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MEDIO ORIENTE  

Sunday, 13 de February de 2005

 

Sin justicia no habrá paz en Oriente Medio

 
 

(IAR-Noticias) 13-Feb-05

Por Robert Fisk - The Independent

Así pues, los palestinos pondrán fin a su ocupación de Israel. Los tanques palestinos ya no se abrirán camino aplastándolo todo en Haifa y Tel Aviv. Los F-18 palestinos ya no bombardearán centros de población israelíes. Los helicópteros Apache palestinos ya no realizarán matanzas selectivas -es decir, asesinatos- de dirigentes militares israelíes.

Los palestinos han prometido poner fin a todo "acto de violencia" contra los israelíes, mientras que Israel ha prometido cesar toda "actividad militar" contra Palestina. Bueno, pues ya está. Ya tenemos paz.

Ésta es la impresión que se habría llevado un marciano -incluso un marciano con estudios-, suponiendo que hubiera pasado por el mundo imaginario de Sharm El Sheij. Los palestinos habían estado cometiendo actos de violencia, los israelíes habían llevado a cabo operaciones inocentes. La violencia palestina, o el terror y la violencia -frase, esta última, mucho más popular, puesto que lleva implícito el estigma del 11-S- habían llegado a su fin. Mahmud Abbas -quien le confesó este año a un íntimo amigo libanés que se ponía traje y corbata para parecer diferente a Yasser Arafat- se avino a todo ello. Con todo, continuó siendo un misterio qué pueblo estaba ocupando los hogares de qué otro pueblo.

Mahmud Abbas, con su cabello cano y su inmensa sabiduría, estuvo muy en su papel. Todos debíamos olvidar que fue el mismo Abbas quien redactó los acuerdos de Oslo, quien no utilizó ni una sola vez en mil páginas la palabra ocupación y quien no habló de retirada israelí del territorio palestino, sino de reubicación.

El martes nadie mencionó la ocupación en ningún momento. Igual que se hace con el sexo, había que censurar la ocupación de la narración histórica. Como de costumbre -como en Oslo-, los problemas reales quedaron emplazados para fechas posteriores. Los refugiados, el derecho de retorno, Jerusalén Este como capital palestina: ya nos ocuparemos de todo eso más adelante.

Jamás habíamos necesitado tanto la voz mordaz del difunto Edward Said. Por supuesto, nadie dijo nada de los asentamientos -colonias judías para judíos, y sólo judíos, en tierra árabe-. Como tampoco de Jerusalén Este. Ni del derecho de retorno de los refugiados de 1948. Ésos son los "sueños pocos realistas" a los que se referían anteayer los israelíes.

Todo eso se debatirá más adelante, tal como se suponía que debía suceder con los fracasados acuerdos de Oslo logrados por MahmudA bbas. Siempre que las verdaderas causas de la guerra puedan posponerse, todo va bien. "El final de la violencia que ha costado 4.000 muertes", se dijo, pero se obvió la ecuación fundamental de que dos tercios de esas vidas eran palestinas. "Paz, paz, paz". Igual que eso de "terrorismo, terrorismo, terrorismo"; como si bastara con repetirlo suficientes veces. Ojalá.

Éstas eran las cuestiones al final del día. ¿Terminarán los israelíes con sus asentamientos masivos en Cisjordania, incluidos los que hay alrededor de Jerusalén? El martes no se hizo mención de ello. ¿Se pondrá fin a la expansión de los asentamientos judíos, para judíos y sólo judíos, en la Cisjordania palestina? El martes no se hizo mención de ello. ¿Se permitirá a los palestinos tener una capital en el Jerusalén Este árabe? El martes no se hizo mención de ello. ¿Abandonarán verdaderamente los palestinos su intifada, incluidos sus mortíferos atentados suicidas, a consecuencia de estas promesas inexistentes? Igual que las elecciones iraquíes -que también se celebraron bajo la ocupación extranjera-, las conversaciones palestino-israelíes fueron históricas porque sí. La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, advirtió a los palestinose que deben "controlar la violencia", pero no pidió, como de costumbre, que se controle la violencia del ejército israelí.

Y es que el supuesto sine qua non de la ecuación fue que los palestinos eran los culpables, que eran la parte violenta, de ahí la amonestación de que los palestinos deben cesar su violencia mientras que los israelíes tan sólo tendrían que suspender sus operaciones. Los palestinos, al parecer, son genéricamente violentos; los israelíes, genéricamente respetuosos con la ley. Estos últimos sólo realizan operaciones. Y Mahmud Abbas se avino a estos disparates.

Todo quedó clarísimo en la cobertura informativa de los acontecimientos. Según la CNN, lo que se ofrecía era "el final de toda violencia", como si la ocupación y la colonización ilegal no fueran una forma de violencia. La agencia americana Associated Press, cobardemente, habló de "ciudades que, de momento, seguirán controladas por los servicios de seguridad israelíes"; o, dicho de otro modo, controladas por Israel, aunque no iban a decirles eso a sus lectores.

Así pues, Mahmud Abbas será el Hamid Karzai de Palestina; su corbata, el equivalente del traje verde de Karzai. Nuestro nuevo hombre en Palestina, el tsunami que se ha llevado consigo la contaminación de Yasser Arafat, cuya tumba logró evitar Condoleezza Rice. Sin embargo, los obstáculos insalvables siguen ahí: Jerusalén Este, los asentamientos judíos y el derecho de retorno de los palestinos a los hogares que perdieron en 1948.

Si vamos a aplaudir como los conciliadores del martes en Sharm El Sheij, será mejor que nos demos cuenta de que, a menos que nos pongamos a resolver estas grandes injusticias ahora, este nuevo acto de conciliación acabará siendo tan sangriento como el de Oslo. Que se lo pregunten a Mahmud Abbas. Él fue el autor de ese funesto primer acuerdo.

 

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