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(IAR-Noticias) 08-Mar-05
Por Jim Lobe - IPS
Envalentonados
por la fructífera presión internacional para que Siria retire
sus tropas de Líbano, neoconservadores de Estados Unidos urgen
al presidente George W. Bush a aprovechar el momento y
promover ”cambios de régimen” en Damasco y Teherán.
Pero pese a su propio discurso misionario, Bush
parece inclinado a esperar hasta que se asiente el polvo y, para frustración de
los neoconservadores y otros unilateralistas, cuidar de no alejarse demasiado de
sus aliados europeos, con los que trata de enmendar relaciones después de la
crisis provocada por la invasión estadounidense de Iraq, en marzo de 2003.
La relativa precaución del gobierno refleja la influencia de los llamados
”realistas” políticos, quienes temen que los últimos acontecimientos en Medio
Oriente provoquen un nuevo ciclo de desestabilización o algo peor, en lugar de
conducir a la democratización..
Los ”realistas” prefieren la acción multilateral y dan prioridad al
fortalecimiento de las alianzas tradicionales de Washington, en especial la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En cambio, los neoconservadores son hostiles a los procesos multilaterales en
general y a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en particular. Sus
postulados sobre política exterior rechazan el pragmatismo y formulan los
conflictos en términos morales.
La mayoría son judíos de derecha, muy vinculados con el conservador partido
Likud, gobernante en Israel. Son políticos, analistas y académicos belicistas, y
abogan por que la política antiterrorista de Washington apunte contra todos los
grupos y países que consideran amenazas para los intereses israelíes.
Los realistas advierten que, aun si los últimos acontecimientos representan en
verdad el equivalente en Medio Oriente de la caída del muro de Berlín, como
afirman los proponentes de la ”agenda democrática” de Bush, la democratización
conllevaría riesgos considerables, como el acceso al poder de grupos
fundamentalistas de toda la región.
Pero la preocupación de Bush también refleja la nueva determinación de su
gobierno de coordinar acciones más estrechamente con aliados tradicionales de
Washington, en particular tras la gira del presidente por Europa, el mes pasado.
”En las reuniones con Bush, los líderes europeos le dieron el siguiente mensaje:
'Si no trabaja con nosotros, no tendremos éxito, nuestras iniciativas
fracasarán, y usted quedará aislado nuevamente'”, comentó Geoffrey Kemp,
director de programas para Medio Oriente del Centro Nixon, un gabinete de
expertos con sede en Washington.
”Veo a una administración más cautelosa, trabajando junto a sus aliados más que
nunca antes”, agregó Kemp, quien integró el Consejo de Seguridad Nacional bajo
la presidencia de Ronald Reagan (1981-1989).
Como prueba de esa actitud, Kemp y otros especialistas destacan la decisión de
Bush, tras la gira por Europa, de reexaminar la política de Washington hacia las
actuales negociaciones sobre el programa nuclear iraní entre Alemania, Francia y
Gran Bretaña (UE-3) e Irán.
Antes del viaje, incluso la secretaria de Estado (canciller) Condoleeza Rice,
considerada la más ”atlanticista” de los máximos asesores de Bush, había
insistido en que Washington no estaba preparado para ofrecer incentivos
económicos u otros a Irán, como parte de un posible paquete que incluiría el
compromiso de Teherán de renunciar a la búsqueda de armas nucleares.
Pero ahora, Bush parece dispuesto a realizar algunas de las concesiones que los
europeos esperaban, para disgusto de neoconservadores y otros ”halcones”
concentrados en la oficina del vicepresidente Dick Cheney y alrededor del
secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Estos halcones no creen que sea el momento de ”apaciguar” o ”comprometer” a
adversarios, mucho menos en Teherán y Damasco.
Desde que comenzaron las manifestaciones antisirias en Beirut, tras el asesinato
a mediados de febrero del ex primer ministro Rafiq Hariri, los neoconservadores
se han encargado de reivindicar en sus medios de prensa sus predicciones de que
las elecciones democráticas en Iraq repercutirían en toda la región, alentando a
fuerzas democráticas a enfrentar a sus opresores.
”¿Quiénes son los 'inocentones' ahora? ¿Los que soñaban con extender la
democracia a los árabes o los que negaban que eso pudiera ocurrir”, preguntó el
columnista Max Boot en el diario Los Angeles Times.
A favor de su argumento, Boot citó las recientes elecciones en Iraq y Palestina,
los comicios municipales en Arabia Saudita, los últimos hechos en Líbano y el
inesperado anuncio del presidente egipcio Hosni Mubarak, a fines de febrero, de
que permitirá elecciones presidenciales multipartidarias el próximo otoño
boreal.
”Nos encontramos en los albores de un momento glorioso y revolucionario en Medio
Oriente”, celebró otro connotado neoconservador, Charles Krauthammer, en una
columna publicada el viernes en The Washington Post bajo el título ”El camino a
Damasco”.
”Este momento tiene su origen en la invasión de Iraq, el derrocamiento de Saddam
Hussein y las imágenes televisadas de ocho millones de iraquíes votando en
elecciones libres”, afirmó.
Krauthammer exhortó al gobierno a exigir una retirada completa de Siria de
Líbano, y predijo que ese repliegue debilitará fatalmente al presidente sirio
Bashar al Assad, quien ”es el sucesor de Saddam Hussein como el villano de la
región”.
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