Hay
que crear un sujeto terrorista en el Cono Sur, esa parece ser la consigna del
departamento de Estado norteamericano. Es una estrategia que quiere utilizar la
Administración Bush para polarizar fuerzas y arrastrar consigo a los gobiernos
en su cruzada contra “el eje del mal” latinoamericano.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC) aparecen nuevamente como el chivo expiatorio conducente a
generar escenarios de conflicto que promuevan la militarización de la región.
El hallazgo del cadáver de Cecilia
Cubas, hija del ex presidente paraguayo Raúl Cubas, tras cinco meses de
cautiverio, produjo una conmoción política tan importante que el presidente
Nicanor Duarte Frutos removió de su cargo a la cúpula de las fuerzas policiales
y al ministro del Interior porque la policía conocía el lugar de cautiverio de
la mujer, y por razones que son aún investigadas las ocultó.
Si bien habían conseguido el rescate
financiero, los secuestradores sólo lo consideraron como un adelanto de una suma
cercana a los 5 millones de dólares. En los últimos cuatro años se han pagado
hasta 9 millones de dólares por la liberación de sus familiares.
El fiscal general del Estado, Oscar
Latorre, señalo que el secuestro fue realizado por una facción del Partido
Patria Libre (PPL) con la colaboración de las FARC.
Rodrigo Granda, dirigente de las FARC
secuestrado en Venezuela por militares sobornados por el ministerio de Defensa
colombiano y la vicepresidencia de ese país, quienes justificaron la acción por
“ser una recompensa en la lucha contra el terrorismo”, es identificado por la
justicia paraguaya como el cerebro de la operación.
Lo que si empieza a quedar claro es
la “participación local” en esta poderosa banda de secuestradores apoyada en una
red de oficiales corruptos. El comisario Merardo Palacios, ex jefe de la
jurisdicción donde se halló el cadáver, está a punto de ser procesado por
extorsión, tras confesar que informó a la Fiscalía sobre sus investigaciones
alrededor de la casa de Ñemby )donde fue hallado el cadaver de la víctima) a
cambio de un ascenso.
El intendente Blas Lanzoni y el
sacerdote Estanislao Nowak sabían con precisión el lugar donde tenían a Cecilia,
en tanto que el suboficial Amancio Benítez y el comisario Virginio Escobar
sospecharon y callaron.
La ministra de Relaciones Exteriores
de Colombia, Carolina Barco, se comunicó con las autoridades paraguayas para
aclarar que su gobierno no se opondría a la eventual extradición a Paraguay de
Rodrigo Granda.
La inexistente prueba de la conexión
política con el único responsable del secuestro encarcelado y procesado, Osmar
Martínez, se limita al cruzamiento de correos electrónicos.
El tal Martínez, señalado por
matutinos como La Nación de Buenos Aires como un cuadro del “ala dura y
disidente del izquierdista Partido Patria Libre”, no parece ser tan rígido en su
organicidad , cuando confiesa abiertamente ante los medios tener una vinculación
con las FARC.
Una declaración tan sospechosamente
condicionada y ajustada al tradicional guión del culebrón maccartista como
cuando en un comunicado emitido desde la cárcel, reivindicó su derecho a
"relacionarme con grandes hombres de la historia universal como Fidel Castro,
Lula y otros".
El serio cruce diplomático entre
Colombia y Venezuela por el caso Granda, que se convirtió en un tema de Estado
al ser vulnerada la soberanía venezolana pretendía sumar puntos en la táctica de
aislamiento que promueve Bush contra el proceso bolivariano, para estigmatizar a
Venezuela como la “manzana podrida del cajón”, que protege a la guerrilla
colombiana, en una análoga campaña publicitaria ejercida contra Cuba.
Las FARC son catalogadas por
Washington como “una narcoguerrilla”, categoría de ficción que cumple con los
dos paradigmas de las nuevas amenazas globales: narcotráfico y terrorismo.
Por tal motivo, el bloque de poder
cela muy bien el uso sus palabras a la hora de caracterizar a sus enemigos en
las declaraciones públicas.
En la reciente entrevista que sostuvo
con su par venezolano, Hugo Chávez, en Caracas, para solucionar la crisis
diplomática provocada por el secuestro de Granda, el presidente de Colombia,
Alvaro Uribe, hizo un balance personal que justifica la subvención militar del
Plan Colombia.
"Lo primero es reconocer que este
desafío terrorista en Colombia engendra dificultad a nuestros vecinos y
hermanos".
La doctrina de la guerra preventiva
también hace escala en el viejo continente ya que el director general de
Relaciones Exteriores de la Comisión Europea, Eneko Landaburu, reitero la
voluntad de la Unión Europea de mantener tanto a las FARC como al Ejército de
Liberación Nacional en la lista de organizaciones terroristas.
James LeMoyne, representante de
Naciones Unidas (ONU) en Colombia, fue declarado poco menos que “persona no
grata” para el gobierno de Uribe, por su posición crítica respecto del Plan
Colombia. Para LeMoyne “es un error pensar que las FARC son solamente
narcotraficantes o terroristas, puesto que su columna vertebral es gente
comprometida ideológicamente. No hay un futuro en paz si no se hacen profundas
reformas en el poder político y económico en Colombia".
Al ser América Latina un territorio
donde las religiones islámicas carecen de creyentes, la Casa Blanca ha
demonizado históricamente a los movimientos sociales: un cuerpo inorgánico para
aquellos acostumbrados a negociar con la institucionalidad partidaria, y por
supuesto, con grados de masividad y legitimidad que los dotan de un potencial
importante a la hora de frenar las directivas de los organismos internacionales.
En esa línea se inscribe el último
informe del departamento de Estado norteamericano donde alertan a sus turistas
sobre la inseguridad reinante en Argentina, poniendo el énfasis en la impunidad
de la protesta callejera.
Mientras tanto, el gobierno
argentino, tras la visita del ministro del Interior Aníbal Fernández a Israel,
libra acuerdos de cooperación con el mayor socio de Estados Unidos en Medio
Oriente para calificar a sus fuerzas de seguridad en la lucha "antiterrorista".
Pero los piqueteros de Argentina, los
campesinos cultivadores de coca del Altiplano, los sin tierra de Brasil, no son
una prueba creíble a los ojos de la comunidad internacional como aliados del
terrorismo islámico. Carece tanto de sustentación la conexión de estas luchas
político-gremiales con Al Qaeda como la permanencia de células dormidas del
grupo palestino Hamas en la Triple Frontera que comparten Argentina, Brasil y
Paraguay, donde esta asentada la apreciada reserva de agua dulce, el Acuífero
Guaraní.
Por eso el único conflicto armado en
la región, y que data de cuatro décadas atrás, cuando la imposibilidad de la
militancia pública por la escalada represiva llevó al Partido Comunista
colombiano a impulsar las FARC, es la gran excusa de Washington para trazar su
política de seguridad en el Cono Sur.