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(IAR-Noticias)
14-Feb-05
Entrevista a Robert Kurz
Hace
meses que la gran prensa alemana, y principalmente periódicos y revistas
alternativos, no paran de hablar, a veces bien pero sobretodo mal, de la más
reciente publicación de Robert Kurz, el "Libro Negro del Capitalismo: réquiem
para la economía de mercado". En 816 páginas encontramos una breve historia
valiente y violenta del capitalismo, las filigranas de la construcción de las
bases ideológicas y fetichistas del sistema productor de mercancías y las
trayectorias críticas del totalitarismo de mercado en el proceso mundial de la
modernización. Kurz no entra en competición con otros "Libros negros" de
comparación de sistemas y de campeonatos de atrocidades macabras, pero presenta
los procesos sociales modernos y contextualiza sus ideólogos desde Mandeville y
Bentham para diseñar la profunda dimensión histórica de las desgracias
contemporáneas.
Robert Kurz reside en
Nuremberg, Alemania, y es uno de los editores de la revista (Krisis)(1)
que publica fundamentos de la teoría social crítica elaborados por el grupo
Krisis. En Brasil no es desconocido. En 1993 su "libro audacioso", el "Colapso
de la modernización" (Ed. Paz e Terra), provocó fervorosos debates entre
intelectuales brasileños de izquierda. Una selección de sus posteriores
conversaciones en Brasil y de artículos periodísticos en la prensa brasileña
fue publicada en los "Últimos combates" (Editora Vozes, Zero à esquerda).
Lanzado el año pasado por el Dep. de Geografía de la USP (Universidad de Sao
Paulo) con la presencia de varios participantes del grupo Krisis el
"Manifiesto contra el trabajo" (labur@edu.usp.br),
del que Kurz es coautor, produjo nuevas polémicas.
Los escritos de Robert Kurz y,
en particular, su nuevo libro, poseen una saludable energía negativa que toca
mordazmente los tabúes de la modernidad: la economía de mercado, el dinero, el
Estado y el trabajo. Permite así a los lectores encontrar preguntas y respuestas
respecto a una perspectiva de crítica social urgentemente renovada y de
emancipación humana.
Dieter Heidemann
Prof. del Dep. de Geografía de
la USP (heidman@usp.br)
con la colaboración de Cláudio
Duarte
Entrevista a Robert
Kurz
D.H.: El título original de tu
nuevo libro era "Los molinos satánicos". ¿Por qué el cambio?
Realmente, entre los varios
títulos pensados, mi favorito era "Los molinos satánicos" evocando la poesía del
romántico inglés William Blake de finales del siglo XVIII. Era una expresión
proverbial de las primeras experiencias con el sistema fabril capitalista. Pero
jurídicamente el título ya había sido utilizado en una novela. Además de eso, la
editora prefirió el título "Libro negro del capitalismo". Esperaba más efecto y
atención para contraponerlo al "Libro negro del comunismo" de un grupo de
autores franceses y traducido a diversas lenguas. Es una lista fatigosa de los
crímenes del régimen del socialismo de Estado, una obra de pura propaganda sin
sustancia histórico-crítica y contra un enemigo que ya no existe. Ahora bien, si
yo quisiese sólo hacer la lista de los crímenes del capitalismo occidental, creo
que ni 100 volúmenes gruesos serían suficientes.
D.H.: El libro es
la historia de la imposición de la modernidad y del liberalismo. ¿Cuál es el
hilo conductor de su análisis?
Yo quería escribir una
historia crítico-radical de la modernización desde el siglo XVIII, a través de
una presentación integrada de aspectos que normalmente están siendo presentados
no sólo apologéticamente, sino también tratados monográficamente separados.
El libro es: 1) Una historia
de las tres grandes revoluciones industriales (introducción del sistema fabril a
través de la máquina de vapor a inicios del siglo XIX, "automovilización"
fordista a través de la producción en línea y racionalización de la economía
empresarial en la primera mitad del siglo XX, revolución microelectrónica en el
umbral del siglo XXI); 2) Una historia de la ciencia de la economía nacional con
sus vacilaciones permanentes entre los polos del mercado y del Estado; 3) Una
historia de la ideología legitimadora burguesa centrada en la naturalización y
biologización de lo social (la economía capitalista y sus consecuencias sociales
son tratadas por ella como "ley natural" por encima de cualquier crítica); 4)
Una historia del disciplinamiento del "material humano" y de la interiorización
de normas de comportamiento capitalistas hasta llegar al "hombre autoregulado"
contemporaneo; 5) Una historia del movimiento obrero socialista y del socialismo
de Estado, no como un contramodelo, sino como un "elemento inmanente" de la
modernización burguesa; 6) Una historia de las grandes crisis que caracterizan,
en su esencia, este sistema.
Siempre uso citas originales
de los actores contemporáneos. A través de tres siglos, queda claro que el
capitalismo nunca fue otra cosa que un sistema de impertinencias descaradas en
relación con la vida y el comportamiento humano; para la gran mayoría de los
hombres en el pasado y en el presente nunca trajo un aumento de bienestar, sino
siempre sólo nuevos avances de pobreza en masa y desesperación.
D.H.: Encontramos
las referencias teóricas de tu análisis social en las discusiones publicadas en
la revista "KRISIS": ¿Cúal es la importancia de la crítica del valor para tu
crítica radical del proceso de modernización y de los fetiches del sistema
productor de mercancías?
El "Libro negro del
capitalismo" es también un intento de concretar, a través de material histórico
y actual, la crítica que el "Grupo Krisis" hace a la comprensión usual de la
teoría marxista. El "marxismo del movimiento obrero" entendió equivocadamente
las formas elementales de la socialización capitalista (trabajo abstracto,
valor/forma-mercancía, dinero, mercado, Estado, nación, democracia) como
condiciones existenciales sociales positivas, casi ontológicas. Sobre esta base,
aparentemente neutra, realizó su parte de la "lucha de clases". Por eso, la
"lucha de clases" era sólo una forma de competencia interna de las
categorías capitalistas y de su envoltorio férreo. Se trataba de luchas por
distribución, mejoras de "derechos", cuyo éxito parcial y siempre pasajero
ataba, cada vez más fuertemente, los hombres al sistema dominante, incluso en su
propia forma-sujeto. Hoy, la "lucha de clases" desfallece en el mundo entero y
se vuelve, a pesar de las catástrofes sociales, un modelo en extinción, pues en
la crisis de la tercera revolución industrial, el sistema referencial común,
el fundamento aparentemente neutro de la moderna producción de mercancías, está
conmocionado. "Crítica del valor" significa tomar en consideración este hecho y,
por primera vez, poner radicalmente en cuestión las formas de relaciones
sociales de mercado y Estado, que se volvieron tan naturales. En esta
perspectiva, el capitalismo no es ningún problema de "plusvalía retenida" y de
riqueza monetaria subjetiva, sino un problema de un loco fin en sí mismo: la
"valorización del valor", el absurdo reacoplamiento cibernético del dinero a sí
mismo. Capitalistas y ejecutivos son sólo funcionarios de este "sujeto
automático" (Marx). La relación social en referenciales monetarios y
competitivos universales en los mercados anónimos es posible solamente a través
de un sistema de mercados de trabajo presupuesto, en los cuales los hombres
precisan venderse a sí mismos para volverse material de la "máquina mundial"
capitalista. La crisis fundamental de los mercados de trabajo se revelará, por
lo tanto, tarde o temprano como crisis del propio capitalismo.
D.H.: ¿Cómo
desarrollas entonces la crítica al trabajo, considerándolo característica del
mundo moderno?
Marx vacilaba aún entre una ontologización
positiva y una crítica radical del trabajo. El movimiento de los trabajadores,
como su nombre indica (Partido del Trabajo, punto de vista del trabajo etc.),
entendió equivocadamente el trabajo como palanca de la emancipación y como
contramodelo al capitalismo. Sin embargo, la abstracción trabajo no es lo
opuesto, sino el estado de agregado vivo del propio capital; el trabajo no es
una condición suprahistórica antropológica de la existencia, sino la forma de
actividad específica capitalista de la modernidad, consumo abstracto de energía
humana en un espacio funcional de economía empresarial. Esta abstracción ya
contiene la indeferencia con relación al contenido, al sentido y a la finalidad
de las necesidades vitales. El trabajo como determinación abstracta es el lado
actuante del fin en sí mismo irracional capitalista.
El "Libro Negro" deriva el
concepto de trabajo abstracto no de manera lógico-definidora de la forma-valor
(esto Marx ya lo hizo en "el Capital"), pues tiene otra forma de presentación:
el sistema de trabajo abstrato es analizado en su desarrollo concreto-histórico,
incluyendo obviamente los últimos 100 años de capitalismo, que Marx no vivió. Al
final de este desarrollo, se muestra que solamente en la 3ª revolución
industrial la aparente naturalidad de la abstracción trabajo es práctica y
teóricamente obsoleta. O la tecnología informática hace que diversas actividades
humanas se vuelvan superfluas en el espacio funcional capitalista o su ejecución
se realiza por robots. Por otro lado, el trabajo desaparece aún más en aquellas
empresas, economías nacionales o regiones mundiales que, por la débil fuerza del
capital, no pueden utilizar la microelectrónica y, por ello, ahondan en la
competencia.
D.H.: Hablando de
economías nacionales, ¿cuáles son las formas de ascensión y decadencia del
Estado-nación?
La llamada nación, tan poco
superhistórica como el trabajo, fue una invención del siglo XVIII. No es más que
el envoltorio cultural e imaginativo del Estado capitalista y de la forma
irracional de legitimación para una "continuación político-militar de la
competencia por otros medios". El "Libro Negro" tematiza tanto sobre la
integración histórica del movimiento de trabajadores y del socialismo en las
costumbres nacionales, como también tematiza sobre la crisis del contexto
nacional en la actual globalización del capital. El concepto de "liberación
nacional" se revela ahora como una contradicción en sí. Apelar a la nación no es
ninguna alternativa a la globalización, sino que además es reaccionario. La
izquierda precisa de formas de organización y acción transnacionales para estar
de nuevo a la altura del desarrollo capitalista. Sólo podemos pensar un futuro
post-capitalista a través de formas post-nacionales de reproducción.
D.H.: Junto al
Estado, la democracia y la ciudadanía tuvieron su papel en la imposición del
proceso de modernización. ¿Cómo relacionas liberalismo, socialdemocracia y
socialismos de Estado al sistema productor de mercancías?
Mientras el capitalismo no estaba plenamente
desarrollado, tampoco el sistema del derecho burgués estaba todavía en un
estado completo. La universalidad e igualdad de la forma-derecho aún no estaba
construida; principalmente en el área política (derecho de elección, derecho de
reunión, derecho de asociación etc.), una gran parte de la población quedó
excluida total o parcialmente de los derechos burgueses. Por eso, la atención
para los cambios se dirigía ante todo a la esfera política. Bajo el nombre de
democracia, la reivindicación por la "igualdad política y libertad" fue
declarada objetivo histórico. El "Libro negro" analiza esta orientación como una
ilusión histórica. Pues la integración de las masas en la ciudadanía moderna era
al mismo tiempo un disciplinamiento que reducía la conciencia y la acción a los
moldes de la sociedad capitalista. Por eso, las diversas dictaduras de la
modernización no eran ningún contrapunto a la democracia, sino una fase
histórica pasajera de la propia democracia. La esperanza de que sistemas
democráticos de decisión pudieran regular el sistema económico presupuesto hace
mucho tiempo fue cruelmente desacreditada. Entonces, antes de que los miembros
de la sociedad del sistema productor de mercancías inicien su discusión
democrática, ya son definidos a priori como competidores económicos. La
valorización del dinero, el mercado y la competencia crean alternativas
irracionales que sólo a posteriori son trabajadas por los procedimientos
democráticos. Hoy, el encanto de la democracia se ha vuelto definitivamente algo
insípido. Para la crítica, la globalización del capital, el totalitarismo
económico del mercado conduce no sólo a la política democrática, sino también a
la política en sí ad absurdum.
D.H.: ¿De qué
modo el "Libro negro" trata de esta crítica de la globalización y del colapso
del capitalismo de casino, cuando tú hablas hasta de "dinero desempleado"?
Hoy, en muchos países y
regiones del mundo, el sistema productor de mercancías, y con él la economía
monetaria, de hecho ya entraron colapso. En los centros occidentales y en partes
de la periferia, la crisis del trabajo no aparece sólo como crisis del capital
porque aquí, la "sustancia de trabajo", es decir la economía real, fue
substituida por un desacoplamiento de los mercados financieros. La
capitalización a través de las bolsas del "capitalismo de casino" especulativo
adelantó esperanzas sobre ganancias ficticias de casi todo el siglo XXI.
Esperanzas que no se harán realidad nunca. El "Libro negro" analiza este
desarrollo a través de la comparación con las burbujas especulativas en los
niveles de la 1ª y de la 2ª revolución industrial. Como las anteriores, también
esta tiene que reventar. Pero además queda mucho más claro que la dimensión del
"capital ficticio"(Marx) hoy es mucho mayor que en el pasado. Esto porque en la
3ª Revolución Industrial el capital hace de su propia "sustancia de trabajo", de
una manera mucho más profunda, algo superfluo. Cuando esta burbuja estalle, el
estruendo sacudirá la sociedad capitalista mundial hasta sus raíces.
D.H.: ¿Cómo ves
un proceso de emancipación social más allá del trabajo, de la lucha de clases,
del movimiento obrero tradicional y de la simple "cultura del rechazo"?
El mecanismo funcional
irracional del capital solamente puede convertir las gigantescas fuerzas
productivas de la microelectrónica en desempleo en masa, en estrés de eficiencia
y, finalmente, en el colapso del sistema financiero. La perspectiva
emancipadora, por otro lado, sólo puede consistir en transformar esas fuerzas
productivas en ocio libre y en una buena vida para todos. Pero, para ello, sería
necesario que surgiera un movimiento social que ya no se definiese más a través
de la forma capitalistamente constituida de los intereses competitivos. Debería
ser un "movimiento de apropiación" que se apropiase directamente de los
recursos, ya no por el desvío del mercado, del Estado, del dinero y de la
política. Esto solamente es posible a través de la ruptura de su propia
forma-sujeto y forma de conciencia. Para alcanzar esto, una "cultura del
rechazo" podría ser un paso en la dirección correcta, así como el desarrollo de
"formas de ayuda mutua" para más allá del mercado y del Estado, como también
rebeliones contra las impertinencias descaradas del totalitarismo económico
(hasta la forma electrónica de un virus: "I love you"). Lo decisivo será si los
futuros movimientos sociales llegarán a alcanzar la crítica radical de las
categorías capitalistas o si se engarzarán en la autoadministración de la
miseria. La teoría no puede esbozar por sí sola un programa concreto y ofrecer
este programa al mundo como si fuese un nuevo jabón en polvo. La perspectiva
sólo puede ser concretada en la acción conjunta de la teoría y de los
movimientos sociales emancipadores.
D.H.: La forma
literaria del libro corresponde al cinismo de la realidad violenta del proceso
de modernización. Su lenguaje de repugnancia sensible a los detalles, desprecio
sarcástico e ironía permite recordar a Adorno, ¿no?
Algunos críticos llamaron al
"Libro negro" un "panfleto de insultos contra la economía de mercado". Acepto
con placer esa alusión crítica. Sólo desde la distancia académica burguesa la
teoría y el análisis histórico aparecen como una observación neutra de objetos
neutros. Una crítica social, sin embargo, presupone un compromiso existencial
del hombre entero, por lo tanto también, la emoción. El orden dominante no es
sólo un sistema con mecanismos funcionales sino también una impertinencia
detestable y un cúmulo de infamias. Todos los verdaderos críticos, de Marx hasta
Adorno, ligaron los análisis precisos a la ironía y al rechazo de la
"modernización", cuya estupidez y violencia insultan a toda la razón humana.
D.H.: ¿Cómo está
yendo la acogida del libro en Alemania?
El "Libro Negro" llamó mucho
más la atención y llevó a mayores tiradas que el "Colapso de la Modernización"
al inicio de la década de los 90. Junto con el "Manifiesto contra el trabajo",
del Grupo Krisis, presentó cuestionamientos para un nuevo debate de la izquierda
y alcanzó un número grande de lectores. Es obvio que las reseñas en los medios
de comunicación, con pocas excepciones, están siendo extremadamente negativas,
ya que se hirió el tabú de un consenso social aparentemente definitivo: "la
economía de mercado y la democracia". También los portavoces de la antigua
izquierda reaccionaron alérgicamente, más aún que con relación a publicaciones
anteriores de la Revista Krisis, pues ellos están viendo su barco irse a pique.
Original alemán: Schwarzbuch Kapitalismus: ein Abgesang auf die
Marktwirtschaft
Frankfurt am Main, Eichborn Verlag, 1999
Versión portuguesa en:
http://obeco.planetaclix.pt/
http://www.exit-online.org/
Traducción
al español: contracorriente
(1) NdT. El
autor es ahora editor de ¡EXIT!, después del golpe que apartó a la mayoría de la
redacción de Krisis en abril 2004.
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