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(IAR-Noticias)
01-Mar-05
Por
Gabriel Martin - Agencia Walsh
Según
Bayer, a todo aquel que levante la voz contra Perón, es inmediatamente receptor
de una retórica stalinista recibiendo la patente de "gorila".
Sobre el "gorilismo" de Bayer, haciendo valer el supuesto stalinismo, no hay
mucho para decir para cualquiera que medianamente conozca su posición política.
Ahora bien, no vendría mal separar la paja del trigo, entre Perón, peronismo y
"tendencia revolucionaria", que para este fantástico escritor que vive de las
ponencias de un trabajo realizado hace 33 años, es decir, para los creyentes,
durante toda la vida de Cristo y la impronta que dejó en el mundo (ahora vale
para devotos y no), este excelente escritor dispensó ese tiempo en conferenciar
sobre su máxima obra.
Así y
todo, para la tilinguería porteña, es una voz autorizada para hablar del
peronismo con total impunidad, y especialmente sobre determinados períodos en
los que, como siempre ocurrió, no tuvo compromiso alguno.
En esta
ocasión, Bayer cuenta que el peronismo “nos estuvo golpeando la puerta toda la
vida”, y cuenta que a él mismo se le metió en cada uno de los aspectos de su
vida, o casi.
Pues guste o no guste, disguste más o menos, la historia argentina desde 1945 a
la fecha estuvo signada por la figura y cruz de Juan Domingo Perón. Si cabe duda
alguna de ello, ¿qué hace Bayer discutiendo sobre Perón a 30 años de su muerte?.
Pasaron tres décadas y medias del fallecimiento de Perón, y Bayer y/o los
gorilas de siempre, siguen enroscados en la figura de Perón.
Pero
por alto pasa otra grave culpa que le cabe a Bayer y/o demás gorilas, tantos de
izquierdas o derechas: Bayer se afirma como eterno opositor a Perón y maldice la
importancia que cobró el mismo en la historia nacional, pero ¿Qué alternativa
construyeron al menos en las tres décadas en las que Perón ya no estuvo? Bayer,
el resto de los intelectuales y dirigentes políticos llevan treinta años de
“changüí” sin construir nada y no sólo eso, ¡siguen discutiendo sobre el Perón
de 1946-1955!
Por lo
menos, esta falta de capacidad no sólo es alarmante en nuestro país, sino
igualmente preocupante como patética.
Hace casi tres años, en una librería de Malabia y Corrientes, el Sr. Bayer fue a
dar una charla (una vez más) sobre su excelente obra, La Patagonia Rebelde, a
treinta años de su edición que en el original era La Patagonia Trágica. Cuáles
eran las culpas de Perón en la masacre patagónica, sigue siendo una pregunta que
aún hoy deben quedar a los concurrentes a aquella charla. En la misma, Bayer
trató de cobarde a Perón por no haber defendido la democracia “e irse sin un
solo tiro”. Pues bien, valga el embrollo de este excelente ex escritor: la misma
oligarquía que ordenó y comandó el fusilamiento de aquellos trabajadores en
nuestra Patagonia, fue la que ordenó y comandó el bombardeo a Plaza de Mayo en
1955, que precedió a su partida de la presidencia. Bombardeo que se cobró 350
muertes, en su mayoría de obreros peronistas que espontáneamente con palos y
armas de corto calibre fueron a defender con su sangre a la atacada democracia.
La
contradicción de Bayer radica en que siempre estuvo en contra de toda forma de
violencia, pero acusa a Perón de no haber hecho cumplir auqella frase de que “a
la violencia, hemos de responderle con una violencia mayor”. A no ser que Bayer,
en este caso, caiga en la falta del típico revolucionario de la izquierda
argentina del “animémonos y vayan -ustedes”.
Claro está que esto no quiere decir que Bayer no tenga razón en muchas cosas de
las que dice. Y en esto, le duela o no al más ferreo peronista de izquierda, el
responsable de la masacre de Ezeiza fue Perón, Osinde (que en Ezeiza contrató un
contingente de legionarios franceses) fue apoyado por Perón y ni que hablar de
“Lopecito” Rega.
Ahora
bien, parece que Bayer estuvo tres décadas estudiando la alquimia para darse
cuenta que la derecha peronista no quería ninguna revolución. Con esto se puede
explicar las tres décadas en las que Bayer apenas publicó “Los anarquistas
expropiadores” en 1974. Ahora que Bayer se dio cuenta de las intenciones
contrarrevolucionarias de la derecha peronistas, al fin nuestro país puede
continuar con su historia.
También queda clara la complicidad de Perón al no mover ni una sola pieza para
investigar qué pasó en la cacería de Ezeiza.
Hay que
detenerse ahora en un par de afirmaciones de Bayer sobre el peronismo
revolucionario, que claro está, el no reconocerá jamás como tal. Es comprensible
para cualquier militante de café disparar con semejante impunidad. La Tendencia
Revolucionaria, equívocamente, apostó en primera instancia a la “teoría del
cerco” que en realidad había montado el propio Perón rodeándose de Isabelita,
Osinde, López Rega, Rucci y Lorenzo Miguel (a todos, que “Dios nuestro Señor se
apiade de sus almas”).
Pero como mínimo, cabe catalogar de estúpida la afirmación de Bayer de que “esa
izquierda” no hizo ningún reproche a Perón. Entonces, señor Bayer ¿qué canal
estaba mirando el 1º de mayo de 1974? Porque es obvio que el olor a “peruca” no
le permitió arrimarse a ver qué pasaba en esa Plaza de Mayo.
El
líder carismático, reza Max Weber, radica su poder en sus cualidades que rozan
lo sobrenatural, de ahí explica su posición de caudillo que imanta a las masas,
afirma con palabras más académicas el sociólogo alemán. Y cuando ese carisma es
puesto en duda con el rechazo, el poder del líder es cuestionado.
Por lo
que cabe aclarar que, primero, la Tendencia Revolucionaria (FAR-Montoneros y
demás organizaciones de superficie -JP, JTP, JUP, FVP, etc) fueron ese 1º de
mayo a cuestionar directamente al líder del movimiento, con la consigna “¿Qué
pasa general que está lleno de gorilas el gobierno popular?”; segundo, que ante
la respuesta furibunda de Perón, dos tercios de esa Plaza se retiró, no
fue expulsada, sin responder a las agresiones de la derecha sindical, es decir,
la mayoría le dio la espalda al líder por quién había apostado a sangre y fuego
su retorno.
Esto vendría a ser como que en una movilización en el día de hoy, la mitad de la
Plaza de la Revolución le haga un desplante a Fidel, o Chávez convoque a los
bolivarianos y estos peguen media vuelta dándole la espalda (hablando siempre en
términos de convocatoria de masas y que nadie supo desde 1810 a la fecha,
convocar a tanta gente como Perón y que en Ezeiza, la Tendencia movilizó a unos
2.5 millones de personas, esto es en aquella fecha, que uno de cada tres
argentinos fue a buscar al líder).
Y
tercero, Bayer afirma que para la Tendencia, “Perón seguía siendo la
revolución”. Como diría el Padre Mugica, “el peronismo es demasiado complejo
como para tomárselo tan a la ligera”, cosa en la que Bayer cae constantemente.
Cualquier persona, por ínfimo grado intelectual que posea y que haya al menos
leído que pasó en esos años, puede hacer una diferencia entre Perón y peronismo.
Una cosa es Perón, que artoevidente no volvió de España a hacer una revolución,
y otra cosa es el movimiento peronista, cuya izquierda encabezada por Montoneros
no era “peronista pura”, pero tenía bien en claro que el sujeto histórico
revolucionario, en aquel entonces, pasaba por el peronismo y el pueblo
peronista, aunque Bayer hubiese preferido que el pueblo sea anarquista o vaya
uno a saber qué identidad es del paladar de este escriba de “izquierda”.
Pero le guste o no, el pueblo siguió siendo peronista, según mostraron las
movilizaciones populares y las urnas, tanto con Perón como con los deformes
liberales que se calzaron el sayo peronista desde su muerte en adelante.
Valga la redundancia que el propio Bayer califica al peronismo de Menem como la
antítesis del verdadero peronismo, con su liberalismo y destrucción de la
industria nacional, por lo que en su eterno enredo, mientras Perón estuvo vivo,
su política era entonces, siempre según el propio Bayer, antiliberal e
industrialista.
Otro
descubrimiento científico del Sr. Osvaldo Bayer, es que “Argentina fue gobernada
desde 1916 por sólo dos partidos; el radical y el peronista; y por 14 dictaduras
militares”. Le van a dar el Nóbel.
A esto cabe una respuesta del propio Perón: “La única verdad es la realidad”.
Así que lo lamente o no el Sr. Bayer, por capacidad propia e incapacidades
ajenas, estos dos partidos se repartieron el poder desde 1916 a la fecha.
El Sr. Bayer se lamenta porque “Argentina no tiene ningún Allende”. Tal vez le
hubiese gustado que el poder haya sido tomado por el PCR, que actuó infiltrado
hasta los tuétanos por la Triple A, a la que acusa sin falta de razón de nazi,
pero que casualmente dedicó su caza a militantes del peronismo de izquierda y
del PRT-ERP.
Tal vez hubiese querido que el poder haya sido detentado por el benemérito PC
Argentino, que supo marchar junto al embajador estadounidense en 1946 para
enfrentar a Perón, que celebró el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, que se
mantuvo indiferente a todos los golpes de Estado y tuvo un apoyo crítico a
Videla (que se resalte lo “crítico”) para no entorpecer el comercio entre
Argentina y la URSS, lo que hubiese redundado en una “caja” más chica para este
auténtico partido político semejante a una carrera universitaria de la
burocracia para vivir de la política desde la más temprana militancia. Se olvida
Bayer que quien, pese a Estados Unidos, abrió el comercio con la URSS y el
bloque socialista fue el primer gobierno peronista, y que respecto a Cuba,
Allende no envió ni una caja de aspirinas a la isla y el bloqueo fue roto por el
propio Perón, versión nazificada, en su retorno al poder.
Y por
último puede que Bayer hubiese preferido que el PRT-ERP tomaran el poder como
vanguardia esclarecida, que con Cámpora en el gobierno siguió su lucha para
llamar al diálogo y ofrecerle una tregua nada más ni nada menos que a Isabelita
y López Rega.
Al lamento de la falta de un Salvador Allende en nuestro país, le faltaría
aclarar al Sr. Osvaldo Bayer la posición torpe de las vanguardias de izquierda
chilenas que no hicieron otra cosa, en su mayoría, que acelerar la caída de
este.
Para
Bayer, Perón huyo de forma patética, en vez de inmolarse como Allende. Algo
discutible, Perón partió al exilio y Allende eligió la gloria. La gloria, decía
un escritor, en un bronce cagado por palomas.
En su
“ponencia sobre el peronismo”, Bayer dispara la tradicional acusación de que
aquella (la peronista) era una democracia apoyada básicamente porque era la que
más limosnas daba. En todo caso, devolvió al pueblo lo que le correspondía.
Según la izquirda que Bayer dice representar, si Perón daba, eran limosnas de un
demagogo, si no lo hubiese dado, hubiese sido otro presidente más al servicio de
la oligarquía. Y para salir del terreno de las limosnas, sería un tanto
complicado calificar de limosnas en entregarle al pueblo la porción de la torta
más grande que recibió en su historia, esto es, cuando el 1949, el 49% del PBI
iba a las manos de los que menos tenían, es decir, la riqueza se repartía en
partes iguales entre los poderosos y los trabajadores. Inclusive con el retorno
del peronismo en 1973, se elevó del 30% al 43% en 18 meses, la participación de
los trabajadores en la riqueza nacional. Hoy apenas sobrepasa el 20%, pero Bayer
sigue diciendo que el acceso al trabajo, a la salud pública y a la universidad
al alcance de los trabajadores, simplemente “limosna”.
Durante
todas las dictaduras que invadieron nuestro país desde 1955 hasta 1983, le guste
o no al Sr. Osvaldo Bayer, la única resistencia popular que tuvieron fue
encarnada por el peronismo. Desmembrada, no organizada, medianamente organizada,
en sus principios, o altamente organizada pero miope en sus cálculos con Videla
y la banda de criminales que le siguieron, fue la izquierda peronista la que se
opuso a las dictaduras. No fue Codovilla, que además de su gorilismo, se opuso a
toda respuesta contra las dictaduras, sino un peronista, John William Cooke, el
grado más alto de intelectual revolucionario que parió este país. Perón “huyo
patéticamente” tras las criminales botas de Aramburu, pero fueron peronistas
quienes ajusticiaron a este en 1970.
Ahora
Bayer culpa a Kirchmer de no formar un nuevo movimiento nacional y popular,
despojándose del PJ y todo su aparato, y alianzas con la UCR. ¿Pero con quién
construir la alternativa? Si el Sr. Osvaldo Bayer piensa que se encontrará la
solución con una coalición con el circo del Luna Park (Bonasso, D’Elía y poco y
nada más), poca esperanza cabría en el Campo Nacional y Popular.
Y en
este punto, el Sr. Osvaldo Bayer vuelve a demostrar su incoherencia y desvarío
político: al pretender que Kirchner funde un nuevo movimiento, Bayer sigue
depositando las esperanzas del país en el peronismo.
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