación de Irak en 2003. Zangana, que visitó Irak en varias
ocasiones desde 1990 y tras la invasión estadounidense, ha participado en
calidad de testigo en las sesiones del Tribunal Internacional sobre Irak
celebradas en Bruselas (abril 2004) y Estocolmo (diciembre, 2004). Este artículo
ha sido publicado en el diario británico The Guardian bajo el título: Quiet, or
I'll call democracy. La traducción al español pertenece a Loles Oliván para
IraqSolidaridad