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Sunday, 20 de February de 2005

 

Más allá del culturalismo vengador

 
 

(IAR-Noticias) 21-Feb-05

Por Mario Roberto Morales - A Fuego Lento

La semana pasada fui invitado por el PNUD a una reunión consultiva para la elaboración del Informe de Desarrollo Humano de Guatemala-2005, el cual abordará el complejo problema de la multiculturalidad local.

Asistí con el prejuicio de que aquella reunión abundaría en discursos marginalistas victimizados y melodramáticas declaraciones de principios “políticamente correctos”, pero el prejuicio se me desvaneció pronto al comprobar que, aunque sí hubo algunas intervenciones en ese tono, el grueso de las preocupaciones externadas por los asistentes partían no tanto del victimismo marginalista cuanto de incertidumbres conceptuales en relación a la realidad intercultural de este país, muchos de cuyos instrumentos para pensarse a sí misma son todavía de factura colonial.

Fue alentador comprobar que hay planteos que buscan explicaciones más allá del identitarismo diferenciador culturalista, y que existe una preocupación legítima por restituirle al análisis económico, de clase social, el lugar metodológico que le corresponde a la hora de analizar las dinámicas interculturales.

Asimismo, está presente la sana intención de explicarse el impacto (bueno y malo) de la cooperación internacional en lo relativo al auge los movimientos indígenas y de sus reivindicaciones culturalistas. De hecho, estos movimientos y estas reivindicaciones existen, tal como los conocemos, sólo por obra y gracia de aquélla, por lo que me parece pertinente su intento de pensarse a sí misma a fin de evaluar el resultado de sus acciones.

Repito que el desconcierto conceptual es una constante en muchos de quienes son invitados a participar en estas reuniones. Hubo una intervención al respecto que me pareció lúcida, la cual cuestionó que se consultase a los actores sociales acerca de lo que es la multi y la interculturalidad, aduciendo que aquello era como consultarle a los especialistas en asuntos culturales acerca de los mejores métodos para sembrar determinados cultivos agrícolas.

Es obvio que el democratismo participativo que la cooperación internacional exige para aprobar proyectos que tengan que ver con las masas populares, a menudo contribuye a entorpecer el esclarecimiento de problemas que son de reflexión y análisis especializado, y que los actores sociales, al no poder verter opiniones de peso sobre los asuntos a tratar y, al mismo tiempo, tratar de justificar su presencia en foros académicos, se sacan de la manga expedientes que reducen el problema cultural a un asunto de respeto a ocurrencias a menudo tan misteriosas como inverosímiles.

El prurito de algunos intelectuales “políticamente correctos” de “respetar” cándidos criterios populares sobre asuntos complicados en su planteo científico y político, hace que el camino hacia propuestas de solución se haga lento y engorroso, y que decir esto equivalga a ser visto como alguien que está en contra del pueblo indígena y que es racista.

En esta reunión pude observar una saludable disminución del vapor de las indignaciones, los victimismos y las agresiones “políticamente correctas”, y un auge del razonamiento sereno acerca del esclarecimiento de nuestras relaciones interculturales y de las posibles propuestas de solución a su carácter violento e interdiscriminatorio.

Ojalá que el Informe de Desarrollo Humano del 2005 exprese estos avances en el debate interétnico y evite toda suerte de retóricas bienpensantes de demagógica “opción por el pueblo”. Por el contrario, la necesidad de democratizar nuestra interculturalidad a partir de la democratización de nuestra economía (mediante un proyecto nacional incluyente que proporcione trabajo y salario a las mayorías) y nuestra política (mediante un Estado fuerte, eficiente y sin corrupción), debería ser el eje de las propuestas que el PNUD elabore para que un amplio movimiento social que reivindique un interés nacional interclasista e interétnico, impulse la superación de nuestra interculturalidad violenta y discriminatoria.

La cooperación internacional se lo debe a este país luego de más de una década de promover un violento multiculturalismo separatista cuyo resultado más visible es el del surgimiento de elites “mayas” clasemedieras, agringadas y sin representatividad popular, que viven aburguesadamente de los financiamientos externos inventando para el efecto una cada vez más frondosa y compleja ancestralidad milenaria que, según ellas, pervive intacta hasta la fecha, por encima y a pesar de la historia, y para la cual reclaman el derecho a una añorada oportunidad de venganza.

 

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