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(IAR-Noticias)
10-Feb-05
Por
Naomi Klein - Mundo Arabe
Resulta que la tienda Pottery Barn ni siquiera
tiene una regla que diga: "Tú lo rompes, tú lo pagas". Según un vocero de la
compañía, "en la rara ocasión en que se rompe algo en la tienda, se asume como
pérdida". Sin embargo, la inexistente política de una tienda que vende
sacacorchos de 80 dólares aun ejerce más influencia en Estados Unidos que las
Convenciones de Ginebra y la Ley de Guerra Terrestre del Ejército estadounidense
combinadas. Bob Woodward [director adjunto de The Washington Post] apuntó que
Colin Powell evocó "la regla de Pottery Barn" antes de la invasión, y John Kerry
juró lealtad a esta regla durante el primer debate presidencial. Y la regla
imaginaria aún es el instrumento no punzante favorito para golpear a cualquiera
que se atreva a sugerir que ya llegó la hora de retirar las tropas de Irak:
claro que la guerra es un desastre, argumentan, pero no la podemos parar ahorita
–si tú lo rompes, es tuyo.
Si bien no citó por nombre a la cadena de
tiendas, Nicholas Kristof dejó el argumento claro en una reciente columna en The
New York Times. "Nuestra equivocada invasión dejó a millones de iraquíes
desesperadamente vulnerables, y sería inhumano abandonarlos ahora. Si nos
quedamos en Irak, aún hay algo de esperanza de que los iraquíes lleguen a
disfrutar de la seguridad y de mejor vida; pero si nos salimos, estaremos
condenando a los iraquíes a la anarquía, el terrorismo y la hambruna, y costará
las vidas de cientos de miles de niños durante la próxima década".
Comencemos con la idea de que Estados Unidos
ayuda a proveer seguridad. Al contrario, la presencia de sus tropas provoca la
violencia cotidiana. La verdad es que mientras permanezcan las tropas, toda la
estructura de seguridad del país –las fuerzas de ocupación, los soldados
iraquíes y los oficiales policiales– estará exclusivamente dedicada a rechazar
los ataques de resistencia, dejando un vacío en lo que respecta a cubrir la
seguridad de los iraquíes de la calle. Si las tropas se salieran, los iraquíes
aún se enfrentarían a la inseguridad, pero podrían dedicar recursos locales a
restablecer el control de sus ciudades y barrios.
En cuanto a prevenir la "anarquía", el plan
estadounidense de llevar elecciones a Irak parece diseñado para prender una
guerra civil –una guerra civil que justifique la actual presencia de las tropas
estadounidenses sin importar quién gane los comicios. Siempre quedó claro que la
mayoría chiíta, que desde hace más de un año convoca a elecciones inmediatas,
nunca iba a aceptar una demora en el calendario electoral. También queda claro
que al destruir Fallujah para prepararla para las elecciones, gran parte del
liderazgo sunita se vería forzado a convocar a un boicot de las elecciones.
Cuando Kristof asegura que las fuerzas
estadounidenses deberían de quedarse en Irak para "salvar a cientos de miles de
niños" de la hambruna, es difícil imaginar a qué se refiere. El hambre en Irak
no es simplemente un efecto secundario de la guerra –es el resultado directo de
la decisión estadounidense de imponer brutales políticas de "terapia de shock" a
un país que ya estaba enfermo y debilitado por 12 años de sanciones. La primera
acción de Paul Bremer como administrador civil fue despedir a 500 mil iraquíes,
y su principal logro –por el cual se le otorgó la Medalla Presidencial de la
Libertad– fue supervisar el proceso de "reconstrucción", que sistemáticamente
robó sus empleos a los necesitados iraquíes y se los otorgó a empresas
extranjeras, lo cual provocó que la tasa de desempleo llegara a 67%. Y el peor
de los shocks aún está por venir. El pasado 21 de noviembre, el grupo de países
industrializados conocido como el Club de París finalmente dio a conocer su plan
para la impagable deuda de Irak. En vez de perdonarla simplemente, el Club de
París expuso un plan de tres años para amortizar 80%, siempre que los futuros
gobiernos iraquíes se adhieran al estricto programa de austeridad del Fondo
Monetario Internacional. Según los primeros borradores, el programa incluye "la
reestructuración de las empresas estatales" (léase: privatización), un plan que,
según el Ministerio de Industria iraquí, requerirá el despido de otros 145 mil
obreros. En nombre de "las reformas del libre mercado", el FMI también quiere
eliminar el programa que provee a cada familia iraquí de una canasta de
alimentos –la única barrera contra la hambruna para millones de ciudadanos. Hay
presión adicional para eliminar las raciones de alimentos que llegan de la
Organización Mundial de Comercio (OMC), que, por pedido de Washington, está
considerando aceptar a Irak como miembro –siempre y cuando adopte ciertas
"reformas".
Miseria planeada
Seamos claros: Estados Unidos rompió a Irak y
no está en el proceso de repararlo. Simplemente continúa rompiéndolo por otros
medios. No sólo usa F-16 y Bradleys, sino también el armamento menos
deslumbrante: las condiciones del FMI y la OMC, seguidos por unas elecciones
diseñadas para transferir la menor cantidad de poder a los iraquíes. Esto es lo
que el afamado escritor argentino Rodolfo Walsh (asesinado por la junta militar
en 1977) describió como "miseria planeada". Y mientras más se quede Estados
Unidos en Irak, más miseria planeará.
Pero si quedarse en Irak no es la solución,
tampoco lo son los simples llamados a sacar a las tropas y gastar el dinero en
escuelas y hospitales en casa. Sí, las tropas deben salirse, pero esa sólo puede
ser una de las tablas de una plataforma antiguerra creíble y moral. ¿Qué hay de
las escuelas y los hospitales en Irak –los que se supone que Bechtel iba a
reparar y que nunca lo hizo? Las fuerzas antiguerra se muestran reticentes a
hablar acerca de lo que los estadounidenses le deben a Irak. Rara vez usan la
palabra "compensación", sin mencionar una más cargada: "reparaciones".
Las fuerzas antiguerra también han fracasado en
ofrecer apoyo concreto a las demandas políticas que surgen de Irak. Cuando la
Asamblea Nacional Iraquí condenó enérgicamente el acuerdo del Club de París, que
forzaba al pueblo iraquí a pagar las "odiosas" deudas de Sadam y que les robaba
su soberanía económica, el movimiento antiguerra prácticamente se quedó callado,
a excepción del tenaz pero poco apoyado Jubilee Irak. Y si bien los soldados
estadounidenses no protegen a los iraquíes de la hambruna, las raciones de
alimentos sí lo hacen –Así que, ¿porqué la protección de este tan necesitado
programa no es una de las demandas centrales?
El fracaso en desarrollar una plataforma
creíble más allá de "fuera tropas" podría ser una de las razones por las que el
movimiento antiguerra se mantiene estancado, aun cuando la oposición a la guerra
se profundiza. Los gobernantes estilo Pottery Barn tienen razón en algo: romper
un país debería acarrear consecuencias a quienes lo rompieron. Ser dueño del
país roto no debería de ser una de ellas, ¿pero qué tal pagar las reparaciones?
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