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(IAR-Noticias)
14-Feb-05
Por
Ernesto Cardenal -
La Jiribilla
Ningún
homenaje por mis 80 años ha sido para mí más importante que este que se me hace
en Cuba; justamente por ello, por tratarse de Cuba, que es el único país
socialista que queda en el mundo, y el único que se mantiene rebelde ante el
imperialismo. Qué sería de nosotros en América Latina sin Cuba. Entonces, mi
primer agradecimiento es para este país; muchas gracias también a Cintio y Fina.
A Cintio por estas líneas, que no me gustaron porque no me agradan los elogios,
y menos aun inmerecidos, pero bueno, en veinte líneas resume mi vida, mi obra y
también lo que no soy, lo que él se imagina que soy, y lo que quisiera ser.
Gracias a José Luis Fariñas por sus ilustraciones. Gracias a Casa de las
Américas. Gracias al Instituto Cubano del Libro. Este es el mejor regalo de
cumpleaños para mí.
No es
ningún mérito cumplir 80 años. En Nicaragua cuando alguien cumple una edad,
especialmente los niños, por ejemplo, si cumple 9 años, dice “ando en 10”. Es
el deseo de los niños de ser grandes. Yo ahora ando en 81, que no es mérito,
pero hay un salmo de la Biblia que dice que la vida del hombre son 70 años.
Eso fue escrito hace miles de años. Desde entonces se ha mejorado la
expectativa de vida, pero también ese salmo dice que para Dios, mil años son
como un día, como unas horas de la noche. Otro salmo dice que el Mesías es
siempre joven, como el rocío de la aurora, y el apóstol Pedro dice lo de los
mil años, agregando otra cosa; que para Dios, mil años son como un día, pero
un día son como mil años, que es como decir que el tiempo no existe. Hay un
científico, Julián Barbour, que dice que en realidad el tiempo no existe, que
es una ilusión óptica que tenemos de las leyes física, que lo que existe es el
espacio, que los eventos del espacio están separados por el espacio, no por el
tiempo. Todo es estático, todo es simultáneo, desde el Big Ban, hasta
el más lejano futuro, como un mural, en el que se va viendo todo parte por
parte, o como en una película en la que se va viendo cuadro por cuadro, pero
todo está estático en el universo, nada transcurre, todo pasa, todo está
siendo.
A mí me
gusta mucho esa teoría. Quiere decir que aunque el tiempo pase uno siempre es
joven. También, aunque el tiempo pase uno sigue viviendo. Ese es precisamente
el argumento que Cristo le presenta en el Evangelio a los saduceos, que no
creían en la resurrección. Los saduceos eran peor que los fariseos, pues eran
colaboracionistas del Imperio Romano y eran también la oligarquía. Y como
vivían muy bien no creían en la resurrección. Y Cristo les da el argumento de
que él es el Dios de Abraham, de Jacob, de Isaac, quiere decir, que los
Patriarcas están vivos, porque Dios es vida, no muerte. Yo diría también que
los Patriarcas estaban jóvenes porque Dios no es tampoco un dios de viejos,
sino de jóvenes. Debo decir que en él yo recupero mi juventud y recupero
también mi vida.
San
Agustín llama a Dios belleza siempre antigua y siempre nueva, y un místico
colombiano, malhablado y erótico y enamorado de Dios, dice que es él quien
tiene la dictadura perfecta. Dios es pues para mí el de la juventud perdida,
que en él está recuperada, y mi vida, que en varios sentidos está perdida,
está también en él. Con la misma frescura dice el Mesías que él es como el
rocío hijo de la aurora.
Es de lo
que trata “Canto nacional”, un poema que escribí después de mi primera visita,
después de lo que he llamado mi segunda conversión --mi primera conversión
había sido a Dios, mi segunda, con la Revolución--, poema que dediqué al
Frente Sandinista de Liberación Nacional en su peor época y entendí que había
que darle respaldo.
Poesía y Escultura
Paralelamente a mi vocación literaria me sentía atraído por la plástica,
específicamente en la escultura, pero la practiqué como una afición, pero
cuando regresé a Nicaragua después de mis estudios, Rodrigo Peñalba, que fue
el fundador de la plástica moderna nicaragüense me animó mucho, me dijo que yo
era escultor, que no las hiciera chiquitas, que las hiciera más grandes, que
me dedicara a eso, me animó.
Es muy
bueno que cuando uno es joven le estimulen, porque si nadie me hubiera animado
no hubiera hecho más que figuras en plastilina o en barro. Entonces empecé a
hacer cosas grandes que fueron a exposiciones. En la Unión Panamericana de
entonces, en Washington, me hicieron dos exposiciones, una colectiva dedicada
a América Latina y otra colectiva de Nicaragua, en las que me di a conocer
internacionalmente.
Yo no
quería tener fama como escultor, porque la prefería como poeta, porque
generalmente se cree que uno es bueno solo en una cosa. Sin embargo, ha habido
artistas que han tenido dos vocaciones.
Puede
haber cierta vinculación entre la poesía y la escultura en mi caso porque las
dos cosas son simples. Mi poesía es de mucha simplificación y mi escultura
igual. También hay cierto carácter popular en mi escultura, como lo hay en mi
poesía. En ese sentido hay entre ambas una identidad. Aunque para mí la
vocación de la poesía es la principal y la otra la secundaria.
En estos
momentos, andando en los 81, estoy escribiendo mis memorias, que es mucho más
difícil, más ardua, más trabajosa. La poesía es más fácil, porque es más
breve. Se acortan las palabras. No hay mucha gramática. Es libre, como una
pancarta, como una consigna. Es más fácil para mí. Las memorias es recordar lo
que está olvidado, aunque después vuelva a olvidarse, pero ya quedó.
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