|
(IAR-Noticias)
16-Feb-05
Por Oscar Raúl Cardoso
-
Clarín
¿Son 300.000 millones
dólares (380.000 si el Congreso aprueba su nueva demanda de partida) un buen
precio para que George W. Bush comprara una teocracia para Irak? Y esto sin
contar las vidas estadounidenses que se siguen perdiendo en la acumulación de
muerte que domina hoy las arenas del Golfo Pérsico. Este absurdo como primera
conclusión de la invasión anglo—norteamericana del 2003 es lo que puede
llegar a ocurrir, según algunos expertos en la cuestión iraquí, como
consecuencia de los resultados que arrojaron los comicios celebrados el 30 de
enero pasado.
¿Habrá un nuevo aspirante a integrar el "eje del mal" junto a Irán en el futuro
de los problemas de Washington? Este es el argumento con el que los críticos del
Presidente y de su aventura iraquí están usando como nueva munición gruesa
y, de paso, empleándolo como paliativo a su amargura por no haber podido
impedir que Bush obtuviera un segundo mandato.
Es interesante, como muestra, la comparación que trazó en una reciente columna
la canadiense Naomi Klein. Trazó un paralelo entre el optimismo con el que Bush
celebró el resultado de esos comicios con la tozudez de su abuela que, aquejada
por la pérdida de la vista, se negó durante un tiempo a dejar de conducir su
automóvil. Aseguraba en su defensa que, cuando manejaba, los otros conductores
la saludaban con la mano en alto. Lo que no alcanzaba a percibir era que esas
manos se alzaban extendiendo solo el dedo del medio; era en verdad una maldición
gestual.
Esta parece ser la misma clase de simpatía que decidieron mostrarle los iraquíes
a Washington cuando le dieron la victoria a la alianza shiíta cuyos
candidatos tienen gran afinidad con Teherán y casi de modo unánime
prometieron a sus electores echar cuanto antes a las fuerzas de ocupación. El
problema de la abuela de Naomi era más sencillo que el de Bush con todo. Aquella
no podía ver, éste parece que no quiere ver. Y todos saben que no hay peor ciego
que el que se empecina en no levantar los párpados.
La realidad de lo que el voto iraquí dejó es, sin embargo, un poco más
complicada que esto. Conviene reflexionar sobre los datos crudos. El 58 por
ciento de iraquíes que votaron (unos 8.5 millones) le dieron a los que proponen
reproducir la teocracia de Irán una victoria clara pero no taxativa. Estos
tendrán una mayoría de 140 asientos sobre 275 en la asamblea que designará el
próximo gobierno y deberá aprobar una nueva Constitución.
Pero aún admitiendo que el escenario no deberá evolucionar necesariamente hacia
el Apocalipsis político que vaticinan sus opositores, hay que admitir que
Bush tiene motivos para preocuparse. Por lo pronto, el resultado lo muestra
con rasgos inequívocos del ratón Mickey presentado como el aprendiz de brujo en
el clásico de Disney, Fantasía.
|