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(IAR-Noticias)
21-Feb-05
Por Alfredo Jalife-Rahme
- La Jornada>
MIENTRAS ERNESTO ZEDILLO y Guillermo Ortiz Martínez, dos vulgares instrumentos
del dolarcentrismo global, expectoraban dislates sobre las devaluadas reservas
del Banco de México en el aquelarre cleptoplutocrático de Davos, Alan Greenspan,
el mago malhadado de la Reserva Federal, y Robert Rubin, ex secretario
clintoniano del Tesoro y ahora alto jerarca de Citigroup (primer banco
trasnacional global), durante una conferencia auspiciada por el británico
Ministerio de Finanzas, colisionaron en público en forma inusitada en vísperas
de la reunión ministerial del G-7 en Londres, que fracasó rotundamente, cuando
el mundo necesita más que nunca de su armónica coordinación para salvar al
Titanic financiero de la globalización dolarcéntrica que crearon.
PARA EL VICEPRESIDENTE estadunidense Dick Cheney los déficit dejaron de existir
desde la época de la reaganomics y Greenspan ni siquiera se inmuta de su lúgubre
devenir, del que se preocupó en demasía Rubin: "Los desequilibrios de Estados
Unidos pueden tener repercusiones en el mercado de bonos y despertar fuertes
dudas sobre el dólar. Existen muchas posibilidades de que el dólar decline en su
valor." ¿Todavía más?
CON LA EXCEPCION de los abundantes cándidos y neófitos que le hacen el caldo
gordo a los voraces especuladores, existen muy pocos inversionistas sensatos que
se preocupan de la suerte de los tenedores de acciones en la bolsa neoyorkina,
superinflada por los propios bancos. El banquero Rubin se preocupa por los
bonos, no por las acciones bursátiles. Los bonos constituyen la última línea de
defensa del sistema dolarcéntrico estadunidense, y sus principales tenedores a
escala planetaria, desde PIMCO (el principal de Estados Unidos) hasta State
Street (el principal del mundo, con sede en Londres), se encuentran sumamente
nerviosos sobre el futuro del dólar (y de los propios bonos).
A PROPOSITO, CITIGROUP, del que Robert Rubin es uno de sus jerarcas, fue
atrapada in fraganti con manipulaciones y fraudes mayúsculos en Japón y en
Europa. En agosto pasado, Citigroup intentó sabotear el mercado de bonos
gubernamentales europeos (el mayor del mundo) mediante transacciones
desestabilizadoras, lo que le ha valido una fuerte sanción por el gobierno
francés, además de haber sido puesto en la lista del ostracismo (Al Jazeera, 14
de febrero). Si Citigroup manipula así el mercado de bonos en las plazas de dos
superpotencias geoeconómicas de la talla de Japón y la Unión Europea, ¿qué no
hará en México con su filial?
EN LA CONFERENCIA de marras, Mervyn King, gobernador del Banco de Londres, puso
el dedo en la llaga al formular que el mayor riesgo a la inestabilidad radica en
la simultaneidad del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos con la
acumulación de activos en dólares por los bancos centrales asiáticos, situación
que parece haber llegado a su límite.
LOS BANQUEROS ANGLOSAJONES tienden a emascular la semiótica para apaciguar los
ánimos mediante un lenguaje críptico, que no es el caso del notable periodista
investigador Seymour Hersh, de la revista The New Yorker, quien pe- ca de lo
contrario y adquirió su consagración al haber expuesto las hazañas
estadunidenses en My Lai y las torturas bushianas en Abu Ghraib. Hersh anda de
gira presentando su nuevo libro, Cadena de mando: desde el 11 de septiembre
hasta Abu Ghraib, y ante una audiencia extasiada de estudiantes del Colegio de
Amherst, Massachussets, libró un "mensaje simple y aterrador" sobre la
personalidad de Bush ("un ideólogo utópico" comprometido con la "guerra
perpetua"), el desastre del combate al terrorismo, la derrota del ejército
estadunidense en Irak ("No podemos ganar. Lo único que podemos hacer es perder.
Todo lo que podemos hacer es bombardear"), y el inminente desplome del dólar,
según reseña Joyce Marcel (The American Reporter, 10 de febrero). A juicio de
Hersh, "Estados Unidos no se puede dar el lujo de librar la guerra interminable
de Bush en Irak. El dólar se está devaluando frente al euro y los chinos y los
japoneses poseen millones de millones en deuda de Estados Unidos en dólares".
Hersh, estupendamente informado a los más altos niveles sobre el ejército y los
servicios de inteligencia, se adentra ahora en forma sorprendente en la tortura
financiera global que inflinge el dolarcentrismo al planeta entero, obligado a
subsidiar con 80 por ciento de sus ahorros a la economía consumista y
parasitaria de Estados Unidos. Llama poderosamente la atención que penetre los
dédalos financieros globales, que no son su especialidad, y que sintetiza en
forma magistral (mucho mejor que los economistas de corte neoliberal, tan
unilateralistas y fanáticos como Bush) con un enfoque geoestratégico: "Pronto
China y Rusia empezarán a comprar petróleo en euros (...) En Europa cesarán de
comprar mercancías estadunidenses, porque nos odian tanto -Nota: ganado a
pulso-. En París, Disney está a punto de cerrar. A las grandes corporaciones
estadunidenses en el extranjero no les va bien. Podemos ver más violencia
antiestadunidense en el extranjero. El dólar se desplomará. Los multimillonarios
aconsejan a otros multimillonarios salirse de la bolsa neoyorkina y comprar
divisas y acciones foráneas -Nota: los casos notables de Bill Gates y Warren
Buffett- (...) Nos encontramos en un hoyo enorme. No existe una historia mágica
para sacarnos. La bolsa se derrumbará".
POR ENESIMA VEZ, Stephen Roach, el muy solvente jefe de economistas de la
correduría Morgan Stanley (14 de febrero), vuelve a advertir sobre el "riesgo de
que algún evento externo pueda resquebrajar la negación, que lleve a un dólar
más débil y a mayores tasas de interés en Estados Unidos (...) Cierre los ojos y
retenga la respiración".
EN PARALELO, MARSHALL Auerback, analista canadiense de finanzas muy cotizado
entre los opositores a Greenspan, desde su muy leído sitio en Prudent Bear
("¿Qué puede salir mal en 2005?", 11 de enero), advierte en forma ominosa que
durante el año se irán acumulando en forma insostenible una serie de factores
susceptibles de derivar en un "colapso económico" de Estados Unidos en cualquier
momento y por cualquier causa, entre los cuales destacan los contenciosos
geopolíticos: "empantanamiento en Irak al estilo Vietnam, sobrextensión
imperial, crisis en precios energéticos que estimulan una competencia cada vez
más frenética en la seguridad energética, que seguramente exacerbará las
rivalidades regionales y globales existentes". La palabra "Armagedón" comienza a
ser usada con mayor frecuencia en referencia a las finanzas y a la economía en
la etapa bushiana. La lista de las vulnerabilidades financieras y económicas de
Estados Unidos, que se han acumulado y no han hecho sino empeorar en un entorno
geopolítico cada vez mas desfavorable, "pudo haber sucedido hace dos años, o el
año pasado, o antes", entona en forma sarcástica Auerback: "Que los duraderos
problemas económicos de Estados Unidos no hayan engendrado un Armagedón
financiero no invalida la amenaza que representan. La clave radica en hallar qué
evento (o combinación) constituye el cerillo que puede incendiar el almiar, si
es que existiese un 'evento' que precipite el estallido de una burbuja
crediticia sin precedente en la historia". Auerback fustiga los escenarios
rosados del Financial Times, que perora un entorno de un razonable crecimiento
económico global (3.5 por ciento) con "inflación y tasas de interés bajas,
mientras la elevada liquidez mantiene el apetito (sic) por el riesgo de los
inversionistas". Auerback revira en forma correcta que "los analistas del
Financial Times -Nota: y de la revista neoliberal The Economist, y toda la
prensa financiera anglosajona, con sus justas excepciones- soslayan que la
fuente del crecimiento global es la deuda, una forma de esteroides (...) que los
funcionarios monetarios y financieros de Estados Unidos todavía se niegan a
tratar como adicción. Al contrario, la política ha consistido en estimular con
mayores dosis". Auerback resalta que "la caída del dólar, pese a la
significativa intervención de los bancos centrales asiáticos, se debe a la
gradual falta de respeto por la política de Estados Unidos", y cita al
economista André Gunder Frank: "El poder del tío Sam reside en dos pilares
solamente: el dólar y el Pentágono. Uno sostiene al otro, pero la vulnerabilidad
de cada uno es también su talón de Aquiles, que amenaza la viabilidad del otro"
("Por qué el emperador no tiene ropa?", Asia Times, 8 de enero) ¿Dónde dejan
Auerback y Frank a los omnipotentes y ubicuos multimedia de Estados Unidos como
su tercer pilar de poder? ¿Cómo podría financiar el Pentágono sus aventuras
militares con dólares devaluados? A todas luces la nueva guerra de la
globalización dolarcéntrica es "multidimensional" y se juega en varios "frentes"
(la tesis de Bajo la Lupa: Los once frentes antes y después del 11 de
septiembre: una guerra multidimensional, Editorial Cadmo & Europa, 2003).
DESPUES DE SENTENCIAR que la economía militarizada de Estados Unidos se lleva a
la fuerza en el exterior lo que no puede producir en el interior, Auerback
afirma que el rápido crecimiento económico de Estados Unidos ha sido subsidiado
del exterior, mientras "otros países han crecido más lentamente porque sus
gobiernos están fiscalmente forzados y sus consumidores son cautelosos y tratan
de ahorrar más". Auerback concluye que "el dominio económico y militar de
Estados Unidos todavía puede ser el hecho central de los asuntos mundiales, pero
los límites a esta primacía (...) se han vuelto más evidentes, justo como la
caída del dólar refleja esta situación en términos económicos (...) El 2005
puede ser el año en que los problemas duraderos de Estados Unidos cuenten
finalmente. Pero tampoco habría que esperar que Washington acepte la dispersión
de su poder militar y económico en forma ligera". Esto ya lo sabemos: el león
fatalmente herido no cesará de propinar zarpazos letales hasta que fallezca.
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